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ARCADE FIRE: ESPLENDOR BARROCO

15 julio, 2011 12:12 pm Publicado por  3 Comentarios

Explanada del Museo Guggenheim, Bilbao

Hay momentos en la vida en que se presentan oportunidades únicas y hay que estar allí para luego contarlo. No todos los días se monta un escenario casi al borde de la ría de Bilbao a un lado y el monumental museo Guggenheim de Frank Gehry a otro. Y, por supuesto, pocos han sido los afortunados que han tenido el privilegio de tocar en tal magno lugar enseña de las más puras vanguardias artísticas: Smashing Pumpkins o Red Hot Chili Peppers ya han disfrutado de los encantos del exclusivo recinto, ahora habría que añadir a esa selecta lista a los canadienses Arcade Fire.

Pero a pesar de las limitaciones de espacio de la explanada, en torno a las 7.000 personas, no se vendió todo el papel. Quizás la fecha escogida, a punto de que la mayoría inicien sus vacaciones, no era la más idónea, tampoco ayudaría que acabara de finalizar el festival Bilbao BBK Live. Con todo, una nutrida multitud en la que había desde familias enteras hasta extranjeros de paso o venidos específicamente a ver el evento asistió religiosamente a la cita.

Porque aquello se trataba de algo especial, no únicamente por el emplazamiento, sino por la oportunidad de contemplar de cerca a esa peculiar orquesta moderna compuesta por el matrimonio Win Butler y Régine Chassagne en el primer plano y una abundante troupe de artistas que se van intercambiando los instrumentos como si fueran juguetes. Una banda que con apenas tres discos de estudio ya ha compartido escenario con figuras indispensables de la historia de la música del calibre de David Bowie o U2.

Aquella noche, sin embargo, sus invitados no tenían tanto renombre, por un lado estaban los mallorquines L.A., que sonaban compenetrados y presentaban ‘Heavenly Hell’, un trabajo que tardó tres años en grabarse. A continuación, les tomaron el relevo THE WALKMEN, que, al igual que sus compañeros precedentes, no consiguieron conectar con el respetable. Su propuesta se anunciaba post-punk, una etiqueta comodín que en la actualidad vale lo mismo para clasificar a grupos indies siniestroides en la onda de Joy Division tipo Editors que para el brit-pop de Kaiser Chiefs o cosas más endebles. Lo suyo no revestía demasiada complicación y la mayor parte del tiempo oficiaron bastante tranquilitos con de vez en cuando algún ramalazo guitarrero. Aburrieron.

Con exquisita puntualidad por fin llegó el momento que esperaban los asistentes. En un escenario un tanto modesto, sin excesiva parafernalia, tres pantallas utilizadas con sabiduría valieron para trasportarnos a otro mundo durante unos 90 minutos. Un enorme letrero luminoso rezaba ‘Arcade Fire Coming Soon’, tal y como esperaríamos ver a las puertas de cualquier cine de países angloparlantes.

Se apagan las luces y ahí aparecen los ganadores de innumerables premios, la que dicen que es la banda de rock alternativo más grande de la actualidad: ARCADE FIRE. El comienzo con la explosión de adrenalina “Ready To Start” digno de ser enmarcado por la espectacular entrega de las primeras filas, gritando el estribillo a pleno pulmón. Eso abajo, pero arriba el esplendor barroco llegaba a su máxima expresión con la voz de Win Butler elevándose por encima del conglomerado sónico que componen dos baterías, un par de teclados y violines, otro tanto con las guitarras y así hasta que los oídos se pierden entre tanto instrumento. Hay además una historia curiosa acerca de esta canción de arranque que puede leerse por Internet. Al parecer, sirvió de motivación para que un chaval se animara a decirle algo a la chica de clase que le gustaba, un detalle insignificante para algunos pero que seguramente encontrará la comprensión de los tímidos por naturaleza. Y no me extraña, pues con esta pieza a uno le dan ganas hasta de subir el Everest.

Enseguida empieza el baile de instrumentos con Win pillando mandolina para “Keep The Car Running”. Esa precisamente será una de las principales constantes del concierto, con la mayoría cambiando en por lo menos dos ocasiones y algunos, caso de Régine, hasta cinco veces. Impresionante también la vitalidad de William Butler, hermano del líder, que no paró quieto y hasta se animó a probar el xilófono.

Después de un inicio prometedor y con guitarras echando fuego, los canadienses se tornaron más relajados con la bombástica “Rococo” y “Haiti”, ese homenaje de la mujer de Butler a sus raíces, pues sus padres huyeron de allí durante la dictadura de Jean-Claude Duvalier. A medida que avanzaban los temas, el aspecto visual no se descuidaba, las pantallas en todo momento proyectaban imágenes, bien de la banda en directo, playas paradisíacas o cualquier otra proyección que pudiera complementar el significado de las letras. Art rock en estado puro.

El comienzo a lo Beatles de “The Suburbs”, con Win al piano, trajo a la memoria esas comparaciones que muchos hacen de su obra más reciente con el ‘White Album’ de los de Liverpool. Sin duda, dentro de unos años probablemente hablemos de una obra clave para entender la historia del rock contemporáneo.

Volverían a pisar el acelerador a la manera de unos Queens Of The Stone Age con “Month Of May”, muy realzada por el juego de luces intermitente mientras las imágenes se sucedían a todo trapo por las pantallas. Y “Rebellion (Lies)” pilló a la cabeza pensante Butler subido a un pedestal guitarra en ristre como si fuera The Edge de U2. Se despidieron con himnos mayúsculos de la altura de “We Used To Wait” y “Neighbourhood #3 (Power Out)”, que habla de la imposibilidad de esconder nuestros secretos más íntimos.

No era ninguna incógnita que retornarían con “Wake Up”, su corte más mítico y que provocó el mismo escalofrío por la espina dorsal que sacudiría a los que tuvieran la oportunidad de escuchar en directo “Five Years” de Bowie. Y con el personal en éxtasis, Régina tomó la voz en “Sprawl II (Mountains Beyond Mountains”, que bajó un poco el nivel de su predecesora.

Aunque el final se antojara algo deslucido, eso no quita para afirmar que habíamos presenciado un evento sin parangón de uno de esos grupos que cualquier aficionado a la música en general debería ver por los menos una vez en su vida. Un ejercicio de barroquismo desbordante que los sitúa en el panteón de los más grandes.

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

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Esta entrada fue escrita por Redacción

3 comentarios

  • Anónimo dice:

    Alguien me puede explicar que hace Arcade Fire es esta pagina ?

  • Angel dice:

    Arcade Fire en una sección llamada Volumen Brutal ¡¡me parto!!

  • Iván dice:

    Veremos lo que dura esta formación. Es una moda. Los escuché porque se hablaba de ellos muy bien aunque con el recelo de que esas alabanzas venían del mundo “indie” y me parecieron un timo. Una música barroca pero desangelada, en cuanto comiencen a perder fuelle la mitad de sus fans dejarán de serlo.

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