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Blues Pills

Holy Moly!

Nuclear Blast (2020)

Por: Pablo Camacho

9.5

Pocas veces el título de un álbum definió de una manera tan perfecta su contenido. Desde el mismo instante en el que dejamos caer la aguja sobre sus surcos, ‘Holy Moly!’ se convierte en una experiencia alucinante que nos dejará con la boca abierta. Once descargas del mejor rock n’ roll que han visto los tiempos. Preparad vuestros cuerpos para este viaje, nos vamos 50 años al pasado, cuando las flores y el ácido lo inundaban todo, y el amor era el eje de toda una revolución.

Este ‘Holy Moly!’ supone el tercer LP de Blues Pills. Su primer plástico, de título homónimo, supuso la plasmación de lo que ya llevaba tiempo funcionando a base de EPs y un directo alucinante, y se convirtió en todo un referente de la nueva oleada de rock setentero que tantas alegrías nos ha dado en este siglo. Dos años después, llegó ‘Lady in Gold’, que, si bien contenía temas maravillosos con una tendencia aún más bluesera, no nos pillaba de sorpresa. Eso sí, hizo que la banda girase sin parar por todo el mundo, demostrando sobre las tablas que la música donde mejor funciona es en vivo. Pero, ¡ay amigos! Este 2020 tenía que darnos alguna alegría y, sin duda, el disco que tenemos entre manos supone la consagración de la banda sueca como uno de los mejores actos de la historia del blues rock.

Elin Larsson no se esconde; la maravillosa voz de Blues Pills es una mujer orgullosa de serlo, que ha luchado contra viento y marea en ese mundillo plagado de machitos y cobardes. Es por ello que el primer tema, “Proud Woman”, arranca con una declaración por la igualdad que tanto tiempo se lleva reclamando y que nunca parece llegar. Pero la canción no solo es carne de himno, si no que supone toda una declaración de intenciones en cuanto a la dirección musical de este trabajo. Contundencia, distorsión, psicodelia, sonidos cargados y el increíble huracán vocal de Larsson, que alcanza cotas nunca vistas hasta ahora.

Pero si pensábamos que ese iba a ser el corte cañero del disco, nos empezará a salir humo por las orejas al escuchar “Low Road”. Riffs pesados, rápidos, casi emulando a Motörhead, llenos de carácter y con un sonido propio de un garaje de la costa oeste de principios de los setenta. No me entendáis mal, la producción de ‘Holy Moly!’ es sobresaliente, realizada por la propia banda, todo sea dicho, pero buscando ese rollo retro conseguido a base de equipos analógicos de época cuidados con mimo y a los que sacan el mejor partido.

“Dreaming My Life Away” supone un dueto entre la guitarra de Zack Anderson (que ha cambiado las cuatro cuerdas por las seis, tras la marcha de Dorian Sorriaux) y la voz de Elin, en el que se suceden las replicas para acabar a coro por todo lo alto. Con “California” llega el primer cambio de tercio, con una carta de amor, en formato country, a la tierra en la que se pone el sol y que tantas alegrías ha dado a este género. La voz de Elin es pelopúntica, emulando, por momentos, a las grandes divas del soul. Increíble lo de esta chica.

Es imposible mantener los pies quietos con “Rhythm and Blood” (inicialmente inspirada en la serie Juego de Tronos como la propia Elin le explicó a nuestro compañero Jason Cenador). Un tema que funcionará a las mil maravillas en sus conciertos; que no os digan que con el rock no se puede bailar. Continuaremos en la pista con la sensual y electrizante “Dust”, que reduce el ritmo para que tomemos aire mientras saboreamos el licor más dulcemente amargo del bar.

Tanto el blues como el rock sientan sus raíces en la música negra, de cuya fuente bebe directamente “Kiss My Past Goodbye”, con coros a medio camino entre el soul y el gospel, y una batalla de solos entre guitarra y batería. El tempo vuelve a bajar en “Wish I’d Known”, que arranca como un lamento que crece hasta que Elin se transforma por completo en un predicador de Harlem, lanzando versículos laicos al aire (imposible no recordar la figura del inmortal James Brown) que son coreados por sus acólitos; toda una experiencia religiosa.

Los primeros acordes de “Bye Bye Birdy” son puro Blues Pills. No deja de asombrar cómo un género que ha dado tanto fruto puede seguir haciendo que una banda tenga un sonido único. Con este tema hay que dejarse llevar, guitarreo constante y ritmo headbanger, que nos da un respiro a mitad para que la llegada a su éxtasis final sea aún más explosiva. “Song from a Mourning Dove” arranca a piano y guitarra en forma de elegía, haciéndose más compleja, densa y bella, para volver a culminar sus tristes versos por todo lo alto.

El álbum se despide con “Longest Lasting Friend” acariciando nuestros tímpanos con la voz de Elin Larsson, cuya capacidad para dejarnos anonadados parece ilimitada. Un corte final en el que su garganta se luce por todo lo alto, acompañada únicamente por un suave punteo de guitarra. Un adiós que solo podemos remediar volviendo a repasar los discos de esta banda.

‘Holy Moly!’ no solo es uno de los claros candidatos a disco del año, si no posiblemente uno de los mejores trabajos de rock, a todos los niveles, de esta década. Si Blues Pills fuesen ya abuelos y hubiesen vivido los tiempos del flower power, estaríamos hablando de auténticas leyendas de la música; sin embargo, apenas rebasan la treintena y llevan haciendo música desde 2011, por lo que es nuestra oportunidad de ver cómo alcanzan ese estatus de ídolos. Pero, ¡ojo! Esta banda se expresa muchísimo mejor en directo que en estudio, por lo que cuando este fatídico momento en el que nos encontramos vuelva a darnos la oportunidad, no os perdáis sus ojipláticos conciertos.

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