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SAUROM: QUINCE AÑOS DE JUGLARES INFINITOS

28 febrero, 2011 7:39 pm Publicado por  5 Comentarios

Sala Caracol, Madrid

Siempre es una fecha señalada en el calendario con rotulador grueso la de un concierto de Saurom, y este era si cabe más ineludible, pues venía remarcada con la etiqueta de especial. Quince años del mester de juglaría más potente jamás llevado a cabo, grabado a fuego con la tinta de la ilusión y la música del talento innato de Narci Lara y los suyos, bien merecen una celebración por todo lo alto en forma de gira, y esta recaló por fin en Madrid para regocijo de todos aquellos que sabemos que no hace falta atravesar los pirineos ni el Atlántico para disfrutar del metal en su máxima plenitud. Saurom es sin duda uno de los grandes, años luz por encima del medio pelo o de la falta de hervores. Quince años dan para mucho y el sexteto tiene hoy en día perfectamente consolidados sus cimientos musicales, sobre los que ha sabido edificar a con maestría y acierto grandes canciones de variables inclinaciones estilísticas, desde el irresistible folk metal de sus primeros álbumes, con los que no tardó en erguirse como un conjunto sin igual, a las más heavys de sus últimas obras, en las que la esencia se mantiene perenne sin reñirse con el viraje musical inherente a una banda de producción sincera con tanto recorrido a sus espaldas.

En un concierto cargado de grandes dosis de nostalgia y emoción, quedó patente una vez más que Saurom nada tiene que envidiar a cualquier conjunto internacional de categoría con estilo semejante. Y los tenemos aquí, a la puerta de casa, cargando de entrega y amor al arte la furgoneta para exhibir su obra allá donde puedan sin que el sacrificio que les supone mine de forma alguna su entusiasmo. Ahora es tarea del público en general de aquí de hacerles justicia, desterrar obsoletos prejuicios para con las bandas nacionales, muchas de las cuales son auténticas joyas y tal vez si fueran alemanas y cantaran en inglés otro gallo hubiera cantado; y responder en masa al derroche de talento y aptitudes que nos brindan.

Pese a ser domingo, algo que siempre repercute en la gente a la hora de moverse de casa, la respuesta del público madrileño a la venida de los trovadores andaluces fue reconfortante y dotó de un buen aspecto a la sala Caracol, cuyo suelo padeció sin cesar los saltos de un gentío embriagado por un show vibrante, intenso y simplemente sensacional.

Tras una espera razonable y sin teloneros de por medio, solo Saurom a capa y espada frente a los suyos, Narci, ataviado como antaño con traje de juglar para morriña de los más acérrimos, dio la bienvenida a los asistentes en clave juglaresca y tremendamente entrañable, con referencias a personajes de fantasía con los que nos identificaba simpáticamente: ninfas, elfos… ¡y trolls! En su discurso fantástico se adivinaba el afecto por los suyos y la avidez de que lo que venía a continuación fuera para recordar. Después de la intro pregrabada, una alocución parecida, el propio Narci, alias “El Juglar”, entonó a capela el comienzo de “Regreso a las Tierras Medias” y desató la locura del personal con la primera canción del primer disco, una pasada. Todos, salvo el vocalista Miguel. A. Franco, saltaron a escena dispuestos a dejarse la piel, sin que pesara para nada la paliza en furgoneta que llevaban a sus espaldas, desde Cádiz a Álava y desde Álava, previo concierto, a Madrid, desde donde esa misma noche volverían a su tierra sin descanso que valga. Narci hizo más uso que últimamente de la flauta y lo hizo desde esta primera canción de forma exquisita, como nos tiene acostumbrados. Lástima, una vez más y a pesar de estar en Caracol, del sonido emborronado que, aunque en unos momentos más que otros, impidió a las primeras filas apreciar con claridad y equilibrio todos los instrumentos, particularmente el teclado de Santi, que hace las veces de instrumentos folclóricos en numerosas ocasiones.

Con Miguel ya sobre la escena, “El Arquero Del Rey” no falló, como tampoco lo hizo la más que sorpresiva “La Ley De Las Hadas”, paradigma de Saurom en sus comienzos, aún bajo el apelativo de Saurom Lamderth. Alegre y lozana, la folkie composición resulta fabulosa en un escenario. Alguien me comentaba: “Aprovecha, que no vas a volver a verla en directo”. ¡Quién sabe!

Apostaron por un orden cronológico de los discos en este concierto tan particular y el propio Miguel comentó que íbamos a contemplar de este modo la evolución musical que ha tenido la banda desde sus primeras andaduras hasta su reciente “Maryam”. De “El Guardián de las Melodías Perdidas” -del que no hubiera estado de más que, dado lo excepcional del momento, hubiera caído alguna más como “Saloma”, “El Ermitaño” o “Pequeño Lombardo” (tiempo al tiempo, estoy convencido que volverán a tener su oportunidad)- pasaron a “Sombras Del Este”, su disco doble dedicado a “El Señor De Los Anillos”. Entonces, con una afable voz juglaresca aterciopelada idéntica a la de hace una década, Narci introdujo “Tom Bombadil” cantando el corte que en el álbum la precede, “Bajando Por El Tornasauce”. Interactuó con una audiencia a la que en todo momento trataron con ingente afecto y bromeó con ella cuando le hacía cantar partes de la estrofa. Después de “Tom Bombadil” nos llevaron de fiesta a “La Posada Del Poney Pisador”, una genialidad del folk metal jubiloso y brillante que alzó el alboroto a cotas insospechadas al son de las melodías trazadas por la gaita y la flauta del polivalente Narci. Después nos trasladaron a “La Minas de Moria” al grito de “¡caña!” Caña dieron de lo lindo, pues el tema se abalanzó sobre nosotros cargado de tralla y codeándose en algunos pasajes con el thrash metal. Mención aparte para el momento de protagonismo en el puente del bajo de Josele, un animal de escenario, un depredador incansable de la puesta en escena.

Con la guitarra de Raúl, muy seguro a lo largo de toda la noche, sonando, la voz en off que ya habíamos escuchado en la intro volvió a aparecer como hilo conductor: “Llegados a este punto del viaje, no es difícil caer en la tentación y perderse en la inmensidad del universo. Sed cautos, pues solo un hombre pudo ir a su antojo”. Ese hombre era “Nostradamus” y la canción dedicada a su figura supuso el pasadizo hacia el “Legado de Juglares”, el primer disco con Miguel a la voz. Omitieron por completo la parte inicial del tema, pues los coros y los guturales son difíciles de plasmar en vivo sin los componentes apropiados, pero aun así llenó a la peña, que coreaba vivas a Saurom mientras Narci volvía a empuñar la gaita, José empapaba (y no sería la única vez) a las filas del centro y Miguel hacía gala de esa chispa andaluza al dirigirse a ella. Entre gritos entusiastas  de “¡Saurom, Saurom!” arrancó, “con S de Saurom”, “Sandra”. Narci animaba a la gente con oés que fueron seguidos con unanimidad antes de dar paso a “Mendigo” y completar así el trío de temas imprescindibles de su tercer trabajo, del que también echamos en falta algunas canciones menos habituales.

Hubo referencias a cierto “personajillo” antes de acometer la adictiva y estupenda “La Batalla Con Los Cueros De Vino”, que Narci, gaita en mano, ya auguraba con antelación y que finalizó con un breve pero interesante solo de batería por parte de todo un artista, el señor Antonio “Donovan”. “Dioses Eternos” fue dedicada a “unos grandes”, que no son otros que Barón Rojo, y antecedió a “La Musa y El Espíritu”, una obra de arte que ya es todo un clásico.

Ya en terreno de su sexto álbum de estudio, ‘Once Romances Desde Al-Andalus’, una tenebrosa intro nos metió de lleno en la prolongada y épica “El Monte De Las Ánimas”, seguida de “El Laberinto de los Secretos”, que da más juego en directo incluso de lo que cabría esperar, con ese afán vitalista y abierto. “Wallada La Omeya” manifestó con claridad la vocación por los temas emblemáticos que el gran repertorio de aquella noche poseía.

La lugubridad se instaló en el lugar al tiempo que ‘Maryam’, el último trabajo de los trovadores gaditanos hasta la fecha, hacía acto de presencia con la rotunda “Irae Dei”, presagiada por los envolventes coros disparados.  Es muy bonito percibir la química increíble que hay entre el público y el grupo, muy querido por los suyos por su calidad musical y también humana, algo que fue palpable cuando la gente coreó “¡gracias!” o “Quince Años Tiene Mi Amor”, parafraseando al Dúo Dinámico. El agradecimiento es mutuo y el buen rollo de un grupo que, acabado el concierto se mezcló con todos y cada uno de los fans y amigos que quedaban en la sala, es verdaderamente destacable.

Siguió la música en mayúsculas con “Traiciona A Tus ídolos”, una canción que tiene una línea melódica en su riff y un estribillo capaz de transmitir emociones inclasificables. Volvió a liza la incesante conversación entre banda y espectadores con Miguel agradecido expresando la gran ilusión con la que estos “seis colgados” llenan su furgoneta en cada viaje y el cariño que profesan a sus oyentes. El propio Miguel se salió con una voz abrumadoramente expresiva en “Nebulosa”, terminada por parte de Narci con un movimiento de flauta de gran belleza acompañado de forma aparentemente improvisada por el bajo de José y la guitarra de Raúl. La intensa “Aquel Paseo Sin Retorno” levantó polvareda antes de que José, ante la petición del público secundando a Miguel, contara un chiste con una gracia y un carisma sencillamente únicos.

“Mentiras de Seda Pulcra”, muy efectiva en escena, fue sucedida por más cachondeo de la simpática formación gaditana. Esta vez fue Santi quién contó un brevísimo chiste y se explayó cantando “El Fary” a su manera. ¡Y qué manera! Por algo lo llaman afectuosamente “el puto amo”.

Encararon la recta final del concierto quebrando el orden cronológico de los discos llevado hasta ese instante y echando la vista atrás para dibujar sonrisas en nuestros rostros con la festiva “La Taberna”, seguida de una no menos animada “Dracum Nocte”. Todo se vino abajo cuando “Fiesta”, de su primer disco y últimamente muy inusual en sus galas, acentuó aún más el desmadre. José y Raúl (que por poco tropieza con un cable que el ayudante del escenario no conseguía desenredar del todo) bailoteaban con sus instrumentos y daban vueltas sobre su eje, y Narci, flauta en mano, se sentaba en el borde del escenario para acercarse lo máximo a un público que ya había perdido toda noción de espacio y tiempo.

El final lo puso “Historias del Juglar II”, y con ella el punto y seguido a una historia de juglares que viene dejando una huella imborrable en nuestro panorama durante tres lustros y a la que le quedan, esperemos, otros quince años al menos. Una historia mágica que en la noche del 27 de febrero de 2010 se condensó en un conjuro en forma de concierto memorable.

JASON CENADOR

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