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Crónica de La Gran Pegatina: La fiesta de los mil conciertos

18 octubre, 2016 1:47 pm Publicado por  Deja tus comentarios

Sala La Riviera, Madrid.

La rumba siempre me ha hecho sentir una mezcla de pereza y nostalgia; me recuerda a cuando era pequeña y me encantaba Melendi. La nostalgia, porque su primer disco era una joya, representando una segunda generación de rumba catalana muy bien ligada con rock; prometía mucho para un artista incipiente y de calle. La pereza… bueno, todos sabemos cómo ha evolucionado el músico asturiano. Con este pensamiento en la cabeza, pero con ganas de ver qué me iba a ofrecer La Gran Pegatina, entré en una Riviera abarrotada de gente.

A las 21:00, puntuales como un reloj, arrancó su espectáculo. Una voz en off anunciaba el despegue de lo que iba a ser una actuación estelar; la grabación con la que comienzan todos los conciertos de esta gira, en un spanglish que predecía bailoteos y acción, dejó paso a la promesa de Adrià (uno de los vocalistas de la banda): “¡Esto es una fiesta!”. Y con una explosión de confeti, empezó el show. Con “Muérdeme” pudimos saborear lo que sería la tónica del concierto: mucha marcha, mucho buenrrollismo y un sonido alucinante, acompañado de unas proyecciones ora psicodélicas, ora tropicales, muy coloridas y dinámicas de la mano del artista francés Thibault Chenard. Así, sin apenas descanso entre una canción y otra, La Gran Pegatina, con 13 integrantes sobre el escenario, nos regaló su calidad y sus ganas. Y es que el grupo catalán estaba más animado de lo habitual, ya que daba su concierto número mil y, además, el último como La Gran Pegatina, cerrando su gira por España para iniciar una por Europa con el conjunto reducido. El público estaba entregadísimo cantando todas las canciones, parecían no tener suficiente y cada vez que bajaban los decibelios, los asistentes nos encargábamos de subirlos de nuevo coreando el bucle de “Gat rumberu”, tema del segundo disco de La Pegatina, ‘Via Mandarina’.

la-pegatina-directo-la-riviera-2016Los primeros temas del concierto se movieron en una onda muy rumbera, pero nos llegó la primera sorpresa con “Celestina”. En ella, La Gran Pegatina coreografió al público y mezcló su tema con la estereotípica canción del can can (“Orfeo en los infiernos” de Offenbach). Aunque con estas florituras consiguieron hacerle una suplencia muy digna a Rayden, quien colaboraba en la canción originalmente, echamos de menos que algún artista invitado se subiera al escenario.

Aprovechando el subidón de los asistentes, enlazaron con uno de los temas más esperados de la noche, “Non è facile”, fusionado con un “Quizás, quizás, quizás” que le iba al pelo. El setlist continuó a ritmo de ranchera de la mano de “Heridas de guerra”, hasta que llegamos al único tema original de La Gran Pegatina para este tour: “Vamos a por ti”, con un ritmo que va del ska al más puro reggae y un riff extremadamente pegadizo.

A lo largo de la actuación pudimos apreciar más mash-ups sorprendentes y efectivos, como el que mezclaba “La sorranchera” con el “Que te den” de Amparanoia y los primeros acordes del “Take On Me” de A-ha. Esta combinación prodigiosa que nos arrancó una sonrisa a muchos, provocó que otros bailaran como lo hubieran hecho en la plaza del pueblo. “Gatrumberu” ayudó a hacer una transición perfecta, que puso al público a tono para el momento más emotivo de la velada: “Amantes de lo ajeno”, una balada en la que dejó su huella melodramática Santi Balmes, de Love of Lesbian, en su producción original (también ausente anoche), que, simplemente, fue preciosa. Juntos, piano, violín y guitarra crearon un ambiente que nos arrasó a todos.

la-gran-pegatina-la-riviera-directo-2016Lo que vino a continuación fue “El curandero”, un merengue que después del momento que se creó con el tema anterior, nos pilló un poco a traspiés. Pero una de las cosas mágicas de esta banda es que envuelven al público en dos segundos y podemos pasar de la emotividad al jolgorio en cuatro compases. Así, entre merengues y rumbas, nos llevaron a otro de los grandes momentos de la noche, fusionando “Ni chicha ni limoná” con “What You Know” de los irlandeses Two Door Cinema Club.

Los asistentes se venían cada vez más arriba y las proyecciones se volvían más tropicales y fiesteras (quizás para hacer juego a la palmera que se alza en medio de la sala), dejando paso a otros de los temas más conocidos de La Pegatina como “Alosque”, “Lacón con grelos” y “El revulsiu”. Tras ellos llegó “Y se fue”, en el que los integrantes sacaron atrezzo playero (con disfraz de rey Tritón incluido) produciéndose un giro drástico en lo que aparecía en pantalla: donde hasta ahora habíamos visto las animaciones psico-tropicales y lyric videos nos mostraron un videoclip en stop motion.

El conjunto también hizo un guiño a su primer disco autoproducido ‘Al carrer!’ con “¿Cómo explicarte?” y “Sueños de sirena”, a la que sumaron el “I Will Survive” de Gloria Gaynor. La banda comenzó su despedida con “Una mirada”, canción de denuncia política muy bien traída, que acabó con un coro atronador de gente gritando “¡Que os vayáis!” y un Canon de Pachelbel que a muchos nos persigue. Sin embargo, el público, exacerbado, seguía con ganas de más; sabían que todavía faltaban algunos de los clásicos.

Así, arrancaron el bis con “Lloverá y yo veré”, que al principio nos hizo creer que nos habíamos teletransportado a un concierto de rock psicodélico gracias a un frenético juego de luces y un sintetizador al más puro estilo Muse. Después llegaron las presentaciones, durante las cuales entró en escena una tarta de cumpleaños en celebración de su concierto número mil. La Gran Pegatina nos hizo botar con una versión del “Todos los días sale el sol” de Bongo Botrako, pero nos quedamos un poco fríos después de que se pusieran a hacer la croqueta para festejar la ocasión. Sin embargo, una vez más la banda consiguió que nos pusiéramos a saltar y a gritar “¡No estamos todos, falta Maricarmen!”. Y sí, hacían referencia a su tema más icónico, con el que habitualmente cierran su actuación. Por fin empezaron los inconfundibles acordes de “Maricarmen” y el público estalló, coreó y gritó con todas sus fuerzas ese mítico“¡Tu hijo es un cabrón!”.

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El concierto acabó con una improvisación-no-tan-improvisada de los músicos que culminó igual que empezó el concierto, con banderas de La Gran Pegatina y explosión de confeti. La única diferencia en este final cíclico era que el público estaba más sudoroso y menos ágil, pero con las mismas ganas de seguir con la fiesta prometida. Entre el caos del confeti, los vítores y los aplausos, Rubén (segunda voz y guitarrista) se vino arriba y quiso hacer justicia a la voz de introducción, despegando él mismo y volando por encima del público, tal y como lo hizo el día anterior en la misma sala, celebrando que los dos días habían completado el aforo en La Riviera.

La música terminó y las luces se encendieron, dejando a una audiencia que ni se había enterado de que habían escuchado 34 canciones de La Pegatina en un concierto que duró dos horas y veinte minutos, pero que a muchos se nos pasó como un suspiro. Después de gritar, bailar, cantar y conocer a gente súper divertida (hola, Irati y Nacho), me volví a casa con una reflexión: la rumba ya no me da pereza y la única nostalgia que tengo es la de repetir este concierto.

 Texto: Patricia Subirá
Fotos: Sergio Julián (@Sergio42)

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