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Crónicas

Ana Curra + Seda: Dulce tránsito sin olvidar el negro

«Tal vez el verdadero futuro se encuentre en un pasado glorioso»

18 abril 2021

Sala BBK, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

La maldita pandemia que todavía aguantamos está obligando a muchos artistas a reinventarse, a adecuar sus espectáculos a esas restricciones sanitarias tan insoportables como los vaivenes del propio virus. Esto no debería constituir ninguna novedad, pues el rock siempre ha estado a la contra del poder establecido y ha garantizado su supervivencia en tesituras tan complicadas como la actual. Algo que no quita para seguir denunciando una vez más por qué se castiga a ciertos sectores de la población mientras se hace la vista gorda con poderosas multinacionales y otros estamentos a los que nadie se atreve a meter en cintura en tema de aforos. La estrategia del abusón de colegio que se siente impune y por encima de los simples mortales.

A pesar de lo ridículo que resulta eso de llenar los recintos con sillas con los transportes públicos atestados de peña, hemos de admitir que también proporciona una oportunidad única para contemplar a una banda desde una perspectiva distinta. En este punto hay también discrepancias entre los que abogan por pasar por el aro y los que se niegan a realizar sus shows en unas condiciones no muy diferentes a las de los animales en los zoos. ¿Que se ha hecho una prueba piloto con 5.000 personas sin distancia social? Pues oigan, jamás escuchamos palabras de apoyo en dicho asunto desde instancias gubernamentales, prueba de lo mucho que preocupa la cultura a esta gente.

Seda

Al margen de polémicas, menos mal que todavía existen aguerridos promotores empeñados en hacer conciertos que no se dan por vencidos ni con cierres perimetrales. Estos sí que son nuestros héroes. Gracias a esa bendita cabezonería pudimos disfrutar de una sesión matinal de órdago en la céntrica sala BBK bilbaína, una cita que por supuesto colgó el cartel de entradas agotadas, como buena parte de los eventos programados en el ciclo Rabba Rabba Girl, destinado a proporcionar visibilidad a las féminas.

Calentaron el ambiente en primer lugar Seda, un proyecto de reciente creación en el que podemos encontrar veteranos de la escena local como Virginia Fernández (Doctor Deseo), Félix Landa (Extremoduro) o el siempre excelso a la guitarra Joseba B. Lenoir (Sumisión City Blues).

En lo musical se mueven por el rock con eco americano o setentero, no en vano su inconmensurable frontwoman poseía cierto halo a lo Stevie Nicks o Grace Slick. Y al resto también se les notaban los galones en las tablas, en especial en piezas enérgicas del calibre de “Let It Go”. Puro nervio. Para seguirles la pista.

Hemos contemplado ya unas cuantas veces el espectáculo de Ana Curra dedicado a ‘El Acto’, la histórica obra seminal de Parálisis Permanente, por lo que no nos desagradó que en esta ocasión ofreciera un repertorio diferente, aderezado con complementos visuales adaptado a las restrictivas circunstancias actuales.

Sorprendió que en su grupo de acompañamiento no se encontraran ni el legendario bajista Rafa Balmaseda ni el guitarrista César Scappa, otro veterano al que hemos visto en otros bolos de Su Siniestrísima. Predominó la savia nueva, un movimiento que quizás responda a la necesidad de iniciar una etapa inédita sin los condicionantes del pasado.

Una intro de corte clásico daba paso a “Fundido a negro”, pieza tenebrosa cual tizón que iniciaba su último trabajo y que nos presentaba a la carismática vocalista oculta tras una máscara. La nostalgia no tardó en aparecer con el himno homónimo “El Acto” y “Nacidos para dominar”, que sigue sonando tan impactante en las distancias cortas como hace varias décadas, al igual que “Te gustará”, otro de los momentos cumbres del debut de Parálisis Permanente, piedra angular del gótico y el post punk patrio.

La de El Escorial calificó como “una declaración de principios” su celebérrima revisión del “Heroes” de Bowie y desde luego pocos fieles se esperarían que rescatara “En esta tarde gris”, uno de los temas más poperos de su álbum ‘Vuelta a las andadas’, pero que siempre nos hizo gracia, ideal para salir de fiesta de buen humor, algo que tanta falta nos hace en tiempos de cabreo generalizado. Qué grata sorpresa.

Pero había cosas que deberían incluirse sí o sí, aunque nos obligaran a estar sentados o haciendo el pino. “Quiero ser santa” era una de ellas. Inconfundible su intro fantasmagórica de teclado. Y tampoco se hubiera entendido obviar otro clasicazo como “Tengo un pasajero”, con imágenes por la pantalla de ‘Alien, el octavo pasajero’. Todo un trallazo que sacude conciencias incluso hoy en día.

Y definió su reciente “Hiel” como “una danza para los nuestros”, una suerte de réquiem por todo lo que hemos perdido en esta odiosa pandemia. “Se ha cometido una gran injusticia en las residencias”, señaló a modo reivindicativo. Otro de esos miserables atropellos que seguramente quedarán impunes por culpa de unos y otros.

“Pájaros de mal agüero” regresó a la ortodoxia siniestra y levantó el pabellón hasta la estratosfera, no sin antes recalcar que su letra servía para reflexionar acerca de diversos aspectos. Se acordó en este sentido de la pandemia del SIDA que “solo afectaba a tipos marginales” y subrayó la doble moral presente en la actualidad. “Como lo de ahora afecta a todo el mundo, entonces se toman medidas”, sentenció.

Hubo asimismo espacio para novedades con “Afrodita la monarca”, que definió como “muy feminista y punk”, y reincidió en el material más reciente con “Aprendiz de bruja”, corte atmosférico de efluvios trip hop a lo Massive Attack. Otro puntazo con el que la ex Pegamoides nos dejó a la mayoría con el pie cambiado fue su tremenda y acelerada revisión del “Ghost Rider” de Suicide, para clavar la pica en Flandes. Y en esta línea, el “Quiero ser tu perro”, original de The Stooges, nos hizo desear lanzar las sillas por los aires, algo que pensaríamos con mucha más fuerza con las invitaciones al pogo descontrolado de “Unidos” y “Autosuficiencia”. Quizás debería estar prohibido tocar estas cosas con peña sentada.

Y sin que disminuyeran ni por asomo las ganas de destruir, “Un día en Texas” nos insufló energía suficiente para aguantar varios meses por lo menos, así da gusto terminar un recital. Todo un dulce tránsito sin olvidar el negro. Ansia por la renovación, pero sin renegar de esos orígenes que marcaron a tantas generaciones venideras y que no se podían de ninguna manera esconder debajo de la alfombra. Tal vez el verdadero futuro se encuentre en un pasado glorioso.

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Esta entrada fue escrita por Redacción

1 comentario

  • Juandie dice:

    Potentes descargas por parte de ambas bandas en una de las salas más emblematicas de Bilbao y donde la mujer fue la absoluta protagonista de esa noche presentando ambos grupos sus últimos álbumes. A ver si poco a poco se va superando el dichoso virus y volvemos a disfrutar de los directos.

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