Los norteamericanos Foo Fighters sin duda sufrieron un duro varapalo cuando perdieron a su carismático batería Taylor Hawkins en 2022, pero anteriormente ya vivieron otros episodios complicados, como aquella crisis que dejó al líder Dave Grohl “totalmente abatido” y con declaraciones como la siguiente: “¿Queréis que vaya y les diga a esos tíos que nos separamos ya mismo?”.
El fin de semana del 18 y 19 de agosto de 2001, Foo Fighters y Red Hot Chili Peppers encabezaron conjuntamente los festivales V de Reino Unido, donde actuaron ante 50.000 aficionados en Weston Park, en Staffordshire, y Hylands Park, en Chelmsford, Essex. Ambas bandas estaban disfrutando del éxito de aquellos conciertos, pero la mañana del 20 de agosto, Foo Fighters volvió bruscamente a la realidad cuando Dave Grohl recibió la noticia de que su batería, Taylor Hawkins, había sido ingresado en un hospital de Londres tras sufrir una sobredosis de drogas. Al día siguiente, un comunicado de prensa anunciaba que Hawkins se había “excedido” en el consumo de sustancias, pero que ya se encontraba en estado estable.
Según relataba Loudersound, los detalles del incidente, al que dentro de la banda se referían como “la pequeña siesta de Taylor”, siguen sin estar del todo claros. En el documental de Foo Fighters de 2011, ‘Back and Forth’, el guitarrista Chris Shiflett insinuó que Hawkins había consumido heroína: “Nuestro técnico de sonido de entonces decía: “Taylor la ha cagado, se va a morir, está jodidamente muerto”. Por su parte, el propio Hawkins atribuyó el incidente a su adicción a los analgésicos y cortó cualquier otra pregunta al respecto con un tajante: “Solo eran jodidos analgésicos, ¿vale?”. Por si la confusión no fuera suficiente, Dave Grohl afirmó que el batería había estado en coma durante “10 o 12 días”, mientras que Hawkins insistió en que habían sido unas 48 horas.
La primera vez que Dave Grohl se planteó abandonar
Sea como fuere la verdad sobre lo ocurrido, el incidente fue lo suficientemente grave como para que Grohl se planteara disolver la banda. “Fue la primera vez en mi vida que me planteé dejar de hacer música. Habíamos llegado a un punto en el que me preguntaba si la música equivalía simplemente a la muerte… Estoy en esto por la jodida música, pero no quiero seguir haciéndolo si todo el mundo va a estar muriéndose constantemente”.
En otoño de 2001, Foo Fighters ya habían vuelto a la actividad y estaban trabajando en un nuevo disco, casi como si no hubiera pasado nada, como si el trauma de lo ocurrido pudiera superarse para todos los implicados simplemente sumergiéndose de nuevo en la música. En un intento de borrar y pasar página de ese capítulo tan turbulento de su historia, la banda trató de recuperar las buenas sensaciones de las sesiones de grabación de ‘There Is Nothing Left To Lose’ (1999), que habían tenido lugar en la casa de Dave Grohl en Virginia.
Si Dave Grohl o su equipo de representantes pensaban que el cambio de aires tranquilizarían los ánimos, estaban equivocados: “No avanzábamos en absoluto. A las canciones les faltaba vida, eran simples copias extrañas de las canciones que se suponía que tenían que ser. Es difícil de explicar. Entonces llegaba alguien, grababa la mitad de un tema y decía: “Vale, tengo que ir a ver a mi acupuntor. Volveré más tarde”. Mientras tanto, estábamos pagando 4.000 dólares al día por aquel estudio”.
Grohl era consciente de que el álbum que estaba grabando con su propia banda salía muy mal parado en comparación con el material previo: "Por las noches iba a ensayar a un cuartucho con Queens of the Stone Age y estaba en la mejor banda del mundo. Después volvía al estudio de Foo Fighters y me sentía totalmente abatido por la apatía y la falta absoluta de pasión. Así que las tensiones empezaron a aumentar".
La situación llegó a un punto crítico en la primavera de 2022, cuando Foo Fighters invitó a representantes de las principales revistas musicales del mundo a los Conway Studios para escuchar en primicia lo que ellos creían que sería su cuarto álbum: “Recuerdo que acabé discutiendo en la sala de control, con la gente de Kerrang! al otro lado. En realidad, ni siquiera fue una pelea, sino más bien una serie de pullas y comentarios aquí y allá. Y dije: “Vale, ¿queréis que vaya y les diga a esos tíos que nos separamos ya mismo? Porque lo haré. Podemos hacerlo, si es lo que queréis”. Entonces, la sala se quedó más o menos en silencio”.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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