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SÔBER: SIN SOMBRAS

30 mayo, 2011 11:28 am Publicado por  3 Comentarios

Sala Rock Star, Barakaldo

Ya iba siendo hora de que los conciertos se llenaran un poco y pasáramos de la vergonzosa cifra en torno a los 100 asistentes o menos. Y tal heroica hazaña no ha venido de la mano de figuras internacionales, sino de uno de los principales referentes del rock en castellano cuya influencia puede todavía palparse en multitud de bandas actuales.

Los hermanos Escobedo han vuelto con energías renovadas y, por lo que comprobamos desde primera hora, no se han dejado a los seguidores por el camino. Una impresionante cola que daba la vuelta al recinto certificaba que a pesar del parón de cinco años siguen conservando un tirón considerable entre el personal que bien vale para salvar los muebles hoy en día. Tampoco estaba la sala llena hasta los topes, hay que decirlo, pero más de uno se daría con un canto en los dientes por lograr una afluencia similar.

Sin teloneros de por medio, se esperaba en esta gira de ‘Superbia’ un repertorio extenso, según manda la tradición en ese tipo de bolos, y ver cómo conseguirían articular los temas nuevos con aquellos clásicos que deberían mantener su sitio contra viento y marea. Una ecuación sencilla pero que resulta clave en el devenir de cualquier actuación.

Ya de entrada, la cosa prometía, pues el escenario contaba con un despliegue importante de láseres, focos y demás parafernalia escénica, así como el descomunal juego de pedales de Bernardini que le otorgaba de esta manera un indisimulado protagonismo. Toda una escenografía cuidada hasta al mínimo detalle.

Con una puntualidad más que razonable, a las diez y pocos minutos sonaba la intro pregrabada de “Superbia”, acompañada de un juego de luces que cobraría especial relevancia a lo largo del show, nada que ver con ese elemento puramente ornamental que pasa desapercibido la mayor parte de las veces.

Lo primero que llama la atención es que a los Sôber del 2011 les ha sentado de perlas el descanso creativo, se les nota a las tablas con unas ganas tremendas de comerse el mundo, al igual que si no existiera una reseñable discografía respaldando su labor. No en vano, ya han comentado en varias entrevistas que se sienten con la misma energía que en el primer disco, unos chavales con zapatos nuevos, vamos.

“10 años” y “Eternidad” recibieron las primeras ovaciones del respetable, espoleadas por un Carlos Escobedo muy comunicativo y cercano, presentando casi cada canción, mandando frecuentemente sacar cuernos y otros signos de complicidad. Y el ánimo no decayó tampoco con “La Prisión del Placer” ni con “La Nube”, interpretadas a la perfección y exprimiendo al máximo el sonido de la sala.

“Este es el público que cualquier banda querría tener”, agasajó el vocalista a la concurrencia, muy entregada desde las primeras notas y con cimas destacables como “Paradysso”. Pero la fiesta no estaba solo abajo, también arriba, Carlos y Jorge no paraban de darse paseos, mirarse con caras desafiantes cada vez que se encontraban (de buen rollo, claro) y acercarse a las primeras filas para sentir el aliento de los fieles.

El último en incorporarse al barco, el batería Manu Reyes, tuvo su momento de gloria en un numerito de percusión realmente espectacular y que en absoluto aminoró el ritmo del bolo. Con Carlos a las baquetas y Manu dando un paso al frente para acaparar la atención se fundieron en una suerte de ritmos tribales que recordaban a los Sepultura más étnicos, con frecuentes y apabullantes réplicas entre ambos. Si alguno pensaba que los solos son siempre un coñazo, he aquí la excepción.

Lo que sí se pudieron quizás ahorrar fue el intervalo íntimo de “Náufrago”, acompañado únicamente por la voz y acústica de Carlos. Por lo menos se trató de un breve paréntesis antes de “Cubos”, que terminó entre ráfagas de flash, la melodía de “Oxígeno” y “Arrepentido”, con la peña gritando a pleno pulmón la primera estrofa. Si aquello no se vino abajo, poco faltó.

Bordeábamos las dos horas, pero todavía quedaban ases en la manga. Reservar para los bises “Tic-Tac” confirmó su apuesta por “Superbia”, su estribillo pegadizo le ha otorgado el papel de carta de presentación del disco y seguramente se convertirá en una pieza imprescindible en repertorios futuros. El nu-metal de “Loco” valió de sobra para irse despidiendo entre espontáneos botes e incluyeron a modo de colofón la sorprendente “Sombras”, que apareció en el recopilatorio ‘De aquí a la eternidad’. Aquí lo suyo hubiera sido recurrir a algo más emblemático, pero tal elección no desentonó en un conjunto bastante equilibrado en líneas generales.

Los madrileños ofrecieron un recital limpio, inmaculado, sin sombras, con público receptivo, sobrada actitud encima del escenario, sonido óptimo para las condiciones del recinto y un repertorio apenas sin puntos muertos, ¿qué más puede pedirse? Sin duda, viven una segunda juventud con capítulos todavía por escribir y citas importantes en los próximos meses que no harán sino agrandar la leyenda. Un regreso en condiciones.

Texto y foto: Alfredo Villaescusa

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Esta entrada fue escrita por Redacción

3 comentarios

  • Discrepo un pelín con que se podían haber ahorrado el momento náufrago (tal vez por ser chica 😛 ) desde mi punto de vista le dió un toque diferente, ya que nunca han sido de cosas así “lenturrias”. Y al ser breve, no estuvo nada nada mal. Pero oye, para gustos!!! 😉

    Por lo demás, un gran concierto que nos hizo revivir a la gran mayoría nuestras épocas adolescentes! Aquellas en las que entrábamos en camisetas de la talla S !! que todavía conservo aunque ya no me quede como antaño jajajaja

    Totalmente de acuerdo en que han vuelto con energías renovadas!

  • FraNJ6 dice:

    desde mi punto de vista, el momento de “naufrago” es el más especial del concierto, pero para gustos…

  • Andrés dice:

    Ahorrarse Naúfrago???? Pero si es uno de los temazos del nuevo disco y posible segundo single!!! Lo que hay que oír.

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