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Crónica de John McLaughlin & The 4th Dimension: Jazz fusión de otra dimensión

21 julio, 2016 11:26 am Publicado por  Deja tus comentarios

Real Jardín Botanico Alfonso XIII, Madrid

Cuando Miles Davis se postra ante ti por lo bien que tocas y te anima para que empieces tu carrera en solitario; cuando eres la razón por la que Jeff Beck cambió su rumbo musical en los ‘70; cuando abres para los Eagles y en la segunda noche de la gira te piden que seas tú el cabeza de cartel; cuando artistas como Carlos Santana, Weather Report, Jack Bruce, Herbie Hancock, Frank Zappa, Steve Morse, Chick Corea, The Mars Volta, Massive Attack, Black Flag y Pat Metheny entre otros, hablan maravillas de ti o quieren tocar contigo, entonces sabes que has alcanzado un estatus pocas veces alcanzado por alguien dentro del panorama internacional de la música popular.

Nacido en 1942 en un pequeño pueblo inglés en la frontera con Escocia, es innegable la influencia de este guitarrista a lo que tanto al género del jazz fusión como a su técnica con la guitarra se refiere, y aún así un humilde servidor admite que sólo le conocía por sus discos con aquella banda rompedora de los primeros ’70 que fue The Mahavisnu Orchestra y su participación en el Guitar Trio junto a  Al Di Meola y Paco de Lucia. Sin ser un entendido del genero y mucho menos un músico, no podía pasar por alto la oportunidad de verle en directo junto a la última formación que fundó, The 4th Dimension, dentro del marco de Noches del Botánico, uno de los festivales veraniegos más eclécticos de la capital. Un concierto instrumental de casi dos horas de duración y de un género tan minoritario como lo es el jazz fusión quizá no suene como una propuesta atractiva a la hora de pasar una tarde agradable para muchos, pero si se tiran los prejuicios por la ventana, se mantiene la mente abierta y uno se deja llevar, probablemente tendrá ante sí toda una revelación. No hace falta ser un entendido de la música ni un maestro instrumentista para poder apreciar un concierto de estas características y eso se debe al genio de McLaughlin, quien además siempre ha sabido rodearse de músicos iguales o incluso mejores que él, en su afán de seguir mejorando.

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Consecuentemente, un servidor no tuvo en ningún momento la sensación de estar atendiendo un concierto con la típica banda de acompañamiento que sólo sirve para que luzca el protagonista, sino que presencié la actuación de cuatro músicos que decir que son de alto nivel, se queda muy corto. El nivel de compenetración entre ellos llega a ser casi telepático, ya que no solamente se limitan a seguir el uno al otro como si hicieran una eco a la hora de hacer sus solos (la mayoría del concierto se hizo a base de un instrumentista luciéndose sólo para después dejar paso a otro), sino a anticiparse y, a base de improvisaciones, desarrollar un tema de manera diferente que en el disco (presentaban su lanzamiento ‘Black Light’, el tercero de McLaughlin con esta formación). Los allí asistentes pudimos ver al prodigioso bajista de origen camerunés,  Étienne M’Bappé, cuyas técnica de slapping, punteo y tapping hicieron que su bajo de seis cuerdas sacara sonidos extraordinarios. Aquí hay que decir que gracias a su idea de tocar llevando unos guantes negros de seda, consigue sacar sonoridades diferentes de su bajo y evita ruidos indeseables que se producen cuando los dedos se deslizan sobre el mástil. Una idea simple y efectiva que se le ocurrió después de muchas pruebas junto a un ingeniero de sonido, tal como me contó en el backstage después del concierto. Lo del inglés Gary Husband también se merece una mención extensa. Quizá su nombre os suene de sus colaboraciones con nombres más comerciales como Level 42 o Gary Moore. Sus labores con McLaughlin incluyen tocar los teclados y de vez en cuando la segunda batería al lado del batería principal, el indio Ranjit Barot. Tanto su manera de tocar los teclados, a la mejor tradición de los teclistas del progresivo como Rick Wakeman o del jazz como Chick Corea, como la batería, con un fuerte toque de música latina, son dignos de ver en directo. De hecho, a veces tiene que correr de un instrumento a otro durante el mismo tema y en un momento dado, debido a las prisas, se tropezó con la plataforma de la batería y casi cayó encima de ella; en otro momento, debido a la fuerza con la que pegaba los timbales, una baqueta se le fue volando. Ranjit Barot, por su parte, consigue llevar el aparentemente inmenso peso de mantener el ritmo de una banda de jazz fusión sin perderlo ni por un segundo a lo largo de dos horas de concierto. Su manera de tocar la batería es cabalgar y tocarlos de manera etérea; me faltan las palabras para describirle. Es como si Mike Portnoy se uniera con Vinnie Colayuta y Buddy Rich. Por si todo eso no fuera suficiente, también mostró su maestría con el konokol, una manera de interpretar silabas vocales a manera de percusión y que proviene de países como India o Pakistán; fue gracias a McLaughlin que este estilo fue presentado al Occidente. Para que os hagáis una idea, su contrapartida occidental sería el estilo de scat. Un prodigio de la batería que personalmente me dejó boquiabierto.

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Nuestro gran guitarrista Jorge Salán pudo conocer a John McLaughlin a la finalización del concierto. Foto: Jorge Salán

Cómo dije antes, McLaughlin siempre ha sabido rodearse de músicos prodigiosos y aparentemente, sus estudios de las filosofías orientales y su dedicación a la meditación y el yoga le han hecho que borrara cualquier atisbo de ego, ya que no tiene ningún reparo a la hora de ponerse a un lado del escenario para que sus músicos se luzcan una y otra vez. Antes que las malas lenguas digan que lo hace porque ya es mayor y no aguanta, tendrán que ver como sus dedos todavía hacen virguerías sobre el mástil y salen las notas con la velocidad de luz; y eso sabiendo que hace poco su contemporáneo Eric Clapton (dos años menos que McLaughlin) anunció que ya no puede tocar la guitarra de manera igual, fruto básicamente de sus excesos del pasado, lo cual también podría servir como modo de reflexión acerca de cómo mantenerse sano y activo hasta una edad muy avanzada. Como cabía esperar no faltó su homenaje a su amigo Paco de Lucia con quien tenía previsto grabar un disco poco antes de la desaparición de ese último; un homenaje en forma del tema “El hombre que sabía”, pero que no fue tocada con una guitarra española, acaso el único punto débil de toda la velada (en todo el concierto, McLaughlin no se despegó de su guitarra Paul Reed Smith). Tampoco faltó un homenaje a Carlos Santana (con quién sacó de manera conjunta el disco ‘Love Devotion Surrender’ en 1973) con un tema que desgraciadamente no pude identificar pero que tiene aires a lo clásico de ese “Europa”, y “You Know, You Know” fue el guiño inevitable hacia The Mahavisnu Orchestra.

Una noche mágica que emocionó a todos los allí presentes gracias a la actuación de unos músicos de otra galaxia.

Texto: Yorgos Goumas
Fotos: Carmen Molina

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