Brillante propuesta la que nos llega de manos de los murcianos Valøa en su segundo disco. Diez sobresalientes composiciones que se integran en el metal alternativo como gran saco en el que incluir sus muchas influencias, que llevan de la sensibilidad melódica y la aportación electrónica de Bring Me the Horizon pasando por bandas como While She Sleeps y Sleep Token hasta el enfoque de la intensidad y la potencia con voces realmente magnéticas de unos Aphonnic en el ámbito estatal.
Un sonido de teclado que nos traerá a muchos el recuerdo de las viejas consolas de 8Bits despierta la nostalgia en el inicio de “Aurora”, presentando esta tendencia de crear un sabroso colchón melódico sobre el que construir el caos que caracteriza al grupo. Un contraste que se hace realmente adictivo. La apuesta sube en emoción con “Sobre mojado”, dejando ver que la versátil voz de Jorge Sánchez se puede amoldar de la caricia al zarpazo en un segundo.
El potente juego de coros y armonías que crea la banda, incluyendo partes guturales que son todo un desahogo en la escucha, combinado con guitarras de alto octanaje, una base rítmica de alta pegada y precisión, y una destacada producción para el género hacen cada dentellada que se le da a ‘En el aire’ más que recomendable para los amantes del metal contemporáneo en cualquier vertiente.
De hecho, el lado más desenfrenado nos espera en el contundente vértigo de “Frío y acero”: menos de tres minutos de soltar adrenalina cuando veníamos de algún prometedor breakdown de los que te hacen levantar las orejas y fijarte en los cambios de ritmo que propone la banda… Aunque en la primera escucha las voces alzan la mano reclamando atención constantemente.
Las letras siguen actuando como un altavoz generacional frente a la incertidumbre y la ansiedad del futuro en los más diversos temas, de la salud mental a la cuestión medioambiental, pasando por la precariedad, el consumismo, los conflictos armados… lo que con guitarras como las de “Soy culpable” multiplica su impacto exponencialmente.
En todo el medio tenemos minuto y medio de respiro electrónico en “Silencio”, un centenar de segundos que nos preparan para el estallido de “En el aire”, que me recuerda el lado más agresivo de Somas Cure. De aquí saltamos a una inmensa “Mistral”, con la que casi se entra en trance antes de que la batería nos obligue a mover los pies y que se nos escape algún que otro puñetazo al aire.
En el tramo final encontramos “Volver a caminar”, que tiene esa combinación de los de Oli Sykes entre electrónica, guitarras voraces y voces que se te clavan en el cerebro, aunque hablamos del corte más melódico y casi a modo de himno más accesible que cantar a coro en festivales como si no hubiera mañana. Delicadamente, se enlaza con “La condena”, que termina siendo de las más caóticas e intensas con ese toque cercano al metalcore con el que se coquetea en todo el álbum.
“Hasta el vacío, hasta el final” es la coctelera definitiva de todo lo dicho, desde lo más melódico y ambiental hasta lo más desgarrado y agresivo, desatando también las guitarras definitivamente con un potente solo antes del coro final. El cierre a piano desnudo nos deja unos segundos para reflexionar sobre lo que acabamos de escuchar… y encontrar el botón para que vuelva a sonar desde el principio.
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