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Mar de Fondo

38 pasos

Rock Estatal Records (2021)

Por: Alfredo Villaescusa

8

Que la música ofrece cualidades terapéuticas no es un secreto. Ni tampoco que puede ayudar a atravesar baches importantes de la existencia. Seguro que no son pocos los que pueden asociar canciones determinadas con un momento o una época concreta. Lo que solíamos escuchar en los tiempos de instituto, aquel disco que nos cambió por completo la vida o ese temazo que nos hacía agitar la cabellera en garitos incluso a altas horas de la madrugada. Cada uno posee sus fetiches particulares.

Al coruñés Jesús Suárez lo que empezó siendo un hobby se acabó convirtiendo en una especie de psicólogo que le animó a ponerse retos, superarse a sí mismo y ayudarle a verbalizar sentimientos que de otra manera no hubiera sido posible. Por eso este tercer álbum tiene mucho de historia personal, no en vano el mismo título alude a las etapas necesarias para que una persona supere un bloqueo interior.

Gracias a la ayuda del guitarrista y compositor Miguel Thomas, tenemos aquí un gran trabajo a caballo entre el rock, el metal progresivo y algunos destellos góticos. Por si resultaran pocos alicientes, también interviene en las últimas piezas un plantel estelar del calibre de Kutxi Romero (Marea), Fernando Madina (Reincidentes) y El Drogas. Con semejantes mimbres, mucho se tendría que torcer la cosa para que el acabado final no fuera excelente.

La inicial “38 pasos” nos pone en guardia con ritmos contundentes y una letra  a la que merece dedicar toda la atención, atentos a ese soberbio estribillo. “Mientras duermes” parece más sosegada en los primeros segundos, aunque luego va cogiendo vuelo progresivo con leves influencias orientales y un halo lejano que te hará pensar en Sôber. “Cicatrices” eleva el pabellón al máximo y quizás se antoje uno de los cortes más conseguidos del redondo, con palabras que caen como losas que es imposible esquivar.

“Entre dos mundos” explota la vertiente intimista en una suerte de medio tiempo, mientras que “Eterno” recupera su faceta más contundente sin descuidar ese poso melancólico tan presente en esta obra. “Aire” se mueve en ocasiones por terrenos cercanos al metal gótico, pese a que la voz siga la senda de Carlos Escobedo. Y “En la profundidad” adquiere solemnidad desde el comienzo, pero eso no significa que la potencia se haya dejado de lado, al contrario, enseguida nos damos cuenta de que no se trata precisamente de una tonadilla sosegada.

Echan el freno en “16 de mayo”, con la guitarra acústica tomando el protagonismo y unos tonos vocales que se van creciendo a medida que trascurre el tema. “Crisis de fe”, con la colaboración de Kutxi Romero, revela su lado más tristón, por lo que sorprende bastante encontrar a un invitado tan alejado a priori de su zona de confort, pero el resultado es espectacular. Idénticas sensaciones nos podrían invadir en “Vacío”, donde Fernando Madina se luce en unos registros nada habituales en él, la parte final es digna de enmarcar. De lo mejorcito, sí. Y “Mar de fondo” se trata de una revisión de la pieza del mismo título del debut ‘Destellos de oscuridad’ que con El Drogas adopta una dimensión por completo desconocida. Otra joya.

Estamos ante un lanzamiento versátil y ambicioso que podría cautivar a diferentes espectros de público, desde los fieles al rock urbano hasta los aficionados a la miseria a granel que tampoco renuncian a una considerable dosis de potencia. Cualquiera con amplitud de miras que valore los textos trabajados debería oírlos pero ya.

Alfredo Villaescusa
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