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Crónica de Saurom: Veinte años haciéndonos soñar

6 junio, 2016 2:08 pm Publicado por  2 Comentarios

Sala La Riviera, Madrid

Sublime y ambicioso espectáculo el que pudimos disfrutar de la mano de una banda a la que la madurez no ha restado ni un ápice de frescura y avidez descarada por disfrutar de cada segundo en el que deslumbran sobre un escenario.

Saurom llegaba a la capital tres años después de su última visita para presentar su aplaudido nuevo álbum, ‘Sueños’, y llevar a cabo un concierto especial en el que pusieron toda la carne en el asador rodeándose de toda clase de complementos escénicos y músicos auxiliares que enriquecieron todavía más su ya de por sí opulenta propuesta.

Saurom-1Cada vez más queridos, cada vez más admirados y cada vez más capaces de congregar a grandes cantidades de público tanto a este lado del Atántico como en unas Américas que recientemente han conquistado sin más derramamiento que el de la emoción musical compartida; los de Cádiz tuvieron claro que un concierto de esta índole tenía que acontecer en un escenario mayor que los anteriores, y por eso optaron por la Sala La Riviera, en la que metieron más de un millar de personas a pesar de las difíciles fechas y la celebración de otros conciertos de envergadura en la capital, como el de Judith Mateo o el de Leo Jiménez, que actuaba gratis en las fiestas de Aluche. Para estar más que satisfechos.

En ráfagas corales que evocaban aquel “Irae Dei” que inauguraba su oscuro y espléndido ‘Maryam’ (2010) se cernió sobre nuestras cabezas una intro que dio paso, precisamente, al mentado sinfónico tema, recibido con extasiado entusiasmo por parte de una audiencia que enseguida tuvo su dosis de luminosidad con la divertida y afable “La Leyenda de Gambrinus”, en la que ya aparecieron por primera vez las bailarinas con zancos que tanta vistosidad confirieron al show en múltiples pasajes. Más sonrisas se desataron con “Cambia el mundo”, paradigma de su actual etapa, en la que el folk, la accesibilidad y los mensajes humanistas comulgan a las mil maravillas. Para aquel entonces, el alma mater de la banda, Narci Lara, ya había exhibido sus dotes de hombre orquesta interpretando, según el momento, guitarra, flauta travesera y gaita. Un as.

Saurom-2Miguel A. Franco, el carismático vocalista, cuya garganta está en estado de gracia y llega a cualquier tonalidad que se proponga prácticamente sin aparente esfuerzo y con la expresividad al máximo; se dirigió a los suyos con calidez y, tras recordar que conmemoran sus dos décadas de actividad, nos dio la bienvenida al mundo de los sueños antes de “Músico de calle” y “Náufrago”, dos de los temas más destacados de su última referencia. En la segunda, por cierto, Narci Lara tocó con mimo el violín mientras que el siempre firme guitarrista Raúl Rueda hizo lo propio con el ukelele.

La fiesta total dio un paso de gigante al son de “Noche de Halloween”, en la que diluvió confeti y emergieron columnas de humo desde el frontal del escenario, tras el que danzaban unas zancudas murciélagas entre las cuales un malabarista se jugaba el pellejo lanzando al aire cuchillos. “Hoy faltarán temas, porque todas las canciones que tenemos son las que nos han llevado hasta aquí”, proclamaba Miguel, consciente de que sería difícil que no se echara en falta un buen puñado de canciones teniendo en cuenta su ya dilatada discografía.  Si algo no falta en Cádiz es la guasa, y las bromas empezaron a sucederse entre el cantante y el hiperactivo y cualificado bajista José Gallardo (¡qué manera de darlo todo, madre mía!) culminando en un beso de este último al frontman a instancias del público. Acto seguido, “Memorias de un héroe” terminaba por confirmarnos la alta proporción de temas de nuevo cuño que atesoraría el repertorio de la noche, en detrimento de canciones de discos tan emblemáticos como ‘Legado de juglares’ (2004), su tercer álbum y que en esta ocasión decidieron dejar muy aparcado.

El discurso de Miguel se tornó emotivo hablando con conocimiento de causa de lo sacrificado que es el mundo de la música antes de que la bucólica y preciosa “El hada y la luna” nos pusiera los pelos como escarpias mientras una ventana con la luna de fondo protagonizaba la imagen de la pantalla gigante que hacía de telón de fondo. El sosiego sobrecogedor dio paso a la intensidad trepidante y la épica de “El monte de las ánimas”, larga composición en clave de power metal inspirada en la leyenda del mismo nombre que en el romanticismo tardío escribió Gustavo Adolfo Bécquer y única representante de la velada de otro disco brillante del que un servidor confieso que añoró alguna composición más, ‘Once romances desde AL-Andalus’ (2008).

saurom-3La cantante Julia Medina, que ya colaboró en la grabación en estudio de varios temas de ‘Sueños’, fue invitada a prestar su estupenda voz en “El reino de las hadas”, sucedida, previa arenga vitalista y sincera por parte de Miguel, por “¡Vive!”. El apartado de las colaboraciones tuvo su siguiente capítulo en la concurrencia del antiguo bajista del grupo, José Antonio Gil, que en esta ocasión empuñó la guitarra. Sonó entonces la emocionante “La batalla de los cueros de vino”, que no podía faltar en un año en que se conmemora el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, ilustre autor de Don Quijote de la Mancha, en uno de cuyos pasajes se basa el tema. Imposible parar quietos durante esa fantástica canción, como imposible resultaba también cualquier amago de permanecer estático mientras sonaba, espléndida, “El saltimbanqui”, abanderada del álbum debut del grupo, ‘El guardián de las melodías perdidas’ (2001). El solo tras el estribillo, por cierto, lo ponía el teclado del virtuoso Santiago Carrasco sin acompañamiento de la guitarra, como ocurría en la original.

Los músicos que se hallaban a la derecha de Michael Donovan, batería con pegada y versatilidad donde los haya, se marcaron una breve instrumental de carácter eminentemente folk previo paso a la balada “Dalia”, en la que Julia Medina volvió a hacer acto de presencia. “La mujer dormida” fue la antesala de “La posada del Poney Pisador”, oriunda de aquel épico ‘Sombras del este’ (2002) y en la que colaboraba Óscar Sancho (Lujuria). No estuvo en esta ocasión el rubio segoviano sobre las tablas, pero la canción cayo igualmente como un chorro de gloria y fue un trago largo de jolgorio. Mucho más melosa es “Sueños perdidos”, en la que Narci puso de nuevo el violín, si bien “Vida” es todavía más accesible, lo cual indujo a que las voces de los concurrentes coreasen masivamente su estribillo.

saurom-4Sobre “los amores de verdad” versa un “regalito” que introdujeron en su último trabajo, y que no es otro que la bellísima versión acústica de “La musa y el espíritu”, otrora veloz y exuberante, y ahora sobria e inundada de otra clase de matices. El dueto entre Miguel y, de nuevo, Julia Medina fue antológico, sin más colchón instrumental que la guitarra acústica de un Narci sentado para la ocasión y otra guitarra de fondo por parte de uno de los músicos acompañantes. La expresividad siguió en auge cuando “Soñar contigo” fue presentada como un tema “sobre ese niño que se nos olvida que llevamos dentro” y animándonos, una vez más, a soñar.

La dinámica del concierto dio un giro con la presencia sobre el escenario de diablesas con zancos y la vibrante “El carnaval del diablo”, una de las más intensas y entretenidas de ‘Sueños’, rememorando en ocasiones a la primerísima etapa de un grupo que ha pasado por varios estadios musicales sin renunciar a su esencia y con la omnipresente capacidad de fabricar buenas canciones como eje vertebrador de cada álbum. Muy agradecido, el faro que ha guiado desde sus comienzos todo el proyecto, Narci Lara, relató cómo comenzaron siendo “unos chavales, desde el suelo”, y manifestó que lo que estaba teniendo lugar aquella mágica velada era “lo más grande”.

Está claro que “Paz” es una de las canciones que mejor definen la era actual de Saurom, y no podía quedar apartada de un set list que tampoco podía renunciar a “El círculo juglar”, otra de las destacadas del nuevo material. En ella, incitaron al público a hacer un círculo y danzar en torno a él. La locura se desató por completo, tal y como atestigua el vídeo que puedes disfrutar en el reproductor de YouTube bajo estas líneas.

Enseguida volvieron a mirar por el retrovisor hacia su primer álbum, el cual contiene aquella “Fiesta” que tantas veces nos ha hecho volar en concierto. Tenían que tocarla, esta vez no iba a ser una excepción; no podía serlo teniendo en cuenta cómo el público cantaba cada vez que Miguel les señalaba volteando el micrófono. Nadie duda de que se lo pasan en grande, de que la música es su vida, de que disfrutan como aquellos chavalitos que se lanzaron a la aventura allá por 1996. Que acabasen tirados en el suelo moviendo las piernas cuales cucarachas es buena muestra de ello.

La larga arenga de Miguel para declarar que jamás olvidarán aquella noche y presentar a todos y cada uno de los músicos en escena, incluyendo los auxiliares y las tres coristas, intuía que habíamos entrado en la recta final del concierto, algo que nos confirma la interpretación de la festiva e irresistible “La taberna”, que aunque vio la luz oficialmente en ‘Juglarmetal’ (2006), pocos saben que tiene muchísimos años más. No en vano, ya formaba parte de su maqueta ‘Legado de juglares’, lanzada en 1999. Sí, se llamaba igual que su tercer disco.

Se despidieron y las luces de la sala se encendieron haciéndonos pensar que el show había llegado a su fin, pero aún había una canción en la recámara, una “Dracum nocte” que colmó de entusiasmo a la audiencia acompañada de un fantástico despliegue escénico y que sonó sin que se hiciese de nuevo la oscuridad en el lugar. Fue el fin de fiesta definitivo a una noche memorable en la que Saurom puso en evidencia que es una de las bandas de nuestra escena con el presente más  dulce. Y no os cuento el futuro, porque todo apunta a que están en pleno ascenso meteórico veinte años después de haber prendido la semilla y que su techo está aún muy por encima. Ni las bailarinas con zancos podrían llegar a las cotas de gloria que los años venideros les depararán.

TEXTO Y FOTOS: JASON CENADOR


Corría el año 1997 cuando la primera maqueta de Saurom, entonces y hasta su tercer álbum oficial inclusive conocidos como Saurom Lamderth; llegaba a la redacción de la revista Heavy Rock, ahora llamada La Heavy. Un jovencísimo Juan Destroyer no dudaba en degustarla y su crítica, la primera que la banda gaditana recibió en un medio nacional, aparecía en el número 170 de la revista, correspondiente a octubre de aquel año. ¡Cuánto ha llovido!Saurom-Critica-Maqueta-ok

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Esta entrada fue escrita por Redacción

2 comentarios

  • Mastah says:

    Genial Crónica, no me quito de la cabeza la sensación del nudo en el pecho que tuve durante el comienzo del concierto, en el que no sabia por que, pero tenía la lagrima a punto de desbordarse. Recuerdo aun que pensaba el por que de esa sensación si era un concierto entre tantos que ya he visto…
    Quizas sea por lo grandes que son estas personas, para mi ejemplo de superación, humanidad y buen hacer, y que después de todo, ademas con todo el recorrido que han afrontado hay estaban, reinventándose pero siendo lo que siempre han sido a su vez.

    Sinceramente he de reconocer que ni “Vida” ni “Sueños” han llegado a decirme nada, son discos muy buenos la verdad, pero a mi no me dicen nada, soy un enamorado de “juglar metal”, “11 romances” o “Maryam” Ademas que pienso que este ultimo disco (Maryam) es de los mejores que se han hecho en este país en la primera década de siglo (opinión personal por supuesto) pero son tan grandes que me da igual, solo con poder ver lo que hacen encima de un escenario me parece que lo que tocan es circunstancial, cualquier cosa que tocan se convierte en maestría, y eso si que es verdad, hace soñar.

    Creo que Miguel lo dijo todo sobre el escenario cuando dijo “Muchos dirán que ha faltado algún tema, faltaran todos, por que cada tema que nos ha llevado hasta el día de hoy ha sido necesario y hoy faltará”… y faltaron muchas cosas… una mejor acústica, un mejor trabajo de sonido… faltaron muchas cosas, pero ellos estuvieron dándolo todo, se les vio emocionados y eso fue lo que convirtió la noche en única, la hizo mágica.

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