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Ratio Rock

Sombras

Autoeditado (2022)

Por: Alfredo Villaescusa

8

El paso de las versiones a los temas propios siempre fue un momento fundamental en la mayoría de los grupos que empiezan. Es en esa transición de homenajear a los héroes a facturar piezas originales donde se consolidan los cimientos de una trayectoria futura como banda. Son las columnas que sostienen un edificio de carácter sólido y si se hace un buen trabajo impedirán que la torre se venga abajo a la primera de cambio.

El power trío Ratio Rock procede de la ciudad de Vitoria-Gasteiz y su génesis se remonta a 2018, cuando vieron que sus composiciones podrían tener cierto recorrido en el panorama. Así, en plena pandemia lanzaron el EP ‘Día gris’, un primer contacto que les valió para que cristalizara este larga duración al que las etiquetas a veces se le quedan cortas.

Podríamos calificar lo suyo como rock a secas, pese a que sus miembros vienen de diferentes ambientes musicales y eso se nota en esa suerte de denominador común que forman sus canciones donde las letras tampoco se antojan un convidado de piedra. La cálida voz de Mónica les otorga además cierto aire ochentero y en ocasiones no sería descabellado acordarse de combos señeros del firmamento patrio.

La instrumental “Amanece” funciona a modo de introducción y vale para sumergirse en el peculiar universo que nos proponen. “La bonita” retrata una de tantas historias que podrían conocerse a pie de calle y por su tono elegante podríamos pensar de inmediato en La Dama se esconde o en los primerizos Héroes del Silencio de ‘El mar no cesa’.

La homónima “Sombras” aporta un mayor empuje, sobre todo en esas guitarras que se antojan un elemento fundamental en la canción, atentos al solo. “Duermevela” disminuye las revoluciones, aunque sus atmósferas estarían cerca de las de formaciones británicas de los ochenta tipo The Chameleons o incluso Immaculate Fools. No te desagradarán si eres fan de alguno de los dos grupos.

“Pierdo el tiempo” introduce variedad en el conjunto con fragmentos casi rapeados, mientras que el chelo de “A veces” también cobra importancia hasta el punto de situarles en una órbita distinta. Y “Todo es azul” recupera el pulso rockero a pesar de su carácter almibarado y de su oda a los enamoramientos profundos que no te dejan ni respirar.

En “Sin avisar” notamos de nuevo la huella de la década de los cardados y las hombreras, especialmente aquella que tenía que ver con grupos poperos de la Movida tipo Betty Troupe. “Que no sea” pone el broche final sin desmelenarse demasiado pero sin caer en el sentimentalismo gratuito, las seis cuerdas de Manu Hinojal se erigen otra vez en una parte imprescindible del andamiaje sonoro.

Es evidente que nos encontramos en una especie de cruce de caminos que delata el diverso envoltorio que conforma esta propuesta, así como los diferentes ambientes musicales en los que se han movido sus integrantes. El tiempo dirá si tiran más por unos recovecos u otros, el área de servicio al que han llegado de momento no se torna un lugar para nada inhóspito. Podemos estirar las piernas y hasta darnos una vuelta por las inmediaciones durante una temporada.

Alfredo Villaescusa
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