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Kiss: 35 aniversario de sus primeros conciertos en España

11 octubre, 2018 4:36 pm Publicado por  2 Comentarios

Foto de la grabación del vídeo “Lick It Up”. Gene Simmons, Vinnie Vincent, Paul Stanley y Eric Carr

Al término de la gira del ‘Creatures Of The Night’, Kiss había decidido que el maquillaje usado durante tantos años iba a convertirse en algo del pasado. La idea de quitarse su característica pintura facial fue mencionada por primera vez por Paul Stanley durante la grabación de ‘Music From “The Elder”’ (1981).

“Quitarnos el maquillaje no fue una decisión difícil“, dijo Paul a la revista Faces. “Llevaba años queriendo hacerlo. Sentía que estaba reteniéndonos, manteniéndonos en una época que ya había pasado. Mucha gente en nuestro equipo no estaba tan segura como yo de que la respuesta a quitarnos el maquillaje fuese positiva“. Los otros miembros y Bill Aucoin, mánager de la banda, fueron finalmente capaces de convencer a Paul de que semejante movimiento, en una época en la que la formación estaba intentando mantener un público que podía no resistir un álbum tan experimental, no era la mejor idea. Pese a todo, ello no impidió a Paul Stanley presentar de nuevo la sugerencia en las primeras etapas del ‘Creatures of the Night’ (1982).

Tras la gira brasileña de junio de 1983, el grupo había tocado para más de un cuarto de millón de personas. Fue la última gira en la que los componentes aparecieron con pintura y trajes hasta más de una década después. Fue un digno final para la época del maquillaje.

Regresaron al estudio inmediatamente después para trabajar en el álbum continuación de ‘Creatures’, esta vez con Vinnie como miembro permanente. Al menos, eso era lo que se presentó a la prensa y al público. Entre bastidores, el combo le había dado al guitarrista la oportunidad de unirse tan pronto como firmase contractualmente. Cuando el álbum se finalizó en agosto, Vincent recibió créditos como co-autor en ocho de las diez canciones. Muchos críticos, aunque restaron importancia a la ausencia del maquillaje, argumentando que era un simple truco de una banda en las últimas, dieron al redondo mejores comentarios de lo habitual, vinculando directamente tales mejoras a la entrada del hacha en el grupo.

La novedad de ver a Kiss sin maquillaje parecía ser el prometedor bombo publicitario que los promotores en Europa e Inglaterra podían generar para la gira que comenzaría en Portugal. Rod MacSween fue el hombre que contrató a Kiss en Europa. Su agencia, International Talent Booking, era una de las principales agencias de contratación de rock en Londres. Rod esperaba que Inglaterra y Escandinavia fueran un gran negocio en los pabellones, pero había más incertidumbre con Alemania, España, Francia y los países del Benelux.

Tras Portugal, España era el segundo país en ver los shows sin maquillaje. Por las calles de Madrid, Barcelona y San Sebastián se veían posters del grupo pegados por todos lados. Callejones perdidos y muros de edificios deteriorados por la intemperie eran utilizados como carteleras para enormes anuncios en papel con la silueta de Gene Simmons aún maquillado y logotipos de Kiss, montones de ellos juntos, creando un diseño casi hipnótico. El despliegue masivo de pósteres, comúnmente usados en Europa, daba al show un perfil mágico e importante.

Kiss en España: El beso más fuerte

En 1983, con los cambios en la formación original y el desenmascaramiento, Kiss se encontró con una respuesta un poco más fría de lo que esperaba. Eran los ochenta, salíamos de la resaca del 23F, el PSOE ganaba las elecciones generales, Leño anunciaba su separación y Miguel Ríos realizó la gira más exitosa de su carrera, el “Rock de una noche de verano”, con Luz Casal y los de Rosendo Mercado como teloneros. Ofreció 32 conciertos en campos de fútbol y plazas de toros que serían presenciados por más de 700.000 personas.

La década de los ochenta fue un gran tren de conciertos en  España. Iron Maiden y Scorpions en  1982, Def Leppard, Whitesnake… y así un carrusel de bandas que pasaron por nuestro país. Eso sí, ninguna era tan esperada como Kiss para sus fans, que ya en 1982 nos dejó con la miel en los labios en su fugaz paso por la TVE para la grabación de dos temas en playback para el programa Aplauso. El concierto se había convertido en un acontecimiento, no era otro show más. Era algo en lo que era necesario estar presente. Pelotones de fans asaltaron las taquillas de los pabellones en cuanto las entradas se pusieron a la venta. El fervor de sus acólitos hacía brillar signos de pesetas en los ojos del promotor. El atractivo de Kiss era magnético, congregando a los jóvenes en los pabellones como si se estuviese realizando un ritual de culto. Simbolizaban una marca única de embellecida decadencia, golpeando en lo más sensible con su fanático y juvenil seguimiento.

Para la empresa promotora en España, Play Sound Concerts, Kiss era un regalo de los dioses, un grupo hecho a medida de una venta agresiva y de un bombo publicitario. O eso creía. La promotora luchó encarnizadamente para contratar tantos conciertos como se pudiesen ajustar a su itinerario.

El miércoles 12 de octubre, el grupo aterrizó en el aeropuerto de Barajas en el vuelo TAP# 708 a las 4:10 PM procedente de Lisboa, Portugal. Seguidamente, fueron trasladados al centro de la capital. La agrupación se hospedó en el hotel Villa Magna, en una de sus mejores suites (se llamaba Albéniz y valía, por noche, 57.500 de las antiguas pesetas). Era un alojamiento casi reservado para altísimos ejecutivos, los ricos más nuevos y vírgenes de clase, así como para los artistas más exclusivos. Los neoyorquinos se paseaban por sus magnos pasillos decorados con suelos de mármol y salpicados de alfombras persas como manchas de sangre. Hasta sus aseos parecían haber sido diseñados únicamente para aliviar sus magnas necesidades. En aquella primera noche, los de Simmons y Stanley cenaron macarrones a la carta y café con leche en vaso con pajita para chupar. Kiss se albergaba a todo lujo, ajenos a una España hundida en la crisis. Al concluir 1983, España registraba la más alta tasa de paro de toda la OCDE y se situaba en inflación y déficit público bastante por encima de la media europea.

Entre el público español existía una especie de confusión por aquellas fechas. ¿Saldrían maquillados como en los carteles de promoción de los conciertos que adornaban las calles de España? ¿Quizás como en las entradas  en las que solamente aparecía Gene Simmons, totalmente pintado, con una imagen de la etapa del ‘Creatures of the Night’? ¿Sería Ace Frehley el de la portada del ‘Lick It Up’?

Justo el día 13 de octubre se ponía a la venta en España ‘Lick It Up’. En nuestro país existía una falta de información terrible por parte de los magazines territoriales y tener acceso a un magazine extranjero, siempre dotado de más artículos, era como un pequeño lujo para los jóvenes españoles de los ochenta.

Muchos adolescentes no pudimos asistir a las mágicas noches de la agrupación en España. Kiss tenía, entre los periodistas, la fama de un grupo maldito basado en la confusión, cavernícolas sin seso, sin conceptos musicales y un tanto amanerados. La banda de rock duro no estaba muy bien vista por las familias españolas de aquellos años.

Tras actuar en Lisboa (Portugal) como inicio de gira del “Lick It Up Tour”, tocaba el turno de España. Los días 13 y 14 de octubre en el Pabellón del Real Madrid, el día 15 de octubre en el Velódromo de Anoeta (San Sebastián) y el 16 en el Palacio de los Deportes de Barcelona. Con una asistencia aproximada de 5.000 personas por show, hasta la “Abuela Ángeles andaba por el concierto de Madrid”.

También tuvieron tiempo para hacer una salida nocturna a la discoteca Joy Eslava y al tablao flamenco El Corral de la Morería. En Madrid dieron una rueda de prensa atendiendo a los medios con un gran cartel con el logo del grupo detrás de ellos, sentados con ropa de calle y a cara descubierta. El humilde sentido del humor y sangre fría de Kiss conquistaba a los medios de comunicación, a pesar de la actitud de taparse la nariz y los oídos que muchos de ellos tenían hacia su música. A diferencia de muchos grupos, cortejaron a la prensa. Cualquier publicidad era buena. Se había moldeado como un grupo de culto a la personalidad de cuatro superestrellas únicas. Gene describió una vez a su proyecto como “una banda en la que hay cuatro Neil Diamonds”.

Foto: Archivo El Corral de La Morería

Todo el escenario de la gira ‘Creatures Of The Night’ fue conservado para la gira ‘Lick It Up’ aunque el maquillaje, los trajes exagerados y los personajes estaban ausentes. Además, el uso de pirotecnia fue excepcionalmente disperso, aunque esto tiene una explicación: los pabellones no eran lo suficientemente amplios y no guardaban todos los requisitos de seguridad necesarios para una exhibición pirotécnica completa. Las autoridades denegaron los permisos para realizar ciertas explosiones dentro del recinto. Kiss intentó compensarlo con unos recién hallados niveles de energía. Naturalmente, los miembros de primera línea siempre se habían visto muy entorpecidos por el peso de sus botas de plataforma, pero ahora que estaban entre naftalina. Gene, Vinnie y Paul corrían con un despreocupado abandono, saltando sobre las cadenas del tanque y deslizándose por ellas de rodillas. El combo mantendría este alto nivel de energía durante los siguientes shows en San Sebastián y Barcelona.

El público que se acercó las dos primeras noches al Pabellón del Real Madrid se encontró con que el escenario de la gira del ‘Creatures’ tan sólo había sufrido pequeñas modificaciones. No llevaban los trajes habituales para los shows, y salieron al escenario sin maquillaje por segunda vez en su trayectoria. Aunque el maquillaje y los trajes se habían ido, no se debía llegar a la conclusión de que el combo, de repente, estaba improvisando sobre el escenario. Kiss desplegó un repertorio para el concierto con tiempo para que cada miembro disfrutase de un destacado solo.

No resulta sorprendente que, en los primeros conciertos en nuestro país, hubiese cierta preocupación sobre cómo se ajustarían los miembros de la banda a actuar sin la seguridad de sus personajes y su maquillaje. Después de todo, esta sería la primera vez que Gene y Paul pisaran un escenario con la cara descubierta.

A Stanley se le veía como el más aliviado por quitarse el maquillaje y su traje. Era como haberse quitado una carga de los hombros. La rutina de la pintura ya no era un molesto ritual y tampoco meterse, cada noche, en esos trajes blindados con todos sus arreos. Se le notaba más activo, más showman, igual de comunicativo con el público que en los tours anteriores. Estéticamente  suplió con perfecta armonía su traje de Starchild con los pantalones de leopardo, camisetas sueltas y cinturones que le daban un aspecto bastante glam y rockero: sólo le faltaba la estrella maquillada en su cara.

Gene Simmons sufrió más al estar recién desmaquillado. Los gestos faciales que hacía cuando usaba maquillaje no funcionaban tan bien sin él. Gene aún hacía muecas de la misma manera que cuando llevaba el disfraz del demonio. También mantenía la forma de andar encorvada y a pisotones que había perfeccionado a lo largo de los años. Ya no escupía sangre y hacía un nuevo numerito en su solo de bajo, con unos sonidos de campanas que tocaban a réquiem, pero se le notaba perdido en sus movimientos y aún estaba acostumbrándose al nuevo look, que deslucía mucho más. Gene, por alguna razón, todavía estaba atado a la rutina que había usado en la gira ‘Creatures of the Night’. Pero sin el maquillaje demoníaco, sin el disfraz y, especialmente, sin la sangre, el exagerado gesto de encogerse asustado de la luz de los focos y mirar maliciosamente a la audiencia como si fuese un demonio poseído daba una imagen torpe, rutinaria o, simplemente, un tanto cómica. The Demon había perdido toda la personalidad que había arrastrado con gran talento durante diez años. Sin sus botas, su traje y el maquillaje, Gene Simmons fue el que más perdió en su puesta escénica.

Eric Carr seguía demostrando ser el mejor tras la batería. Tocaba el mismo solo que en el anterior tour y contaba con un look muy rockero, compuesto por camisetas rotas con logos de Led Zeppelin, cinturón y un pantalón negro de malla. Se le veía asentado cómodamente como un gran batería. Era todo un talento musical, realzando el sonido con su dominio de complejos ritmos y un golpeo perfecto, más propio de un metrónomo que de alguien de carne y hueso. Era un chico en forma, con prominentes bíceps y grandes manos. Eric tenía una enorme greña de pelo negro muy ensortijado que surgía de su cabeza formando lo que parecía un casco gigante. Sus pequeños rasgos faciales aparentaban desaparecer cuando le veías de lejos. Todo lo que podías distinguir era una enorme masa de pelo encima de sus hombros. Era demasiado pelo, incluso para Kiss.

Vinnie Vincent era el que mejor lo llevaba. Hacía los mismos movimientos que antes, sólo que sin las restricciones del maquillaje. Con pantalones de cuero rojo, camiseta recortada y una imagen muy rockera, el guitarrista imponía a la audiencia, pese a haber perdido la magia que tenía con el disfraz del guerrero egipcio. Único con sus solos de guitarra, que sacaban de quicio a Paul y Gene por su extensión. Vinnie interpretaba cada nota de una forma magistral, tocando durante cinco u ocho minutos, después daba la entrada a los otros para que saliesen y empezasen la siguiente canción. Con más técnica que Ace Frehley, dio un sonido más actual y duro a Kiss en directo.

El repertorio de los shows en España estaba fuertemente inclinado a sus dos últimos álbumes. Aproximadamente dos terceras partes del show fueron reservadas para el material de ‘Creatures of the Night’ y ‘Lick It Up’. Del segundo, la canción que le daba título al plástico, “Exciter”, “Fits Like a Glove”, “Young and Wasted” y “Gimme More” sonaron en las tres ciudades.

Los teloneros en España fueron los canadienses Helix, que andaban por su tercer álbum, y Tigres de Oro, una gran banda catalana de  los ochenta, finalista del concurso de rock del ayuntamiento de Barcelona y que había hecho varios bolos por Londres. Además, habían sacado un gran álbum con grandes dosis de buen heavy y contaban con un directo realmente bueno. En un principio, se llamaban Tigres de Metal y la promotora Play Sound Concerts les colocó como teloneros de Saxon y Motörhead. Más tarde, pasaron a llamarse Tigres de Oro y telonearon, en Londres a Stray y Black Fox, y en España a Helix y a Kiss. “No me rindo” era prácticamente un estreno de su nuevo LP. Gene Simmons pidió que le enviaran una copia del álbum de Tigres a su casa en New York.

Helix en aquellos años era un grupo de buenas referencias. Hacía heavy metal, llevaba diez años tocando en Canadá y dos años antes giraron por Norteamérica. Al fichar por Capitol llegaron hasta Europa. Promocionaban su tercer y nuevo álbum ‘No Rest For The Wicked’ que, aunque parezca mentira, aún no había visto la luz en España y no la vería hasta meses después. Tras la gran actuación de los teloneros, era el gran momento del “Beso Americano”.

Comienza el show

El sonido de “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin, que estaba sonando por el sistema de megafonía del local, se cortó de repente. Las luces se apagaron, gritos y chillidos resonaron dentro del pabellón. Un atronador ruido estalló a través de los altavoces gigantes del escenario sonando como las cadenas de cientos de carros de combate en marcha.

El público explotó con un rugido ensordecedor. Chorros de una densa niebla y humo de hielo seco empezaron a salir por el escenario envolviendo el elaborado montaje y la plataforma de la batería en forma de tanque, y una cegadora batería de luces de alta intensidad brillaron delante de todos. Tras el mítico grito de presentación “All right Madrid, You wanted the best, you got the best…” aparecieron los cuatro miembros de Kiss cuando el brumoso velo de niebla empezó a disiparse, irrumpiendo con “Creatures of the Night.” Toda la audiencia estaba a sus pies, gritando y agitando los brazos frenéticamente, abalanzándose sobre el escenario. En aquel momento, los oídos fueron asaltados por la resonancia de cargas explosivas programadas para dispararse en el momento en que apareciesen en el escenario. El show era tan indescriptiblemente fuerte que oír algo aparte del concierto resultaba imposible.

Una valla de hierro rodeaba el escenario de una punta a otra creando un foso entre Kiss y los guardias de seguridad que habitaban la valla por delante. Los fans que intentaban escalar la valla eran arrancados por los guardias y vueltos a echar a la audiencia. La zona frente al escenario era como un manicomio.

“Creatures of the Night” y “Detroit Rock City” fueron pura dinamita para abrir la noche.

“Paul Stanley.- “Woooww, wowwww, woooowww, wowwwww!!!!

¡Buenas noches, Madrid!

¿Estáis listos para Rock And Roll? ¡Rock And Roll! ¡Rock And Roll!

Muy bien, tenemos una canción ahora que va sobre beber alcohol, va sobre un asesino, sobre estar borracho, esta canción va sobre…. ¡Cold Gin!”

“Love Gun” fue otro de los temas que más coreó el público. Justo antes, Paul la presentaba: “Aquí va una cancioncilla, esta va sobre quedarse atrapado en el aeropuerto. Aquí va una canción sobre todo tipo de armas y ya sabéis, me encantan las chicas, aquí va una canción sobre chicas y  cómo juegan ellas con vuestras pistolas, esta canción se llama Love Gun!

Una espesa nube de humo blanco se tragó la parte delantera del pabellón. La batería de Eric Carr dominaba el escenario, moviéndose hacia adelante y hacia atrás en el momento justo, como un tanque avanzando. Un mecanismo hidráulico movía su set alrededor de las tablas, casi arañando las primeras filas del público. El fuerte sonido metálico de las guitarras zumbaba monótonamente mientras sonaba “Black Diamod”, cantada por Eric Carr. Una tormenta de rock barría el Pabellón mientras el resto de la banda, subida a la torreta del tanque con fuertes explosiones en el escenario, provocaba un candente fogonazo que duró un abrir y cerrar de ojos. La última bomba explotó sonando como un crujido, como hormigón rompiéndose en pedazos por un martillo de hierro. El estruendo era de una intensidad que estremecía el estómago. El logotipo eléctrico de Kiss estaba brillando, iluminando las letras individualmente en una rápida secuencia.

El solo de batería de Eric estaba diseñado para ser uno de los puntos culminantes. Su enorme batería móvil avanzaba en todas direcciones, como un tanque Sherman. El propio Eric, sentado tras su kit, casi desaparecía de la vista. Tocaba la batería salvaje y parecía fuera de control, pero con un gran estilo. La audiencia aclamaba cada ritmo que Eric golpeaba, pidiendo más.

Foto: Mario Scasso. Cedida por Fernando Martínez

Paul Stanley: “¿Lo estáis pasando bien? Quiero que sepáis algo Madrid… ¿Sabéis? Cuando decidimos, cuando dijimos que queríamos venir a Europa, la primera vez que nos llamaron nos dijeron, “no vais a España” y dijimos, “¡¿Qué?!”. Dijeron: “No podemos llevaros a ningún lugar de España, no vais a España” y nosotros dijimos: “Sí que vamos a España, porque ellos aman el rock and roll”. Dijimos: “Vamos a ver a todos nuestros amigos en Madrid”. Así que, aquí estamos… Aquí va una canción del disco nuevo, esta es el single, dice todo el mundo lame la mayoría de su vida. Esta canción se llama: “Lick – It – Up””. El nuevo single sonaba y el show empezaba a encaminar la recta final.

Paul Stanley: “¡¡Oh yeah!! ¡¡Oh yeah!! ¡¡Oh yeah!! ¡¡Oh yeah!! Aquí va una canción… Está es sobre nosotros. Esta se llama… ¡¡”Rock and Roll All Nite”!!”

Paul se pavoneaba brillantemente, agitando su guitarra y golpeándola contra el suelo haciéndola astillas. Algunos de los pedazos caían a la audiencia y los fans luchaban por ellos como por un souvenir, saltando unos encima de los otros para cogerlos. Luces que salían desde lo más alto del escenario parecían como el cielo de una tormenta eléctrica mientras el baterista Eric aporreaba coordinado su kit con el continuo zumbido de la guitarra de Vinnie Vincent. Al otro lado del escenario, Gene movía su bajo al unísono con la guitarra en los acordes de la última canción, “Rock and Roll All Nite”, la culminante conclusión del show. El concierto tenía la fuerza de un maremoto que te aplastaba contra el suelo mientras te inundaba. Esto es lo que los fans venían a ver y a sentir: el poder rompehuesos de Kiss.

Al finalizar el show, los cuatro miembros bajaron corriendo las escaleras de la parte posterior del escenario, les colocaron toallas sobre los hombros y alrededor del cuello. Estaban totalmente empapados y su pelo parecía como si hubiesen limpiado el suelo con él. Un cuadro de guardaespaldas estaba colocado por delante y detrás de ellos, abriendo el camino con linternas en la mano. Se dirigieron como el rayo hacia la flota de limusinas que esperaban en el parking. Pasaron sólo unos segundos y las limusinas salieron a toda prisa por la parte trasera del Pabellón del Real Madrid.

El primero de los dos conciertos en Madrid fue grabado íntegramente por un equipo de televisión de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. “Detroit Rock City”, “I Love It Loud” y “Lick It Up”, fueron posteriormente emitidas por TVE. Los cuatro conciertos en España compartieron el mismo setlist.

El setlist fue el siguiente: “Creatures of The Night”, “Detroit Rock City”, “Cold Gin”, “Fits Like A Glove”, “Firehouse”, “Exciter”, “War Machine”, “Gimme More”, ”I Love It Loud”, “I Still Love You”, “Young and Wasted”, “Love Gun”, “Black Diamond”, “Lick It Up” y “Rock And Roll All Nite”.

El sábado 15 de octubre, Kiss vuela a las 10:00 am desde Madrid a San Sebastián con el vuelo de la compañía Aviaco número SA #106, arribando en el aeropuerto situado a 22km de la ciudad, en el municipio de Fuenterrabía, Guipúzcoa, junto a la frontera entre España y Francia, a las 11:20 am. Fueron rápidamente trasladados al Hotel de Londres y de Inglaterra, un lujoso complejo de cuatro estrellas, situado en la primera línea de la playa de la Concha, que ofrece vistas impresionantes al mar. Es, sin duda, uno de los mejores hoteles del centro de San Sebastián.

El Velódromo de Anoeta en San Sebastián vivió “uno de los conciertos más importantes en el norte de España” o, al menos, así fue calificado por la prensa de la ciudad. La afirmación difícilmente impresionó a Kiss, que llevaba una década llenando estadios y convirtiendo sus conciertos en alardes de gigantismo cada vez más caros y sofisticados… aunque en esta gira no se vería nada tan majestuoso ni parecido a las anteriores. Un recinto no tan abarrotado como invitaba a pensar el aforo anunciado por la promotora Play Sound recibió a la banda.

El cuarteto hizo su entrada triunfal en el escenario con “Creatures of the Night”, que atronó todo el Velódromo. Necesitó solo unos minutos para ver rendida a sus pies a la multitud y atacar con “Detroit Rock City”, una de las piezas más populares de su repertorio.

Pronto pudo confirmarse su fabulosa pegada con “Cold Gin”, uno de sus clásicos absolutos. Sonó con tanta potencia que mientras lo hacía era difícil imaginarla sonando en un equipo de sonido casero. Kiss en directo funciona así. Todo es colosal, es épico. La exhibición de sonido es irreprochable técnicamente, aunque el planteamiento tiene una consecuencia inevitable: la escala del concierto según avanza es tan faraónica que a veces la emoción se dispersa en algún punto de su recorrido entre los músicos y el público.

Paul Stanley: “Muy bien, la otra noche fue realmente dinamita, creo que esta noche va a ser mejor y sé que si todo el mundo se suelta un poquito vamos a calentar este lugar tanto que vamos a tener que llamar a… ¡“Firehouse”!”.

Paul Stanley se pavonea con un andar chulesco y movimiento de caderas dando la espalda al público y dirigiéndose hacia la base de la batería. Sobre su melena se coloca un casco de bombero y anuncia la siguiente en caer, “Firehouse”. Esta imagen volvió a elevar la fiebre inmediatamente. Todo el escenario se llenó de luces rojas y sonido de sirenas.

Continuó con “Love Gun”, una de las canciones más brillantes de su carrera. Paul Stanley  lo sabe y la mima con una pausa previa, hablando unos minutos con el público: “Esta es una gran noche y estamos muy contentos de estar esta noche en San Sebastián. Sois los número uno, realmente tenéis rock and roll en el corazón. La siguiente canción habla de amor…chicas. Yo quiero a las chicas, ¡hola chicas! (hablaba a duras penas en español). ¡La siguiente canción es “Love Gun”!”. Tras este tema, llegó la introducción de “Black Diamond” interpretada por Paul y cantada por Eric Carr al unísono con decenas de miles de memorias sentimentales, suponiendo uno de esos trances de comunión tan característicos de Kiss con el público. La banda cerraba el tema subidos en la torre del tanque junto a Eric aporreando su batería, lo que desbordó (más aún) la emoción entre los fans cuando parecía que ya no era posible subir la intensidad. “Lick It Up” resulto infalible, junto al “Rock and Roll All Nite” cerraron el concierto con las 5.150 personas coreando el nombre del grupo.

Sábado 16 de octubre. El cuarteto viaja a las 11:50 am en el vuelo de la compañía Aviaco SA #180 con destino a Barcelona, llegando a las 1:25 pm al aeropuerto de la ciudad condal. Una vez en Barcelona se trasladan al lujoso Ritz Hotel. Hay ciertos hoteles que son un mundo aparte. Hoteles en los que sería un sueño hospedarse, pero para Kiss traspasar su puerta se convierte en una actividad cotidiana. No están en una realidad paralela, son tangibles, pero sólo los privilegiados pueden acceder a ellos. Algunos jóvenes agrupados en las cercanías del hotel se preguntaban: “¿Estarán tras esas puertas? ¿Qué pasaría si burlásemos las medidas de seguridad y entráramos a echar un vistazo? ¿Conseguiremos una foto o unas firmas de la banda?” Tarea imposible: tenían unas medidas de seguridad infranqueables para cualquier fan. Una vez establecían su cuartel en un hotel, solo los medios de prensa o acreditados tenían acceso a los músicos. En ese sentido eran herméticos.

Con una gran producción, aunque sin sorprendente pirotecnia, ni plataformas levadizas, Kiss conquistó el Palacio de los Deportes de Barcelona en el primer concierto que ofreció en esta ciudad.

El espectáculo denominado por Gene Simmons, Paul Stanley, Eric Carr y Vinnie Vincent como “El décimo aniversario Tour” fue abierto de igual manera que los tres shows que le precedieron. Tras los dos disparos iniciales del concierto, “Creatures of The Night” y “Detroit Rock City”, Paul Stanley toma aire y grita en un perfecto español: “¡Buenas noches Barcelona! Os quiero Barcelona”, palabras que dieron paso al tercer tema de la noche, el legendario “Cold Gin” de su primer disco ‘Kiss’. Fue la siguiente canción de la velada en la cual Paul presenta un corte nuevo y realmente bueno, “Fits Like a Glove”, para continuar el espectáculo. “Firehouse” fue el siguiente corte del show, en la que el público, además de cantar, siguió la música con sus palmas a petición del propio Paul, quien antes de ponerse el casco de bombero hizo gritar a todo el Palacio de los Deportes hablando de nuevo con alguna frase en español: “Esta es una noche de rock and roll caliente en Barcelona, España”. En su parte final, Gene Simmons tomó una antorcha y escupió fuego por la boca, causando una nueva ovación.

Posteriormente, Paul Stanley hizo su solo de guitarra dando paso al acelerado “Exciter” y, casi sin respiro, “War Machine”. Tras apagarse las luces del recinto y alumbrar solamente a Gene Simmons, este sorprendió al público subido en lo alto de la torre de altavoces y desde ahí interpretó “I Love it Loud”. Siguieron temas como “Young and Wasted” y “Love Gun”.

Kiss continuó su actuación con “Black Diamond”, que además de haber sido la más coreada de la noche, anunciaba el final de la velada. Las luces se apagaron del Palacio de los Deportes y la banda salió del escenario, lo que causó de inmediato que el público gritara: “¡Kiss, Kiss, Kiss!”.

Tras dos minutos de descanso, volvieron a las tablas. Paul se dirigió al público y dijo: “Este ha sido un gran show, Barcelona. ¡Fantástico!”. Con “Lick it Up” y “Rock and Roll All Nite” ponían un broche de oro y punto final al concierto de Barcelona.

A la mañana siguiente, el lunes 17 de octubre, a las 12:50 p.m. viajan con la compañía Iberia, en el vuelo #43 de Barcelona a Madrid, llegando a la capital a la 1:50 p.m. y haciendo escala para viajar esta vez con la compañía Air France y número de vuelo #564 hacia Francia para seguir con la gira europea que finalmente les llevaría a recorrer 11 países.

Entrevistas con Gaby Alegret y Robert Mills, los promotores de Play Sound en los conciertos de Kiss en España en 1983 y Albert Pont, guitarrista de Tigres de Oro, teloneros de la gira.

Gaby Alegret en los 80 fue promotor de conciertos, sobre todo de rock duro. Él trajo a España con la empresa Play Sound a Kiss, Judas Priest, Black Sabbath, Iron Maiden, Motörhead… Le hizo la guerra a Gay Mercader, otro promotor musical de Cataluña que ha pasado a la historia como el hombre que trajo por primera vez a España, en el 76, a los Rolling Stones y otras bandas míticas. Gaby Alegret sería también el manager de Tigres.

Foto: Thais Rojano

¿Por qué decides traer a España agrupaciones de heavy metal cuando nadie en este país apostaba por ellas en los 80? El heavy no era tu rama, pero apostaste fuerte por esas formaciones. Cuéntanos, por favor, quiénes formaban parte de la promotora, cuánto duró, anécdotas, la razón de su cese…

“La promotora de conciertos se montó en el 82 como agencia de representación de artistas nacionales como Bacchelli, Bordon 4, Los Salvajes, Los Rebeldes, ect. Al contratar a Los Salvajes salió la relación con la propietaria María Luisa de Argila Mir. Ella me propuso llevar la agencia, ya que la contratación de artistas nacionales no producía beneficios. Yo les propuse montar el departamento de producción de conciertos internacionales. En la productora llegamos a ser seis personas fijas. El ser nuevos en el panorama de producción de conciertos nos llevó a contratar a bandas de heavy metal, que no era negocio por aquellos tiempos. Las pérdidas que generaron, especialmente las de KISS (13 millones de las antiguas pesetas), nos obligaron a terminar nuestros compromisos y cerrar la agencia.

Conocí a Robert Mills a través de un anuncio ofreciendo sus servicios de contratación de giras. Él era una especie de delegado de la promotora en Londres y conseguía las entrevistas, luego yo me desplazaba a Londres y, con él, negociábamos los conciertos con los promotores ingleses. Él tenía mal cartel, pues le consideraban un promotor de tercera. Costó mucho tiempo y dinero convencer a los guiris de que disponíamos de dinero y medios de realizar las giras, ya que los promotores famosos nacionales intentaban desprestigiarnos para no conseguir giras importantes. Tuvimos que montar giras sencillas para conseguir prestigio de buenos promotores y solventes. Robert Mills cobraba en aquel entonces 50.000 pesetas (300€ de hoy) mensuales por sus contactos y un 5% de los beneficios de los conciertos, que nunca cobró por no tenerlos”.

¿Cómo fue toda la negociación para contratar a KISS y por qué decidisteis hacer dos conciertos en Madrid?

“El señor Rod MacSween era un ser especialmente repelente y prepotente. España en aquel entonces para él era África. Además, era un gran amigo personal de Gay Mercader, el cual intentó boicotear los contactos con nosotros. Tuvimos que cargar con tres giras en España que nadie quería para poder conseguir el contrato. Los guiris no se casan con nadie, por muy amigo que sea (las giras fueron las de Def Leppard y Black Sabbath). Kiss se contrató unos seis meses antes de su llegada a España. Su rider es de los más largos que he recibido nunca. Tenía como 200 páginas. Dada nuestra inexperiencia, no se nos ocurrió incluir una cláusula que dijera que no podían venir sin pinturas, craso error por nuestra parte, como cuento antes. Dando datos del dinero perdido, no fueron para nada rentables. Costaron 30.000 dólares por show, o sea, 120.000 dólares como montante final.

Luchamos mucho por conseguir traer a Kiss, incluso con amenazas por parte de algún promotor. Pensamos que sería un éxito por no haber estado nunca en España. Lo de Madrid fue porque no teníamos un local mayor que el Pabellón del Real Madrid y pensamos que debíamos de hacer dos shows por pensar en una gran afluencia de público, además de lo que pudiera generar la base americana. Anunciaron su gira sin maquillaje un mes antes de su llegada a España y eso fue terrible para nosotros, por eso el póster publicitario era con la imagen de Gene Simmons  maquillado. En los 30.000 dólares por show ellos se hacían cargo de los hoteles, desplazamientos, catering, ect. ¡Gracias a Dios!

Yo me negué a las correrías nocturnas de la agrupación (discoteca Joy Eslava y el tablao Flamenco “El Corral de la Morería”), a excepción de Barcelona, que estuvieron en ‘Up and Down’, debido a la mala experiencia que tuve con los Black Sabbath, con los que terminamos en los Juzgados, pero esa es otra historia. Ellos, Kiss, eran unos gentleman, muy educados además de vegetarianos. Solo querían sexo y nada más. Una gran experiencia, unas personas encantadoras, incluso los roadies, que son mucho mejor que los europeos, fueron muy profesionales. Y un recuerdo para Eric Carr, una súper persona, aunque por cosas del idioma, yo tuve más conexión con Gene Simmons. Él estaba a mi lado viendo la actuación de Los Tigres, que le encantaron. Vio a los chavales del público maquillados en las primeras filas y eso le hundió: me comentó que se estaban equivocando”.

El show de Madrid del 14 de octubre de 1983 fue grabado por la TVE. ¿Qué nos puedes contar de esto? ¿TVE pensaba emitirlo en algún programa especial o similar? ¿Te entregaron una copia de aquello? ¿Pagó TVE algún importe a Kiss o a Play Sound por los derechos para grabar?

“Sí, TVE pagó un royalty para la banda. Además, creímos que era bueno para la promoción de los conciertos, pero Play Sound no cobró nada por ello. ¡Otro Error!”

Robert Mills, director y fundador de ‘Rock Music Concert Promotions’. En el pasado, allá por 1983, también formaba parte de ‘Play Sound Producciones, S.A.’, los mismos que trajeron a Kiss a España en 1983. Estuve charlando con él de cómo negoció la contratación y muchas cosas más sobre lo que aconteció en las fechas de los neoyorquinos por la península en el 83.

¿Cómo empezaste con Play Sound? ¿Cómo fueron tus inicios?

“Yo buscaba a alguien en ese momento para hacer conciertos en España. Vivía en Inglaterra y quería venir a España para hacer bolos. Ya había hecho muchos en Inglaterra, aunque también alguno en España en el 78/79. Gaby Alegret me dijo: “Mira, tengo una empresa que se llama Play Sound, podemos hacer cosas juntos, tú tienes las conexiones en Londres y nosotros ponemos el dinero”. Y así empezó, aunque solo fue un año, después de un año nos separamos.

Contratar a Kiss fue muy fácil, aunque también tuvimos algo de suerte. A veces vas y no hay manera de que salga el concierto y otras veces sale. Cuajó porque tocaban en Lisboa y a ellos les salía redondo  tocar en España. Pusimos el dinero que nos pedían (100.000 dólares) y ahí está, para la historia… Finalmente fue bastante interesante el que actuasen sin pintar, ¡la primera vez sin el maquillaje! Y no fue el éxito que se esperaba. Estuvo bien, pero no fue el reventón que esperábamos. Kiss sin maquillaje fueron muy criticados aquí en España, algo comprensible, ya que nunca habían tocado así. En Estados Unidos sí era novedad verlos sin el maquillaje, pero aquí se quería ver el montaje completo. Estuvo bien, pero la segunda noche de Madrid, tal vez sobró.

Se hospedaron en el Hotel Villamagna. Tuve bastante contacto con Gene Simmons y Paul Stanley. Recuerdo que una noche cogimos un taxi para ir a cenar y tomar una copa, estuvimos viendo Madrid de aquí para allá. Había unos tres hoteles de lujo en el 83 en Madrid. Pero los hoteles se los pagaron ellos. Se le pagó una cantidad a la banda y con eso se cubrían todos los gastos. En esa época tú les pagabas lo que pedían y luego ellos se pagaban todo”.

¿Salió todo como esperabais?

“Aún recuerdo el logo de Kiss iluminando el fondo del escenario. El juego de luces y el tanque moviéndose por el escenario. Recuerdo charlar mucho con Vinnie Vincent, un tipo muy tranquilo, parecía buena persona, también me acuerdo de hablar bastante con Eric Carr, que falleció en el 91. Recuerdo muchas cosas… aunque ya son muchos años y muchos bolos detrás de aquello. Estamos hablando de una época que fue el principio de muchos de los grandes conciertos en España. Técnicamente, España estaba muy atrás, lógico. Pero creo que lo hicimos muy bien, no hubo grandes problemas. En esa época se hacían los conciertos en el Pabellón del Real Madrid. ¿Sabes? Yo vi a Kiss en 1976 por primera vez en el Hammersmith Odeon de Londres en Inglaterra…”

Tigres de Oro fueron los teloneros locales en aquellos primeros conciertos de Kiss en España, Albert Pont era el guitarrista de la formación en la que también encontrábamos a Pedro Bruque al bajo, formación que empezó llamándose Tigres de Metal cuando todavía contaban con J.A. Manzano y David Biosca en sus filas y acabó solo como Tigres grabando en 1983 su álbum ‘Listos para el asalto’. Su testimonio no podía faltar en esta revisión de lo ocurrido en aquellos días.

Tigres siempre fueron apoyados por diferentes emisoras de radio y varios medios escritos, como la Heavy Rock, que ayudó y vio nacer a este proyecto. ¿Tener a Gaby Alegret como manager os abrió muchas puertas?

“De alguna manera, Gaby Alegret siempre ha sido un buscavidas y una fábrica de ideas, aparte de una enciclopedia viviente del rock, blues y heavy. Allí donde su capacidad de producción no llega, acaba encontrando el camino o dando con la clave necesaria para sacarle el mejor partido a lo que tiene entre manos en ese momento”.

Albert Pont a la guitarra. Foto: Ferran Descarrega

Gaby Alegret económicamente no salió bien parado contratando a Kiss y llegó a perder dinero. ¿Económicamente afectó esto también a Tigres?

“Creo que no nos afectó. En todo caso, Tigres íbamos con un caché que incluía todos los gastos y dietas que cobramos por adelantado. Supongo que todavía tengo por ahí algún  contrato de producción de la gira”.

¿Cómo y cuándo os enteráis de que vais a ser sus teloneros en sus primeros conciertos en España?

“No podría precisar en qué momento, pero sí puedo recordar el subidón que nos dio conocer la noticia. Lo cierto es que estábamos en racha, la marcha de Manzano y Biosca no pudo tener mejor solución de continuidad: gira por Londres, gira por el país teloneando a Kiss y firma de contrato con  la multinacional RCA. ¿Alguien da más?”

¿Sabíais que ellos actuarían sin maquillaje? ¿Erais alguno fan?

“Era la primera vez, así que la cosa tenía bastante morbo. Sin ser fan, sí que seguía su trayectoria, como la de otras tantas súper bandas americanas, aunque la llegada de Vincent incremento mi interés, sin duda”.

Kiss se alojaron en el Hotel Villamagna en Madrid. ¿En cuál estuvisteis vosotros alojados?

“No recuerdo en qué hoteles nos alojamos durante la gira. Efectivamente, no fue el Villamagna en Madrid, ni el Ritz en Barcelona”.

¿Qué recuerdos tienes de actuar abriendo para Kiss, de las pruebas de sonido, de estar junto a Gene, Paul, Vinnie y Eric Carr?

“Muchos recuerdos y unas cuantas anécdotas. Por ejemplo, en la prueba de sonido de Tigres, se acercó un ingeniero del equipo de Kiss con un tester haciendo una serie de mediciones de conductividad con micrófonos, guitarras, amplis, etc. En un momento dado, me dice que no puedo utilizar mi cabezal Marshall ya que daba unos valores peligrosos, que implicaban cierto riesgo, así que, de entrada, teníamos un problema nada más empezar la gira. La cosa se solucionó rápidamente: el mismo técnico se fue directamente a la muralla de Marshalls, no recuerdo si de Paul o de Vinnie, cogió uno de los cabezales, lo instaló encima de mi equipo y me dijo: “Este será tu cabezal para toda la gira, ¿ok?” También se me quedó grabada la imagen de Vinnie Vincent “haciendo dedos” durante media hora larga antes del concierto, detrás del escenario, con un combo marshall y rodeado de, como mínimo, unas diez guitarras Jackson modelo Randy Rhoads. También coincidimos con ellos en alguna que otra  ocasión en las zonas de catering. Recuerdo también que el guitarrista de Hélix se me acercó para preguntarme qué truco utilizaba para que mi guitarra sonara así. Me llamó la atención que me tarareara el estribillo de uno de los temas que estrenamos en la gira, se le había quedado grabado; no era otro que “No me rindo”, aunque cantado en inglés, tal como lo compuse inicialmente. Poco después, Jimmy hizo la adaptación en castellano para  incluirlo en el álbum ‘Listos para el asalto’. Por cierto, creo que tengo la grabación del concierto de Barcelona en cinta de casete”.

¿Guardas algún tipo de recuerdo de aquellos conciertos, fotos, carteles…?

“Tengo los pases de backstage y púas de guitarra con el logo de Kiss y sus firmas”.

¿Qué te pareció el escenario que llevaban en la gira del ‘Lick It Up’?

“Tanto el escenario como el sonido eran brutales. No percibimos en ningún momento que se reservaran vatios durante nuestra actuación, aunque sí limitaron las zonas del escenario por las que podíamos movernos. Recuerdo que en alguno de los conciertos me dieron un “toquecillo” por pisar una de las pasarelas de la especie de tanque-nave que llevaban. Como no podía ser de otra manera, no me perdí ninguno de los conciertos. Junto con Pedro, Jimmy y Paco, íbamos comentando la jugada. Tenían el show completamente estudiado, podría decir que dejaban muy poco margen a la improvisación, incluso rompiendo una Gibson Les Paul que tenían convenientemente serrada por la parte trasera del mástil cerca del encaste al cuerpo y que destrozaban en cada actuación”.

¿Cuál fue el mejor concierto de los cuatro que disteis con Kiss por España?

“Quizás el de Barcelona. Sí, probablemente”.

Gene Simmons pidió que le enviaran a su casa de Nueva York, por aquel entonces, vuestro álbum de Tigres. ¿Tuvisteis la oportunidad de charlar con Gene Simmons sobre Tigres o con el resto del grupo sobre algo en concreto?

“Tuvimos ocasión de hablar con Gene Simmons y es cierto que nos dijo que le mandáramos el  disco cuando lo tuviéramos listo. Nos comentó que  había visto parte de nuestro show durante la gira e incluso en Barcelona llegó a invitarnos a la fiesta privada que les habían organizado en Up&Down, después del show, como final de gira”.

Texto y entrevistas por Fernando Martínez

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