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Crónicas

Carroña + Extracto de Lúpulo: La carne muerta nunca estuvo tan viva

«La noche dio sus primeros coletazos con la banda de punk rock Extracto de Lúpulo y una sala a medio gas»

Sala Copérnico, Madrid

Texto: Manu Gamarra. Fotos: Anna Moher

Culminaron su actuación caldeando una olla que, poco después, Carroña se encargaría de estallar. Pogos, rock y un concierto a ritmo de vértigo fue la tónica dominante del brutal show.

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“Pa ser carroña hay que morir primero”, reza el eslogan de la banda de Carabanchel. Pero poco muerta se vio la cosa el pasado sábado en la Sala Copérnico, durante la presentación del último álbum de Carroña, ‘La química del caos’. Trabajo de alto riesgo el que tuvieron que realizar los compañeros fotógrafos para sintetizar un poco lo que fue este espectáculo altamente agitado.

Ya son unos cuantos los conciertos que lleva a sus espaldas quien escribe estas líneas, y lo cierto es que en todos ellos no dejo de sorprenderme por según qué cosas. De Carroña sabía que era una banda emergente que estaba teniendo mucho tirón últimamente, fruto de unos temas con ritmos y letras muy pegadizos por parte de Kata, y con las partes de rap de Dani como ese factor diferente que en directo se nota una barbaridad. Porque grupos de rap metal en nuestro país los hay y con mucho éxito, pero lo de juntar rock urbano con estilo de origen yankee (que por desgracia tanto tiempo tardó en llegar a España), es algo que yo personalmente nunca había escuchado. Su debut con ‘Gaupasa Intimista’ ya fue más que notable, y con este ‘Mariposas Kamikazes’ poco a poco se están posicionando para coger el testigo de las grandes bandas del rock estatal (a las cuales tienen dedicada una canción). Todo esto es lo que sabía, pero nunca llegué a imaginar que tendrían tanto poder de convocatoria y fidelidad como el que demostraron en una de las ya clásicas salas de la capital, en pleno Puente del Pilar y a la misma hora que un Atlético de Madrid-Barcelona.

Para abrir la veda llegó desde Tarragona Extracto de Lúpulo. Punk rock “facilón”, de generar movimiento y sudor entre el escaso público presente a esa hora en la sala, todavía un poco frío y a cuyo calentamiento no ayudó la horrible calidad de sonido del micro de su vocalista. Sí lo hizo su intensidad sobre el escenario, llegando incluso a lanzarse sobre el respetable para ser manteado durante unos segundos: “No os habéis equivocado de concierto, Melendi lleva rastas y yo… canto”. La verdad es que son un calco. Sonaron temas de sus hasta ahora dos discos, el último (‘Bienbenidos al fin del mundo’) lanzado el año pasado y del que destacan temas como “Apocalipsis” o “Cadenas”, grabado con Desakato. Se dejaron para el final “Beberás cerveza”, su canción estandarte a juzgar por la reacción del público y la mía, perteneciente a un ya lejano ‘El agua pa los peces’ (2009) y para la que subió a tocar un trompetista. Un disco debut en el que, por cierto, consiguieron la colaboración de Boikot, Manolo Kabezabolo y Evaristo. Not bad. Estribillo muy coreable, al igual que lo fue el de su versión de “Mi gran noche” de Raphael, con las que consiguieron animar el cotarro mientras esperábamos a Carroña.

El “Bangbang” de Nancy Sinatra, popularizada por “Kill Bill”, introdujo el bolo de los de Carabanchel, ya con bastante calor humano en la sala. Arrancó la velada con “Hay que morir primero”, primer tema de ‘Mariposa kamikazes’ a modo de intro y francamente ideal para abrir conciertos. “Vuelven a escena los Carroña, no estaban muertos sino de comparsa…”. Le sucedieron “Mano a mano”, tema con un gancho increíble para terminar de abrir el apetito, y “Las cosas por su nombre”, primera reminiscencia al ‘Gaupasa intimista’; nada mejor que terminar los bises con los clásicos para encender y hacer partícipe de la subida de temperatura al público. Diría que “Fuerza opresiva”, con una intro instrumental para lucimiento de las guitarras y en la que Dani, voz rapera de Carroña, se bajó del escenario para meterse en un pogo, se trató de otro trallazo, pero es que lo fueron prácticamente todos los de la noche; no es el típico concierto en el que cuando suenan las canciones que no conoces te aburres.

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Tras encadenar “Que no me entero” y “No necesito más”, mandaron la dedicatoria de “¡No!” hacia Bilbao, más concretamente hacia Rat-Zinger, quienes colaboraron en el tercer tema de ‘La química del caos’. Alargaron el estribillo de “Carta de un preso” a la par que lo hacían los pogos, cesando éstos para “En tu ombligo”, una auténtica preciosidad que nunca había apreciado como debía hasta verla en directo y cuya letra coreó casi la totalidad del público; uno de esos momentos en los que me di cuenta de lo que manifestaba al principio de la crónica: la legión de fieles que tiene Carroña detrás y que desconocía. Empalmaron “Amor y odio en Carabanchel”, presentada por Kata como “cosas que hacer en Carabanchel de vez en cuando”, con “Faust n roll”, esa canción que también citaba al comienzo y que está dedicada a las grandes bandas del rock estatal (la que más me llamó la atención del nuevo plástico). “Qué desilusión, el rock and roll es un arte…”

El sonido de una alarma adelantaba que llegaba el turno de “Mariposas kamikazes”, su tema con más repercusión y perfecto para seguir reventando la sala. Y nuevamente me remito a algo escrito anteriormente: bolo de alto riesgo para los fotógrafos ubicados en primera fila. Como interludio previo a “No somos de seguir las normas” recitó Dani un texto de la serie Misfits (sí, lo tuve que buscar), que se podría resumir en algo así como “carpe diem”. Otra de las de mayor movimiento entre el público fue “Y qué pasó”, también con intro instrumental para calentar a la gente, sobre todo en el momento en el que rompe. Después de “P’alante” le llegó el turno a “El arte del perdón”, otra de las más reconocidas de su repertorio por lo que supuso la colaboración de Marcos Molina de Gritando en Silencio, cuya voz parecía Kata incluso tratar de imitar en la parte que le correspondía al músico sevillano.

Ya llegando al final del bolo, otra más de las que me sorprendieron por el reconocimiento que tuvo entre el público, con un buen número de fans subido al escenario sin ningún tipo de impedimento y con Dani cantando parte de la misma alejado de la tarima. “Hablando desvaríos”, proclama con el estribillo el buen rollo, y desató la locura. Tras un nuevo interludio por parte de la vertiente rapera de Carroña, ya se comenzaba a corear entre la gente el “no estamos todos, falta Juanita…” Pero antes fue el turno de la canción que da nombre al grupo, “Carroña”, una vez más con pogos multitudinarios. Y ya estaba. “Se jodió”, que diría René de Calle 13. Sacaron a Juanita, la guitarra ya inservible, llena de pegatinas y con la cabeza de una mañeca coronando el mástil, que durante tanto tiempo ha acompañado a Kata por las calles y bares de Madrid, primero, y de toda España después, para interpretar el tema que su dueño le dedicó (y que pirra a la peña): “Juanita la bandolera”. Final con “Suenan disparos”, que también cierra ‘El arte del perdón’. Otra vez lo de siempre, al ver el setlist pensé “qué raro que vayan a terminar con esta, si tampoco creo que sea de sus más conocidas”. Y nuevo sorpresón.

Lo dicho, salimos de Copérnico absorbidos por la fuerza y energía de los Carroña y con ganas de aprovechar ese ímpetu durante algún tiempo más; los bajos de Argüelles, ubicados en la calle contigua, nunca fallan, del mismo modo que no lo hicieron los de Carabanchel. Dedicado a todos esos renegados de la música nacional y que por su cabezonería se pierden estas barbaridades de espectáculos. Rock urbano y rap, combinación ganadora. Pero recuerda, “pa ser Carroña hay que morir primero…

Texto: Manu Gamarra
Fotos: Anna Moher

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