30º aniversario de los primeros conciertos de Scorpions en la URSS

Blog: Mariano Muniesa

19 abril, 2018 11:39 am Publicado por  1 Comentario

Fue con toda seguridad el símbolo más evidente de que a finales de los años 80 todo estaba cambiando y de que tal vez, la guerra fría podría acabar sin tensiones ni enfrentamientos. El heavy metal, música extraordinariamente popular entre los jóvenes rusos desde los años 70, por primera vez encontraba el apoyo oficial de las autoridades soviéticas para desarrollarse, se convertía en un lenguaje de unión, amistad y fraternidad entre jóvenes del este y del oeste que apenas habían tenido oportunidad de conocerse desde hacía décadas  y para que los grandes del género pudieran empezar a viajar al país. Scorpions dieron diez inolvidables conciertos en Leningrado que supusieron un hito histórico que fue mucho más allá de lo musical.

“Una de las cosas más emocionantes que he vivido nunca, tanto a nivel personal como en mi carrera en la música con Scorpions fue nuestra primera visita a la Unión Soviética. Por supuesto, por la gran repercusión que tuvo, por el hecho de que en cierto modo rompió muchos moldes y ayudó a cambiar la mentalidad que había en contra del rock por parte de ciertos estamentos de la sociedad rusa, pero para mí lo más maravilloso de todo fue pensar: Hace no tanto tiempo, en la segunda guerra mundial el ejército alemán y los nazis arrasaron este país, mataron a miles de personas, y ello hizo que durante décadas Alemania y todo lo que viniera de Alemania para los rusos era el recuerdo de la guerra, todo el país se forjó y adquirió su personalidad en la lucha contra los alemanes, y la primera noche que salí al escenario, muchos chicos cuyos abuelos habían muerto en la guerra a manos de nuestro ejército, cantaban nuestras canciones, saltaban como locos, hasta los soldados con sus armas bailaban y disfrutaban... pensé: solo la música es capaz de cerrar heridas históricas como las que existían entre nuestras dos naciones. Y me sentí muy feliz de haber podido formar parte de esa experiencia” me dijo en una entrevista el cantante de Scorpions Klaus Meine con motivo de la promoción de su álbum de estudio 'Return To Forever' en 2015.

En aquellos años de la década de los 80, aunque ya se detectaban síntomas de que la guerra fría entre la URSS y los Estados Unidos difícilmente volvería los niveles de tensión de antaño, aún el riesgo de confrontación nuclear existía, en especial por la agresiva iniciativa de la llamada “Guerra de las galaxias” de la administración Reagan, con lo cual todo signo de distensión y de rebaja de la tensión se vivía con gran alivio. Que en la URSS un grupo como Scorpions pudiera dar diez conciertos era una clara señal de que el acercamiento entre occidente y los pueblos del este de Europa era posible por encima de los misiles SS20, la amenaza de la OTAN y las armas estratégicas. Scorpions acababan de editar un nuevo trabajo de estudio, 'Savage Amusement' y la noticia de que la gira mundial de presentación de este disco comenzaría en la URSS fue uno de los mayores impactos mediáticos de 1988. Para entender en su dimensión real el significado de esos conciertos, analicemos el momento histórico en el que se produjeron.

Hay que romper falsos mitos (“Breakthoven”, Barón Rojo)

Portada del disco clásico de Scorpions: Savage Amusement

La banda presentó durante 10 noches 'Savage Amusement'

A pesar de que se ha repetido infinidad de veces como si de un mantra se tratase, el rock nunca estuvo prohibido en la Unión Soviética ni en los países del Pacto de Varsovia, aunque ciertamente, tampoco fue nunca un tipo de música apoyado ni promocionado por las autoridades, que al ser un producto que identificaban claramente con la cultura y el modo de vida estadounidense, producía desconfianza y recelos en la clase dirigente así como en amplias capas de la sociedad soviética, en aquellos años muy endogámica, muy cerrada en sí misma y que en general, desconfiaba de lo que viniera del exterior. Conseguir en los años 60 los discos de los Stones, los Who o los Beatles solo estaba al alcance de quienes pudieran viajar a occidente y lo más que se podía conseguir era grabar, en condiciones técnicas muy precarias la música de estos grupos emitidas por emisoras como Radio Free Europe o The Voice Of América y que por las noches, se podían a duras penas sintonizar en onda media. Solo a partir de los años 70 se empezaron a editar discos de rock en la URSS, siendo precisamente al cabo de los años cotizadísimas piezas de coleccionista las ediciones soviéticas de los discos de Pink Floyd, Led Zeppelin o Deep Purple, con portadas totalmente distintas y en alfabeto cirílico.

Pero no se debe olvidar que fue el Ministerio de cultura de Polonia quien invitó oficialmente a los Rolling Stones a tocar en Varsovia en 1967, que grupos como Manfred Mann tocaron en Praga en 1965, Johnny Cash hizo lo propio en la capital checa en 1978, Barclay James Harvest hicieron varios shows en Hungría y Rumanía en 1970, Elton John dio entre Leningrado y Moscú 12 conciertos en la primavera de 1979, Iron Maiden abrieron su 'World Slavery Tour' en agosto de 1984 en ciudades de Polonia, Hungría, Yugoslavia y Bulgaria, grabando incluso un video-documental sobre la experiencia en esos países, John Mayall & The Bluesbreakers hasta grabaron en 1985 un disco en directo en Szeged, Hungría y en la capital magiar, Budapest, Queen grabaron uno de sus discos en directo y video-conciertos más célebres de su historia en 1986, 'Live In Budapest'. La misma ciudad en la que Deep Purple abrieron con tres conciertos su gira mundial del 'The House Of The Blue Light' en 1987. Tres meses antes de que Scorpions aterrizasen en la URSS, Uriah Heep habían hecho también conciertos en Moscú y Leningrado.

Al mismo tiempo, y aún en un clima político poco favorable y en condiciones difíciles, desde los años 60 en Europa del este existió una escena local de rock quizá no muy numerosa pero muy interesante, de las que tengo una buena selección de sus discos en mi colección; desde los polacos Skaldowie, cuyo álbum de 1972 ' Kriván, Kriván' es un formibable ejemplo de fusión de rock duro, folk y música clásica, a los húngaros Omega, una banda de rock sinfónico con más de medio siglo de trayectoria cuyos discos se han llegado a editar en Europa occidental, pasando por las bandas de heavy metal yugoslavas de los 80 como Riblja Corba o Zuta Minuta o los rumanos Phoenix – su gran disco de 1974 'Mugur de fluier' es una originalísima mezcla entre Jethro Tull y unos primigenios Deep Purple con la influencia de la música popular rumana- Iris, Celeitate Cuvinte, Sfinx, Survolaj – los llamados “Led Zeppelin rumanos”- o Metropol. Sin dejar de lado el llamado Ost Rock, todo el movimiento de grupos de rock surgidos en la República Democrática Alemana con grupos como City o Karat o el solista checoslovaco Jiří Schelinger, pionero del rock duro en su país autor de versiones en checo de clásicos de Black Sabbath, Status Quo y Deep Purple entre otras y cuyo álbum de 1977 ‘¡Al Ataque!’ (Hrrrr na ně!) se considera el primer disco de heavy metal hecho en lo que es hoy la República Checa. Y todo esto años antes de que nadie hubiera oído hablar de la “Perestroika”.

Viento de cambio

En marzo de 1985, tras la muerte del anterior líder de la URSS, Konstantin Chernienko, fue nombrado nuevo Secretario general del Partido Comunista y Presidente del gobierno Mijail Sergeyevich Gorbachov. Hombre perteneciente a una generación diferente de la que había gobernado el Kremlin desde la época de Stalin, era consciente de que la sociedad soviética reclamaba mayoritariamente un cambio en la política del país y que la economía, lastrada por los inmensos gastos de mantenimiento de toda la industria militar y la guerra en Afganistán, necesitaba una amplia reestructuración. Esa idea, la idea de reestructurar la sociedad inspiró toda una filosofía y una línea de actuación política que se conoció mundialmente como “Perestroika”, de la cual una de sus manifestaciones más evidentes fue la política cultural.

Poco a poco, la URSS se fue haciendo más permeable por un lado al conocimiento de muchos productos culturales que venían de occidente, y por otro a desarrollar una libertad de expresión mucho mayor en la cultura y en las artes soviéticas, en especial en la música. Los grupos de rock soviéticos empezaron a sonar más en la radio y a aparecer en la televisión, se empezaron a editar más discos de estas bandas y las instituciones oficiales empezaron a mirar el rock con otros ojos. En este contexto social y cultural generado por la “Perestroika” es donde aparece el protagonista de esta historia junto a los propios Scorpions.


Existen pocos documentos visuales que relaten el show. Este es un pequeño fragmento de 'To Russia With Love and Other Savage Amusements'


Stas Namin: el hombre que hizo realidad la utopía

El promotor que logró que los Scorpions pudieran hacer esos históricos conciertos en Leningrado (la actual San Petersburgo) fue el músico, productor discográfico, fotógrafo y artista plástico Stas Namin, una figura de primer orden en la URSS de la década de los 80.

Nieto de Anastas Mikoyan, histórico dirigente comunista Viceprimer ministro del gobierno soviético en época de Kruschev y artífice de la alianza comercial, política y diplomática entre Cuba y la URSS, sus buenos antecedentes familiares le facilitaron sin duda poder crear, a pesar de estudiar las carreras de Historia y de Bellas Artes, el que a finales de los años 60 fue el primer grupo de rock de éxito en la URSS, The Flowers, que llegó a vender millones de discos en toda Europa oriental y los que se llegó a llamar “los Beatles soviéticos”. A mediados de los 70 el grupo se separó, pero Namin continuó en la música con su propio grupo, The Stas Namin Group y grabó dos discos en solitario de guitarra instrumental y un álbum de Rythm´n´Blues en el que colaboraron Noel Redding, de la Jimi Hendrix Experience y Eric Bell de Thin Lizzy. En 1987, el guitarra de los Rolling Stones Keith Richards le llamó y le invitó a colaborar en su primer disco en solitario, 'Talk Is Cheap'.

En medio del clima de apertura y de progreso generado en la “Perestroika”, nuestro hombre logró en 1987, con el apoyo de figuras como Frank Zappa o Peter Gabriel, inaugurar el Stas Namin Centre, también conocido como el “Teatro Verde” de Moscú, una organización privada sin fines de lucro dedicada a preservar las tradiciones culturales rusas y promover las artes y la cultura rusa contemporáneas. Un gran complejo de 3 hectáreas situado en pleno Parque Gorky de Moscú, en el que se instaló un estudio de grabación, dos plantas de locales de ensayo para grupos, restaurantes, galerías de arte, salas de exposiciones y un anfiteatro con capacidad para 15.000 personas. Aquí es donde se fraguará en muy pocos meses toda una nueva escena de rock duro soviético cuyos principales exponente fueron además de Autograph o Black Cofee, los Gorky Park, la banda soviética que alcanzó mayor repercusión internacional y de los que Stas Namin se hizo manager. Obviamente, ellos fueron los elegidos para telonear a Scorpions en estos conciertos.

Con el apoyo oficial y siendo consciente de que traer a un gran grupo de rock internacional a esa nueva URSS que se estaba creando sería un acontecimiento sin precedentes y abriría con toda seguridad las puertas a muchas más bandas, desde finales de 1987 estuvo trabajando con el management de la banda para lograr ese hito, que finalmente tuvo lugar entre los dias 17 y 26 de abril de 1988 en el Sport-an-Concert Complex de Leningrado. Se trabajó también en la posibilidad de que hubiera una serie de actuaciones en Moscú, pero ante la proximidad de las celebraciones de la fiesta del 1 de mayo, tanto las autoridades locales como el K.G.B., institución responsable de mantener el orden y la seguridad durante los desfiles, desestimaron la petición de Stas Namin. Scorpions no obstante, un año más tarde sí tocarían en la capital soviética en el Moscow Peace Festival.

Diez noches que estremecieron al mundo

¡Este es el póster del concierto!

Lo primero que les llamó sobremanera la atención tanto a los miembros del grupo como a todo el staff que viajaba con ellos, fue comprobar la extraordinaria popularidad de la que el grupo gozaba en el país sin estar sus discos editados oficialmente allí. No se equivocó Stas Namin al apostar por Scorpions como un grupo que contaba con verdaderas legiones de fans entre los jóvenes rusos. Klaus Meine señaló en varias entrevistas inmediatamente posteriores la agradable sorpresa que significó para ellos, cuando su avión aterrizó en Moscú, como muchísima gente que pudo acercarse a ellos en la zona de tránsito mientras esperaban para tomar el vuelo de conexión a Leningrado les pedía autógrafos y sobre todo, se les acercaban con grabadoras y pequeños radio-cassettes en los que ponían todo tipo de canciones de Scorpions.

Ante un acontecimiento de estas características, el grupo se desplazó a la ciudad rusa llevando todo el equipo que usarían después durante el resto de la gira, es decir, no solo todo el personal de gira, sino toda la PA, iluminación, equipos auxiliares, estructura de escenario, etc. que se transportó desde Alemania en cinco grandes tráileres. Solo algún personal auxiliar pertenecía a las empresas estatales soviéticas de organización de espectáculos. También se desplazó a Leningrado un nutrido equipo de periodistas sobre todo alemanes, pero también suecos, franceses, holandeses, norteamericanos, japoneses, etc. para dar una cobertura informativa sin precedentes a esta serie de actuaciones, así como un completo equipo de cámaras, realizadores y montadores de una productora de video para grabar los conciertos, las escenas de backstage y las visitas del grupo a determinados lugares de la ciudad durante su estancia para registrar en un ambicioso video-concierto documental tanto los shows del grupo en vivo como sus experiencias conociendo como era por dentro la otrora hermética y cerrada patria de los soviets.

Otra cosa que llamó poderosamente la atención a todos los que pudieron viajar con el grupo a la URSS fue esa heteróclita amalgama de gente que asistió a los conciertos. Curiosamente, las primeras filas estaban compuestas por headbangers con pantalones vaqueros, deportivas y camisetas serigrafiadas de manera casera, del mismo tipo que los había en cualquier país de Europa occidental, que para sorpresa una vez más de la banda, conocían todas las canciones, coreaban todos los estribillos y cantaban todos los temas de memoria, como en cualquier otro lugar del mundo, tal y como habían comprobado en el aeropuerto moscovita. Junto a ellos, aunque algo más alejados de las primeras filas, muchos invitados oficiales cuya indumentaria contrastaba a todas luces con la de esos jóvenes heavys rusos. En su mayoría, miembros de los sindicatos, asociaciones culturales, periodistas soviéticos, sin duda agentes de seguridad para captar  cualquier posible alteración que se saliera de lo que debía ser simplemente un concierto de rock y miembros del Partido Comunista, vestidos de manera mucho más convencional, con gabardinas, chaquetas y trajes de calle, junto a numerosísimos finlandeses que aprovechando el ferry diario que une Finlandia con la URSS, amenizaron sus tradicionales viajes en busca de vodka a precios reducidos con los shows del grupo alemán. Igualmente, y dado que las fronteras de la URSS con los países del Pacto de Varsovia no ofrecían dificultad alguna, centenares de jóvenes polacos sobre todo, pero también húngaros y checos viajaron a Leningrado para ver alguno de los conciertos.

Matthias Jabs: “Era, de verdad, increíble. Vivían cada concierto con una pasión como hacía mucho tiempo que no veíamos en ningún país. Hasta los vigilantes más o menos ocultos bailaban y a las tres o cuatro canciones abandonaban esa seriedad y ese gesto hierático para cantar, bailar y disfrutar del concierto. Al día siguiente, en los periódicos, en los que en la portada solía aparecer siempre la foto de Gorbachov o de algún otro líder de alta jerarquía, aparecíamos nosotros, y los vigilantes/guardaespaldas/traductores que nos acompañaban a todas partes nos los traían cada mañana al hotel con una enorme sonrisa. De hecho, al final aunque sabíamos que eran policías secretos y agentes del KGB, nuestra relación con

Schenker paseando su Flying V

 ellos fue muy cordial, se portaron muy bien con nosotros y la fiesta de despedida que hicimos en nuestra última noche fue sensacional” declaró el guitarrista a la revista alemana Rock Hard. Matthias hacía estos comentarios en relación a que durante su estancia en Leningrado, la banda no se recluyó en su hotel, sino que salió a hacer varias sesiones fotográficas por la ciudad, estuvieron accesibles a toda la gente que quiso acercarse a ellos y recibieron cada noche a muchísimos fans en el backstage

Edgar Kluesner, periodista alemán de Metal Hammer: “Fue una maravillosa sorpresa comprobar hasta qué punto la imagen estereotipada de los rusos, de los que nos vendieron siempre la idea de que eran fríos, duros, gente sin alma ni entrañas, no era más que una patraña. Son gente muy entrañable, muy cariñosa y que contrariamente a lo que se puede pensar de ellos, se emocionan con facilidad. Durante el segundo concierto, en baladas como “Holiday” o “Still Loving You”, vi a más de una y a más de dos personas que no pudieron contener las lágrimas, mientras que algunas parejas se besaban apasionadamente, muchas bailaban agarradas y hasta los soldados que cubrían la seguridad relajaron sus recios rostros y demostraron que eran chicos con un corazón muy grande”.

En cuanto al repertorio, fue básicamente el mismo con alguna mínima variación que la banda tocaría durante todo el tour de 'Savage Amusement' entre 1988 y 1989. "Blackout", “Big City Nights", "Rhythm of Love", "Every Minute Every Day", "Bad Boys Running Wild", "Media Overkill", "Make It Real", "Coast to Coast", "Holiday", "Still Loving You", "Don't Stop at the Top" , "Can't Live Without You", "Six String Sting", "Coming Home", "The Zoo", "Rock You Like a Hurricane", "No One Like You" y "Dynamite". Algunas noches se añadió “Lovin´For Tomorrow”, en otras “Believe In Love” y en las dos últimas actuaciones, fragmentos de unas viejas canciones folklóricas rusas que provocaron un entusiasmo desbordante entre todos los asistentes.

Un único incidente desagradable en los diez conciertos: durante la séptima noche, un grupo minoritario pero muy ruidoso de fans empezó no solamente a abuchear, sino incluso a arrojar objetos a los Gorky Park en protesta por cantar en inglés, situación que se repitió con los propios Scorpions, contra los que se llegó a lanzar una bengala y ante lo cual la banda detuvo la actuación y Bob Adcock, el road manager del grupo tuvo que salir al escenario ante la mirada aterrorizada de los agentes de seguridad -Rudolf Schenker asegura que vio a uno de ellos llevarse la mano hacia la parte trasera del pantalón y sacar algo que juraría que podía ser una pistola- a advertir que si veían a una sola persona más arrojando cualquier objeto al escenario, el concierto terminaría en ese mismo momento. Afortunadamente, los incidentes cesaron y el show continuó con normalidad.

Especialmente emocionante fue la última noche, en la que los Gorky Park se subieron al escenario con la banda para hacer juntos con ellos una suerte de improvisada jam-session y en donde la despedida, en la que el grupo tuvo que estar varios minutos en el escenario ante la interminable ovación del público, que se resistía a que aquellas maravillosas descargas de puro heavy metal, de puro sentimiento, de emoción desbordante, hubieran llegado a su final.

El Mariskal Romero desde Rusia con amor...

Mariskal con Scorpions en el backstage

Ningún periodista español fue acreditado para poder viajar a Leningrado, ni consta que siquiera en España su compañía de discos hiciera ningún tipo de gestión para que algún corresponsal pudiera ser testigo de aquellas históricas jornadas. El único periodista español que estuvo presente en uno de los conciertos fue el Mariskal, que de hecho se encontraba en la URSS de pura casualidad, acompañando a un equipo de Televisión Española del programa de la 2 Metrópolis para un reportaje que no tenía nada que ver con Scorpions y cuyo visado de residencia solo le permitía estar en Moscú.

Sin embargo, y tal como cuenta en un libro de muy próxima aparición acerca de su trayectoria como periodista, los agentes de seguridad que les acompañaban a todas partes una día le comentaron durante una comida en el hotel que los alemanes estaban tocando en Leningrado. De inmediato, Mariskal trató de convencer a los agentes de que le permitieran viajar a la ciudad para poder ver el concierto, a lo que le dijeron que era imposible de todo punto. Entonces, sabiendo que estos agentes habían trabajado en la embajada de la URSS en Madrid -de hecho, eran en realidad espías- les sugirió con gran habilidad que tenía unas botellas de coñac Terry que volvían locos a la mayoría de los rusos, acostumbrados a beber solo vodka, la mayoría de veces de muy baja calidad y medio en broma, medio en serio, haría una rifa, a ver quién las ganaba...

Al día siguiente, uno de los agentes le anunció que podían trasladarle, en condiciones por supuesto de secreto absoluto, a Leningrado en un tren nocturno, para que un agente de seguridad le llevase a ver el concierto y esa misma noche devolverle a Moscú en otro tren nocturno. En una aventura propia de las películas sobre misiones en la guerra fría, Mariskal entró con su contacto-agente de seguridad en el mismo backstage del lugar del concierto y trajo en exclusiva para España el reportaje de los conciertos de Scorpions en Leningrado ante la infinita sorpresa del grupo, que no podía explicarse cómo había podido llegar allí sin haber sido acreditado por las autoridades.

El Legado

Los conciertos de Leningrado y todo lo que los rodeó quedaron plasmados en un magnífico vídeo titulado 'To Russia With Love and Others Savage Amusements' publicado en 1989 y como tal acontecimiento, muy pocos de los que tuvieron lugar en aquellos años fue tan emotivo y tuvo una significación tan especial. Como hemos apuntado en otras partes de este artículo, ya había habido anteriormente conciertos de rock en la URSS y en los países del este de Europa, pero este simbolizaba el deseo de la inmensa mayoría de la sociedad soviética de ir hacia un verdadero cambio, de abandonar los años de estancamiento y burocracia de los gobiernos de Breznev, Andropov y Chernienko, no tanto para volver al capitalismo, sino para recuperar los valores originales de democracia popular, libertad e igualdad de la revolución de octubre de 1917, como señalaban por aquella época todos los politólogos, periodistas y analistas que pensaban que la “Perestroika” de Gorbachov podría volver a ilusionar a la sociedad en esa perspectiva. Como todos sabemos, tristemente no fue así, la “Perestroika” acabó en un desastre absoluto a todos los niveles y de hecho, su final fue el final de la propia Unión Soviética como estado tan solo tres años más tarde.

En cuanto a Scorpions, al terminar los shows rusos continuaron lo que sería el resto de su gira mundial por Estados Unidos, para seguir después a comienzos de 1989 por Europa y el Reino Unido, con conciertos en España incluidos y cerrando el círculo precisamente de nuevo en la URSS, esta vez en el Moscow Peace Festival en agosto de 1989, pero como diría Rudyard Kipling... esa ya es otra historia.

Mariano Muniesa
Sígueme
Etiquetas: , , , , , , , , ,

Categorizado en: , , ,

Esta entrada fue escrita por Mariano Muniesa

1 comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *