Hay grupos que van cambiando del mismo modo en que lo hace uno. Ahí es donde se piensa de inmediato que existe una conexión especial y que no se trata de una banda más de un estilo concreto. Sumemos además el hecho de que siempre han sido los mismos integrantes, aquellos colegas que un buen día decidieron subirse a un escenario y liarla, sin importar las modas o vaivenes del momento. Y sus conciertos se convirtieron en reductos de freaks obsesionados por los Ramones, las chicas, las tiendas de discos o las películas de terror. Bravo para esa infatigable hermandad.
Mucho ha llovido desde que Adolfo, Pepillo y José Andrés iniciaran su trayectoria evocando el punk de escuela ramoniana por un lado, pero también el componente melódico de Weezer. Pasaron los años y fueron virando hacia el power pop y las grandes melodías de los sesenta, no sin olvidarse de unas letras muy personales cargadas de ironía, dobles sentidos, así como múltiples referencias cinematográficas o sentimentales que solo pillarían los que han llegado hasta cierta edad.
En el caso de ‘Una extraña fuerza’, las alusiones van hacia el béisbol, como se puede intuir claramente desde la misma portada o en esos intervalos que han intercalado con el nombre de “Strike”. Otra novedad es que han dedicado especial atención a las maquetas y a la preproducción para que así los añadidos posteriores sean mínimos, lo que ha otorgado a las composiciones cierta sensación de urgencia y dinamismo.
La intro de ecos noventeros “Strike 1” nos va metiendo en harina antes de “El club secreto”, todo un himno puro Airbag, cantando a esas minorías a las que se la suda lo que opine el resto del mundo. ¿A quién le importa no encajar en la aborregada sociedad? No os necesitamos en nuestra exclusiva fraternidad.
“La película que he visto más veces” echa mano de la nostalgia, pero con esa clase que suelen destilar los malagueños. Hablando entre freaks, ¿quién no tiene un film favorito que haya repetido casi en bucle? Cuidado, que también nos alertan sobre las cualidades formales de la obra en cuestión, quizás esté un tanto sobrevalorada en nuestro subconsciente, igual que esa chica de instituto que entonces nos parecía lo máximo.
“Nadie los vio venir” nos lanza otra seria advertencia, el mundo que conocimos está desapareciendo. Los garitos de palillos y servilletas en el suelo, las salas tradicionales de cine o esas tiendas de discos que ya parecen una anomalía del sistema en las ciudades. El mensaje es claro, hay que plantar cara a esa invasión de superficialidad que ha poblado nuestros barrios de establecimientos vacíos sin personalidad.
“Crush mal” recupera la noble tradición de los perdedores del universo Airbag antes de poner a prueba sus dotes de clarividencia en “El futuro (no es lo que solía ser)”, con un ambiente sideral a lo The Rezillos donde además cuelan un homenaje al “Whip It” de Devo. “Camisa de fuerza” es otro de esos cortes que apelará a los fans clásicos del grupo al abordar algo tan inmortal como el concepto de amistad. Siguen sazonando los ingredientes con la precisión de artesanos.
“Neuronas” incide en otra de las coordenadas básicas de los de Estepona, un corte romántico de los de lamerse las heridas tras una ruptura, a la par que aventura una posible solución, liberarse de todas aquellas neuronas que habremos consumido en porros o alcohol, no hace falta que vuelvan, gracias. Y “La habitación del pánico” posee cierta pulsión adolescente a lo Sum 41 que seguro que funciona bastante bien en directo.
Las pullas de “Gira de despedida” van bien dirigidas para todos los que amagan con dejar a los escenarios y luego se tiran varios años girando. “La casa del terror” probablemente sea el único tema de punk a la vieja usanza, como el que ellos mismos hacían en “La chica no” o “En los brazos de la agente internacional”, una gozada para los que adoramos su primera época. Y se despiden con “Las nuevas esferas de lo moderno”, más dardos hacia esa sociedad de redes sociales y de creadores de contenido sin contenido. La resistencia vive.
Puede que el componente punk ya no sea más que un mero vestigio de tiempos pasados que de vez en cuando sobresale en algunas canciones, pero lo que no cabe negar es la acertada habilidad de los malagueños para retratar a una generación que ya acumula décadas a las espaldas. Si Triángulo de Amor Bizarro proclamaron que odiaban a todos los que eran como ellos, Airbag les adoran. Y no se esconden.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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