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Crónicas

Dream Theater y Devin Townsend en Madrid: Un laberinto en la cima del mundo

«Como siempre, disfrutar de los solos de John Petrucci a la guitarra y Jordan Rudess al teclado, genios del pentagrama sin parangón, fue una experiencia sensorial difícilmente equiparable, el desencadenante de un éxtasis que siempre nos eleva a una suerte de mundo paralelo en el que la habilidad es prácticamente infinita»

30 abril 2022

Palacio Vistalegre, Madrid

Texto: Jason Cenador | Fotos: Carmen Molina

Todo pasa, todo llega. Por fin arribaron a la capital los grandes conciertos sin la obligatoriedad de la mascarilla y pudimos contagiarnos de las sonrisas y los gestos de entusiasmo que suscitaba el virtuosismo de John Petrucci, Jordan Rudess, John Myung y Mike Mangini, que volvieron a blandir con maestría el estandarte de los dioses del metal progresivo, unos Dream Theater encabezados por James LaBrie, a cuya voz le ha sentado bien este tiempo de relativo descanso.

El teatro de los sueños no se presentó solo en la capital en la que era su única cita en nuestro país, sino que trajo consigo a otro ídolo de los sonidos más densos y laberínticos para abrir el telón como es el canadiense Devin Townsend, que se presentó rebosante de energía y de su particular sentido del humor. Como en los viejos tiempos, presentó a la banda y arengó a un público que aún habría de crecer en número, para después proclamar, en perfecto castellano: “¡Me pica un huevo!” ¿Habrá hueco en su agenda para cantar la canción de dicho título en los conciertos de despedida de Siniestro Total?

Acompañado de una banda de lo más firme y solvente, empezó remitiéndose a su Devin Townsend Project con “Failure”, cuyo espesor envolvente, casi asfixiante, nos metió de lleno en materia. Más agresiva y con menos hondura en las voces, “Kingdom” fue un lanzallamas sonoro que carbonizó la calma para que “By Your Command” nos terminase de apabullar, con una exquisita combinación de contundencia y virtuosismo que no encontró abrigo en el sonido poco nítido que Vistalegre ofrecía.

Grave, pétrea y robusta se presentó “Aftermath”, con la que Townsend nos remitió a Strapping Young Lad, su proyecto más incisivo y afilado, cuya última referencia discográfica data, por cierto, de 2006, cuando salió ‘The New Black’. Fue un momento para el headbanging sin cortapisas, para gozarla sin ataduras al son de un alto voltaje certero a la par que desaforado, y también para que el protagonista sobre el escenario loase la ciudad que aquella velada le acogía. Y o mucho se me va a mí la pinza, o en algún momento del tema gritó: ¡Pato Lucas!” Su humor, ese humor.

 

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“Regulator” nos trajo de nuevo al proyecto que porta simplemente su nombre, del que, por cierto, dejó de lado sus últimas referencias, ‘The Puzzle’ y ‘Snuggles’, tal vez pensando en el momento de girar como cabeza de cartel. Y aunque la espesura sonora casi magmática es la tónica de su indescifrable metal progresivo, con la balada “Deadhead” nos mostró su faceta más fina y sensible hasta su acelerón final, al tiempo que nos pedía que subiéramos los mecheros y diagnosticaba la respuesta de la audiencia, con más linternas que encendedores, con un desenfadado “Fuck You!”.

Siguiendo con su particular humor, refirió que la manera en la que había tocado el solo del medio tiempo equivalía a defecar en la cama, quitarlo y seguir durmiendo sobre ella, algo que, junto a su énfasis para que gritásemos “¡Me pica un huevo!” volvió a hacernos preguntarnos si el ColaCao del hotel donde se hospedaba llevaba algún aliño raro. Si así era, desde luego no aminoró en absoluto la tremenda pericia y la solidez con la que ejecutó “Deep Peace”, “March of the Poozers” y “More!”, poderosa triada tras la que se despidió afectuoso y visiblemente feliz de las cotas alcanzadas en un concierto notable.

Con la puntualidad británica que, para regocijo de los asistentes, suelen ostentar los muchos conciertos que la promotora Madness Live! organiza, el fondo del escenario reprodujo un evocador vídeo con motivos espaciales y en el que también pudimos visualizar la portada del último disco de Dream Theater, ‘A View from the Top of the World’, superpuesta en una fotografía del paisaje de Noruega en el que está inspirada o, mejor dicho, que calca casi a la perfección. Se trata de Kjeragbolten, una roca de origen glacial encajada en la montaña Kjerag, en plenos fiordos noruegos, los cuales también, claro, fueron proyectados.

Como el disco que vinieron a presentar con todas las de la ley, el show arrancó exultante con “The Alien”, probablemente una de las piezas mejor acogidas de una nueva obra de estudio que no ha recibido tanto entusiasmo como su predecesora, aquel deslumbrante ‘Distance Over Time’. Pronto echaron la vista atrás, concretamente a ‘Awake’, álbum clásico editado en 1994, con una fidedigna y efectiva “6:00”, corte muy aplaudido por los más acérrimos de los tiempos pretéritos de un grupo que no ceja en reivindicar por igual su pasado y su presente más acuciante.

Como siempre, disfrutar de los solos de John Petrucci a la guitarra y Jordan Rudess al teclado, genios del pentagrama sin parangón, fue una experiencia sensorial difícilmente equiparable, el desencadenante de un éxtasis que siempre nos eleva a una suerte de mundo paralelo en el que la habilidad es prácticamente infinita, en el que prácticamente lo que a uno le pasa por la cabeza se puede tocar, se puede escuchar, por muy inverosímil que se antoje. Sin embargo, he de reconocer que el repertorio de esta velada se me antojó incompleto y más plúmbeo que en ocasiones anteriores, sobre todo si lo comparamos con el de su memorable última visita a Madrid en aquella locura de gira en la que conmemoraron el vigésimo aniversario de ‘Metropolis, Pt2: Scenes from a Memory’. Dream Theater decidió coger la excavadora y hurgar en su discografía hallando piezas valiosas pero olvidando tesoros difíciles de eludir.

Un James LaBrie pletórico y muy firme en su cometido se tomó su tiempo para transmitirnos el afecto de la banda y elogiar la buena comida y el buen vino de nuestro país antes de dar paso a “Awakening the Master”, otra de su más reciente álbum que, la verdad, en vivo resultó vibrante y evocadora a partes iguales. No obstante, fue “Endless Sacrifice” la que terminó por poner el público a sus pies, retrotrayéndonos diecinueve años hasta aquel álbum titulado ‘Train of Though’, y es que hay piezas de arqueología que sorprenden al visitante de un museo aunque en sus habitaciones haya obras mucho más famosas (sin ir más lejos, aquel disco portaba “As I Am”, aún uno de los temas más populares del grupo). El estribillo fue coreado a viva voz y solo de la canción, brutal, impresionante, delirante, no fue de este mundo, con Rudess acabando frente a la audiencia empuñando su vistoso keytar.

Con “Bridges in the Sky” seguían su improbable periplo por su discografía, aterrizando en aquel ‘A Dramatic Turn of Events’ que, publicado en 2011, fue el primer disco sin Mike Portnoy y con Mike Mangini a la batería. La pantalla proyectaba pirámides aztecas y sus contantes giros de guión parecían querer conectarnos musicalmente con alguna realidad extraterrestre. ¿Qué pensaría un alienígena inteligente si escuchase la música de estas fieras terráqueas? A lo mejor le daban ganas hasta de visitar el planeta azul, ajeno a otras realidades mucho menos amables que sobre su faz acontecen.

Pero estábamos ahí para evadirnos de aquellos estímulos oscuros que indeseadamente se proyectan sobre nuestras vidas, y el propio James LaBrie se encargó de recordarnos que el cometido del fastuoso acontecimiento que contemplábamos era el de “celebrar la música”. “¡Es la fuerza más poderosa del mundo! ¡Es magia!”, clamó ante el asentimiento colectivo de los presentes.

Un momento distendido con bromas entre LaBrie, Petrucci y un Mangini que de vez en cuando aparecía lejos de la batería para asomarse al frente del escenario dio paso a “Invisible Monster”, otra de las canciones de peso de su último trabajo, con los ingredientes habituales de un single de Dream Theater, efectivo y efectista.

De nuevo en un ejercicio de arqueología tal vez excesivo para algunos y bienvenido para otros, los más sibaritas en la materia, acometieron “About to Crash”, tema comprendido en ‘Six Degrees of Inner Turbulence’ (2002), transitando, de paso, por alguno de los pasajes más profundos, sosegados y límpidos de la noche, arribando después a uno de los momentos cumbre de toda la gala con “The Ministry of Lost Souls”, una canción de belleza melódica incalculable, de hechizante calidad técnica y de abrumadora efectividad, una joya absoluta cuyo cuarto de hora de duración se hizo corto y que, en sus partes más coreables obtuvo una cálida respuesta de la audiencia.

Decía Petrucci recientemente que “A View from the Top of the World”, tema que presta su nombre al último redondo, era la canción perfecta para introducir la banda al público que la desconozca, por portar todos los ingredientes de Dream Theater. No seré yo quien contradiga frontalmente al ídolo de las seis cuerdas, dios creador de alguna de las composiciones más sobresalientes de nuestra música, pero tengo mis reservas. Los ingredientes están ahí y la canción es atractiva, claro, pero tal vez se queda un poco de corta de pegamento en directo entre sus diferentes fases como para que sus veinte minutos de duración enganchen del todo al oyente no iniciado. Había que tocarla, pero no será imprescindible en un futuro.

Los bises nos reservaban otra de esas piezas en las que belleza, agilidad espléndida y poderío se alían la mar de bien, “The Count of Tuscany”, que, con imágenes de la Toscana que hacen a uno echar un ojo a la web de alguna compañía de aviación para plantarse ahí más pronto que tarde, supuso la culminación de un concierto que, aunque no llegó a engancharnos como actuaciones pretéritas, volvió a hacernos soñar despiertos en el teatro de los sueños.

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Esta entrada fue escrita por Jason Cenador

1 comentario

  • Juandie dice:

    Pedazo y completo resumen hacia el gran concierto que se marcaron los históricos DREAM THEATER en la capital española en uno de sus mejores recintos presentando su nueva placa de estudio la cual y como siempre hacen ha calao muy bien por estos lares.

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