keith richards
el rey salitre
johnnybzero
songofanhubis
pulse
nuclear chile
cives
evil seeds
luback
retales

6ª Entrega

2 febrero, 2010 11:23 am Publicado por  – Deja tus comentarios

Es mi primer blog para este año y hay que decir que 2009 supuso ser un año difícil en algunos aspectos así que me alegro que ya pertenezca a la Historia. Celebré la entrada del 2010 con una buena fiesta en Estambul con algunos buenos amigos que vinieron desde Holanda como Max, quien graba nuestras maquetas y Florian, el vocalista de Dark Fortress. Nos lo pasamos muy bien y esto me vino bien ya que últimamente las cosas resultan ser algo estresantes para la banda. Moloch ha venido desde EEUU para los ensayos y para los toques finales en la composición, así que creo que durante un periodo de tiempo escribiré unos blogs más cortos a causa de las restricciones de mi agenda.

Como decía en la última entrega, me mudé de Jerusalén a Holanda para emprender una nueva aventura. Después de pasar por el interrogatorio de rigor en el aeropuerto de Tel Aviv, subí al avión y aterricé en Holanda a las 9 de la mañana, un viernes de agosto de 1998. Un amigo de nuestro ex bajista, me recogió en el aeropuerto y me llevó a un apartamento que estaba a punto de vender. Dejé mis maletas e inmediatamente me fui a la universidad para hacer el papeleo. Después baje hasta el centro y abrí una cuenta bancaria, me di un paseo por el centro, compré algo de comida y volví a mi apartamento temporal. Dicho apartamento tenía luz y agua pero no tenía gas, así que carecía tanto de calefacción como de agua caliente. Aunque estábamos en agosto, hacia fresco y llovía bastante. Todavía me acuerdo de aquellas duchas congeladas, aunque resultan ser beneficiosas para el cuerpo. Unos pocos días después, me mudé a casa del bajista y una semana después ya tenia mi propio apartamento.

Un día después de una clase, me fui a una tienda de discos y conocí a unos blackmetaleros. Me preguntaron de donde era. Cuando les dije que soy de Jerusalén, me preguntaron si conocía a Melechesh, lo cual me pilló por sorpresa ya que la banda pertenecía estrictamente en la escena underground. Les dije que yo era el fundador de la banda y ni falta hace decir que nos hicimos amigos. Resulta que ellos eran de una ciudad llamada Harlem *sí, el barrio neoyorquino tomó su nombre de esta ciudad) y es donde me mudé durante unos meses. Mi casa allí era especial. Era una antigua iglesia reconvertida en una residencia de estudiantes. Desde fuera tenía el aspecto de una iglesia normal pero desde dentro estaba completamente renovada y tenía tres plantas de pequeños estudios. Donde antes existía un altar, ahora había un salón común con una tele. Donde antes cantaba el coro, había ahora una mesa de ping pong, etc. Había dejado la ciudad santa para ir a vivir a la ciudad del pecado en una ex iglesia, reconvertida en apartamentos para estudiantes pijos. Los primeros meses estaba bastante cargado de trabajo en la universidad pero también acudí a muchos conciertos y estaba en un país en el cual no hay ni un solo día donde no hay una banda metalera tocando en una circunferencia de dos horas en coche. Había buenas infraestructuras para promocionar mi banda pero era difícil empezar desde cero. Por otra parte sentía nostalgia y echaba de menos la comida casera así que Al’Hazred me llevo a un restaurante griego, ya que tanto la comida como la cultura es muy parecida con la que yo crecí. Desde entonces, he estado en este restaurante innumerables veces ya que me recuerda algo de casa.

Un fin de semana que estaba en casa, alguien llamó a la puerta. Cuando la abrí, ví a una vieja amiga. Había nacido en Reino Unido pero había crecido en Jerusalén y era una seguidora acérrima de la banda. Venía a los ensayos y nos preparaba té y café. Os imagináis mi asombro cuando la ví. Al principio creí que había venido a visitarme pero resulta que se había mudado de Holanda, se había matriculado en la misma universidad para estudiar lo mismo que yo y su apartamento estaba a dos pasos del mío, en el mismo pasillo. Fue una sorpresa agradable pero posteriormente me enteré que se había enamorado de mí y que básicamente me había seguido. Me sentí halagado pero yo sólo la quería como amiga. Hasta el día de hoy seguimos siendo buenos amigos. Poco a poco más gente empezó a hacer acto de presencia. Un día aparecieron mis amigos de suizos de la infancia, quienes ahora vivían en Suiza. Habían pedido a Al-Hazred que les recogiera en el aeropuerto y que les llevara hasta mi portal donde me esperaban. Cuando volví de la universidad, les saludé como si los años no hubiesen pasado y seguíamos en Jerusalén, pero un segundo después me quedé helado, me di la vuelta y les pregunté algo al estilo de: “¿Pero qué diablos estáis haciendo aquí? Aquel dia nos lo pasamos muy bien. Justo después de despedirme de ellos, apareció Moloch también. Es lo que tiene tener a tu ciudad natal a sólo cuatro horas de avión. Todavía me acuerdo de las primeras vacaciones invernales. La mayoría de los alumnos había vuelto a casa para pasar las navidades pero yo no tenía intención de hacerlo hasta que un día me topé en la calle un anuncio sobre vuelos baratos a Israel cuya fecha límite expiraba aquella misma tarde. Me compré el billete, volví a casa, recogí toda la ropa sucia, subí al avión y a las 3 de la madrugada llamé a la puerta de mi madre. Por supuesto que ella no tenía ni idea sobre aquello, así que cuando abrió la puerta y me vio, me preguntó qué estaba haciendo aquí. Mi respuesta no podría ser más abrumadora y tierna: “he venido para que me limpies la ropa”.

En Amsterdam contaba por primera vez en mi vida con acceso diario a Internet y fue entonces cuando vi por primera vez nuestra página web que un amigo nuestro había creado el año anterior. Obviamente entonces no me podía imaginar como internet iba a cambiar tanto al negocio musical y la escena en general. Tampoco sabía cuánto ayudaría a los que están lejos de sus hogares teletransportarse digitalmente hablando a sus casas (sabéis quiénes sois y dónde estáis).

Unos meses después de mi llegada a Holanda comencé mi búsqueda para un batería. Probé a un par de ellos pero la cosa no funcionó. La cosa empezaba a ser frustrante ya que la mayoría de baterías o no eran lo suficientemente comprometidos o querían tocar solamente death metal clásico o black metal escandinavo. Recurrí a mi amigo Proscriptor, de la banda Absu, ya que pensé que siendo batería él, conocería a más gente del gremio. Finalmente me expresó su interés en ser el batería de la banda, algo que era una sorpresa muy agradable ya que éramos fans de Absu. Mientras tanto, Moloch por su parte se había mudado al norte de Francia, Lille, que está a unas tres horas desde Amsterdam en coche, así que hicimos este recorrido varias veces.

Finalmente mandamos por correo a Proscriptor nuestro nuevo CD promocional para que aprendiera las canciones. Justo antes de esto, se nos había acercado un ahora extinto sello de Singapor y nos expresó su deseo de editar nuestro segundo disco. La cosa pintaba bastante bien pero unos meses antes de entrar a grabar ‘Djinn’, el sello sacó un comunicado donde se declaraba en bancarrota. En aquel momento, creía que todo se había acabado pero a la vez aprendí una buena lección: si las cosas no salen según lo planeado, no pasa nada. Volveré a este punto pronto. Al final, decidimos tirar para adelante y grabar el disco sin tener por detrás un sello porque confiabamos mucho en nuestro material y estábamos seguros que algún sello nos ficharía después de grabarlo, por ser un disco novedoso, original y con credibilidad. Nos liamos la manta a la cabeza y pedimos prestada una suma de dinero de un amigo nuestro para reservar así tiempo en los estudios Harrow en la localidad holandesa de Losser. Proscriptor llegó y ensayamos solo unos cinco días ya que todos habíamos venido con los deberes hechos. Añadimos tres temas y después entramos para grabar. Después de un arduo proceso, mandamos las cintas a los estudios Nomad en Tejas para la masterización. Con el disco bajo el brazo, nos arremangamos y empezamos a buscar un sello. Acabamos teniendo unas cinco o seis ofertas y finalmente optamos por Osmose y aquí habría que dar las gracias a Proscriptor por su labor a la hora de conseguir este contrato.

Conocí al dueño del sello, Herve, en un concierto benefico para Chuck Schuldiner en Lille después de seguir las indicaciones de la gente: “es el que se parece a Jesús con el pelo largo y la barba, bla bla…” los tipicos y falsos comentarios sobre el aspecto de Jesús ya que su imagen era más cercana al tipo mediterráneo de piel oscura y pelo negro. Total, la primer cosa que me preguntó fue si había recibido una transeferencia bancaria con el dinero pactado para los gastos de grabación y yo le dije que el dinero había llegado y que lo habíamos dado al amigo que nos había prestado el dinero (y dicha sea la verdad jamás nos dio el coñazo preguntándonos cuándo le íbamos a devolver su dinero). El resto de aquella noche es un amasijo de recuerdos borrosos ya que acabamos todos (Melechesh, Herve, periodistas y otras bandas y sellos) borrachos perdidos. Pero me acuerdo a Herve enseñando el dedo corazón al manager de otro sello, diciéndole que fue él el primero a la hora de fichar a Melechesh. Nuestro segundo disco estaba a punto de ver la luz del día.

Categorizado en: ,

Esta entrada fue escrita por

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.