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Crónica de Leather Heart + Mean Machine: Rock ‘n’ roll por el culo

28 junio, 2016 6:31 pm Publicado por  Deja tus comentarios

Sala Play, Bilbao

Hay un colega que dice que estamos viviendo los nuevos noventa. Para los que no se acuerden de aquel inefable periodo de nuestra adolescencia, mencionar que por aquel entonces el heavy tradicionalista andaba bajo mínimos, algunos desertaban o se cortaban el pelo y había una profunda crisis de identidad que llevaba a los grupos a sacar discos arriesgados que uno jamás hubiera imaginado unos pocos años atrás. Algo así como la resaca de una noche electoral mal digerida.

Porque a veces los resultados reales quedan muy por debajo de infladas expectativas que más bien parecen tan fiables como las pócimas de brujo. No esperábamos desde luego ingentes multitudes para recibir a los madrileños Leather Heart, pese a la expectación generada en otras partes del país con su debut ‘Comeback’. Pero al igual que es muy complicado romper la dinámica bipartidista de un plumazo, una similar tarea titánica se antoja abrir brecha en un género tan poco dado a las innovaciones. A pesar de ello, un grupo reducido de fieles se encargó de insuflar calor a la velada y proporcionar cierto rollo vintage ochentero con sus míticas cazadoras vaqueras con parches, cinturones de balas o camisetas de Angel Witch y otras reliquias. Veías incluso por ahí a gente que pensabas que ya habían pasado a mejor vida, aunque lo cierto era que nunca se fueron, se mantuvieron fieles a sus principios a la espera de una llamada lo suficientemente potente para abandonar la cueva.

Street-vipers

Street Vipers

Se había configurado al final para la ocasión un interesante trío de jóvenes promesas, con los cántabros Street Vipers como entrante principal, unos muchachos que le daban al hard rock americano a los que les faltaba bastante rodamiento, aunque destacara su bajista que desprendía actitud glam al atreverse a pintarse los ojos en pleno 2016, con un par. Su versión del “Cat Scratch Fever” de Ted Nugent sirvió para despertar levemente a la concurrencia, aunque algún exaltado ya gritó “¡Un poquito más de ganas!”. El público manda.

Bastante más fuste tenían los catalanes Mean Machine, que desde el inicio ya dejaron claro que se trataría de una sesión de dar cera y pulir cera. Contaban con un espectacular bajista y vocalista que por su ímpetu se asemejaba a una bestia desbocada fuera de control y que casi obligó a la peña a acercarse al escenario.

Su peculiar mezcla de thrash metal, punk y rock n’ roll pasado de revoluciones eran suficientes ingredientes para reventar cabezas y si encima añadimos a un tipo que se tiraba por el suelo, agitaba la melena como poseído y profería amenazas tales como “¡Os vamos a meter el rock n’ roll por el culo!”, el resultado únicamente puede ser apoteósico. Pocas veces hemos visto semejante chute de ganas de comerse el mundo hasta el punto de que los siguientes en escena casi parecían ejecutantes de juegos florales. Una auténtica apisonadora. Tremendos.

Y después del huracán no vino ni mucho menos la calma, sino todo un tratado de ortodoxia hard rockera que impartieron Leather Heart, con muchas poses mamadas de una colección de videoclips ochenteros y un nivel instrumental que les debería llevar a convertirse en pura vanguardia en su rollo. Las leyendas eran ciertas, su directo es impepinable, algo a lo que contribuyen sin duda temazos tan redondos como ese in crescendo llamado “The Crow”, capaz de provocar un agite generalizado de cabelleras.

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Mean Machine

Y pese a que sus influencias están de sobra delimitadas, no se centran en copiar a tal o cual grupo, sino que pueden recordar desde a los primeros Queensrÿche, Mötley Crüe o Dokken hasta a figuras indispensables del estilo como Judas Priest o cosas ya para avezados del calibre de Loudness. Y en el plano nacional quizás rememoren a la faceta más contundente de Sangre Azul, aunque es evidente que sus referentes se encuentran más allá de nuestras fronteras.

Puestos a sacar algún fallo, tal vez señalaríamos el abuso de falsetes del vocalista, aunque también es verdad que sus composiciones lo piden a gritos, ganarían en matices empero si no quemaran tanto este recurso. Y mola ese aire de macarra de Vallecas del cantante, te lo podrías imaginar tranquilamente dando el palo o haciendo un puente en un coche junto al “Torete”, “El Vaquilla” y demás quinquis juveniles. Todo un derroche de autenticidad.

Como hemos dicho, lo suyo en ocasiones rayaba lo tópico con el medio tiempo de rigor, los solos a velocidad endiablada o los movimientos sincronizados a lo Scorpions, pero si la formula gusta y funciona, ¿para qué cambiar la receta? Algunas cosas deberían permanecer en idéntico estado por los siglos de los siglos. Como vetustos objetos de una época pretérita.

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Leather Heart

Su bolo se nos hizo extraordinariamente corto, y eso que habían pasado eones desde que estuviéramos en un concierto tan aguerrido, pero es que era imperdonable permanecer inmóvil con ese cañonazo llamado “Kill The King” de Rainbow con el que le temblarían las canillas hasta a Blackmore. Un homenaje inapelable que provocó un mar de cabezas agitándose, más de uno fijo que se descoyuntaría aquella noche.

Pues si estas son las nuevas promesas en lo que respecta al metal, el heavy/hard rock clásico no está muerto ni mucho menos, sino que goza de un prometedor futuro. El relevo parece asegurado con maestros como los de antaño que decían aquello de que la letra con sangre entra. Ellos aplican lo mismo al rock y si no te gusta, te lo meten por el culo. Sin vaselina.

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

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