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74º aniversario de Keith Richards: Los diez momentos que marcaron su vida… y un regalo de navidad

Blog: Mariano Muniesa

18 diciembre, 2017 12:35 pm Publicado por  Deja tus comentarios

Viejo pirata del rock´n´roll y del celuloide -recordad su papel como padre de Jack Sparrow en ‘Piratas del Caribe’– eterno superviviente de la cara más oscura y cruda del rock, espíritu y esencia de blues, e historia viva de los Rolling Stones, Keith Richards cumple hoy, 18 de diciembre de 2017, 74 años. Una vida no por sobradamente conocida, menos fascinante, a pesar de las numerosas leyendas urbanas y falsos mitos que existen sobre ella -desde el mito de los cambios de sangre en Suiza a esnifar las cenizas de su padre, pasando por su inefable pacto con el diablo en una ceremonia oficiada por su pareja de entonces, Anita Pallenberg– y que ha dejado para la historia momentos tan memorables con su célebre lanzamiento de televisor por la ventana de una habitación de hotel o el arrojar un cuchillo contra el hoy presidente de los USA Donald Trump y conseguir echarle de su propio edificio de negocios en 1989. Podríamos citar muchísimos, pero he aquí diez de los momentos más decisivos en su vida como músico y como líder de los Rolling Stones.

 1. 18 de diciembre de 1943, Dartford, Londres

Como diría en el “Nadie Sabe Nada” de la SER el gran Berto Romero burlándose de la petulancia y engreimiento del facha de Pérez Reverte, “caían bombas sobre Londres…”. Y esta vez era verdad. A medio camino entre la leyenda urbana y la memoria real de la familia Richards, mudada desde Walthamstow a Dartford con Doris, la madre de Keith ya en avanzado estado de gestación precisamente para evitar los bombardeos de la Luftwaffe sobre la capital, cuando se dirigieron al Hospital Livingston de la pequeña localidad situada en el extrarradio londinense, hubo un atroz bombardeo que alcanzó varias casas cercanas a donde se había instalado la familia Richards. En esas circunstancias, entre sirenas de alarma, llamadas a ocultarse en los refugios, gritos de pánico y bombas estallando e incendiando la ciudad en plena segunda guerra mundial, nació Keith Richards. Como el propio guitarrista de los Stones señaló en su autobiografía Life, “estaba claro que Hitler iba a por mí”. Menos mal que no lo consiguió.

2. Junio de 1958: Keith Richards es expulsado de la Escuela pública de Dartford

A pesar de que con los años nuestro hombre es conocido por ser un apasionado amante de la lectura, es coleccionista de libros y ha adquirido una vasta cultura de manera autodidacta, de adolescente fue un pésimo estudiante y un alumno sumamente indisciplinado en la escuela. Hasta tal punto que a base de acumular suspensos, sanciones por llegar tarde, sanciones por hacer pellas, sanciones por comportamiento irrespetuoso hacia sus profesores, y finalmente, ser sorprendido fumando en los lavabos, al terminar el curso de 1958, la dirección del centro envió una notificación a sus padres en la que les comunicaba que tanto por sus reiteradas faltas de disciplina como por su muy deficiente rendimiento académico, no podría volver a matricularse el curso que viene.

Fue entonces cuando su familia le inscribió en la Escuela de Arte de Sidcup, en donde a Keith le cambió la vida; pasó de un clásico y aburrido colegio conservador a una escuela en donde más que arte, se enseñaba diseño gráfico para poder trabajar como publicista en diversas empresas, donde no había que llevar el pelo por encima de la oreja, se podía fumar, las clases eran mixtas, sin separación de sexos, y en donde sobre todo, había un montón de alumnos que eran, o querían ser músicos y que fueron quienes estimularon a Keith a tocar la guitarra y a introducirse en el mundo del rock´n´roll a través de Elvis Presley y Chuck Berry. No es casualidad que por la mítica Escuela de arte de Sidcup pasaran también, entre otros, Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page.

Es un tópico situar como elemento clave en la historia de los Stones el famoso encuentro entre Keith Richards y Mick Jagger en el tren que hacía el trayecto entre Dartford y la Victoria Station en 1961, y sin duda sin ese encuentro quizá los Rolling Stones nunca se hubieran formado, pero… sin lugar a dudas, si Keith no hubiera entrado en esa escuela de arte, nunca hubiera hablado con su antiguo vecino en el tren al llamarle la atención la colección de discos de blues que llevaba consigo.

3. Febrero de 1967: Registros policiales, road-trips hacia Marruecos y las increíbles cosas que pueden pasar en el asiento de atrás de un Bentley

Como se ha comentado en otras entradas de este blog, el año 1967 fue un año de una actividad extraordinaria para los Rolling Stones en todos los sentidos, y desde luego lo fue  en particular para Keith Richards. El 12 de febrero, agentes de policía irrumpieron en su casa de West Wittering para hacer un registro al amparo de la ley sobre control de sustancias estupefacientes vigentes en ese año en el Reino Unido, a consecuencia del cual fue juzgado y encarcelado a finales de junio. Pero varios meses antes, cuando nadie imaginaba en el entorno de los Stones que llegarían a entrar en prisión y para quitarse de encima toda la presión mediática que conllevó la noticia de su procesamiento, Mick Jagger, Keith Richards y Brian Jones con sus respectivas parejas, decidieron tomarse unas vacaciones antes de empezar los ensayos de su inminente gira europea y atravesando por carretera toda Francia y toda la costa mediterránea española, se fueron a pasar una semana de relax a Tánger.

Al llegar a Toulon, en el sur de Francia, Brian Jones se puso enfermo y tuvo que ser hospitalizado, pero él mismo insistió en que el resto de la troupe siguieran viaje hacia Marruecos, y que él se reuniría con ellos en el Hotel El-Minzah de Tánger cuando estuviera recuperado.

La relación de Brian Jones con la famosa actriz, modelo y artista Anita Pallenberg era en febrero de 1967 ya muy conflictiva, tormentosa y hasta violenta, sobre todo por parte de Brian. Anita siguió el viaje en el coche de Keith y entre los dos en el asiento trasero del célebre Bentley negro, pasaron esas cosas increíbles que pueden pasar en un viaje de muchas horas… Aunque en un primer momento los dos estuvieron de acuerdo en no ir más allá y por supuesto, no decir nunca nada a Brian acerca de ese arrebato de pasión sexual, cuando en Tánger Brian tuvo uno de sus ya demasiado habituales abscesos de cólera y en medio de una tremenda discusión, golpeó a Anita hasta hincharle la cara y ponerle un ojo morado, la bella musa alemana rompió para siempre con él y se unió a su compañero de grupo, esta vez ya como pareja hasta su ruptura en 1979.

La factura que dejó para Keith su larga y a su vez también tortuosa relación con Anita Pallenberg no fue barata: tres hijos, uno de ellos, Tara, fallecido en extrañas circunstancias en junio de 1976 a las pocas semanas de su nacimiento y diez años de adicción a la heroína, salpicados de innumerables detenciones en aeropuertos, incidentes con la policía y como guinda final del pastel, la muerte accidental de un amante de Anita en la casa de Keith jugando con un revolver cargado a la ruleta rusa. “Mi relación con Anita pasó por muchas etapas, fue a veces muy intensa, a veces muy conflictiva… pero con toda seguridad, lo que nunca podré decir es que fuera aburrida”, diría Keith años después de su ruptura con la bella musa de los 60.

4. Mayo de 1971: La leyenda de Nellcotte y la grabación de ‘Exile On Main Street’

En la primavera de 1971 y por consejo de su nuevo equipo de asesores financieros, los Rolling Stones se marcharon a vivir a Francia como exiliados fiscales y Keith Richards se instaló en una antigua y destartalada mansión en Villefranche-Sur-Mer llamada Nellcotte, que nadie quería comprar ni alquilar por cuanto se decía que en sus sótanos se practicaron por parte de la Gestapo torturas a prisioneros de la resistencia francesa en la segunda guerra mundial. Allí, en una casa medio en ruinas, llena de trastos, guitarras, amplificadores, en ese siniestro y polvoriento sótano en el que en las primeras semanas resultaba difícil incluso respirar, se instaló la famosa unidad móvil de grabación de la banda -la misma a la que se hace referencia en el “Smoke On The Water” de Deep Purple, con la que grabaron ‘Machine Head’ y la que usaron Led Zeppelin para grabar ‘Led Zeppelin IV’– y se plasmaron en más de 200 horas de cintas uno de los discos más grandiosos de la historia del rock y para muchos de sus seguidores, entre los cuales me encuentro, su obra maestra más redonda e indiscutible: ‘Exile On Main Street’.

En aquellos meses de 1971 en los que se grabó este disco, según se dice no se llegó a suscribir un contrato de suministro de energía eléctrica dado que alguien hizo un empalme para desviar la luz desde un cable de una farola cercana a la caja de fusibles de la casa, hubo varios robos, entre ellos el de 14 guitarras de Keith e incluso un día la cocina estalló cuando alguien se dejó abierto el gas después de calentar café. El propio Keith, totalmente inmerso en las drogas en esa época y sobre todo, convertido en un adicto total a la heroína, apenas fue consciente de todo aquello en aquel periodo, pero sin embargo… allí se gestaron los 60 minutos más puros y genuinos de toda la historia musical de los Rolling Stones. En la casa de Keith.

5. 27 de Febrero de 1977, Hotel Harbour Castle, Toronto

La banda al completo había llegado tres días antes a la ciudad canadiense para preparar los ensayos de una serie de conciertos que darían en un pequeño club cara a recopilar más material grabado en vivo para su próximo álbum en directo, que se editaría en el otoño de aquel año bajo el título de ‘Love You Live’. A su llegada al aeropuerto, la policía encontró en el equipaje de Anita Pallenberg restos de heroína y cannabis, de manera que fue detenida, aunque a Keith en ese momento se le dejó en libertad. Sin embargo, cuando la policía fue informada de que había llegado al hotel donde Keith estaba alojado un paquete con una cantidad de heroína lo suficientemente abundante como para sospechar que estaba destinada al tráfico así como un arma de fuego, en la mañana del 27 de febrero la policía montada del Canadá echó abajo la puerta de la habitación del guitarrista y dos horas después -que fue el tiempo que les llevó conseguir que se despertara- le detuvieron y se le acusó formalmente de tráfico de drogas, lo cual según la legislación canadiense de aquel momento podía suponer una condena de entre 7 y 12 años de cárcel si era encontrado culpable.

Jane Rose, la asistente personal de Keith Richards desde hace muchos años y su persona de confianza más allegada, declaró acerca de aquel periodo: “Hasta ese momento y desde hacía muchos años, Keith vivía totalmente fuera de la realidad. Vivía en una especie de nube narcótica, de universo paralelo que de golpe y porrazo se vino abajo cuando sucedió la detención de Toronto. Ahí la cosa se puso fea de verdad, porque iban a por él. Entonces, no solo yo, sino mucha de la gente que estaba en su entorno y a la que hasta entonces nunca había escuchado le dijimos: Keith, esto es serio. Te pueden meter siete años en chirona. ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a dejar la música o vas a dejar las drogas?. Y si hay una cosa, una sola cosa sin la que Keith no puede vivir es la música, así que consiguió que sus abogados le proporcionasen una visa médica para iniciar un tratamiento de desintoxicación en Estados Unidos, algo que sería muy importante exhibir como argumento en su defensa ante el tribunal que le iba a juzgar”.

Keith se sometió a tratamiento, se limpió y logró, con la ayuda de su llamado “angel ciego” – una muchacha invidente a la que Keith ayudó en los conciertos del Tour Of The Americas de 1975 y que insistió en hablar con el juez que iba a llevar su caso para testificar en su favor y explicarle lo que había hecho por ella- que la sentencia solo le obligase a dar dos conciertos benéficos. Pero lo más importante de aquel episodio es que aunque tuvo alguna que otra recaída en el polvo blanco a mediados de los 80, dejó de ser el eterno junkie del rock, el músico del que se decía que llevaba la marca de la muerte encima de su cabeza y muy probablemente, evitó el final que Janis Joplin o Scott Weiland encontraron prematuramente.

6.18 de diciembre de 1979: El viejo vampiro encuentra su media naranja

De Izq. a der.: Keith Richards, Patti Hansen, Ron Wood y Sally Humphreys

En la noche del 36 cumpleaños de Keith Richards, el guitarra de los Stones invitó al reservado de la discoteca Roxy Roller de Nueva York a un grupo de amigos para celebrar una fiesta de aniversario. Nadie sabe con exactitud como aterrizó allí ni quien la invitó, pero el caso es que entre los que pululaban por el party estaba una hermosa modelo y actriz norteamericano de origen escandinavo llamada Patti Hansen. Al igual que el propio Richards, estaba recién salida de una ruptura de pareja y esa noche asegura que aquel tipo medio achispado, de aspecto desaliñado y con el pelo que parecía que se acabase de levantar de la cama que bailó con ella, charló un largo rato y la invitó a dos copas de champagne ni se imaginaba por asomo que fuera el guitarrista de los Rolling Stones. Se intercambiaron teléfonos, quedaron en volver a verse un día, pero no fue hasta unos meses después, cuando volvieron a coincidir en el cumpleaños de la mujer de Mick Jagger, Jerry Hall, cuando empezaron su relación, que dura hasta el día de hoy.

En palabras de Keith, Patti Hansen ha sido la persona más influyente en su vida, le ha proporcionado una estabilidad emocional y afectiva muy grande, y ello sin duda ha redundado en la propia estabilidad de los Stones. Nada hay más tranquilizador para un fan de la banda que cuando se le pregunta a Patti Hansen cómo está su marido, responda sonriente: “el viejo vampiro sigue bien”.

7. Otoño de 1983: La tercera guerra mundial

A finales de octubre de 1982 los Stones se reunieron en los Pathe-Marconi Studios de París para empezar las primeras grabaciones de lo que sería su álbum de estudio ‘Undercover’, y ahí comenzó lo que Keith definió en su día como la tercera guerra mundial, o lo que es lo mismo, el periodo de distanciamiento e incluso de hostilidad y de declaraciones cruzadas de uno contra otro entre Mick Jagger y Keith Richards que empezó en aquella grabación y que se prolongó hasta 1988. A consecuencia de ese enfrentamiento, los Stones estuvieron siete años sin tocar en directo, la falta de sintonía y de complicidad entre ambos propició una mala racha creativa que se tradujo en discos poco inspirados e incluso mediocres y que puso a los Stones al borde de la separación definitiva.

La total disparidad de criterio entre Mick y Keith a la hora de ponerse de acuerdo acerca de cómo debería ser ‘Undercover’, así como la decisión de Mick de no hacer giras con los Stones para centrarse en la grabación de sus discos en solitario abrieron la brecha profesional y emocional más grande que se había dado hasta entonces en el grupo, que la prensa se ocupó de alimentar exagerando los titulares a la hora de publicar noticias sobre la banda y provocando el morbo acerca del enfrentamiento entre ambos, que aunque desde luego llegó a un extremo nunca visto hasta entonces -en 1987 Ronnie Wood declaró que por primera vez desde que entró en el grupo en 1975 tuvo la sensación de que la relación entre ambos está totalmente rota, y con ello, imposible la continuidad de los Stones- y ello fue algo que dolió especialmente a Keith.

Después de años de hablarse solo a través de los titulares de prensa, y toda vez que la carrera de Keith tuvo un notable éxito comercial mientras que la de Mick fue un bluff total, con suspensión de giras por falta de venta de tickets incluida, en 1988 llegó la hora de concluir el contrato de los Stones con CBS y había que discutir si simplemente el grupo indemnizaba a la compañía pagando la penalización por incumplimiento de contrato y terminaba para siempre o si se grababa un nuevo disco. En el entorno de ambos, se decía que con el tiempo se habían dado cuenta que se habían equivocado llevando las cosas a ese extremo y que en realidad, los dos querían reconciliarse.

Con la inestimable ayuda de Ronnie Wood, que hizo un impagable papel de mediador entre los dos, el día en que Mick y Keith se volvieron a reunir en persona para arreglar la situación, Keith le dijo: “Vale, aceptemos que estés cabreado conmigo por todo lo que he dicho en la prensa, que no siempre ha sido verdad, y que a mi tus jodidos discos en solitario me produzcan diarrea, pero hay algo más importante que todo eso, tío. Juntos hemos creado la banda de rock´n´roll más jodidamente grande que ha existido jamás, y llevamos casi 30 años en este negocio haciendo los mejores putos shows que nadie puede ver encima de un escenario ¿verdad? Y si nos dejamos de gilipolleces, todavía podemos coger las guitarras, sentarnos en nuestra cocina y hacer buenas canciones, muy buenas canciones ¿verdad? Y si salimos ahí fuera y enchufamos los amplis, podemos hacer que la tierra tiemble ¿verdad? Entonces, ¿cuando empezamos a ensayar de una puta vez, cariño?”

A partir de ese día la historia de los Stones empezó de nuevo…

8. 1987-1988: Homenajeando a Chuck Berry y hablando por hablar…

Ante la inactividad de los Stones, Keith se implicó en un proyecto al lado del director de cine Taylor Hackford para filmar un documental acerca de la vida de Chuck Berry llamado ‘Hail, Hail, Rock´n´Roll’, en el que el propio Berry iría narrando diferentes episodios de su vida hasta llegar al final con un gran concierto-homenaje que se celebró el 16 de octubre de 1986 en el Fox Theater de San Luis, con el propio Chuck Berry y una banda por la que pasaron a lo largo del show como invitados obviamente el propio Keith Richards, Eric Clapton, Robert Cray, Etta James, Johnnie Johnson, Steve Jordan -batería después de los X-pensive Winos, banda en solitario de Keith y uno de sus más íntimos amigos fuera de los Stones, Bobby Keys, Julian Lennon y Joey Spampinato. La película además contó las declaraciones y testimonios de familiares y amigos de Chuck Berry, así como de músicos como Bo Diddley, The Everly Brothers, John Lennon (en imágenes de archivo), Jerry Lee Lewis, Roy Orbison, Little Richard, Bruce Springsteen y Keith, quien recuerda la anécdota de su tenso primer encuentro con Berry y todos los problemas que el protagonista le creó a la hora de montar el concierto y hacer la película, aunque en un momento de la cinta -recordemos que estábamos a finales de 1986- nuestro hombre dice: “Es jodidamente difícil trabajar con él, aunque bueno… es alguien que me ha dado muchos menos problemas que Mick Jagger”.

Un año después, Keith decidió ante la negativa de Mick a volver a la actividad full-time con los Stones, lanzar un disco en solitario con una nueva banda, los X-Pensive Winos editado en el otoño de 1988 llamado ‘Talk Is Cheap’ que al contrario de los discos en solitario de Jagger, plasmó en sus surcos la esencia stone todavía con más autenticidad que en los desinspirados y desafortunados ‘Undercover’ o ‘Dirty Work’ y logró un éxito que ni el propio guitarrista esperaba. Basta escuchar un clásico como “Take It So Hard” para entender el éxito de ese magnífico disco.

9. 7 de noviembre de 1992 Estadio de Vélez Sarsfield, Buenos Aires

En palabras del propio Keith Richards, una de la veces que más emocionado en su vida se ha sentido encima de un escenario. Y sin duda, el concierto gracias al cual, tres años más tarde los Rolling Stones escribirían una de las páginas más brillantes de toda su historia con las ya míticas cinco noches de los conciertos en el Estadio Monumental de River Plate en el ‘Voodoo Lounge World Tour 1994-95’.

Los Stones ya habían vuelto a las grandes giras en 1989 y 1990 por Estados Unidos y Europa, y en 1992, ya en otro clima de armonía y complicidad entre ellos, Keith Richards & The X-Pensive Winos editaron otro disco, ‘Main Offender’, menos potente y menos brillante que ‘Talk Is Cheap‘, es de justicia decirlo, pero que sirvió a la banda para hacer una gira en la que tuvieron la oportunidad de tocar por primera vez en territorios vírgenes para los Stones, como fue en este caso, Argentina.

La cita fue en el Coca-Cola Rock Festival de Buenos Aires, un gran concierto que se celebró en el estadio de Velez-Sarsfield y en el que tocaron los Ratones Paranoicos -la banda argentina “rollinga” por definición- el gran mito del rock argentino, Pappo, Joe Cocker y como cierre del show, Keith Richards & The X-Pensive Winos.

Richards, primero en Estados Unidos y posteriormente en Europa -quien suscribe estas líneas presenció los dos míticos shows de la sala Aqualung en el mes de diciembre- venía de hacer conciertos en salas de aforo medio, de 1.500-2.000 personas de promedio, y se dice que al principio no se podía creer que le hubieran contratado para hacer un estadio con capacidad para 55.000 personas, como si se tratase de un concierto de los propios Rolling Stones.

Y aquello sorprendió a Keith infinitamente más de lo que se podía imaginar. Argentina, país en el que los Rolling Stones eran venerados como auténticas deidades y que por las siempre difíciles circunstancias políticas y económicas del país, nunca había podido acoger un concierto del grupo, al menos al estar allí uno de sus miembros, quiso mostrar su infinita admiración por la banda llevando a los cielos a un Keith Richards que no solamente dio un show inolvidable, sino que quedó tan maravillado por la entrega, el calor, la pasión del público porteño que se dice que lo primero que dijo a los organizadores cuando terminó el concierto y se bajó del escenario fue: “Tengo que volver aquí con los Stones” .

La promesa se cumplió en febrero de 1995.

10. Noviembre de 2010: Life

Sabiendo que tras la extensa y extenuante gira de ‘A Bigger Bang’ que tuvo al grupo en la carretera entre 2005 y 2007 pasarían un largo tiempo sin apenas actividad, Keith Richards acometió el proyecto de escribir su autobiografía, ‘Life’ o ‘Vida’, tal y como se publicó en España por la editorial Global Rhythm.

El libro lógicamente fue un éxito editorial sin precedentes, obtuvo el premio Norman Mailer a la mejor autobiografía del año 2010, y cosa probablemente inesperada, fue magníficamente acogido por la crítica literaria. Fue escrito con la colaboración del periodista James Fox, viejo amigo de Keith desde los años 70, y deliberadamente o no, provocó un nuevo distanciamiento y un cruce de declaraciones muy desagradable con Mick Jagger. En el libro, Keith aunque habla de Mick como su amigo, como su amigo más antiguo y afirma no tolerar que nadie en su presencia hable mal de él, sin embargo hace un retrato muy poco favorable de su compañero de grupo, refiriéndose a él como alguien extremadamente egoísta, de comportamiento déspota con la gente que trabaja con él, engreído e incluso acusándole de estar pobremente dotado sexualmente.

Esto molestó obviamente al cantante, quien respondió recordando a Keith las épocas en las que media hora antes de empezar un show no sabían si podía estar o no detenido en un aeropuerto, los delincuentes y mafiosos del mundo del tráfico de drogas con los que se trataba e incluso el famoso “accidente” en el que un amante de Anita Pallenberg se voló la cabeza mientras estaban grabando ‘Emotional Rescue’ en París. “No quiero ni imaginar lo que habría ocurrido si en lugar de aquel pobre diablo, el que hubiera muerto hubiera sido su hijo Marlon, que estaba aquella noche en la casa”.

Una vez más no obstante, Keith reconoció que no había sido justo y como irónicamente dijo, “tras pedir perdón al señor por mis pecados”, se reunió con Mick y gracias a aquella disculpa privada, que según Mick Jagger fue un requisito previo a toda conversación sobre volver o no a las giras, se empezó a trabajar en la preparación del “50 and counting…” , la gira que empezó para celebrar el 50 aniversario de la primera actuación en vivo del grupo en 2012 y que desde entonces, a través de diferentes tramos y nuevamente por todo el mundo, mantiene a los Stones en gira.

Todo un carácter

Pocas personalidades tan singulares en el mundo del rock existen como la de Keith Richards. Guste más o menos, caiga mejor o peor, nadie discute que se trata de un personaje con un carisma arrollador, que llena es el escenario con su sola presencia, y que tanto por su intensa y conflictiva vida, por las cicatrices que ha ido acumulando en años y años de entrar y salir de las drogas, de vivir años y años siempre con un revolver encima, de entrar y salir de las comisarías, juzgados y despachos de abogados, es alguien que te desmonta con una mirada, porque una mirada de Keith Richards encierra toda una vida. Alguien que carga sobre su vida toda la historia del rock´n´roll, y que es capaz de tirártela encima simplemente atacando los acordes de “Jumpin´Jack Flash” en cualquier concierto de los Rolling Stones.

Todo el que le conoce y ha tenido aunque sea un mínimo acceso a su intimidad, coincide en afirmar que además de esa personalidad dura, de eterno forajido del rock´n´roll, de tipo  capaz de partir la cara a cualquiera que trate de ir de sobrado con él, Keith Richards es también una persona entrañable, cálida y cercana, incondicional amante de su familia, que viaja con él al completo en todas las giras de los Stones, extremadamente galante y caballeroso con las mujeres y muy buen amigo de aquellos que, roto el hielo y superado el gran aparato de seguridad que protege su privacidad, llegan a conocerle y a simpatizar en persona con él.

Como músico, también existe consenso general sobre algo que muy poca gente puede decir que tiene en el mundo del rock: Keith Richards no es un guitarrista virtuoso al estilo de un Eric Clapton o un Jeff Beck. Es más un guitarrista de rock´n´roll básico, pero que tiene esa personalidad, ese estilo, ese sello absolutamente personal, que hace que cuando pega un buen guitarrazo, cuando ataca tres simples acordes, sepas inmediatamente que quien está ahí detrás es él, es Keith Richards. No puede ser otro.

Hoy, 74 años después de aquel bombardeo de la aviación alemana en Dartford, Keith Richards sigue ahí. Siempre con un cigarrillo en la mano, con un botella de bourbon o vodka cerca, escuchando blues, reggae y flamenco -es un gran aficionado al flamenco, y siempre recuerda que lo primero que aprendió a tocar con su abuelo Gus fue “Malagueña”- y pensando cuando será la próxima gira de los Stones, con quienes piensa seguir mientras tenga vida y aliento para subirse a un escenario. Apostaría lo que me pidieran a que hoy, bien en su mansión de Connecticut o en su casa de Ocho Ríos en Jamaica, donde esté celebrando con sus íntimos este aniversario, ya estará pensando en esos conciertos en Inglaterra e Irlanda para el próximo verano que no tardarán en anunciarse.

Allí nos veremos, Keith. Feliz cumpleaños, maestro.

Regalo de navidad 

A finales de 1977, mientras los Stones estaban grabando ‘Some Girls’ en París, probablemente a modo de auto-regalo de cumpleaños, Keith Richards grabó esta versión de una clásica canción de navidad que fue muy popularizada en la versión que grabó Chuck Berry, “Run, Rudolph, Run” y que permaneció inédita, al igual que otras muchas canciones grabadas para ‘Some Girls’ hasta que fue editada en la navidad de 1978 como single en solitario de Keith Richards por la Rolling Stones Records. Fue un single que se descatalogó muy pronto y durante muchos años fue una cotizadísima pieza de coleccionismo stoniano por el que se llegaron a pagar elevadas sumas -quien suscribe estas líneas pudo comprar este single en una de las legendarias Firas del Disc que organizaba el gran Jordi Tardá en Barcelona, una primera edición francesa en buen estado aunque con la portada bastante deteriorada por 4.000 pesetas de 1998– y que años después se reeditó con otra delicatessen sonora formidable, la colaboración de Keith en el tema “Pressure Drop” de los jamaicanos Toots & the Maytals.

Disfrútenlo, no tiene desperdicio. Y tengan todos ustedes feliz navidad.

Mariano Muniesa

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Mariano Muniesa

Periodista Musical at Mariskal Rock & La Heavy
Mariano Muniesa acumula una larga trayectoria en el periodismo musical tanto en prensa escrita como en radio y TV. Ha dirigido programas en las principales cadenas de radio del pais (Cadena 100-COPE, Onda Cero, SER-40 Principales) en 40TV-Canal Plus y Onda 6 TV y es autor de numerosos libros biográficos y ensayos sobre el mundo del rock: Rolling Stones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Metallica, Barón Rojo, AC/DC y un largo etcétera.

Descubre su blog La Comuna: http://marianomuniesa.blogspot.com.es/
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