SOBRE GARY MOORE

8 febrero, 2011 1:37 pm Publicado por  – 2 Comentarios

Nuestro colaborador Javier Izurieta incluye este emotivo texto en la triste noticia de la muerte de Gary Moore.

Más que nunca…Habitaciones Vacías

Cuesta asimilarlo, pero nos vamos quedando solos. Pertenecemos a varias generaciones, pero irremediablemente, nos vamos quedando solos. Prefiero evitar enumerar las dolorosas pérdidas de grandes representantes del mejor rock que el año pasado hemos sufrido todos aquellos que aun nos emocionamos, nos asombramos y disfrutamos de una voz notable, una simple melodía o una guitarra impecablemente ejecutada. Lo cierto es que el 2011 tampoco parece darnos un respiro y la lista de ilustres que pronuncian un adiós definitivo sigue incrementándose. El turno ahora le ha tocado a Gary Moore quien con 58 años deja un vacío que difícilmente algún músico actual pueda ocupar. Su estilo inimitable, la sensibilidad y emoción para expresarse mediante su guitarra y una envidiable capacidad de adaptación a diferentes estilos musicales, fueron las características principales de un artista irrepetible. Lejos de sus comienzos junto a Phil Lynott, alejado también del hard rock que lo hizo mundialmente conocido y que lo catapultó como uno de los íconos de la guitarra, Moore desde hace mucho tiempo atrás, decidió alejarse de su agitada historia rockera para adentrarse de lleno en un territorio que nunca le fue desconocido pero que siempre estuvo decididamente vedado para cualquier afamado músico de rock: el blues. Pese a haber dedicado hasta el final de sus días un esfuerzo supremo para ser aceptado por lo más conservadores sectores del blues, Moore nunca consiguió ese amplio reconocimiento que el mundo del rock supo brindarle. Claro, no era americano como Stevie Ray Vaughan, Billy Gibbons o Kenny Wayne Sheppherd, pero esa es otra historia. Poco importa que en vida haya compartido escenarios y grabaciones con figuras de la talla de B.B. King, Albert Collins o Albert King, que discos como “Still Got The Blues” o “After Hours” hayan vendido millones de copias, los puristas nunca lo aceptaron abiertamente. Quizás esa dureza y velocidad al ejecutar la guitarra adquirida en sus épocas más próximas al rock, y que un resultado tan positivo le daban en ese terreno al mezclarlas con la emoción y sentimiento blusero, no siempre surtían el mismo efecto al pararse del otro lado del terreno. No obstante ello, Moore supo construir un firme puente que lograba entusiasmar a fanáticos que disfrutaban de su estilo al final de cada extremo del mismo. Sin dudas el legado de un mito de la música se mide en gran parte por su obra, si es así, Gary Moore estará más que satisfecho con el trabajo realizado: un clásico absoluto como el disco “Black Rose” junto a los también inmortales Thin Lizzy, una carrera solista en el ámbito del rock de la cual se desprenden obras maestras como “Dirty Fingers”, “Victims of the Furture” “After the War” o “Run for Cover”; además de habernos seducido con su explosiva forma de tocar junto a próceres que van desde Cozy Powell, Ozzy Osbourne, Glenn Hughes, Jack Bruce a Phil Lynott, Ian Paice, Neil Murray o Ginger Baker, y en su etapa más cercana al blues logró que, aparte de deleitarnos con su personal estilo, a más de uno nos comenzara a interesar una música que antes solamente la conocíamos casi de refilón. Gary Moore se ha ido para siempre y seguramente aquella nota interminable que es el sello inconfundible de uno de sus temas más emblemáticos, “Parisienne Walkways”, seguirá sonando eternamente con la misma frescura y potencia que cuando éste irlandés de aspecto algo hosco y huraño lograba extraerla con una naturalidad pasmosa de su ajada Gibson. El hombre se ha ido, la leyenda ha comenzado. Descansa en paz Gary.

Javier Izurieta

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