Madness Live!

Deafheaven

Ordinary Corrupt Human Love

Anti- (2018)

Por: Valle

9

En el año 2273, gracias al gran desarrollo de la clonación y de la cirugía hermafrodística, era totalmente innecesario mantener relaciones sexuales para procrear y, por fin, se pudo prohibir el amor.

Todas las autoridades mundiales, refrendadas por la ONU, firmaron un acuerdo en el que se establecía que, al estar enamorado, el ser humano se concentraba menos en sus objetivos laborales, en el tráfico de sus turismos aéreos, terrestres, náuticos y subterráneos y, además, su comportamiento era más rebelde, ilógico y, en ocasiones, depresivo.

Año 2318 en un aula cualquiera…

– ¡Silencio chicos! Reclinad vuestros pupitres en posición horizontal y atentos a la pantalla de techo. Bien, empezamos la clase de historia de la música. Hoy vamos a hablar de un álbum de Deafheaven. ¿Alguien sabe quiénes eran? A ver… Luis.

– Deafheaven fue una banda de principios del siglo XXI conocidos principalmente por ser los grandes precursores del “Blackgaze”, fusión entre los primigenios black metal, shoegaze y post rock. El blackgaze es, también, uno de los estilos más antiguos de los 344 registrados actualmente.

– Perfecto Luis. Pues bien, este año, el 13 de julio, se cumplió el tercer centenario del lanzamiento del cuarto álbum de Deafheaven, que se llamó “Ordinary Corrupt Human Love”. El disco, producido por Jack Shirley bajo el sello Anti-, fue criticado por los puristas metaleros porque, en el aspecto musical, la estética preciosista y el resplandor armónico se imponen, en muchos fragmentos, a la oscuridad de su base de black metal. Incluso, hay canciones como la muy shoegaze “Near” y la suave “Night people” (cantada a dúo por la gran cantautora Chelsea Wolfe y Ben Chisholm) en las que los guturales de calabozo del vocalista George Clarke ni siquiera aparecen. De hecho, salvo en “Glint”, la más épica y en donde destaca el blast beat y la contundente batería de Daniel Tracy, la siniestra voz suena con cierta lejanía. En este disco, además, Clarke se esmera mucho en sacar belleza al piano. Un claro ejemplo es la romántica “You Without End”, en la que la sensual voz de Nadia Kury va leyendo extractos del cuento “Black and Borax” del escritor Tom McElravey. En todo el álbum, el gran guitarrista Kerry McCoy tiene mucho peso. Sus arreglos y solos son impresionantes pero, como os dije, los puristas de la época le metieron caña porque echaron de menos la distorsión y la rabia, con una guitarra demasiado melódica en canciones como la descendente “Honey Comb” o la onírica “Canary Yellow”.

“Ordinary Corrupt Human Love”, cuyo título fue sacado de las páginas del libro “The End of the Affair” del autor Graham Greene, termina igual que empieza a través del sonido de un rumor de olas con la misteriosa “Worthless Animal”. Y, por cierto, junto a los mencionados George Clarke, Daniel Tracy y Kerry McCoy, esta banda norteamericana se completaba con el guitarrista Shiv Mehra y el bajista Chris Johnson.

Pero entonces, ¿por qué “Ordinary Corrupt Human love” de los Deafheaven ha pasado a la historia? Mirad: con el paso del tiempo, se reconoció el gran trabajo experimental que unía varios universos contrarios entre sí. Estos explotaban en brutales cambios de dimensión de forma natural en sus atmosféricas y largas, pero nada aburridas, canciones. En sus textos, las transformaciones a veces se plasmaban en forma de poéticas plegarias no escuchadas (tal vez de ahí venga el nombre del grupo Deafheaven que, en español, es cielo sordo) y que describían cómo el amor corrompe al ser humano, cómo lo vuelve inestable, decrépito y, sobre todo, incoherente e impreciso. Cualidades que rozan la locura y un desorden que, en pleno siglo XXIV, tras haber evolucionado hacia una sociedad estructurada, metódica y mentalmente organizada en un sistema sin riesgos, no se pueden consentir.

“Ordinary Corrupt Human Love” os advierte de las graves repercusiones que se sufren al estar enamorado y del destructivo final que este estado conlleva. Por eso, este trabajo de Deafheaven fue uno de los más estudiados por el comité mundial de sabios para que, en el año 2273, consiguiéramos, por fin, el mayor logro de nuestra era: prohibir el amor.

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