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Crónica de Bilbao BBK Live con Idles, Interpol, David Byrne (Talking Heads) o Ana Curra: Dulces condimentos a un plantel mejorable

Idles

Los aniversarios son siempre fechas especiales, al margen de la vertiente sentimental del asunto. En el caso de los festivales, uno espera que se tire la casa por la ventana y el cartel esté a la altura de la ocasión, con figuras de evidente reclamo para aficionados a la música, pero también para esas nuevas generaciones que son las que mantienen viva cualquier escena. Difícil resulta guardar el equilibrio teniendo en cuenta todas las variables, que el evento siga siendo rentable en términos económicos y culturales, sin que la calidad acabe resintiéndose.

El plantel del Bilbao BBK Live sufrió una transformación ya en 2022 con el bautizo reguetonero de J Balvin, puerta de entrada a otras propuestas enlatadas que llegan hasta la presente edición como FKA Twigs, donde ni siquiera la voz parecía real. Cabezas trasnochados como Robbie Williams o incomprensibles como Dellafuente no se antojaban suficientes para sostener una retahíla de nombres que sin duda ganó bastante con las actuaciones sorpresa de Alcalá Norte o Arde Bogotá, además de los conciertos previstos en el centro de la ciudad dentro del ciclo Bereziak, con Ana Curra como importante aliciente.

A pesar de lo fluido que siempre suele funcionar el servicio de autobuses, otro punto mejorable sería el del acceso, porque eso de que te hagan subir sí o sí la cuesta hasta el recinto se acerca más a una tortura china, peor si encima hay que aguantar altas temperaturas, como sucedió en la última jornada. Eso sí, funciona a modo de solución final para quitarse maduritos con problemas de movilidad, porque para aguantar semejante reventada hay que estar en forma física.

Los políticos que pululaban por ahí aparecían en las fotos perfectamente maqueados, sin sudar, y encima con chaqueta, por lo que permítanme dudar de que lleguen a Kobetamendi andando. Les invito por lo tanto a ponerse en la piel de los espectadores y vivir esa experiencia en plenitud, como dicen los modernos.

Una reina de las nieves y un grandullón de vozarrón soul

Sara Zozaya, reina de las nieves

No se ha perdido la costumbre de arrancar las jornadas recurriendo al talento local, que esta vez nada tuvo que envidiar a las propuestas internacionales. El primer día nos topamos con la artistaza Sara Zozaya, donostiarra que combinaba post rock, pop atmosférico o minimalismo electrónico y que ya seguíamos desde hace un tiempo. Para los freaks, señalar que colaboró en el disco de Viva Belgrado ‘Cancionero de los cielos’ y también es una de las partes fundamentales de la banda contemporánea Merina Gris.

La última vez que le vimos en el piso superior del Kafe Antzokia ofreció un recital de poner pelos de punta como mínimo. Replicar ese torrente emocional en un festival iba a resultar complicado, pero a un servidor y a unos pocos fieles más encandiló con su onírica voz a lo Kate Bush, vestido de reina de las nieves que dejaba traslucir algunos tatuajes y esa versatilidad que le permite pillar lo mismo una guitarra que un teclado. Merecía una franja horaria con un mínimo de penumbra.

Radio Free Alice

Los australianos Radio Free Alice no aportaron tampoco demasiada luminosidad a la velada, con un cancionero que bebía del poso intimista de The Smiths y de la oscuridad congénita de Joy Division y similares. Confesaron que era su primera vez en la península, aunque ya intuíamos que verles por estos lares era un auténtico privilegio. Pudimos disfrutar de piezas bastante decentes como “Look What You’ve Done” o “Johnny” y nos dejaron con la duda de lo que darían de sí en una sala, un recinto más adecuado para su tipo de música. A primera hora de la tarde no se antojaba el escenario más propicio.

Las chicas de Folk Bitch Trio poseían unas voces impecables, pero en el apartado instrumental les faltaba algo más de garra, a pesar de que su estilo tampoco permita demasiado desmelene. Era un conjunto eminentemente vocal que, al igual que los anteriores, también se estrenaba por la piel del toro. Eso sí, convenía estar descansado y en plenitud de facultades para aguantar su excesivo sosiego. Y encima en una carpa, con el calor que eso conllevaba. Para un domingo de resaca.

Dani Fernández

El otrora componente de la boy band Auryn Dani Fernández nos sorprendió por su comienzo rockero con “Joderme la vida”, no muy alejado de la épica de Viva Suecia. No en vano había material para que aquello sonara gordo con hasta tres guitarras, e incluso se animó a intercalar un fragmento de “Si te vas” de Extremoduro en una de sus composiciones.

El almíbar se desbordaba cuando se arrancaba con baladas como “Si tus piernas”, que insistió en tocar, a pesar de reconocer que no resultaba lo más apropiado para un festival. Teniendo en cuenta la multitud que congregó y el carácter mainstream de su propuesta, pensábamos que iba ser mucho peor.

Don West

El grandullón de voz portentosa Don West destilaba clase a raudales, pues el soul para arrimar cebolleta no se suele estilar mucho en este festival. Contó con la típica introducción instrumental a cargo de la banda antes de irrumpir en escena y un nutrido grupo de fieles sin duda sintonizó con lo que proponían piezas como “So High” o “Friends”, esto es, esa música a la vieja usanza que todavía a algunos provoca escalofríos.

Lo único que podría achacársele era la excesiva linealidad de su repertorio, porque a veces parecía todo una misma canción, muy sensual, eso sí. Otro al que convendría pillar en circunstancias distintas para valorarle en su justa medida. Si temas de poso añejo como “Julia” no se te suben a la cabeza como el buen vino, mejor míratelo.

Alcalá Norte, una de las sorpresas del festival

La actuación sorpresa de la jornada estuvo protagonizada por Alcalá Norte, todo un puntazo porque encima tocaron en un minúsculo escenario situado en la cima del monte. La multitud que se congregó allí convertía ver algo en una auténtica odisea. Dado que tampoco se anunció la banda invitada, apenas pudimos pillar un par de canciones, su hit “Calle Elfo” y “Westminster”, no sin que el carismático batería Barbosa anunciara que por primera vez no iban a terminar con “La vida cañón”. Lástima no haberlo podido catar desde el principio.

La charanga de David Byrne

No a muchos se les ha ocurrido la idea de llevar el pop ochentero hasta un universo de cuento de hadas, aparte de Adam Ant, Kate Bush o el recordado himno de Real Life “Send Me An Angel”, entre otros. Ese es precisamente el contexto escogido por Hemlocke Springs, nombre bajo el que se esconde la productora, cantante y compositora estadounidense Isimeme “Naomi” Udu. Rodeada de un batería y teclado con pelucas dignas del videoclip “Rock Me Amadeus” de Falco, esta diva que se volvió viral en TikTok nos ofreció pop de la década de los cardados y las hombreras con un punto hortera, un poco como el clásico “Maniac” de Michael Sembello, para hacerse una idea.

La peña entró al trapo y montó un auténtico fiestón en el escenario de la carpa, nunca hubiéramos imaginado que esta señora tendría fans tan entregados, pero la verdad es que tenían su punto cortes como “w-w-w-w-w”, que puso al personal a saltar como si no hubiera un mañana, o “Girlfriend”, synth pop que no te sacarás de la cabeza. Y bendijo a sus huestes al final con una espada, pero de purpurina, para despojarse de complejos.

Hemlocke Springs

Pasando de la tomadura de pelo enlatada de FKA Twigs, llegamos hasta David Byrne, el excéntrico líder de Talking Heads, que demostró un comportamiento bastante poco artístico vetando a fotógrafos de ciertos medios, incluido el nuestro. Y pensar que comenzó su carrera en un lugar tan poco apropiado para estirados como el emblemático club neoyorquino CBGB, cuna de Ramones, Blondie, Patti Smith y tantos otros.

El tipo no había perdido la capacidad de epatar al presentarse en un escenario carente de escenografía, quizá para así dar mayor importancia a esa especie de charanga vestida de naranja que le acompañaba con hasta diez miembros, si no conté mal. Lo positivo de esta configuración es que cada canción se tornaba un mundo nuevo, pero que algunos componentes llevaran instrumentos que parecían de juguete podría ser un peaje muy alto de pagar.

Asistentes replicando la señal de salida

El comienzo bucólico con “Everybody Laughs” ya nos produjo un poco de vergüenza ajena, pero la cosa mejoró con “And She Was” de Talking Heads, sobre una chica que siempre estaba feliz en los años de instituto de Byrne. “Strange Overtones” se nos fue un tanto de las manos por su pop almibarado y tampoco le pillamos el punto al ritmillo funky de “Houses in Motion” y menos todavía al rollito étnico de “(Nothing But) Flowers”, que ya nos hizo perder la paciencia.

Los hay que aseguran que fue uno de los bolos destacados del festival, pero a nosotros nos aburrió lo suficiente como para desertar, a pesar de las ganas que teníamos de escuchar el himno “Psycho Killer”. Preferimos escapar antes de contemplar cómo se cometía una ignominia con una banda de instrumentos de mentirijillas que no dejaba de pedir levantar las manos y otros gestos ridículos. Una charanga, como la de mi barrio, pero con más clase.

Su Siniestrísima rompiendo flores

Ana Curra

Para levantarse pronto hay que estar siempre motivado y lo mismo cabría aplicar a lo de animarse a acudir a los conciertos matutinos del ciclo Bereziak, pero en esta caso había una razón tan poderosa como Ana Curra, portadora del legado de Parálisis Permanente y también con una interesante carrera en solitario que nos dejó momentos gloriosos en el álbum ‘Volviendo a las andadas’, reeditado recientemente, entre otros.

Precisamente, nos agradó que la de El Escorial recuperara piezas un tanto olvidadas en su trayectoria como la pegadiza “En esta tarde gris”, que venía al pelo en un mediodía nuboso, o “Envuelta en ron”, una de nuestras preferidas de su disco de 1987. Y “Pájaros de mal agüero” era otro himno del siniestrismo patrio que debería sonar en cualquier sesión gótica con fuste. Vaya empiece, casi nada.

Ana Curra, al teclado con la energía que le caracteriza

Lejos de limitarse a vivir de las rentas, que podría hacerlo con comodidad, reivindicó su material reciente con “Aphrodita la Monarca” y se marcó del mismo modo un espectacular homenaje a Suicide con una adrenalínica versión de “Ghost Rider”. Para que la ocasión resultara todavía más especial, la madrileña divisó a Txarly Usher entre la concurrencia y le animó a subirse al final a hacerse “Unidos”. “Las que vienen te las sabes”, le dijo, pero este no pareció muy dispuesto a saltar a las tablas en un primer momento.

“Quiero ser santa” o “Nacidos para dominar” eran salmos fundamentales del evangelio de Parálisis Permanente, con invitado o sin él. “Tengo un pasajero” atronó con Ana pegándole a la batería electrónica como si fuera una fusta y “Quiero ser tu perro” siguió proporcionando material para dejarse las cuerdas vocales.

Obviamente, no podía obviar que se encontraba a pocos kilómetros de la localidad marinera de Santurtzi, cuna de la banda más honrada del mundo, Eskorbuto, así que había que desempolvar “Adiós reina mía”, que siempre toca la fibra sensible. “Unidos” de Parálisis Permanente la esperábamos con ganas, pero nos sorprendió un poco más “Jugando a las cartas”, no tan frecuente en el repertorio.

Ana Curra con Txarly Usher, toda una referencia local

Txarly Usher se lo pensó mejor y al final se subió al kiosco de El Arenal junto a la banda de Ana para participar en “Autosuficiencia” y “Un día en Texas”, pura historia del punk ibérico. El carismático vocalista bilbaíno aprovechó además la coyuntura para reivindicar la música en directo, los gaztetxes y denunciar la situación del Txiberri, el templo de Urduliz (Bizkaia) que podría no volver a hacer conciertos por orden del Ayuntamiento. Para que luego digan que fomentan la cultura y tal.

Al margen de polémicas, Ana Curra exhibió una vitalidad extraordinaria y confirmó que para ella cada actuación es especial en cierta manera. Así nos hizo sentir a muchos de los que nos congregamos aquel mediodía en una plaza abarrotada de niños y de paseantes curiosos que de vez en cuando miraban hacia esa tormenta sónica que se desencadenaba sobre sus cabezas. Siempre majestuosa.

Iconos del indie pop y extraterrestres cercanos

Lore, bajista de Belako y Marte Lasarte

La segunda jornada apostó de nuevo en el inicio por el talento local con Marte Lasarte, supergrupo con miembros de Skakeitan y la bajista Lore de Belako, activos que cobran realce sobre todo en los directos, con un cantante desbocado que en esta ocasión dio volteretas, saltos y hasta lanzó al aire el pie de micro, motivación nivel Dios. En cuanto a la encargada de las cuatro cuerdas, si siempre fue una parte fundamental del sonido en su banda madre, lleva todo su carisma, talento y personal forma de tocar hasta este grupazo que merecería mayor reconocimiento.

Levantaron de un plumazo el recinto con el indie electrónico a lo Bloc Party de “Basamortua”, “Grabitaterik Gabe” mostró su capacidad para las explosiones repentinas de energía y “Ez Da Besterik” reivindicó el niño interior de cada uno al grito de “Gora Peter Pan!” del vocalista. Echamos en falta su muy conseguida revisión del “Elurretan” de Itoiz, pero no se olvidaron de su himno homónimo “Marte Lasarte”. De lo mejor del día.

Depresión Sonora

El fenómeno juvenil de Depresión Sonora imaginábamos que iba a tener menos pegada al exterior que en una sala, pero tampoco hubo tanta diferencia. Cuando uno tiene al público ganado desde el comienzo, eso da una libertad tremenda para hacer cualquier cosa, aunque Marcos supo ganarse a la parroquia con sus chascarrillos sobre el tiempo o ese curioso hueco que les habían apañado en un escenario descomunal con la pasarela preparada para Robbie Williams. Reparó en lo raro que era no tener a la gente cerca y se preocupó por la salud de una seguidora con una manta térmica tras “Hasta que llegue la muerte”.

Sonaron unas cuantas piezas de su trabajo más reciente ‘Los perros no entienden Internet (…Y yo no entiendo de sentimientos)’, como “Domingo químico”, “No te hables mal” o “La ley del pobre”. Pero no se obviaron otras canciones relevantes en su trayectoria del calibre de “Apocalipsis virtual” o “Gasolina y mechero”. En el futuro se le recordará por haber conseguido acercar el post punk hasta las masas.

La Maravillosa Orquesta del Alcohol

A los burgaleses La Maravillosa Orquesta del Alcohol les descubrimos cuando todavía hacían versiones de Eskorbuto, por lo que su asimilación al mainstream nos obligó casi a alejarnos de ellos, al igual que nos sucedió con Muse en el pasado. Muy ciego habría que estar para no admitir que temas como “1932”, “Nómadas” o “Héroes del sábado” han calado muy hondo en el acervo popular, por lo que su inclusión en cualquier cartel se torna un triunfo seguro. Otra cosa es que a uno le llamen más o menos.

Nada podría fallar en un repertorio cargado de éxitos que convirtió su recital en el Bilbao BBK Live, recinto al que no volvían desde hace más de una década, en una experiencia muy emocionante, tanto por parte del respetable como de los propios músicos. “Mañana voy a Burgos” terminó de hacer piña entre sus fieles.

Alabama Shakes

A los norteamericanos Alabama Shakes les recordábamos más duros. Pese a que tuvieron picos de genialidad con la stoniana “Hold On” o “Always Alright”, entre otros clásicos, su propuesta cursó demasiado monótona y reposada para esa franja horaria. Eso sí, había que quitarse el sombrero ante la garganta privilegiada a la vieja usanza soul de la vocalista Brittany Howard, que también tocaba de manera competente una Gibson clavada a la de Angus Young, pero en otro color. Les faltó garra.

Al extremo contrario se fueron deliberadamente los escoceses Belle and Sebastian, iconos del indie pop que potenciaron su faceta más risueña y melódica. El líder Stuart Murdoch se dejó querer desde el principio, no dudó en sumergirse entre la muchedumbre y hasta invitó a los fieles a subir al escenario en el himno “The Boy With The Arab Strap”. La respuesta fue tan masiva que el personal de seguridad tuvo que poner cierto orden para que no acabaran sepultadas las vallas de seguridad, vaya furor.

Belle and Sebastian

Este grupo tampoco era un excesivo desmelene, había que admitirlo, pero su repertorio con referencias destacables como “Another Sunny Day”, “Get Me Away From Here, I’m Dying” o “The State I Am In” podría resultar una experiencia muy agradable para aficionados a sonidos en la órbita de The Smiths o The Divine Comedy. Quizás les faltara algo más de volumen por la proliferación desmedida de cotorras, pero su actuación resultó más que correcta. Y por la presencia de jóvenes en primera fila, uno de ellos con camiseta de Immortal, confirmamos que todavía siguen siendo relevantes en el mundo contemporáneo.

Cerramos la jornada protagonizada por Robbie Williams contemplando el comienzo rockero de su show con “Let Me Entertain You”, aquella canción en cuyo vídeo se pintaba la cara como Gene Simmons. “Rocket” o “Rock DJ” también poseían cierta energía, aparte de una impactante puesta en escena con hasta un séquito de bailarinas. Al igual que nos sucedió con Dani Fernández, pensábamos que iba a ser peor, pero en cuanto empezó a hablar de su mujer, sus cuatro hijos y se arrancó con la popera “Love My Life” pareció el mejor momento para desertar.

El curioso experimento Bigger Splash

Barrrk

La inclusión de los cada vez más consolidados Barrrk a primera hora del último día nos confirmó que la representación vasca del festival nada tenía que envidiar a cualquier escena internacional. En este caso, los de Llodio eran una de las revelaciones más agradables con las que nos hemos topado en el campo del post punk, a pesar de que en su Bandcamp digan que hacen “rock perruno”.

La vocalista, que llevaba una especie de bolsa de plástico a modo de vestido, troleó al personal asegurando una y otra vez que la siguiente la iban a reconocer seguro. Hasta que nos plantamos con “Sugegorri”, todo un himno en su género. Diría que molan más en salas, pero que se hayan conseguido colar en un evento tan multitudinario supone un auténtico triunfo del underground y de los combos trabajadores que siguen creyendo en la vieja máxima de picar piedra. ¡No les pierdan la pista!

Así se presentó el experimento Bigger Splash

Que lo que se había anunciado como Bigger Splash era en realidad la presencia de Arde Bogotá se compartió previamente en redes sociales y eso provocó que para las seis de la tarde hubiera ya una espectacular muchedumbre nunca vista en la historia del festival. Un presunto científico nos presentó aquello como un curioso experimento que en realidad nunca había sucedido, supongo que de la misma manera que hicieron antes en Mad Cool.

Arde Bogotá

El repertorio fue corto, pero efectivo, abriendo con “La torre Picasso” y poniendo a prueba las gargantas de los seguidores con “Abajo”. Aprovecharon la coyuntura para desvelar el título de su próximo disco, ‘Manufacturas del Club de la Gente Sola (MCGS)’, así como su fecha de lanzamiento, prevista para el 2 de octubre, por lo que pudimos escuchar los singles “Bigger Splash” o “Instrucciones”. Eso junto a viejas conocidas por el respetable como “Cariño”, “Los perros” o “La salvación” convirtieron su recital en impecable, a pesar de que un servidor sienta nostalgia por los tiempos en los que todavía tocaban en salas de capacidad media, como la Sonora de Astrabudua (Bizkaia). Un éxito merecido, por mucho que les critiquen los cerriles.

Cervatana, con Dandy Piranha (Derby Motoreta's Burrito Kachimba)

Para aperturistas de mente se tornaba del mismo modo el proyecto de Cervatana, con varios miembros de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba y aire electrónico, aunque en realidad sea mucho más que eso. Tenemos destellos de rock industrial, las atmósferas psicodélicas de la banda madre y una puesta en escena impactante con bailarinas con personalidad, que no se limitan a realizar cuatro movimientos y ya, son otro elemento igual de importante que la voz de Dandy Piranha o los sintetizadores, entre otras cosas.

Esta propuesta no posee nada de artificialidad, pues la batería es humana, Piranha se cuelga el bajo en determinados momentos y su manera de mezclar los diversos componentes hace que parezca más un género nuevo que una suerte de rave flamenca, que también. Piel de gallina solo recordar la carpa a reventar de peña dejándose la garganta con el estribillo de “Cap IV: La Bomba”. A muchos desde luego nos volaron la cabeza, literalmente.

Interpol

Los neoyorquinos Interpol eran un grupo elegante, tal vez hasta demasiado para un festival. El cantante y guitarrista Paul Banks exhibió un castellano perfecto al presentar los temas, pero tampoco se enredó en conversaciones interminables como si fuera de The Hives, lo cual se agradece en lugares con tiempo limitado. Venían de tocar un concierto de incógnito en Madrid bajo el nombre de Iron City, por lo que el repertorio fue similar al de esa cita basculando entre clásicos del calibre de “Evil” o “Untitled” junto a nuevas composiciones como “Wings on Fire” y “See Out Loud”, de su próximo álbum previsto para agosto.

En ese sentido, mantuvieron un cuidado equilibrio al apostar más por los temas reseñables de su trayectoria en vez de dedicarse a presentar canciones que todavía no habían salido. Quizás se pasaran de sobriedad, pero de eso Banks y compañía tampoco tenían la culpa, debería venir de fábrica en su estilo muy deudor de Joy Division o The Cure. Negrura impecable de principio a fin.

Ritual de purificación y un paréntesis italo disco

El paréntesis italo disco de Mind Enterprises nos sentó de lujo en la carpa. Este proyecto del productor Andrea Tirone junto a su compañero Roberto Conigliaro intenta acercar un género tan hortera y querido en la escena gótica a las nuevas generaciones. Y a buen seguro que lo consiguió con los sintetizadores que taladran la cabeza de “Negroni Love”, todo un himno para gente sin complejos. Como la que se rompía bailando durante su actuación, un fiestón que probablemente recordarán durante una larga temporada.

Idles

Pero nosotros habíamos venido para el punk y eso lo proporcionaron Idles en uno de los conciertos destacados del Bilbao BBK Live. La anterior vez que tocaron en el mismo recinto su muro de ruido ahuyentó a una buena cantidad de indeseables y alguno que otro ya huyó ante una de las bandas más auténticas del plantel estelar. O quizás era un fascista, pues el compromiso político era otra de sus puntas de lanza.

El tema nuevo “Levitator”, con el que han abierto gran parte de sus actuaciones en 2026, se convirtió en un salmo antirracista, con suficiente fuerza para despertar a la parroquia. “Never Fight A Man With A Perm” reveló la grandiosidad de un frontman como Joe Talbot, que pegaba patadas al suelo como poseído, se agitaba frenéticamente y hasta empleaba una pronunciación similar a la del recordado Johnny Rotten. Y todo mientras el guitarrista Mark Bowen andaba dando vueltas entre la multitud.

Mark Bowen (Idles), sin complejos

El ímpetu generado desató una importante polvareda en el recinto antes de que el vocalista alertara sobre la importancia de la salud mental en “The Wheel” e intercalara un “Viva Palestina” al final. El grito fue respondido de forma unánime por la afición repitiendo un “Free Palestine” que atronó tanto como himnos del calibre de “I’m Scum” o ese “Danni Nedelko” dedicado a los inmigrantes en el que intercalaron “All I Want For Christmas Is You” de Mariah Carey. Tócate los pies. Calentamiento climático, y también navideño.

Talbot preguntó si apetecía bailar antes de “Dancer” y de que parte del respetable empezara a dar vueltas en círculos, el ritual habitual en un concierto suyo. “Rottweiler” terminó de extasiar a los asistentes, con el vocalista repitiendo que podrían tocar ahí todos los años y exhibiendo una vez más su apoyo al pueblo palestino. Un auténtico ritual de purificación para despojarse de la ponzoña, la política y la musical.

Más de 112.500 personas acudieron a Kobetamendi durante tres jornadas y certificaron el carácter transversal de un evento que parece más bien buscar agradar a un amplio sector en vez de centrarse en un nicho concreto. Como hemos dicho, tal vez la electrónica ocupó demasiado espacio, pero dulces condimentos como Alcalá Norte o Arde Bogotá otorgaron un sabor atractivo a un plantel mejorable.

Alfredo Villaescusa

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