Crónicas
Chica Sobresalto en Bilbao: Una diva políticamente correcta
«No cabe duda de que posee una gran presencia escénica y como intérprete no destila mácula en las distancias cortas, pero el cotorreo entre corte y corte con los mismos asuntos se volvió un tanto cargante»
16 enero 2025
Kafe Antzokia, Bilbao
Texto y fotos: Alfredo Villaescusa
Las frecuentes cazas de brujas en el mundo actual han llevado a que casi sea necesario posicionarse cada minuto, que nadie piense que estás en el lado equivocado de la historia. ¿Hay libertad de expresión en 2025? Pues depende de para qué. Si uno se amolda al pensamiento imperante políticamente correcto no hay problema alguno, ya se puede soltar la mayor barbaridad que no tardarán en salir palmeros a aplaudir, incluso aunque eso suponga desdecirse de lo dicho anteriormente, donde dije digo digo Diego, aquí paz y después gloria.
Antaño, a los simpatizantes o votantes de izquierdas se les suponían unos mínimos éticos y por eso nadie cuestionaba que apoyaban sin reservas la lucha feminista y la tolerancia en un sentido amplio del término. Pero eso cambió con la llegada de las redes sociales y esa continua necesidad de purgar disidentes que ha provocado que muchos se amolden a lo imperante en ese momento, so pena de servir de carnaza para el gulag en un futuro cercano.
A la cantautora Chica Sobresalto la conocimos con su primer álbum y por aquel entonces recordamos que nos llamó la atención su naturalidad y capacidad para crear composiciones en una suerte de limbo entre el pop, el rock y el indie. Luego supimos de su paso por OT, que le vendría genial en cuestión de popularidad y posibilitaría que su segundo disco se convirtiera en todo un fenómeno que ventas que llegó al número uno. Y así llegamos a ‘Oráculo’, que no es un mal trabajo de pop electrónico, aunque se note la intención de acercarse a Zahara y artistas cortadas por un patrón similar.
La última vez que vimos a la navarra fue en el Sonorama de 2022, vestida de superwoman y con un rollo bastante diferente al que vimos en el bilbaíno Kafe Antzokia. Ya imaginábamos que por su pasado televisivo el recinto andaría a reventar, y no nos equivocamos, una multitud considerable de veinteañeros y treintañeros recibió a la de Atarrabia y se mostró muy en sintonía con su propuesta.
La intro de “Toro” de El Columpio Asesino puso a los fieles en modo fiestón, algo que no desentonaba para nada con el viraje hacia lo electrónico de Chica Sobresalto en su material más reciente. Esa suerte de autobiografía musical llamada “La estrella” la presentó como una diva con los pies en la tierra, revelando sin complejos sus propias debilidades y hasta intercalando un fragmento de Madonna.
Su actitud escénica es de grande de verdad, eso no se puede discutir, sabe lo que implica subirse a las tablas, pero los comentarios entre tema y tema tal vez se le fueron algo de las manos y acabaron lastrando un show que no habría estado mal si no hubiera hablado tanto. Escuchamos cosas como que a los tíos que se pintan las uñas de negro no les basta ese gesto para ser feministas. Claro, en eso deberían estar pensando todos los fans del gótico o de Kiss que adoptaron esa costumbre por motivos musicales o estéticos. Un argumento tan rancio como decir que se lleva una minifalda para recibir el aplauso popular en vez de porque una se siente a gusto con ella.
“Adrenalina” y “Dopamina” siguieron avanzando un show en el que los discursos buenrollistas cada vez pesaban más. Una percepción que no era exclusivamente nuestra, pues al acercarnos a la barra un conocido nos dijo: “Está siempre entre el feminismo y su rollo de la ansiedad”, prueba palpable de que no era necesario reafirmarse en lo mismo una y otra vez. El mensaje se había captado de sobra.
“Selección natural” evocó a El Último de la Fila y en “La muerte (en Twitter)” se acordó de cuando le desearon lo que dice el título por redes sociales, por lo que dedicó el tema al “pedazo de mierda” que le mandó tan afectuosos saludos. “El hogar” reforzó su aproximación a la electrónica bailable tipo Zahara y se disculpó por no bajar a desparramar con la peña debido a la gripe que había pillado.
“Bailando raro” sigue la tónica de las luces de neón, pero siempre nos hizo gracia por la declaración de frikismo que supone y que además bordó enlazando con el himno “Toro” de El Columpio Asesino, ay, cómo se sentirá su ausencia. Que metiera también de paso “Yo quiero bailar toda la noche” de Sonia y Selena o el “Bailando” de Alaska y Pegamoides ya nos resultó más discutible, cuestión de gustos.
“El juicio” fue seguramente lo más rockero de la velada, por lo menos por sus riffs. Y Maialen no dudó en admitir que “no era fácil” aguantarla, además de definirse como “histérica” y de que luego la presentara el bajista como “la mamarracha”. Lo cierto es que esto último sí que lo pensamos entre canción y canción.
Está genial que se pueda hablar ahora de la salud mental sin los prejuicios y cortapisas de antaño, pero a veces uno no sabe dónde está la confesión sincera y dónde el puro espectáculo. En este sentido, nos contó que le llevaba sus discos al psicólogo y que este le decía: “Esto no funciona así”.
“El lío” intercaló otro clásico del pop contemporáneo como “Call Me Maybe” de Carly Rae Jepsen y también del añejo en el “Corazón contento” popularizado por Marisol. Reivindicó su derecho a no empoderarse en “Mala feminista”, cuyo mensaje no está mal, pese a que nunca nos gustó eso de repartir carnets de autenticidad con arbitrariedad.
El ataque gratuito y políticamente correcto de “La monogamia” en teoría defiende la libertad sexual, aunque se destierre de ese limbo a las encomiables parejas que llevan décadas juntos, algo que cada vez se estila menos en un mundo que te dice que el poliamor es lo mejor para tu salud mental. En fin.
Dejó para las bises la reciente versión electrónica de “Navegantes”, que quizás sea más de subidón para el directo, aunque la original del primer disco tuviera más magia. Y “Poquita cosa” elogió la pura sencillez antes de “Fusión del núcleo”, todo un reflejo del ascenso de popularidad que ha experimentado en los últimos años.
No cabe duda de que posee una gran presencia escénica y como intérprete no destila mácula en las distancias cortas, pero el cotorreo entre corte y corte con los mismos asuntos se volvió un tanto cargante. Ojo, que abogamos por la plena libertad de expresión, pero soltar lo que a uno se le pase primero por la cabeza en ocasiones puede conseguir el efecto contrario y que lo natural se transforme en artificialidad. Se quedó en una diva políticamente correcta como tantas otras.
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1 comentario
Cojonudo resumen hacia el currado concierto que ofrecieron CHICA SOBRESALTO en el mitico Antzokia bilbaino a través de estos buenos temas.