motorhead
keith richards
johnnybzero
songofanhubis
pulse
nuclear chile
cives
evil seeds
luback
retales
el rey salitre

4ª Entrega: El tiempo sí que vuela

2 diciembre, 2009 12:35 pm Publicado por  – Deja tus comentarios

El tiempo sí que vuela. Tan pronto como termino una columna, rebibo emails diciéndome que ya es hora de ponerme con otra nueva. Es un hecho que cuanto más mayor se hace uno, más rápido pasa el tiempo. Para un niño de 5 años, la percepción del tiempo es diferente de la de un señor de 50. Para el niño, un año es una quinta parte de su edad, mientras que para el señor mayor es sólo el 2 por ciento de la suya. ¿Acaso no tenemos siempre la sensación de que el tiempo vuela cada vez más rápido?

Bueno, ya que estoy sentado en un avión sin nada más que hacer, aprovecho para escribir mi columna.

Cuando empecé con Melechesh, en Jerusalén la escena de black metal era totalmente inexistente. Ni siquiera se podían encontrar discos y las dos tiendas de música especializadas o ya habían cerrado o habían empezado a vender cada vez más y más grunge (nunca me gustó por todos los metaleros que dejaron de serlo por su culpa; a día de hoy mis gustos musicales son más amplios, pero todavía sigo siendo receloso con cualquier género musical que haga sombra al meta). Así que cuando me topé con algunos supervivientes que no se habían infectado con el grunge pero que ignoraban lo que era el black metal, decidí hacer un pedido de varios discos y venderlos por el centro de la ciudad, no para ganar dinero, sino para propagar la música.

Con respecto a mi banda, buscábamos un nombre que fuese totalmente original y que tuviese un lazo con el ocultismo, así que hice un brainstorming con un amigo mío kabalista (quien por cierto poco después se fue a un internado de ese rollo, vendió todos sus enseres y no hemos vuelto a tener noticias suyas). Finalmente, llegamos en la conclusión que el nombre debería contener la palabra “Melech” que significa rey en los idiomas de la región (arameo, árabe y judío), aunque se pronuncia de manera diferente, obviamente. Dicha palabra también la había encontrado en libros de ocultismo y me gustaba, así que añadí -Esh (fuego). También compusimos un tema titulado “Malek al Nar” que significa lo mismo pero sólo en árabe. Esto lo hicimos para dejar claro desde el principio que no éramos ni exclusivamente judíos ni exclusivamente palestinos. Tenemos a un palestino en la banda que es parte asirio, yo soy un armenio-asirio y nuestro batería es armenio. Por otra parte hemos tenido a varios bajistas, y algunos de ellos eran israelíes. Aun así a día de hoy, la gente nos tilda erróneamente de árabes, de israelíes, de musulmanes, cristianos o judíos (¿cómo se puede hacer black metal y ser religioso a la vez?). La gente parece tener muchas ganas de ponernos una etiqueta pero para nosotros ninguna es válida. ¿Es tan díficil de entender que por Jerusalén hayan pasado muchos pueblos y que es casa de muchas nacionalidades?

Aunque la escena black metalera empezó a surgir en otras partes de Israel, no intentamos ser asociados con ella, sino que nos concentramos en hacernos notar a nivel internacional con nuestra primera demo en 1994. Pasado un año empezamos a recibir cartas desde EE.UU., América Latina y Europa.

Por entonces ensayábamos en el aula de música de  nuestro colegio, dentro de la muralla de Jerusalén, pero nuestro backline era muy antiguo, ya que, como comenté dicho en otra entrega, el tío de Moloch lo había comprado para el colegio hacía 20 años. También habíamos intentado ensayar en Belén, en la casa de Moloch, pero por culpa de los bloqueos militares, pronto desistimos. Al más puro estilo de aquel colegio retrógrado, algunos listillos nos acusaron de haber dañado el equipo con nuestras guitarras distorcionadas a tope de volumen. Su propósito era que nos echaran para que se quedaran ellos con el aula para seguir haciendo música pop genérica y de radiofórmula. Cuando nos enteramos de lo sucedido lo que hicimos fue que cada vez que entraba en la sala el monje encargado, desenchufábamos los instrumentos y hacíamos que tocábamos en acústico. Ante la cara de perplejidad del monje, le explicábamos que nuestra música era tan especial que desde fuera sonaba trallera pero que una vez dentro, se transformaba en dulce y tranquila. Desgraciadamente el truco no funcionó y finalmente nos echaron de la esquela, aunque nosotros no nos amilanamos y seguimos entrando allí a escondidas, teniendo que ocultarnos detrás del enorme amplificador cada vez que entraba alguien. Afortunadamente, me puse en contacto con una organización que trabajaba con jóvenes problematicos, drogadictos, etc.,  que disponía de un local impresionante en el centro de Jerusalén: era un búnker subterráneo (a unos cuatro metros bajo tierra) convertido en local de ensayo con backline, área de descanso, etc. Poco después me convertí en supervisor del local y me dieron las llaves. Eso significaba que podíamos ensayar los viernes por la noche, irnos de copas por la ciudad y si nos apetecía, volver al local para tocar más. Tocábamos tan alto y estabamos tan aislados del resto del mundo que una vez explotó un autobús en un ataque suicida a unos treinta metros del local y nosotros ni nos enteramos, seguimos tocando durante unas 4 horas más.  Sin embargo, nuestras familias sí que estaban al tanto del ataque, y como entonces no existían moviles y estábamos en un búnker, no había manera de ponerse en contacto con nosotros. Daba además la casualidad que la salida del estudio estaba en el lado contrario del lugar de la explosión y daba a un parque. Cuando salimos ya era muy tarde y no notamos nada, así que cuando llegamos a casa, vimos a los nuestros pálidos pero aliviados.

Hacia finales de 1994, ya teníamos una formación estable y un buen puñado de temas, los cuales grabamos como maqueta en 1995 bajo el título metafórico “As Jerusalem Burns”. Me acuerdo el día que recogimos las cintas de la fábrica y nos fuimos a mi casa para meter dentro el libreto (actualmente los hay que piensan que aquella demo era nuestro primer disco, pero no es así). Nos sentíamos orgullosos de poder estar haciendo black metal en la “ciudad sagrada” y de paso enfadar a todos. Poco a poco más y más gente empezó a escuchar black metal y también empezaron a circular los primeros rumores sobre sectas satánicas en Jerusalén.  Al mismo tiempo los choques entre nosotros y nuestras familias se hacían cada vez más frecuentes. En Jerusalén del Este, se me consideraba un paria, aunque en la parte Oeste, que es más liberal, la cosa no estaba tan mal. Un sábado por la noche, iba de camino a ver el concierto de unos colegas y unos metaleros me avisaron que un periodista quería ponerse en contacto conmigo. Aparentemente había estado por todos los locales donde solía ir y aquella noche me encontró. Trabajaba en uno de los periódicos más grandes del país y me dijo que quería hacer un reportaje sobre Melechesh, ya que éramos la primera banda de la ciudad que hacía este tipo de música. Se mostró muy entusiasmado con el reportaje e incluso llegó a ofrecerme una recompensa económica, algo que por supuesto, rechacé.  Además le dije que su reportaje debería presentarnos como una banda y nada más. Él me dio su palabra, así que le día siguiente, cogimos un taxi, le llevé a casa y le enseñé algunos de los libros que leía por entonces. Me sacó unas fotos y nos fuimos a las oficinas del periódico para proseguir con la entrevista. Unos días después, camino al quiosco mis compañeros y yo para pillar el periódico con el reportaje, vimos que la gente nos decía de manera despectiva por la calle que éramos unos satanistas. La verdad es que debido a nuestro aspecto, lo de las miradas despectivas había llegado a ser algo frequente. Sin embargo, cuando pillamos el periódico, vimos el reportaje en primera página y el titular decía que existía una “banda satánica” en la “ciudad sagrada”. El pie de foto ponía que estábamos haciendo ritos satánicos en un cementerio con sacrificios de animales incluidos (y eso que en la fotografía no aparecía ni un cementerio ni ningún animal). Cualquier persona que me conoce, sabe que si veo a alguien maltratando a un animal, automáticamente le voy a joder. Mi enfado fue monumental, y además la gente empezó a llamarme para decirme que la policía me estaba buscando para interrogarme, ya que de repente el satanismo había sido proclamado “ilegal” en Jerusalén. Antes de la publicación de aquel “reportaje”, nadie había mencionado la palabra satanismo en Jerusalén, desde su fundación hacía miles de años. Aunque la gente en Israel suele ser tolerante (menos los fanáticos de turno), es muy conservadora también. Afortunadamente, como salíamos en la foto con los cuerpos pintados al estilo black metalero y sólo se mencionaban nuestros apodos, la policía ignoraba nuestras verdaderas identidades. Al menos los del periódico se negaron a entregarle a la policía a nuestros datos. A mi novia de entonces le arrestaron por llevar encima un pentagrama, pero ella me aseguró que no le había dicho nada a la pasma. Me acuerdo de jóvenes que se acercaban a mí en los bares y me pedían unirse a mi secta, yo les echaba enfadado y con poco tacto, la verdad.  Desgraciadamente algunos niñatos de la periferia de Jerusalén tomaron nota del reportaje y empezaron a sacrificar animales de verdad. Fue una época desagradable y la gente me aconsejó desaparecer una temporada. Entonces pensé en visitar a mi hermano, que trabajaba para una distribuidora de bebidas alcohólicas en Indonesia (de ahí mi aprovisionamiento constante de “zumo diabólico” en plena ciudad santa). Dicho y hecho; pasé allí dos meses de lujo y de excesos de todo tipo. Mi hermano estaba bien conectado con la escena nocturna local y su novia era una supermodelo famosa allí, así que en cualquier local que entrábamos, nos trataban como celebridades. Por otra parte, también solía ir a las partes más chungas de Yakarta para perderme en los mercados locales y conocer a otros metaleros. Aunque a mi hermano le daban pavor mis peligrosas amistades, resultaron ser gente muy legal. Pero en serio, las diferencias entre pobres y ricos allí son tremendas. Por la mañana veía a familias enteras que vivían en chabolas y sólo comían arroz para desayunar, comer y cenar y por la noche volaba en helicóptero hacia la isla privada de un amigo de mi hermano. Este black metalero pasó la mayoría de su estancia allí haciendo jet ski en Bali y visitando templos, que me parecieron de los más surrealista.

Todavía queda mucho que contar sobre los inicios de la banda y su posterior evolución. Hay que decir aquí que este blog está escrito como una autobiografía porque la banda es una parte integral de mí, me ha definido como persona y me ha enseñado muchas cosas. Estoy seguro que todos los lectores que hayan fundado y tocado en una banda, se sentirán identificados con lo que cuento.

Categorizado en:

Esta entrada fue escrita por

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.