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LUJURIA:“Arañando el Cielo”

11 marzo, 2009 12:03 pm Publicado por  – 2 Comentarios

Con el título de la nueva canción de los segovianos, que intenta describir el sentimiento de una banda sobre el escenario arrancamos la crónica de lo que sucedió en la presentación de su último trabajo, ‘Licantrofilia’, en Madrid.

Cuando llegamos a la sala todavía tuvimos tiempo de disfrutar de la banda que abría la noche, los tinerfeños Esclavitud, que se sumaban al gran número de bandas que Lujuria nunca se cansa de apoyar, por ejemplo prestándoles su backline para la ocasión.

Nos recibían los canarios con un extensísimo medley, sabedores del escaso tiempo que las salas permiten en la capital, en el que enlazaron temas de Rainbow, Led Zeppelin, Judas Priest y demás grandes nombres, demostrando la versatilidad de su vocalista, que cubre perfectamente los agudos de un tema como “Painkiller” o los tonos más cercanos al gutural de algunos de sus propios temas.

De estos pudimos escuchar el hímnico “Orgullo y Libertad”, con el que se metieron en el bolsillo a la audiencia que ya se agolpaba en las primeras filas. Una banda con bastante calidad que suma también la maestría de su bajista que destaca entre el buen hacer de guitarra y batería. Con un asentamiento en los registros del vocalista, que confundía demasiado en las canciones yendo de arriba abajo constantemente, y con algunos temas más que despunten, tenemos otra opción a tener en cuenta viniendo desde las islas.

Con la puntualidad de un reloj suizo, empezaba a sonar la intro de la actual gira de Lujuria, una tormenta con aullidos de lobos entre la que empiezan a salir al escenario por este orden, Ricardo y Maikel, las nuevas caras que presentaba el último lanzamiento, al teclado y la batería, Julito que se calzaba la Jackson RR y tras él Gallardo y el Chepas, que iniciaban el tema que da nombre al disco, mientras se escucha la voz de Oscar saludando a la sala antes de que, haciendo un cómico homenaje a su admirado Halford, apareciera en el escenario cubierto por una capa y capucha negras, con la que jugaría durante este primer tema.

Una abertura que llama la atención por su exigencia para las cuerdas vocales, que se salvó sin problemas. Pero esta no sería una de las mejores noches de la banda capitaneada por el señor Sancho, aunque estos no sean precisamente de los que se arrugan ante la adversidad. Primero hubo que sobreponerse a que en esta mima noche se jugara el derbi futbolero de la capital, que seguro mermó la entrada, aunque el color de la sala era más que decente, eso sí, el “pepino” prometido por el cantante si se llegaba a las setecientas entradas no llegó a aparecer, por lo que igual este es un baremo para medir la asistencia que hubo.

El siguiente signo de que algo no marchaba esa noche llegaba cuando, en su afán de showman, Oscar se hacía con la clásica botella que acompaña al Chepas en cada actuación, y no sabemos si olvidando que esa marca de whisky en cuestión no lleva dosificador, o fruto del ansia que da el escenario, el cantante se dispuso a escanciarse un buen chorro en la boca, terminando por regarse más por fuera que por dentro, incluyendo los ojos, algo que intentó disimular a base de tablas girándose hacia el batería entre las risas del resto de la banda. Aunque peor pudo ser el que, cuando este fue a apoyar el pie sobre los monitores, estos no estaban todo lo asentados que acostumbran en el escenario, pero quedó en un leve tropiezo.

Así llegábamos a “Jekill & Mrs. Hyde”, primer clásico de la banda que levantaba al público como solo ellos lo saben hacer, aun cuando vengan mal dadas, no en vano nos encontramos ante una de las mejores bandas de las que presenciar un directo en el país, tanto por sonido como por actitud. Lo primero a destacar del tema es la potencia, que ya en general acompaña al sonido de Lujuria, pero que en particular le ha dado Maikel, aplastando con su batería parte de los retazos ochenteros inherentes al grupo. Un sonido más actual aun en los clásicos, aunque en general, los solos, tanto de guitarras como de teclados, quedaron un poco apagados, incluso alguno, inaudible.

Después, otra de las charlas de Oscar, que sigue dándolas tema tras tema, y ahora ya más parecen monólogos, cada vez se gusta más, atacando a los que siguen sin dejar entrar menores a los conciertos, a los políticos… y amenazando directamente a Dios (en el caso de existir, si no, hablando al techo) pero nos hacía reír como solo él sabe, llamando también al orgullo de ser heavy, que parece que algunos lo olvidan. Pero esto es parte de sus conciertos, si no, no serían Lujuria, aunque apetecería que enlazaran un par de temas sin presentación de vez en cuando.

Con el tema con el que hemos titulado esta crónica, “Arañando el Cielo” llegaba el primer momento emotivo, ya que se dedicaba al recientemente fallecido Javier Gálvez, otro que como ellos, se dejó la piel por este movimiento y a fe que el estribillo llegó a donde sea que ahora nos esté esperando.

“Tigresa Blanca” fue otro de los temas nuevos que sonaron, quizá demasiados de golpe, pero el tiempo transcurrido desde que se publicara el álbum y la fidelidad de sus seguidores, se unían para que ni una se quedara sin su espectacular coro de heavys.

Otro de sus clásicos imprescindibles sería “Estrella del Porno”, tema que esta vez Oscar aderezaría ondeando la bandera de la república. Aunque quizá uno de los mejores momentos del concierto, emocionante, al menos para el que suscribe, fue cuando el cantante dedicó a un fan, al que seguro que todos los parroquianos del grupo conocen, porque siempre está con su silla de ruedas en la primera fila y a su pareja. “Cadena Perpetua” llenaba la sala de luces y de las voces de los asistentes, que quizá pecaron, esta vez entonaremos el mea culpa, de no hacer más emocionante el tema prolongando de motu propio el estribillo, pero no ocurrió, así que olvidado.

Otro trío, esta vez de temas nuevos, se mostraba ante la audiencia, “Las Tablas de Moi-Sex”, con la que rompemos el suelo botando gracias a su alegre ritmo, tan parecido al “Long Live Rock’n Roll” al principio, aunque globalmente suene a Whitesnake, como los mismos protagonistas admiten, siendo una de las que en el último disco nos llevaban a las temáticas erótico-históricas (si es que Moisés existió) que tanto gustan a sus seguidores, “Prisionera” y una de las mejores del disco, “Cuerpo de Mujer”, que en las caras de los guitarristas se ve que la disfrutan como pocas.

Pero todo se queda pequeño cuando Maikel empieza a aporrear su instrumento… su batería, para que nos caiga encima como un martillo, “Cae la Máscara”, de lo mejor que han escrito los segovianos en su carrera y se nota tanto en el público como sobre el escenario, un temazo enorme que tendría su continuidad con la ya clásica versión de sus conciertos, el “Traidor” de Muro, en el que el público sí que se sabe que cuando termina hay que gritar aquello de “este Muro no se cae”. Tras el tema nos pareció adivinar que Oscar hablaba de la próxima reunión de la banda original, dejémoslo ahí a la espera de acontecimientos.

Era el momento de que llegara el primer invitado a sumarse a la fiesta, porque eso es lo que son los conciertos de Lujuria, una fiesta en todos los sentidos. Tete Novoa (Saratoga) haría de perfecto contraste a la carismática voz

Tete Novoa (Saratoga) “Joda a Quien Joda”

Tete Novoa (Saratoga) “Joda a Quien Joda”

de Oscar en “Joda a Quien Joda”, otro de los que no pueden faltar, aunque sabiendo el tema que iba a cantar, a Tete se le podría haber ocurrido otra respuesta a la pregunta del segoviano, “Tete ¿tú vas a ser heavy siempre?” y va el de Pinto y responde, “Ya veremos”, ¡Joda a quien joda, Tete, joda a quien joda!”. Pero el tema quedó realmente curioso con este dúo de extremos vocales y la intro realizada por Ricardo, cuyo trabajo luce poco para la importancia que tiene.

Tras este momento, y aunque no sea uno de los temas preferidos de ‘Licantrofilia’, también nos llegó muy dentro la dedicatoria de “Viejo Rockero”, dedicada a todos los que no se vendieron, que daba paso a la versión de Shalom, que esta sí que es de las mejores, y muy destacadas del último disco, “Qué es Mejor”, lo volvía a poner todo patas arriba.

Pero llegaba el turno del segundo invitado, que desde luego, no quedó como el primero. Presentado por Oscar como desde luego se merece, como uno de los representantes del rock de los añorados ochenta, saltaba a las tablas “Sasa” de los míticos Sobredosis, para acompañar en el tema emblema de Lujuria, “Corazón de Heavy Metal”, pero ni el juego de voces dio para mucho, aunque Oscar anunc

“Sasa” de los míticos Sobredosis “Corazón de Heavy Metal”

“Sasa” de los míticos Sobredosis “Corazón de Heavy Metal”

iaba que tenían una especie de duelo a ver quién ganaba, ni el invitado se enteró mucho de cómo iba este tema en directo. Esperemos que Oscar disfrutara de su momento junto a otro de sus ídolos, porque para los demás se nos quedó en una anécdota. Prueba de ello es lo frío que se quedó el ambiente cuando finalizado el tema llegaba el parón típico antes de la recta final del concierto, posiblemente porque todos seguíamos sin creernos que nos dejaran así después de uno de los mejores temas de su historia, habiendo estado el ambiente tan caldeado en cada canción que iba llegando. Sabedores de que la banda volvería al escenario, no dio tiempo a que se les reclamara desde el foro. Pero Oscar sabe cómo levantar los ánimos y siguió jugando con el público a lo Freddie Mercury (…) haciéndonos cantar a su son, aunque en algunos momentos cualquiera se acordaba de la melodía…

De vuelta al escenario el vocalista aparece con una casaca negra y ribetes blancos, sorprendente conociendo al “sastre” de Oscar, que nos llevaba a la gran sorpresa de la noche, ni más ni menos que la versión del “Shot in the Dark” de Ozzy, que parece que han dado en llamar “Salgo a Matar”, excelente tema, una gran adaptación de la letra, pero entre los que no conocían el propio tema y que nadie se sabía la letra al principio, (al final no se hacía difícil) costaría arrancar de nuevo, pero desde luego queda como uno de los mejores recuerdos de la noche, esta hay que repetirla y llevarla a Suecia, que gustará.

La explicación, (una más) de por qué no “somos” herederos de los juglares, bastante convincente, aunque en Saurom no opinan lo mismo, nos llevaba al último tema del concierto “Goliardos”, una de las grandes canciones del disco que se disfrutaba con su épico estribillo, pero que no cerraba la noche de forma tan redonda como lo habría hecho quizá uno de los clásicos que faltaron a la cita, fagocitados por la práctica totalidad del nuevo álbum. Eso sí, la cuota de saltos, botes, gritos y cuernos al cielo, etc. estaba más que cubierta, no se conoce un concierto de Lujuria en el que no salgas satisfecho.

Quizá el que el grupo estuviera varios minutos bailando el “I’m Just a Gigolo” que sonaba como despedida, haciendo lo propio con el público, mostraba que todos nos quedamos con ganas de una rúbrica más intensa, pero más oportunidades tendremos para disfrutar de los segovianos, que entre la potencia de su sonido actual, la calidad de los temas nuevos (y viejos) y su inigualable carisma, siguen sin tener rival sobre las tablas.

TEXTO: JORGE BOBADILLA
FOTOS: THAIS ROJANO

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