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LLEGA EL BIME, LA FERIA DE LA MÚSICA

22 noviembre, 2013 1:26 pm Publicado por  1 Comentario

A veces la distancia entre profesionales y el gran público se antoja abismal, especialmente en la industria de la música. Con el objetivo de romper esas barreras nace BIME (Bizkaia International Music Experience), toda una experiencia pionera en el sector que trata de aunar el festival tradicional con encuentros, conferencias y otros eventos sobre vías de negocio, financiación y posibles alianzas en otros campos, como la última tecnología o los videojuegos.

Del 19 al 23 de noviembre el BEC de Barakaldo (Bilbao) se convertirá en un gigantesco foro con más de 1.000 acreditados entre empresas, ponentes, representantes de discográficas y otros profesionales. Tal y como explicó Christophe Cassan (manager del BIME), junto a Alfonso Santiago (Last Tour) y el diputado foral Imanol Pradales, el propósito de estas jornadas es que se conviertan en “un punto de encuentro entre diferentes ámbitos de la música”. En este aspecto destacaría ‘Rethink Music’, una conferencia taller de tres horas donde se crean proyectos ficticios que puedan servir de reflexión para el futuro del sector, o los llamados ‘speed meetings’, breves encuentros destinados a establecer lazos profesionales que de otra manera sería complicado conseguir.

ASOCIACIÓN DE MANAGERS

Una de las charlas del repleto programa del BIME que más expectación atrajo fue la presentación de MMF Spain, entidad sin ánimo de lucro que promueve la asociación entre managers y artistas autogestionados. Patricia Hermida y Natalia Talayero, fundadoras de la misma, expusieron las diferentes dificultades que se pueden encontrar hoy en día los que deciden optar por el complicado camino de representar a músicos.

Por un lado, la falta de formación o de estudios reglados que expliquen cosas básicas en ese mundillo como la negociación de un contrato. Por otro, la ausencia de un lobby de managers españoles que ayuden a dignificar la profesión o a compartir conocimientos. Ambas ponentes incidieron en la necesidad de internacionalización del sector y de “hacerse ver” en ferias en el extranjero.

MMF Spain pertenece a la federación International Music Managers Forum (IMMF), que aglutina a diversas asociaciones de managers de Australia, Bélgica, Finlandia, Suecia o Estados Unidos, entre otros. El vicepresidente de la rama europea Volker May también estuvo presente en la conferencia y realizó un exhaustivo repaso acerca de la figura del manager desde los tiempos de Elvis, The Beatles o Sex Pistols, a la par que subrayó los problemas ante el avance de la tecnología o la necesidad de contar con todo un equipo para representar a un artista.

Las propuestas de MMF Spain para mejorar la situación del colectivo incluyen formación a través de seminarios sobre temáticas concretas de 3 o 4 días, cursos globales de 180 horas de nivel introductorio o avanzado, o programas de ‘mentoring’, es decir, tutorización de managers con mayor experiencia sobre otros noveles. También destacaron la posibilidad de contar con una red para hacer consultas, newsletters con información relevante o acuerdos por medio de IMMF con empresas que ofrezcan servicios que contribuyan a la visibilidad del artista.

SHOWCASES

Aparte del festival propiamente dicho del viernes y sábado, con Manic Street Preachers y Mark Lanegan como figuras estelares en una plancha con regusto inequívocamente indie,  los días previos existía una variada programación en salas de Bilbao a modo de entremés con opciones estilísticas casi en las antípodas. He aquí algunas de las que consiguieron llamar nuestra atención.

Parecían ingleses, la voz profunda recordaba a la de Tom Smith de Editors y los jugueteos hipnotizantes de teclado remitían a las leyendas Joy Division, pero no se trataba de súbditos de la Gran Bretaña, sino de los belgas Pale Grey, cuyo mismo nombre ya anticipaba tonalidades oscuras. El escaso personal se mostró tímido ante ellos y no dudaron en pedir a la peña que se acercara. Mucho nivel derrocharon a las tablas con un sonido perfectamente ensamblado que pivotaba alrededor de la voz con poso Ian Curtis, aunque no renunciaran a incursiones experimentales o a tornarse bailongos cual Franz Ferdinand.

Nos topamos de casualidad con los Piano Club y enseguida caímos rendidos ante sus cuidados coros a lo Pink Floyd y un cantante que por su buen hacer recordaba a Matt Bellamy (Muse). Tenían además un cierto sustrato guitarrero muy en la línea de la época del ‘Absolution’ del trío de Teignmouth. Eran tan buenos que no sorprendió que lograran lo imposible en tierras vascas: poner a bailar a la concurrencia, todo un logro, teniendo en cuenta que los showcases por afluencia de público se antojaban medio íntimos.

SALVAJE HIJOPUTISMO

Unos tipos que ya de entrada declaran su admiración por las guitarras ardiendo, el garaje de los setenta, el Jägermeister o los pedos en la cara resultan cuando menos curiosos en la dictadura de lo políticamente correcto. Aúnan lo casposo de la España profunda con el descaro irreverente de Kaka de Luxe u otros iconos de La Movida y desde Warner Music lo han visto tan claro que los han seleccionado para reflotar el mítico sello Tres Cipreses, donde en su día publicaran los por entonces siniestros Gabinete Caligari o Parálisis Permanente, piedra angular del movimiento oscuro patrio.

Y en directo conservaron la garra necesaria para crear una muralla sónica apabullante que trastocaba al más pintado. Un cantante que desgarraba las cuerdas vocales a lo Johnny Rotten y una tralla punkarra absoluta a las guitarras que llevó a nuestra fotógrafa a afirmar que “a estos les van a durar las cuerdas dos días”. Dicho y hecho, al de poco el vocalista y guitarra se veía obligado a cambiar de instrumento por rotura de una de las mismas.

Glorificaron el consumo etílico en su himno “Jägermeister”, cedieron en ocasiones al macarrismo sentimental en plan “She’s The One” de Ramones y su colofón fue apoteósico con el “Me Gusta Ser Una Zorra” de Vulpess, pieza que refleja como pocas ese hijoputismo bien entendido que tanto abanderan. ¡Salvajes!

Tras una descarga de semejante calibre cualquier cosa de la jornada posterior casi sonaba a chiste, pero muy serios en escena eran The Excitements, superbanda de R&B catalana comandada por una negrita pura dinamita, que se contoneaba cual presa de un trance y no tenía reparos en enseñarnos la ropa interior que apenas se ocultaba en su minúsculo vestido. Una prodigiosa voz que remitía a las grandes divas del soul acompañada por unos hombres trajeados a la antigua usanza a los que se les notaba bastante experiencia en esas lides. Grupazo.

Y para finalizar la ronda por los showcases, lo de Antimatter People fue un burbujón lisérgico en toda regla, para flipar con sustancias estupefacientes y elevarse fuera de los confines de este mundo. Fieles a la ortodoxia psicodélica emplearon humo y luces de colores mientras su cantante y guitarra evocaba a The Mars Volta y una flauta travesera traía a colación a Jethro Tull. Era una agradable marcianada que tenía su punto, pero había que pillarlos con ganas, su palo espeso no sentaría bien en estómagos acostumbrados a digestiones sencillas. Muy competentes en lo suyo, un alegre cuelgue.

Texto: Alfredo Villaescusa

Foto: Marina Ruano

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