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Crónica de La Banda Trapera del Río + Rat-Zinger + Toni Metralla y los Antibalas: Enemigos del sistema

2 diciembre, 2016 10:49 am Publicado por  Deja tus comentarios

Sala Santana 27, Bilbao.

Siempre hemos sido un país de acomplejados. De un provincianismo extremo. Tipos a los que se les caía la baba cuando un grupo cantaba en inglés, pero luego si se atrevían a hacerlo en castellano sufrían el más absoluto de los desprecios. No era de extrañar que pasara aquello en un páramo cultural que todavía hoy en día se sigue intentando despegar de la infame herencia de una brutal dictadura que salpicó todos los ámbitos de la vida cotidiana. Hacía falta que alguien pillara el machete e iluminara el camino.

Y esa tarea en muchos aspectos correspondió a La Banda Trapera del Río, pioneros absolutos del punk en la península, aunque ellos jamás se definieron como tal, sino que preferían reivindicar el orgullo del extrarradio, de los tirados y los marginados sociales. Lo cierto es que mientras en el Reino Unido competían por ver quién llevaba la cresta más larga, a estos muchachos de Cornellá de Llobregat la indumentaria se la traía floja, pero bastaba escuchar sus letras descarnadas y supurantes de bilis para darse cuenta de que en realidad eran más auténticos que la mayoría de sus contemporáneos. Fueron nuestros The Stooges patrios, una piedra angular en la que luego se basaría el llamado “rock radikal vasco” y tantos otros que siguieron aquella senda forjada a machetazos.

Con la pompa digna de las grandes ocasiones debería recibirse esta gira de 40 aniversario de La Trapera, todo un acontecimiento histórico, pese a que su formación actual o su sonido en directo tampoco tuvieran mucho que ver con el de aquellos tipos que en pleno 1976 propinaran una soberbia bofetada a los bienpensantes. El sano ejercicio de la provocación.

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Toni Metralla y los Antibalas

Se habían acompañado además para su cita bilbaína de otro par de bandas que compartían un idéntico espíritu incendiario, caso de los aguerridos Toni Metralla y los Antibalas, compuestos por miembros de M.C.D. o Parabellum y que suelen dar el callo con bastante eficiencia en las distancias cortas, en especial su vocalista Tonino. Presentaron hace escasos meses su segundo álbum ‘Día despejado en Ciudad Rencor’, por lo que sería deseable que poco a poco fueran sustituyendo algunas adaptaciones en castellano de viejos himnos de sobra conocidos por más temas propios, aunque se echarían en falta algunos tan tremendos como el “Rebel Yell” de Billy Idol o el “Pretty Fucked Up” de Supersuckers.

Pero hay que avanzar, poseen mimbres suficientes para ello en piezas tan arrolladoras como “Max El Loco” o “Patrulla Venganza”, con las que sería insensato recurrir a versiones, aunque moló que recuperaran el mítico “A-68” de M.C.D. Tan apabullantes como ese micro-recortada que acostumbran a sacar en sus actuaciones.

Tras el parón de su vocalista Podri por enfermedad que les llevó a suspender alguna fecha de su gira, aquel bolo de Rat-Zinger era el primero después de la obligada convalecencia y la verdad es que no se acusó lo más mínimo por su parte. Irrumpieron como elefante en cacharrería con “Dios salve a Ronnie Biggs”, donde cayeron billetes desde las alturas, y para “Apártate” los ánimos ya se encontraban en estado de ebullición, pese a que los hijos bastardos del Papa de Roma reclamaran “un poco más de presión, que esto parece el funeral de Rita Barberá”.

Cañonazo tras cañonazo no erraron un disparo, alternando cortes de su reciente esfuerzo ‘Larga vida al infierno’ tipo “Únete al terror” o “Uno de los nuestros” con otros indispensables de su directo como “Ley”, “Amén”, con Podri fustigándose ataviado con sotana, y sus gritos de guerra “Rock & Roll para hijos de perra” y “Tenéis Speed”. Siguen glorificando la cochambre al máximo.

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Rat-Zinger

Quizás un servidor sea para algunas cosas demasiado exquisito y espere que los conciertos de punk suenen a punk, los de metal a metal y así con el resto de estilos. Por eso nos chirrió sobremanera que ciertos himnos de La Banda Trapera del Río sufrieran una excesiva transformación respecto a las versiones en estudio y aquello en ocasiones estuviera más cercano a la contundencia del metal que a la rabia congénita punk.

Por ejemplo, su guitarrista se lo curraba francamente bien, pero en este palo las florituras son innecesarias y hasta un poco insultantes para los que nos hemos escuchado los discos originales. Lo que sí que no ha cambiado un ápice son los esputos vocales de Morfi Grei, que continúan rascando como papel de lija y provocando escalofríos desde que comienza a pegar alaridos en “La Regla”.

Sin duda el principal atractivo de poder verles en la actualidad es su soberbio repertorio, que hace que te olvides por completo del resto de detalles que se tornan insignificantes. Basta que se arranquen con lo de “Soy carne de hienas y tengo veneno en las venas” de “Confusión” para abrazar su espíritu barriobajero que destila furia por cada uno de sus poros. Mucho se ha hablado de Eskorbuto como la primera banda patria genuinamente punk, pero seguramente no habrían alcanzado tanta repercusión si estos macarras no hubieran abierto una grieta a finales del franquismo por la que empezarían a colarse los despojos de lo sociedad, los olvidados que reclamaban con justicia su lugar, mientras a otros se les llenaba la boca con la modélica Transición, el rock n’ roll en la plaza del pueblo y los posteriores pelos de colores.

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La Banda Trapera del Río

Y es que bombas de relojería del calibre de “Venid a las cloacas” iban bastante más allá del incipiente rock urbano de la época, que preso todavía de atávicos temores, no se atrevía a tratar temas tan tabú como la menstruación femenina o cantar en catalán en “Ciutat Podrida” en un país en el que aquello de las comunidades y las nacionalidades históricas era algo tan ajeno como la atmósfera del planeta Marte.

El hieratismo de Morfi chocaba según los estándares contemporáneos y por sus pintas uno podría pensar que un tipo así no desentonaría vendiendo enciclopedias, pero, como hemos dicho, su verborrea incendiaria provocaría más de un sarpullido a cualquier hipster o buenrollista actual. “Eunucos mentales” en este aspecto atronó con la dignidad requerida y casi pudo convertirse en todo un salmo para los bastardos de “esa hija de perra llamada sociedad”.

No faltó su clásico “Nacido del polvo de un borracho y del coño de una puta” y su oración por el lumpen en “Padre Nuestro” resultó tan incisiva como hace casi cuarenta años. El rock n’ roll macarra de “Nos gusta cagarnos en la sociedad” incitó al personal a mover el esqueleto mientras sentaban cátedra a cualquier quinqui que se precie con aquello de “vamos a parir un movimiento sin preservativos para no abortar hijos mal nacidos”.

La recta final contó con el decálogo punk “Curriqui de barrio” recitado a pleno pulmón y reivindicando el orgullo de las barriadas. El único par de bises “Monopatín” y “A mi dosis voy” certificaron que el bolo de esa noche era de cumplir y poco más, sin extasiarse demasiado, pero sin decepcionar tampoco a nadie. Sería imposible con un repertorio de semejante relumbrón.

Fue una oportunidad quizás irrepetible de contemplar a estos enemigos del sistema cuyas letras siguen sacudiendo espíritus con la idéntica contundencia de antaño. Nunca el hedor de la cloaca resultó tan agradable.

Texto: Alfredo Villaescusa
Fotos: Marina Rouan

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