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El rock de la cárcel: Mariskal, Moris y una historia de música entre rejas

27 marzo, 2020 1:23 pm Publicado por  3 Comentarios

Enero 96. Debido a mi situación estoy pagando condena en esta prisión y mi única evasión es escuchar a gente potente como tú, que le da larga vida el Rock and roll y nos ayuda a evadirnos por las noches. Te escribo para que me mandes algunas cassettes o copias viejas. Lo que me sube al cielo es escuchar a Metallica, Barón, Aerosmith. Serían como un soplo de libertad y un detallazo por tu parte. Miguel, Mod-4 Penados. Picassent, Valencia.” Es una de las tantas misivas que entonces recibe Mariskal en la redacción de Onda Cero, donde lideraba el matinal tras su regreso victorioso de Argentina.

Mariskal Romero y Chuck Berry

Hoy, el confinamiento nos viene a colación porque todos somos reclusos, este #QuedateEnCasa, no es por una idea ni por un acto, sino por un coronavirus adaptado a la especie humana que ha irrumpido en el mundo de forma apocalíptica, con imágenes espeluznantes primero en China, allá, tan lejos. Ahora, en nuestras ciudades, en nuestro vecindario, en nuestra familia, con Madrid a la cabeza, con nuestros mayores en riesgo, pero no solo eso. A unos nos exige quedarnos en casa, a otros darlo todo: los sanitarios, vaya por delante, pero todos aquellos que hacen que la vida sea posible, que subsistamos, los de transporte, los tenderos, los medios de comunicación, que nos mantienen informados y sostienen nuestro ánimo.

Como voz profética Mariskal lanzó el programa Rock en la cárcel el 4 marzo con un titular agorero: “¡Todos a la cárcel!”, lo lanzó el día 6 en RockFM en El Decálogo del Mariskal, y una semana más tarde el presidente de gobierno, Pedro Sánchez, anunciaba las medidas de lockdown. El día 16 de marzo nos reteníamos en casa, mostrando la sociedad que somos frente a políticos que, de cualquier color, no dudan nunca en mostrar sus incapacidades. El Rock y la cárcel nunca se han llevado mal, por eso este encerramiento tampoco lo vamos a llevar a la tremenda.

Desde su origen, "Jailhouse Rock" (Thorpe, 1957) es una película mítica interpretada por el no menos mítico Elvis Presley, cuyo tema principal, "Rock en la cárcel" (1957) ha sido versionado por múltiples músicos y bandas. Los primeros en traducirlo y ponerlo a disposición del público del idioma de Cervantes, ávido de novedades, fueron los mexicanos Teen Tops (1960), pero ni Miguel Ríos (1970) se ha abstraído de ejecutar su propia versión, ni grupos como Andy y sus amigos (Ariel Rot, Pereza, Mastretta y Andy Chango), en Soto del Real 2010, tampoco. Ellos apuntaban que la gran mayoría de delincuentes y criminales está en la calle, mientras que muchos de los que están dentro son víctimas. Hay muchos otros que han rodado con su versión en cárceles de toda la geografía mundial, animando a residentes en un día a día complicado, como este "Life in Prison" (1967) de Merle Haggard.

En cualquier caso, la experiencia prínceps e iniciática de Rock carcelario la asentó Johnny Cash. Él explicaba que al hacer un concierto en una prisión les estábamos haciendo saber a los presos que en algún lugar de ahí fuera, en el mundo libre, había alguien que se preocupaba por ellos como seres humanos. En el biopic de Cash, "Walk the line" (Mangold, 2005) quedan perfectamente descritas las vicisitudes del propio Johnny con el alcohol, las anfetaminas y los barbitúricos, la violencia, la voluntad de regeneración y la comprensión de los que están al otro lado de las rejas, en ese espacio cerrado que, a veces, arruina más que rehabilita. Plasma esta experiencia en su "Cocaine Blues" (1968).

Comenzaba sus conciertos con su famoso “Hello, I´m Johnny Cash” y con este simple saludo arrancaba tantos aplausos que el éxito le proseguía. 'At Folsomprison' (1968) no fue el primero, del que se han cumplido más de cincuenta años, sino uno de los cuatro conciertos con esta audiencia, siendo el de ese año el más famoso. Era una prisión de alta seguridad en Sacramento, California. El primero lo consiguió gracias a la petición del convicto asesino Earl Green, que lo solicitó como último deseo. Cash persiguió la idea de la grabación en prisión hasta llevarla a cabo enfrentándose con su intermediario a su compañía, filmándose el 13 de enero de 1968 por CBS. Otros álbumes famosos grabados en la cárcel fueron 'At San Quentin' (1969), donde Metallica también rodó el videoclip de su tema "St. Anger", tras los muros de la mismas mazmorras. Finalmente sacó un tercer álbum carcelario, 'På Österåker', en una prisión en las afueras de Estocolmo. Se retiró de los conciertos en vivo en 2003. Loquillo versionó su canción "Man in Black" (porque así vestía) en el álbum 'Mientras Respiremos' (1993), título muy adecuado en los días que vivimos.

En España la primera idea (si no de las primeras) de un "Rock en la Cárcel" la pone Mariskal, consecuencia de la ingente cantidad de presos que, buscando un suspiro de libertad, le lanzan sus temas favoritos como sugerencias para ser escuchados en la soledad del calabozo. Por este concierto a los reclusos apuestan para su arranque y puesta en marcha Luis Cobos, con sus estudios de grabación Escorpio, sitos en la calle Galileo; su ingeniero de sonido Tino Azores, que también aportó su particularidad a Obús; Santiago Lardies, técnico de sonido y siempre embarcado por Mariskal en cualquier empresa, y el propio Romero, conocedor de los famosos conciertos en directo de Johnny Cash y la presión de los reclusos que no cesan de escribir a la redacción, entonces en Radio Centro, con sus míticos programas Musicolandia y Mariskal Romeros Show, así como las colaboraciones con Diario Pueblo.

El lugar: Carabanchel. Esa cárcel, ya inexistente, fue hija del régimen franquista, y durante cincuenta y cinco años sirvió para recluir a los vagos, maleantes y otros seres de mal vivir categorizados por la ley de peligrosidad social. Su aspecto era el de un edificio centrípeto, con un edificio central más o menos redondo con una cúpula enorme de donde partían varios edificios, como si fueran los rayos de un sol, centralista y totalitaria. Pero los internos lo que buscaban era el aspecto centrífugo de la construcción, como Agustín Rueda que falleció a causa de las palizas por un intento de fuga en el 78, en pleno comienzo de la democracia. Para algunos fue su tumba en vida antes de ser ajusticiados, pues la pena de muerte estuvo vigente en España hasta 1978 y de forma absoluta, eliminando las causas militares, desde 1995, apenas hace un cuarto de siglo. Xose Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez Bravo, y Ramón García Sanz fueron los últimos españoles ejecutados en 1975 que pernoctaron en Carabanchel antes de su ajusticiamiento acontecido en Hoyo de Manzanares.

El artista, Moris, argentino refugiado en España por la dictadura de su país. Santiago Lardies es el técnico de sonido que hace posible el arranque de Chapa, con la grabación de Asfalto y está presente en la toda esa etapa en mayor o menor grado, colaborando intermitentemente hasta 2005 con grabaciones publicitarias y otras contribuciones, fue elemento activo en aquel concierto. “Recuerdo", cuenta Lardies, "la vez que estuvimos en la cárcel de Carabanchel en torno a 1980 para dar un concierto a los presidiarios. El artista en cuestión era Moris, de Chapa, famoso por sus "Zapatos de gamuza azul" (1978) y que había estrenado 'Fiebre de vivir' (1980)".

El propio Moris confiesa en una entrevista en la que anuncia que saca su biografía con Planeta: “Yo fui delincuente juvenil y robaba en Departamentos de Barrio Norte. Yo hacía de campana y mi amigo el Negro llevaba la ganzúa y la barreta… es el ser humano, puedes escribir una canción como "El oso" o salir en La nocturnidad a por guita. El Negro se levantaba a las minas, a las mucamas y obtenía la información. Así, cuando los patrones se iban de vacaciones entrábamos a por las joyas, relojes, lo que pilláramos. Y se terminó de un día para otro que mi viejo casi se avivó y la cana casi nos pilla. Me di un buen susto”.

Moris arranca sus "Zapatos…": "Puedes matar, puedes asesinar, me puedes robar… pero no me pises jamás mis zapatos de gamussaassul…”. “Pero le costó salir al escenario", esboza una sonrisa Lardies, "los presos no se callaban y no parecían entusiasmados con el hecho de traerles la música a su plaza. Vicente tuvo que empujarle. Le dijo: "Tío, pero ¿qué te crees? No estamos en un polideportivo, estamos en la cárcel, sal y verás cómo se callan". Lo recuerdo como si fuera ayer".

En la revista La Calle (22-28/7/80, nº 122, primera revista de izquierdas española) aparece en portada Reagan, el entonces presidente de USA, y Moris con su guitarra con el titular: “Rock en la cárcel de Carabanchel”. La cárcel es una cárcel de jóvenes, que se quedó chica nada más estrenarse, con presos entre dieciséis y veintiún años, cuenta Ricardo Cid, el reportero. “El salón de actos está vacío… los presos van entrando lentamente. Presenta Mariskal Romero, el de la radio: Esperamos que lo paséis de puta madre con la música de Moris… es un rollo cojonudo…” Sale Moris con pantalón rosa y camiseta de rayas azules y naranjas, a lo presidiario con color, y versa tangueando su "Rock de Europa": “Un tío que roba 40 millones, hay mucha ideología, pero pocas tías… Estás en el mundo y es un loco mundo…”. Y seguimos igual, ahora más que nunca en esta Apocalipsis actual que parece más ciencia ficción que la vida misma.

“También me acuerdo que comimos allí", prosigue Santiago, el ingeniero de sonido, habla despacio, es un hombre calmado. "Un potaje o algo parecido. Cuando terminaron los reclusos, pasamos nosotros. Y Mariskal, que siempre anda de guasa o indagando, le preguntó al jefe de cocina que nos andaba sirviendo el motivo de su ingreso en prisión. Y no sabemos si para tomarle el pelo o si era cierto, le aseveró que lo habían metido en chirona por haber envenenado a alguien. Nos quedamos muertos, pero disimulamos bastante bien. ¡Fuimos capaces de agradecer el menú! En cualquier caso, ya nos lo habíamos zampado".

Cid Cañaveral, el reportero de La Calle con pasado convicto, cuenta que se encendieron las luces azules, rojas y blancas. A saber si el jovenzuelo apodado El toro, que cumplía condena y trabajaba como proyeccionista y responsable de peluquería, sería el protagonista indirecto de esta anécdota. “Recuerdo", rememora Romero, "que abrimos la caja de luces del escenario para preparar todo el tinglado de altavoces, sintetizadores, instrumentos y hacer las pruebas de sonido, y nos encontramos que estaba llena de cuchillos hechos a mano. Dimos parte a los celadores y nos confirmaron que era práctica habitual y que aparecían en cualquier recoveco. Los residentes nunca renuncian a la libertad".

“En el edificio de enfrente", prosigue Mariskal, "es donde recluían a los aspirantes a suicidas, el famoso pabellón psiquiátrico de Carabanchel, que quién me iba a decir a mí que volvería para visitar a un apreciado colaborador de La Heavy que, tras un desengaño amoroso, sufrió tal desequilibrio mental que desde entonces quedó tocado para toda la vida. Lo visitamos Mariano Muniesa y yo y quedamos triste y fuertemente impactados. Ese centro no debe de existir a estas alturas, era de régimen carcelario y muy deprimente". Y, efectivamente, tres o cuatro semanas antes del concierto de Moris, un joven de treinta y cuatro, preso a saber la causa, decidió acabar con su vida desde lo alto de la mole carcelaria. La importancia de la salud mental no es solo antes de un encierro, sino que hay que conservarla en toda la etapa, la fortaleza de la mente y el cuidado del cuerpo cuando lo que apetece es abandonarse.

Nelson Mandela, es gran ejemplo en sus veintisiete años de reclusión, y la constancia de la idea, la pasión, el amor y la enseñanza de que la libertad está en uno mismo, como muestra en Invictus, su poema, que da título a la película sobre algunos aspecto de su vida.

“Escribí un reportaje para la revista Tiempo sobre este concierto en 1980", cuenta Romero. "En Carabanchel estuvo también preso Marcelino Camacho. Con él tengo una foto de cuando lo llevé a Onda Cero. Era líder sindical de Comisiones Obreras (CCOO). Y muchas otras personalidades emblemáticas como Simón Sánchez Montero, también dirigente del Partido Comunista. No fue mi única experiencia de rock carcelario. Estuve en Alcalá Meco con Ñu, de lo que da fe un reportaje en la Heavy".

La cárcel de Carabanchel fue cerrada en 1998, con Aznar de presidente de gobierno, y derruida posteriormente, en el 2008. Su última etapa albergó la libertad de okupas, siendo grafiteada y subiéndole los colores que nunca tuvo. De esos terrenos donde la prisión de Carabanchel estaba asentada no queda claro su destino, ¿serán objeto de la especulación vinculante a nuestro país, o planearán, como si de una tumba se tratara, los espíritus anárquicos de los confinados entre sus muros?

A partir de ahí se sucedieron los conciertos en Carabanchel, relata el Pirata: “El siguiente fue en 1981 organizado por el polémico Mariano García, que lideraba el programa Disco Cross también en Radio Centro. Él tenía una sección nocturna en la que leía las cartas llegadas de los presos. Lo organizó con Ramoncín, que estaba en un muy buen momento musical con su 'Arañando la ciudad' (1981). Parece que ambos tuvieron roces por salir en TV, el uno por organizarlo, el otro por cantar. Como anécdota creo que a Ramoncín le robaron la cartera, pero no sé si es cierto. También me contaron que algún preso intentó pirarse en la furgoneta. ¿Cierto o mito?”

“Al año siguiente presenté yo", prosigue la inconfundible voz del Pirata al teléfono, "que se hizo en el Correccional de Carabanchel destinado a los más jóvenes. Ese reportaje estará publicado en La Heavy, que estábamos Yeyo González y yo en la dirección de La Heavy, junto al Romero, ideólogo y fundador de la misma, y Andrés Vogel, todos procedentes de Radio Centro, descolgados al centralizarse las emisoras con la llegada de los socialistas. Allí tocaron Azuzena y creo que Sobredosis. Y la última vez que estuve en Alcalá Meco fue en 2003, entonces andaba en Radio Libertad de Ruiz Mateos. El hombre, tras su estancia carcelaria, estaba sensibilizado con el tema, por lo que montó una fundación que asesoraba a los presos, para la que muchas ejecutivas y abogadas hacían su obra social. Me acuerdo de un preso que aparcó su coche en un parking mientras ejecutaba el atraco y lo pillaron. ¡Le llegó la multa de meses de aparcamiento! Le ayudaron a justificar el impago. Allí tocó Hammelin".

Y en marzo de 1999, con la cárcel de Carabanchel, recién clausurada, Rosendo Mercado, vecino del barrio desde su infancia y al que el edificio le infundía pavor, graba en su patio el disco 'Siempre hay una historia… en directo'. La expectación por dicho concierto fue bárbara y la gratuidad inicial fue sustituida por un módico precio de entrada para evitar los revuelos de la masificación, concentrando a unas dos mil personas que participaron en el directo potente aportando imágenes espectaculares y emoción singular. Aun así, los presos se hicieron presentes por los gritos de los asistentes que los convocaban subiéndose por la empalizada. “Yo lo retransmití en directo para Onda 10, la musical de Onda Cero", refiere el Pirata, "desde la garita de vigilancia que es la portada del disco. Fue la primera vez que se excavó un túnel de fuera hacia dentro, la gente quería entrar. Lo peor fue que al salir no se abría la puerta y los últimos que nos quedamos recogiendo las pasamos putas, nos sentimos presos. Menos mal que no duró más de un cuarto de hora".

Luz Casal puso la voz femenina en homenaje a las reclusas, que fueron las últimas en ser reubicadas, con el tema "A la sombra de una mentira". Rosendo sacó y homenajeó entre esos veinticinco temas el sonido original de Leño, banda grabada por Mariskal Romero con el sello Chapa, que lo catapultó a personificar el emblema que continua siendo a día de hoy, donde produce llenos hasta su despedida en Madrid en 2019. Y una frase homenaje a todos los encarcelados es: “Están presos o los están buscando”, de Extremoduro en su Pepe Botika (1993), hoy homenaje para tod@s, confinad@s en nuestras casas.

Sobre Rock y encarcelados hay toda suerte de temas e historias, los diez mejores seleccionados por el Mariskal en el Decálogo mencionado. La mayoría ingresan por tenencia de drogas (¡qué raro!), como Jimi Hendrix, Mick Jagger y Keith Richards, pero ni el mismo y modoso Paul McCartney se libra de semejante acusación (y su consiguiente ingreso en el trullo), por tenencia de una cantidad ingente de marihuana. Otra razón es la violencia extrema, con muerte o daño en muchos casos de la compañera de turno, como Sid Vicius, cuya novia, Nancy Spungen, amaneció apuñalada en el hotel Chelsea de NY; Ozzy, que tras una borrachera colosal le dio por estrangular a su mujer, de lo que ella salió viva; e incluso Phil Spector, productor famoso por su muro de sonido, que estuvo en chirona por dispararle a Lana Clarkson. Chuck Berry cometió el delito de enamorarse (¿y secuestrar?) locamente a una menor, ¿es lo que inspiró la primera canción del rock’n’roll, "Maybellene" (1958)? O arremeter contra l@s fans, como nuestro afamado Joaquín Sabina, que le pegó un vasazo (de cubata on the rocks) a una plasta por interrumpirle. Por lo mismo, también Red Hot Chili Peppers.

A menudo, no es más que el disturbio público, inherente al remover conciencias del rock, lo que lleva a los músicos a la prisión, como Jim Morrison (que se libró fugándose a París, donde permanece inmutable en el cementerio de Pere Lachaise), Ozzy también por destape, o Kurt Cobain por su "God is gay", a raíz de su vieja amistad, que no relación, con un amigo de la adolescencia. Por cierto, su "Stay away", "Quédate lejos", es lema muy a propósito para estos días de distanciamiento social preventivo de este #COVID-19. A este respecto, en una entrevista, Fito Cabrales afirmó que las cárceles no debían ser para los músicos por expresar lo que piensan.

Por otro lado es el desagravio con el fisco el que ha enchironado a varios de los virtuosos, desde el ya mencionado y tacaño Berry a Jerry Lee Lewis. Y no queremos dejar de lado la enfermedad mental encubierta que también fue causa de algún encerramiento por falta de diagnóstico y tratamiento oportuno, como el del batería Jim Gordon, uno de los coescritores de la famosa "Layla", con esquizofrenia. Y muchos más, que lo dicho, rock y cárcel son simbiosis, sobre todo en tiempos duros de droga.

De mujeres y penales, aparte del 'Womens Prison' (2004) de Loretta Lynn y el durísimo nóbel "Cárceles de mujeres" de S. Lewis, hay muchísima menos documentación. Fue Victoria Kent, directora general de prisiones en tiempos de la II República y la que mandó construir la cárcel de mujeres de Ventas sin celdas de castigo, la que dijo que la mujer delinque poco, pero sufre un castigo mil veces más duro que el hombre. En la cárcel de Ventas no se cantaba rock, pero en el 68 las represaliadas por el régimen franquista entonaban "Rosas en el Mar" (1968) de la eurovisiva Massiel, con esos versos significativos: “Voy pidiendo libertad y no quieren oír, es una necesidad para poder vivir. La libertad, la libertad, derecho de la humanidad…”. Cuenta el Pirata que en esos conciertos iniciáticos de cárceles españolas él presentó uno ante las presas trasladadas de la antigua cárcel de Yeserías, cerrada para remodelación, a Alcalá Meco en 1992. Allí tocaron Los Suaves y uno de los músicos coincidió en el retrete con el Piri y comentaron que esta circunstancia nunca la habrían podido imaginar. Recuerda que hablando con las reclusas muchas contaban historias de haber sido presas del amor y que el tío las había liado como mulas, pagando el pato después. Eso de los justos por pecadores. “Como aquella maestra divorciada, con dos hijos y una vida normal, que salía de fiesta los fines de semana hasta que la lió enrollándose con un pibe que le arruinó la vida”, refiere el Pirata con un deje de tristeza. Alcalá Mecó tiene una tradición inmensa y constante del poder rehabilitador de la música y el teatro para sus internas.

¿Rockeras confinadas? Janis Joplin, que no estuvo más de una hora entre rejas, no por la droga, como se hubiera sospechado, sino por el delito de protestar en un concierto defendiendo al público que bailaba, hecho prohibido en algunos estados. Pagó como multa unos 500 dólares. Sumamos a Courney Love, viuda de Kurt Cobain, por un botellazo a una mujer y por tenencia ilícita de sustancias, y otros escándalos, como un intento de robo de una guitarra que fue de Cobain. Y no hay datos sobre ninguna otra, al menos tras una extensa búsqueda.

Y si algo tiene la cárcel es que dan ganas de libertad, como este coronavirus que da sed de respirar a los que les ataca. Por ello hay montones de temas y temazos sobre la fuga y sus intentos, unas de éxito conseguido, otras no. Casualmente llega a mis manos un libro muy breve y entretenido que trata sobre el escape de los presos de una cárcel de Alemania que se largan en el autobús de una compañía de teatro regional y que, con divertidas peripecias y mucha fantasía, intentan adaptarse a la vida de un pequeño pueblo llamado Grunau. Se titula "El teatro de la vida de Siegfrid Lenz", aunque yo lo titularía la bufonada de la vida, palabro emparentado con el Bühnen alemán del título original. Ahí dicen: “Superamos las carencias con ayuda de la fantasía, que nos salva de las situaciones de desaliento”, y es así como los presos, los enfermos, los recluidos, los encerrados, encuentran el primer recurso en sí mismos y luego, en el afecto. Mucho afecto en cualquier modo y lugar, ahora que no podemos tocarnos. Como esos arrestados que contaba Mariskal y que bien puede reflejarse en ese "Fish in the Jailhouse" (2006) del maldito y proscrito Tom Waits. La divertida letra cuenta cómo con las raspas de un pescado les sobra para largarse de la trena y en un rato estar en NY… "sirven pescado esta noche en la prisión…" soñar, que no falte. O los no menos conocidos motines para “ausentarse” o reclamar derechos fundamentales, como este "Riot In Cell Block No9 en versión de Dr. Feelgood. Pero para gran evasión, el temazo de AC/DC, "Jailbreak" (1977).

Sin embargo, el tema que todos quisiéramos escuchar, para lo que nos queda un rato, es el de los Ilegales: "Me sueltan mañana" (1983).

De momento, #QuedateEnCasa #YoMeQuedoEnCasa ¿Y tú?

María Gala

 

Redacción
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3 comentarios

  • Juandie dice:

    Muy buen resumen por parte de Mariskal de los músicos que por cualquier circunstancia en sus vidas pasaron por la cárcel. Yo prefiero prefiero recordarles a través de su buena música y directos.

  • Alberto dice:

    Impresionante artículo con mucha documentación detrás. En los 80 y 90 el rock y el heavy retumbaban en las cárceles españolas,. Yo no he estado pero eso contaban algunos colegas. Por desgracia muchos rockeros pagaron entre rejas sus adicciones en aquella época. El rock y las rumbas era lo que más sonaba entre barrotes. Hoy en día sería impensable. Claro que hablo de una época en la que ser heavy tenía cierto componente chungo, no era ser un niñato friki aficionado a las cartas magic como los que ensuciaron el nombre del heavy a partir del 2000...

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