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Crítica de Haches: Poesías desafinadas

Primero fue ‘Canciones para ti’ (2021), después ‘La vida que nos pasa’ (2022) y ahora siguen caminando de la mano de este tercer trabajo de título tan particular y marca de la casa. Dicho esto, me planteo, para empezar, si se pueden desafinar las poesías. Es decir, ¿se puede verbalizar y musicalizar la nostalgia? ¿Se puede conseguir el equilibrio entre el rock duro con un punto de pop rock algo más comercial? En definitiva, ¿se puede mezclar el rock callejero con el hard rock clásico y el heavy metal, y las temáticas y sonidos urbanos, haciéndolo agradable y accesible?

Se puede, cuando se sabe hacer, cuando eres bueno, cuando sabes de qué hablas en ambos “mundos”, y cuando tienes ese mojo especial y esa trayectoria de tres discos que te pone en un punto de comodidad y seguridad en la que mezclas sin riesgo tu zona de confort con la amplitud de miras. Eso sí, ciñéndote con naturalidad a tu esencia, sabiendo torcer el colmillo y dejarte acariciar el lomo a la vez. Y se hace cuando tienes entre ceja y ceja que funcione, pero a tu manera y yendo por tu camino.

Tras el speech de palabrería semibarata, vamos a la descripción y al núcleo del tercer álbum de Haches, que ya lleva presentándose un año a través de los singles, y que ya tenemos aquí el resultado final y completo.

Un disco que apreciamos los de vieja escuela, y de los que deben aprender las nuevas generaciones: canciones (en la amplia extensión del término), experiencias, rock costumbrista y evocador del que nos gusta a los que echamos de menos lo que hubo hace 20, 30 y 40 años y seguimos luchando en el presente por volver a traerlo a la primera línea. Viejos rockeros, que no rockeros viejos como me gusta decir a mí, haciendo rock de barrio (o “rock de Hortaleza”, que es una definición en sí misma, o debería), y consiguiendo que funcione, ¡muy bien!

Sin prisas y disfrutando lo que hemos vivido, sin frenos, pero con los pies en la tierra, como dicen en uno de los temas más destacados. Y consiguiendo, como en los tiempos pretéritos, la excelencia ya en el tercer LP, sonando ya 100% a ellos y consiguiendo que, desde la primera nota, la primera frase de Marcial y el primer tema, digas sin temor a dudas que esto es Haches.

Parece fácil, como las canciones de AC/DC, pero si es tan sencillo, ¡hazlo tú, listo! Y no, no lo es, que esto conlleva trabajo duro, fe, dedicación, tesón, calidad, constancia… y no perder la ilusión y la pasión, que a veces es inevitable que surjan las dudas.

En realidad, debería ser fácil, pero ahí está la diferencia entre los buenos y los mediocres: canciones directas, con gancho, con buenas letras, excelentes melodías, transmitiendo emociones y sensaciones a partes iguales, y saber hacerte mover los pies, la cabeza e incluso las caderas. Y no escatimes en crítica social, como hacen acertadamente en “Vamos a romperlo todo” o “Su dignidad”.

Ni en poner de relieve que esto es rock callejero y de barrio, como aparece sin rubor en “Somos de Hortaleza” (con sus buenos amigos de Porretas) o “Viviendo sin frenos”, ni en recordar cuando éramos los que más, aunque desde fuera nos hicieran de menos, como nos exponen clarito en “Tan fuerte”, para mí el hit single del disco, si es que eso sigue existiendo hoy.

Haches lo han tenido siempre, pero ahora lo han hecho mejor que nunca, que la experiencia de más de cinco años con el grupo (más la anterior de los hermanos Ortiz y compañía con otras bandas y proyectos previos) y la trayectoria de ya tres discos e innumerables conciertos a sus espaldas se tiene que notar.

Ahora han encajar de manera perfecta los temas duros, y los divertidos, con las canciones más reflexivas y personales como “Cansado” o “Solo una ilusión”, soñando siempre con el corazón, como en realidad siempre ha hecho en este grupo.

Liderados desde el comienzo por Marcial y Rubén Ortiz, pero complementada de lujo la formación con Manuel de la Fuente (guitarra, y que también lleva con ellos desde el comienzo), Paulo Tchilibass (bajo), Miguel Rodríguez (guitarra) y Roberto Feijoo (batería), ‘Poesías desafinadas’ debería ser el punto definitivo que les aúpe a la merecida primera línea del rock nacional.

Ya sea urbano, clásico, o de Vallecas, Carabanchel y Hortaleza (si entendemos el guiño, que seguro que sí), que es el rock que siempre han abrazado, ofrecido y propugnado Haches en sus canciones. En definitiva, música alegre, costumbrista, reivindicativa, de la nuestra, y de la que merece la pena redescubrir una y otra vez.

Rock con Ñ y Rock con H, algo que debería ser ley. Y cuando el paso del tiempo desafine las poesías y desvirtúe las canciones con las que hemos crecido, ábrete un botellín, ponte un buen disco, como éste, por ejemplo, y vete a un concierto de Haches.

Seguro que de repente la vida se ve de otra manera, sale el sol y te aparece una sonrisa. Yo solo te lo recomiendo, que ahora es cosa tuya hacerme caso o seguir triste y gruñón pensando que el buen rock nacional se murió en el 84 o en el 93.

David Esquitino

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