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Crónicas

#AKubierto 2017: Volveremos

«Nuevo festival para los madrileños, esta vez en formato indoor, lejos de lo que te puedes encontrar en los de verano, y con un cartel que fue a tiro hecho juntando en dos días grandes reclamos de la escena, guiños constantes a la vieja guardia y alguna concesión a los que moverán a las masas en los próximos lustros»

La Cubierta, Leganés (Madrid)

Texto: Javier Pérez / Eneko Ruiz. Fotos: Sandro Santos

Una combinación convincente que arrastró hasta el sur de la comunidad a un público que no agotó entradas, lo cual supuso comodidad para todos, no gestándose aglomeraciones en ninguno de los hábitats por los que tienes que discurrir en estos berenjenales.

En ese sentido, organización exquisita. También hay que darles el beneplácito de saber reaccionar arreglando un sonido que el viernes se llevó por delante el buen hacer de las bandas.


Viernes

Los primeros compases de la primera jornada del festival fueron ejecutados con nervio y ahínco por los madrileños Debruces, que se lanzaron a nuestros tímpanos con un punk rock tan afilado como bien cimentado. Con dos discos en la calle, ‘Nunca muere’ (2013) y ‘Bala vencida’ (2015), los locales demostraron que el bagaje adquirido durante los últimos años no ha caído en absoluto en saco roto y ofrecieron un animado show que resultó mucho más que un aperitivo para aquellos que pisaban el recinto leganense a la hora debida. El contexto y la fuerza que desprendieron temas como “En la cuneta”, “Somos un@” o “Fuerza en la calle” bien merecían la grabación de un DVD en directo, cuya fecha de publicación es todavía una incógnita.

Nosotros con los primeros que nos cruzamos fue con los Gatillazo del señor Evaristo Páramos. Nada más entrar nos dirigimos directos a la grada para comprobar que la acústica era precisa, que el ruedo estaba lleno, y que el anfiteatro tenía ambiente sin rebosar. El regente del punk patrio, enfundado en una camiseta del Celta de Vigo, dirigía como le daba la gana a los comensales de abajo con la aprobación y auxilio de sus compañeros de escenario. “Bla bla bar”, “Txus”, “La vida de los esclavos” o “Johnny” revolvieron el percal prendiendo una noche que comenzaba a coger un ligero retraso con respecto a los horarios previstos y que ya no iba a recuperarse.

Soziedad-Alkoholika-a-kubierto-17

Soziedad Alkohólika

Soziedad Alkohólika asaltaron Leganés con la inaugural “Alienado” y “Asesinos sin fronteras”. Están en un momento de forma tremendo y su último intento discográfico es de alto voltaje; ha gustado a sus fieles y se lo ofrecen en vivo para goce global. Suma que ya de por sí traían ellos una carrera refinada, con lo que la cosa da para que liberen hora y veinte minutos de cancionero que no hace aguas.

“Política del miedo”, “Niebla de guerra” y “Sistema antisocial” las vivimos a pie de escenario, pero el volumen era abusivo. Vuelta a la grada para confirmar lo que nos temíamos: la ferocidad de los decibelios formaba una bola sónica que si bien dejaba disfrutar de los cortes más densos como “Palomas y buitres” o “Cadenas de odio”, cuando lo que nos caía encima era velocidad old school, la voz de Juan era prácticamente inapreciable. De ese guiso sufrimos con “S.H.A.K.T.A.L.E”, “Nos vimos en Berlín” o “Padre Black & Decker”, salvamos “Cuando nada vale nada”, “La aventura del saber” o “Motxalo!”, y quedamos atónitos con ese culmen de rabia que nos abrasó en “Piedra contra tijera”, donde valga como ejemplo el reventón del parche del bombo. Al final la sensación es que el cotarro se fue embruteciendo hasta hacer vibrar (literalmente) las botellas de las barras. S.A. sí, pero el sonido no.

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Reincidentes

Reincidentes sufrieron más de lo mismo. Venían con ganas de ponerlo patas arriba y habían preparado una colección de cortes indiscutibles, mas acabaron dejando una vibración de graves casi constante que podemos catalogarlo de bastante molesto. En cuanto a ellos, actitud, aptitud y buen hacer les sobra. Fernando nos transmitió el placer que sentían al volver a este recinto 16 años después, comentó que hay nuevo disco a la vuelta de la esquina, y que mientras haya fuerza hay Reinci para rato. Y yo que me alegro.

De entre lo rescatable, pues “La historia se repite”, “Cartas desde el asilo”, “Corre” con Barea dando descanso a la voz principal, “La Republicana” y “Nazis nunca más”. Y aquí he de decir que busqué tanto por el coso como por el gradería la forma de salvar el ruido, pero vaya, que no hubo forma.

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Juan Destroyer y Jason Cenador amenizaron la velada pinchando temazos.

No dábamos un duro porque aquello mejorara con Desakato, mas me alegro de equivocarme. A base de sacrificar algo los graves, pudimos distinguir las voces, palpar las guitarras y que la batería no se llevara por delante todo lo demás. Pepo daría las gracias a su técnico de sonido mediado el bolo, informándonos sobre algo que imaginábamos: que se había vuelto loco para ecualizar aquella historia.

“Animales hambrientos”, “Trompetes de Xericó” que usa el cantante para bajarse al foso, subir a la valla, lanzarse sobre el público que le mece en volandas hasta medio ruedo y “La ira de los hambrientos” ponen el listón muy alto ya de primeras.

Se saben en un lugar adecuado para gustar y demostrar, y te aseguro que no desaprovecharon la ocasión. Ya lo había anunciado Fernando Madina antes de bajarse Reincidentes del tablado: una de las mejores bandas del estado. A estas horas hay que hacer honor a la verdad y ya os digo que había bastante menos público que mediada la jornada; no saben lo que se perdieron.

Los asturianos se erigieron como lo mejor del día y eso, compartiendo cartel con quien lo hacían, es de merecer. Se largaron con “La tormenta” y “Pánico en Frankfurt” como quien no quiere la cosa. Salvajes.

La fiesta continuaría con el equipo de esta santa casa animando la actividad de los que no tenían prisa, viendo incluso como Pepo “oficiaba” una boda entre dos fans de Desakato que se casaron al amparo del Dios del Rock & Roll.

Sábado

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Mariskal, Jason y Porretas

Abrieron la lata ante un público todavía modesto pero in crescendo Por Instinto, quinteto madrileño que gozó de una ocasión ideal para la puesta de largo de su recentísimo último trabajo, ‘La mina de sal’. Su estilo, a caballo entre el punk rock y el rock urbano, fue la pólvora perfecta para dinamitar el silencio y que las paredes de La Cubierta empezasen a rugir. Cayeron canciones del nuevo plástico y también de sus dos predecesores, ‘La sed animal’ y ‘La camisa de fuerza’, cuyos cortes más reseñables coreaban aquellos que arribaron con los deberes hechos. Mucho futuro y una buena porción de presente en una banda que estaba ahí por un acto de justicia y méritos propios.

La segunda parada del segundo día nos llevaba directos al barrio de Hortaleza. Porretas se cruzaban una vez más en nuestros caminos para, sabedores de donde andaban, brillar con luz propia en una actuación en la que la se les veía atentos, centrados y disfrutando. Curiosamente no había aún demasiado público, mas cuando los madrileños cerraron su bloque ya sí había cogido más color la cuestión. El set que nos dejan durante sus 80 minutos vienen usándolo unos añitos, y le han sumado alguna traza del nuevo ‘Clásicos II’, tales como “Resistiré” o “Ay que gustito pa’ mis orejas”, elecciones discutibles, e “Insurrección”, que ésta sí que pega y obtiene mejor respuesta.

De la época post Rober, al que como siempre dedican la sentida “…Y aún arde Madrid”, caen la pletórica “El gran engaño”, “Mi abuelo Amadeo” y “En mi barrio”. Lo demás es un bombardeo de cortes que ponen a bailar al más pintado, y que tiene como broches “Marihuana”, que según el Bode les hizo famosos hasta en Japón, y la que da nombre a la banda. Cuando tienen que dar la cara, Porretas siempre están.

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Sôber

Sôber estaba fuera de lugar. Clavaron un conciertazo de nivel extremo, soltaron un catálogo de perlas en forma de canciones cuidadosamente seleccionadas y contaron con un sonido digno. Espera, el sonido; para no recrearnos más sobre ello, hoy sábado sonó todo como debe, contundente pero nítido. Supongo que la organización se puso en ello al cerrar la jornada inaugural; el caso es que a base de bajar los decibelios volvimos a disfrutar sin salir sordos. Agradecidos.

Volviendo a la banda de los Escobedo… pues lo que os comentaba. Perdieron afluencia que eligieron estas horas para cenar, y digamos que sacaron un empate en un campo complicado. Para mí, de sobresaliente. Soy muy fan de “Vulcano”, “Cubos”, “Sombras”, “Arrepentido” o “Loco”.

El Drogas se plantó en el #AKubierto como único combo que iba a descargar prácticamente el show completo que presentan en sus giras, disfrutando de hora y cuarenta minutos que da para todo. Quizá excesivo para el lugar y el momento. ¿Pero sabes qué pasa? Que Enrique Villarreal es un músico gigante, se ha reinventado hasta lo inimaginable y mueve a la audiencia a su gusto.

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El Drogas

Tira de toda su carrera; caen “La silla eléctrica”, “Barrio conflictivo”, “Así”, la rauda “Tentando a la suerte”, la sensual “Animal caliente” o la icónica “No hay tregua”. ¿Más, dices? Pues sí, mira; me quedo con las tres que bajan el telón: “Víctima”, “Azulejo frío” y la enajenación que revierte sobre el respetable cuando suena el riff que abre “En blanco y negro”. Ni un pero.

Boikot no lo tenían fácil, aunque consiguieron que prácticamente el recinto no presentase bajas antes de su arranque con batucada, pirotecnia propia y la angustiosa “Jarama”. Con tanto instrumento por el escenario la acústica volvió a resentirse, no llegando a lo del viernes, claro, pero dejo el dato. Los vallecanos se tomaron el festi muy en serio y lejos ya del punk urbano de sus albores, recrearon una fiesta combativa con el rojo revolucionario quedándose en nuestras retinas como recuerdo base.

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Boikot

“Inés”, “Sin tiempo para respirar”, “Korsakov” con la colaboración de Judith Mateo, “Bajo el suelo” con Raquel de Yo no las conozco a la guitarra. Ya en el final, una bestial “No pasarán” y “Grito en alto” revientan a un personal que respondió a cada envite de Boikot. Tremendos.

Con esto se acababan las actuaciones, mas de nuevo el equipo de La Heavy y Marislarock.com tomarían posiciones en las tablas para dar más a los que se mantenían en pie.

No nos importaría volver al año que viene.

Texto: Javier Pérez / Eneko Ruiz
Fotos: Sandro Santos

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