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Federico Moura: El Rock disfrazado de Pop

21 mayo, 2020 8:36 pm Publicado por  2 Comentarios

El 21 de mayo de 1988 Federico Moura pisaba un escenario por última vez. Dueño de un estilo único, al frente de Virus, este autor y compositor redefinió en sonido del rock ochentoso en un país que todavía vivía mentalmente en la década anterior. Un gran momento para recorrer en MariskalRock los orígenes de este artista argentino fundamental para Argentina y Latinoamérica.
Por Gabriel García.


“Buscan identidad y la identidad no se busca, te trasciende”
, esta afirmación de Federico Moura durante una nota al diario Clarín en los años ochenta además de ser un buen resumen de la claridad, personalidad y potencia del importante legado dejado por el cantante y líder de Virus, podría ser una máxima para cualquier persona que quiera hacer las cosas bien. Porque la historia de Federico Moura no es un cuento de burbujas.

Virus surgió en un momento clave en la historia de nuestro rock, en 1981 la maldita dictadura estaba respirando sus últimos aires que, a su vez, iban retornando progresivamente en forma de frescura a cuentagotas en los pulmones de un pueblo que quería un cambio urgente.

Pero, como es sabido, la última gran canallada del gobierno del poco abstemio general Galtieri todavía no había tomado forma: en la madrugada del 2 de abril de 1982 las tropas del ejército argentino formadas mayoritariamente por jóvenes que se encontraban haciendo el servicio militar obligatorio desembarcaron en las Islas Malvinas ocupadas desde hacía años por Inglaterra.

El final de este horrible conflicto bélico no tardaría en empezar a marcar la existencia de un rock argentino “Post Malvinas” fielmente representado por grupos como Virus, los renacidos Abuelos de la Nada con Miguel Abuelo y Andrés Calamaro a la cabeza, y más tarde Soda Stereo. Pero el gobierno de facto ya había marcado a la familia Moura en 1977 cuando Jorge Moura, el hijo mayor, fue secuestrado y posteriormente desaparecido, hecho que cortó con la apacible vida del clan afincado en La Plata.

Desde niño Federico demostró un incipiente interés por la música, vapuleando el piano familiar tocando a cuatro manos con su madre Velia Oliva de Moura hasta que fueron llegando las primeras guitarras que lo llevarían a su cénit emocional a los quince años cuando Los Shakers (provenientes de Uruguay) iban regando la semilla del rock argentino.

El padre de Federico, Pico Moura, también había hecho lo suyo con las constantes compras de discos de pasta de compositores clásicos como Mozart, Tchaikovski, Strauss, y años más tarde le facilitaría al futuro cantante “In Rock”, cuarto disco de Deep Purple. Por ese entonces Moura ya se desempeñaba como bajista y corista de Dulcemembriyo, su inicial experiencia seria ya que su primera banda junto a Daniel Sbarra (futuro integrante de Virus) contaba con un limitado y modesto equipo que constaba de dos guitarras y una pandereta por lo que el grupo vivió lo que una mariposa, exactamente veinticuatro horas.

La efervescencia de la capital provincial florecía gracias a la Facultad de Ciencias Sociales donde se cursaban materias humanísticas como Historia del Arte, Psicología y Filosofía que nutrirían en no mucho tiempo a artistas como los integrantes de ese rico colectivo hippie que se llamaba La Cofradía de la Flor Solar en el que participaban músicos como Kúbero Diaz  y Skay Beilinson , futuro guitarrista Redondo que obtendría su apodo en las manos de la artista plástica Marta Minujín.

Por su parte los Dulcemembriyo sabían dónde poner el ojo cosa que demostraban con sus versiones de clásicos de Steppenwolf, The Who, Rolling Stones, Black Sabbath y Bee Gees.  Pero, desde sus primeros pasos como músicos, harían otro homenaje con ciertos aires de justicia.

“Nos gusta la primera época de Sandro”, admitiría Federico durante una entrevista a la emblemática periodista argentina Gloria Guerrero en junio de 1983. “Creemos que Sandro, junto con algunos más, fue el precursor del rock en la Argentina. Muchas veces se habla del tema y se llega hasta Lito (ndr: Nebbia, uno de los precursores del género en el país) o Tanguito (ndr:seudónimo de José Alberto Iglesias), pero Sandro ya tenía ocho años de Rock and Roll, ¿Por qué borrarlo como si  no existiera?”. Canciones como “Tengo” o “Atmósfera Pesada” serían una constante en la carrera del grupo y este detalle encaja perfectamente si escuchamos el sonido sesentoso que se reverbera en varios clásicos del grupo como “Wadu Wadu” o el riff inicial de “El rock en mi forma de ser”.

Sin embargo, desde su adolescencia, Federico siempre tuvo la obsesión por hacer algo original, esto se traducía en la necesidad de que los espectáculos tuvieran un concepto visual como el refuerzo de la comunicación con el público, acercar el rock al varieté por decirlo de alguna manera. Federico siempre apostó al cambio y en febrero de 1972 su banda se presentaría en los carnavales de Bolivia con algunos artistas de Buenos Aires como La Joven Guardia y el reconocido cineasta y cantante Leonardo Favio.

De la misma manera que a principios del siglo XX escritores argentinos como Horacio Quiroga, Lucio V. Mansilla o Leopoldo Lugones iban en busca de la aventura europea para mojarse de la bohemia e intelectualidad del viejo continente, a fines de la década del sesenta varios de los músicos de las bandas que iniciaron el rock argentino harían lo propio para comprar equipos y, de paso, poder ver en vivo a héroes como Jimmy Hendrix o Cream.

Antes y después de Dulcemembriyo, Moura y sus secuaces ya habían viajado a Europa para conocer ciudades como Londres, lo que representaba un objetivo muy deseado para todos aquellos que se dedicaban a las disciplinas artísticas. Federico Moura adquiriría varios elementos en sus constantes viajes; luego de presentarse en Bolivia el futuro cantante enfilaría para Brasil y más tarde para Nueva York, la gran manzana también tenía sus encantos.

Para esa época el autor de “Tomo lo que encuentro” tenía tan solo dieciocho años, un nene, pero para esa edad ya había vivido muy intensamente y el hecho de tener que soportar situaciones como hacer dedo en España durante diecisiete horas con cinco grados bajo cero había endurecido su personalidad.

El 8 de marzo de 1977 un grupo de tareas disfrazado de cuadrilla de SEGBA (Servicios Eléctricos de Gran Buenos Aires) que se acreditó como parte de la Policía Federal y el ejército irrumpió en la casa familiar ubicada en las calles Vergara y Bélgica donde vivía toda la familia y secuestró a Jorge Moura, el mayor de los hermanos que desde ese entonces integra la inmensa lista de desaparecidos víctimas de la dictadura militar en la República Argentina.

Los Moura siempre se rodearon de círculos politizados que abundaban desde fines de la década anterior. Entre el final de la escuela secundaria y sus estudios en la Facultad de arquitectura, Federico y su amigo Fernando Bustillo militaron en el movimiento Siloísta, origen de lo que hoy es el Partido Humanista, por ese entonces una agrupación entre esotérica y política fundada por el mendocino Mario Rodríguez Cobo (Silo).

Federico siempre mantuvo una actitud apolítica pero contestataria, claramente no era un desentendido sino que tenía una propuesta más universalista, para él el cambio pasaba más por lo individual. Por ese entonces Jorge Moura militaba en el E.R.P liderado por Mario Santucho, cuando se dispuso que el movimiento debía contar con un brazo armado Jorge, que representaba una presencia muy paternal ante sus dos hermanos más jóvenes, Julio y Marcelo, se empezó a distanciar para protegerlos.

“Hermano,

Quiero apretarte la mano

Sabemos.

Que ellos nos han separado”

Sería el recuerdo que los Moura dejarían registrado en “Ellos nos han separado” de su segundo larga duración ´Agujero Interior´. La canción, compuesta por Federico y Roberto Jacoby, a pesar de la historia trágica y triste que conlleva cuenta con un dejo de positividad y esperanza en el futuro cuando dice “Lo quiero, esto es lo que yo quiero. Mañana, para que exista mañana.”.

Pero todavía faltaba un paso para que esta historia de tragedia, rock y proyectos inconclusos se transformara en lo que hoy conocemos como Virus.

Durante los últimos años de la década del setenta Moura desarrolló algunos emprendimientos como diseñador de ropa primero en un local llamado “Limbo”, ubicado en las Galerías Jardín de la Capital Federal para luego emprender otro viaje para establecerse en el barrio de Leblon en Brasil para dedicarse a la producción de ropa de cuero.

Pero por ese entonces en La Plata se estaban fusionando dos bandas: Una era Las Violetas que era el proyecto armado por Federico junto a los hermanos Mario y Ricardo Serra antes de partir hacia tierras verdeamarelhas, y el otro grupo se llamaba Marabunta y estaba conformado por Marcelo, Julio Moura y Enrique Muguetti. La ecuación daría como resultado a Duro, un grupo cuya primera cantante, Laura Gallegos, distaba de convencer a sus compañeros que no tardaron en viajar a Brasil con su primer demo para convencer a Federico y entusiasmarlo a sumarse como voz principal.

Con la esperada respuesta afirmativa el nuevo grupo se dispuso a viajar a los Estados Unidos para equiparse. Cabe destacar que el tipo de cambio establecido por la política económica del ministro de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz favorecía la importación de productos extranjeros en desmedro de los artículos de producción nacional.

Viajar al exterior no era caro y era bastante accesible para cierto sector de la clase media argentina por lo que Mario, Julio y Enrique se volvieron con un piano Fender Rhodes, un grabador Professional Tascam de cuatro canales, guitarras, equipos de amplificación y un afinador eléctrico. El problema fue que se gastaron toda la plata que habían llevado en instrumentos y tuvieron que devolver varios equipos para poder quedarse en Nueva York, ya que no podían adelantar el vuelo porque Julio estaba con 42 grados de fiebre, por lo que se ganó el apodo de “virus”. Habían ganado un nombre para la historia.

El día de la primavera de 1981, a la tarde temprano, Virus subió a mostrar lo suyo en la segunda de las tres jornadas del Festival Prima Rock que se realizó frente a las piletas de Ezeiza en el Gran Buenos Aries. Fue su primera presentación ante el gran público, pero saltemos en el tiempo y leamos como recordaba Marcelo Moura a aquel show en la década del noventa: “Las milanesas las tiramos pero con las naranjas jugábamos al fútbol en el backstage”. Adivinaron, el grupo que se completaba con los hermanos Mario y Ricardo Serra en batería y guitarra respectivamente y con el bajista Enrique Muguetti, había sido tildado de “agresivo” por la prensa que cubría el recital y compartía escenario con monstruos como Seru Giran, León Gieco, Spinetta Jade y Pedro y Pablo. Más algunos hasta ese momento desconocidos como Dulces 16, Miguel Cantilo y Punch junto a Alejandro Lerner.

La escasa concurrencia al festival que promovía el mensaje de “Paz y amor”, no se mostró muy complacida con los autores de “Cantante farsante”. Una sociedad tan moderna que se había salteado al punk. El tema más largo del disco, “Todo este tiempo perdido” duraba exactamente tres minutos y en el festival fue aún más corto.

El disco salió a la venta en diciembre de 1981, contaba con quince temas, contundentes temas, y obtuvo su nombre, en palabras del cantante, de un sonido que hacía la guitarra de Serra en la canción homónima. Apoyado por musicalizadores radiales como Gustavo Noya de Radio Del Plata, Lalo Mir o Alejandro Pont Lezica, el disco no pasó inadvertido.

´Wadu Wadu´ se presentó oficialmente el 18 de diciembre de ese año en el Teatro Astral, que estuvo lleno por la mitad. Ese día debutó como músico el, por entonces, director de la revista “El expreso imaginario”, Roberto Pettinato, futuro integrante de Sumo. Hablábamos al principio de esta semblanza la denominación “Post Malvinas” con la que se nombra a todos los grupos surgidos en ese contexto histórico. El lector despierto habrá dilucidado que Virus inauguró el movimiento con varios meses de anticipación…

Muchas personas suelen darle a lo “Pop” una connotación negativa, como si fuera una mala palabra. El origen de este tipo de aseveraciones muchas veces tiene que ver con el contenido de las letras, limitan al rock a la campera de cuero y a la poesía testimonial propia de los grupos “no blandos”.

Varias bandas asociadas al Rock and Roll más genuino tienen un alto componente pop en sus canciones; basta con escuchar “Barbazul” o “Superlógico” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en las que se nota un toque post punk que envidiarían los mismísimos Joy Division. Incluso los Riff en la etapa que sumaron a Danny Peyronel (UFO, Sade, Heavy Metal Kids), en teclados rompieron con su constante fórmula.

El de Virus es un caso muy especial, es inédito porque en el año 1981 ya eran post Malvinas, antes que se formaran Sumo y Soda Stereo, años antes que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota ingresaran a las bateas con “Gulp”, ´Wadu Wadu´ el disco debut de la banda liderada por los hermanos ya contenía parte de la esencia del rock argentino por venir de esa década.

Y ese des-tiempo marcó a toda la trayectoria del grupo: eran románticos cuando todo era bastante serio y oscuro, Federico Moura tenía 30 años, la misma edad en que Charly García disolvió a Serú Giran.

Otro aspecto atemporal era el sonido de los teclados, lejos de los órganos Farfisa que habían sido popularizados por Charles Aznavour a fines de los sesenta y redescubiertos por el Madchester inglés treinta años después, nadie usaba a principios de los ochenta esos timbres. Ese anacronismo los volvía “modernos”, pero más allá de la moda.

Y los citados años sesenta tuvieron muchísima incidencia en el grupo; su letrista Roberto Jacoby venía del Instituto Di-Tella, aunque era un gran crítico del rock en nuestro país. Y también el diseñador de las tapas, Daniel Melgarejo había trabajado en el sello Mandioca fundado, entre otros, por Jorge Alvarez quien fuera un factótum de la escena pop española en la década del ochenta.

Pero para entender la impronta avant-garde de los Virus solo basta con meterse por un segundo en la cabeza de su cantante; sus amplias fuentes iban desde Billie Holiday, Carmen Miranda y pasando por Antonio Carlos Jobim y el brasileño Ney Matogrosso . En su entorno se podía encontrar a gente como Renata Schussheim, Jean Francois Casanovas o Lorenzo Quinteros sin el perro verde. Esto haría que rápidamente la banda de La Plata rompiera el cascarón del underground y la intelligentzia.

Es que Federico era un experto en eso de romper reglas; lejos de cierta solemnidad que rondaba al rock contemporáneo en nuestro país, las letras de Moura tienen humor, crítica, ironía y por sobre todas las cosas definen una época. Básicamente, la tarea del Rock.

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Esta entrada fue escrita por Redacción

2 comentarios

  • Juandie says:

    Quizás en su pais fuese todo un referente pero para ser sincero el rollo que se marca este tipo no me llena demasiado.

    • Gabriel García says:

      Obvio suele pasar con los artistas!. Virus fue un grupo emblemático en toda Latinoamérica (especialmente en Argentina y Chile). Lo que es innegable es la actitud que tuvo Federico tanto en la música como en la vida. Abrazo!

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