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Entrevistas |Niklas Stålvind

«Los músicos no somos creadores, sino buscadores: la música está ahí fuera esperando ser descubierta»

Por: Yorgos Goumas

Foto: Per Knutsson

Lo suyo es heavy metal de toda la vida por las venas, así de simple, así de claro. Desde 1995, Niklas Stålvind y su banda han expresado su inconformismo con respecto a los gustos musicales imperantes a lo largo de nueve discos, incluyendo este ‘Shadowland’. Yorgos Goumas está invocado una vez más para acudir a una videoconferencia con él, y la charla que acaban teniendo es larga, tendida y jugosa. Pasen y lean.

“Veo que estás en tu pequeño estudio…”

“Más bien, es una cabaña que tengo en el jardín de mi casa. Es un espacio pequeño pero acogedor y es aquí donde, por ejemplo, grabé mis partes vocales para el disco ‘The Doomsday Kingdom’ (NdR: se trata de un proyecto de doom, montado por Leif Edling, el bajista de Candlemass) y para el disco anterior de Wolf, ‘Feeding the Machine' (2020). Para este disco sólo grabé unas partes extras de guitarra, ya que Simon Johansson (guitarra) tiene su propio estudio profesional de grabación, Solna Sound Recording (King Diamond, Soilwork, Entombed), en Solna, que está a unas dos horas y media desde donde vivo yo. La verdad es que quería volver a tener a alguien como productor, en este caso Simon y Pontus (Egberg, bajo), para que así yo pudiese concentrarme exclusivamente en el aspecto vocal, ya que, con el anterior disco, tal como te dije, me ocupé de grabar mi voz yo mismo y aquello a veces resultaba ser toda una distracción. Simon es un friki del sonido analógico, y entrar en su estudio es como entrar en una capsula de tiempo, aunque obviamente, sabemos cómo combinar el equipo analógico con las nuevas tecnologías. Como curiosidad, te diré que el que diseñó el estudio es el mismo que diseñó el de ABBA, toda una referencia en el mundo de grabación y sonido en Suecia”.

¿Es verdad que tenías pensado sacar estos temas nuevos como un disco en solitario?

“Hacia el final de las sesiones del disco anterior, me encontraba agotado y algo quemado, ya que la banda estaba pasando por momentos difíciles, como la espantada tanto del bajista como del batería anteriores, así que necesitaba desconectar del grupo. Empecé a componer, pero bajo la premisa de que los temas iban a sonar alejados de la onda Wolf, y el primer tema que me salió fue “Shadowland”. Cuando ya tenía unos cinco temas se los enseñé a Pontus y a Johan (Koleberg, batería), quienes por entonces ya se habían incorporado a la banda. Cuando les dije que estaba destinado para algo fuera del ámbito de Wolf, me dijeron que eso sería una pena, porque no solamente les gustaban mucho, sino que, con algunos cambios en los arreglos, podrían encajar perfectamente en el próximo disco de Wolf. Lo que me dijeron me hizo entender que en realidad estaba preparando el próximo disco de la banda. No soy el mejor vocalista del mundo, ni por asomo, de hecho, ocupo el puesto de vocalista porque en su momento no podíamos dar con el cantante adecuado, pero sí que tengo una voz característica, que no me permite explayarme hacia otros géneros. A nivel de composición, me apetecía explorar otras posibilidades, como sonoridades psicodélicas y progresivas, ya que soy muy fan de esa música de los años ’60 y ’70. Sin embargo, me di cuenta que el heavy metal tradicional está grabado a sangre y fuego en mi ADN musical y me resulta casi imposible alejarme de él. No fue la primera vez que intenté algo así: cuando terminé de grabar el disco ‘Legions of Bastards’ (2011), compuse el tema “Rasputin” y quería destinarlo para un proyecto diferente también, ya que, por entonces, la banda también pasaba por un periodo tumultuoso y quería desconectar del tema durante un rato. Al final, aquel proyecto no prosperó y el tema había estado guardado desde entonces, hasta que lo mostré a Pontus y Johan y les dije que pensaba usarlo como un tema extra para alguna edición especial de este disco, pero ellos me animaron para que lo incluyera en el álbum”.

¿No te ves a ti mismo haciendo finalmente algo totalmente diferente al heavy metal?

“En realidad, sí que he hecho algo alejado de los parámetros heavies de toda la vida: en 2004 participé en la versión sueca del musical “Jesus Christ Superstar", haciendo el papel de un sacerdote. Fue una experiencia alucinante, trabajar a un alto nivel profesional con un director, un coreógrafo, escenógrafos, bailarines, y otros nombres muy famosos aquí en Suecia. Como comprenderás, aquello fue un aprendizaje a marchas forzadas, muy valioso, y me gustaba tanto lo que hacía que acabé siendo el primero a la hora de acudir a los ensayos y el último en irme cada día. Me encantaría repetir la experiencia, pero hay dos pequeños obstáculos: no soy ni el mejor actor ni el mejor bailarín del mundo, y, por otra parte, no me gustaría alejarme progresivamente de Wolf, en pos de una carrera teatral, porque, al fin y al cabo, un actor está bajo las órdenes de un director y tiene que seguir un guion, mientras que yo necesito expresarme libremente y sacar fuera lo que siento y pienso yo. La prueba está en el hecho que después del éxito del musical, me recomendaron para una obra de teatro, pero como nunca he estado en una escuela de interpretación, no sabía cómo prepararme para la audición, así que aquello acabó siendo un pequeño desastre que me bajó los humos y mis sueños de grandeza en el mundo de la interpretación. (NdR: Curiosamente, Ian Gillan interpretó el papel de Jesucristo en la versión en disco del musical en 1970, cuyo éxito permitió después la creación de las versiones teatral y cinematográfica, respectivamente)

Hablas de Pontus y Johan como si entendieran perfectamente qué es lo que intentas expresar con Wolf…

“Sin querer faltar al respeto a los exmiembros de Wolf, creo que por fin he encontrado a unos compañeros, Simon inclusive, con los que me puedo comunicar de una manera totalmente eficiente y edificadora, y que además me retan a ser un músico mejor, ya que son dos músicos de gama alta. La música de Wolf puede que, vista de una manera superficial, parezca simple, pero no lo es. Me ha influenciado mucho el estilo de composición de Steve Harris, ya que incorpora de manera orgánica las partes del bajo, convirtiéndolas en partes esenciales de los temas; sin el bajo de Harris, Iron Maiden sonarían hasta insípidos. Así que cuando compongo las partes del bajo, creo riffs bajisticos, en cierto modo, y Pontus no solamente lo ha entendido a la perfección, sino que, además, él mismo ha aportado unos fantásticos riffs con su bajo”.

La formación de la banda ha sufrido unos cuantos cambios a lo largo de los años, así que te pediré que seas sincero: ¿Eres una persona difícil a la hora de trabajar?

“Eres la primera persona que me pregunta eso, así que me pillas por sorpresa (risas). Es una pregunta que me hecho a mí mismo muchas veces y me preguntaba cuándo un periodista me la iba a hacer a mí. Mis reflejos me harían decirte que no soy un compañero de banda difícil, y estoy seguro que si preguntaras a Leif (Edling), por ejemplo, él te diría que nuestra colaboración fue sobre ruedas. Él fue el que manejaba el cotarro, era su proyecto, y yo simplemente ponía voz a su visión musical. No tengo un ego, y claro que estoy abierto a sugerencias, faltaría más, pero cuando tengo una visión muy clara sobre cómo tiene que sonar un tema, entonces sí que podrías decir que me cierro en banda. Wolf ha sido mi creación a nivel musical, creativo, estilístico, etc. desde el principio y yo me he ocupado siempre de las composiciones y del sonido de la banda, así que, en este sentido, Wolf soy yo".

"En las grabaciones de los primeros discos, cuando aún estábamos verdes a nivel musical, solía ponerme los cascos, repasando una y otra vez las grabaciones del día para asegurarme así que no existiera ni el más mínimo fallo, porque quería crear un impacto en la escena metalera y no quería dar derecho a nadie para que dijera que éramos unos mediocres. Nuestro primer bajista, componía unas líneas de bajo muy buenas, de hecho, es suyo uno de mis riffs favoritos en un tema de Wolf: “I Will Kill Again”. Sin embargo, no era un buen músico, ya que, por ejemplo, no podía leer música y tocar a la vez, se perdía enseguida, y además, era incapaz de mantener el ritmo… ¡y eso que tocaba el bajo! Por eso, le metía mucha caña en el estudio, y estoy seguro que habrán existido veces que le hubiese encantado darme un puñetazo, por pesado (risas), pero fue así como conseguí que nuestros primeros discos sonaran tan bien. Si pudiese volver atrás en el tiempo, quizás procuraría no ser tan “crudo” con algún que otro ex compañero. Aun así, cuando tiene que ver con el lado del negocio, del merchandising, etc., entonces soy simplemente un miembro más de la banda y mi voz y voto valen igual que las del resto”.

¿Hasta qué punto participó el resto de la banda en el proceso creativo de este disco?

“Pontus es muy prolífico y me pasó varias demos con ideas suyas, sin líneas vocales ni letras, mientras que yo por mi parte, cuando sentía que algo me gustaba, lo elaboraba, siempre respetando la idea original de Pontus. “Into the Black Hole”, por ejemplo, fue una composición suya de la cual poco o nada tuve que cambiar. Simon, por su parte, también me pasa a veces el esqueleto de un tema y yo construyo alrededor de sus ideas, pero en realidad no hay un proceso estándar a la hora de componer. Me hubiese encantado poder estar con el resto de la banda en un local de ensayo y probar ideas, pero como te dije, vivo a dos horas y media en coche de ellos”.

Foto: Per Knutsson

He notado pequeñas partes de sintetizadores esparcidas por ahí y por allá en el disco, como en el tema “Shadowland”.

“Como te dije, soy muy fan del rock psicodélico y progresivo añejo, y me encanta el sonido del Mellotron. Es este sonido que me gusta emular en los discos, aunque obviamente no percibimos los teclados como parte esencial de nuestro sonido, sino como una parte ornamental que usamos en muy contadas ocasiones. Soy el primero a la hora de romper mis propias reglas, ya que antes decíamos: "Nada de dobles bombos, nada de teclados…" Mira lo que pasó con Queen, por ejemplo, que en sus primeros discos se jactaban de no usar teclados, pero después, ya todos sabemos cómo acabaron sonando. Sin embargo, lo que más me emocionó a la hora de usar en este disco, fue el Theremin. Como la canción “Rasputin” tiene una temática rusa, fue Simon quien sugirió que usáramos este instrumento, ya que fue inventado por un ruso (NdR: Léon Theremín en los años ’20). Lo que pasa es que ni poseo uno de esos ni sé cómo tocarlo, pero aun así quise poder contar con uno en el disco, ya que me ha fascinado desde siempre. Total, que Simon se puso en contacto con Carl Westholm, aunque todos en la escena sueca le llamamos Doctor Carl ya que es un eminente cardiólogo cuando no toca los teclados con Candlemass o The Doomsday Kingdom, y accedió a añadir unas partes con Theremín en el tema. Dentro de unos días, nos envió los ficheros y cuando los escuché con mis auriculares se me pusieron los pelos de punta; nunca antes había oído una mezcla así entre guitarras metaleras y el Theremín, aunque la verdad es que, en la mezcla final, lo bajamos un poco. Aun así, me encanta el hecho que el tema estuviera, llevaba esperando tantos años a ser grabado y acabó teniendo arreglos de Theremín. Ni me lo imaginaba cuando lo compuse entonces y es un buen ejemplo, no solamente del grado de complicidad y de aporte por parte del resto de la banda, también de mi deseo de siempre querer hacer algo diferente”.

"Cuanto mejor es una creación artística, más humilde debería sentirse su creador. El ego es el enemigo primordial del arte”

La Historia no solamente te inspiró a la hora de componer “Rasputin” sino también el tema “The Ill-Fated Mr. Mordrake”, que va sobre la escalofriante historia de Edward Mordrake, aunque probablemente sea una leyenda urbana…

“Curiosamente, no sabía nada acerca de este personaje hasta que escuché el tema de Tom Waits “Poor Edward” (‘Alice’, 2002). Es un tema tan oscuro y triste que me atrapó y empecé a investigar acerca de aquel pobre Edward. Aunque se trate posiblemente de una historia falsa, lo curioso es que su caso llegó a ser publicado en publicaciones medicas especializadas. Sea como fuese, aunque su historia encaja perfectamente con el estilo de Wolf, pensé que como Tom Waits ya se me había adelantado, quizás no merecía la pena que alguien volviera a hacer un tema sobre él, pero es que su historia no salía de mi cabeza. Un día conducía hacia mi trabajo a las 7 de la mañana y de repente empecé a cantar lo que sería después el inicio de la letra del tema. La melodía y la letra empezaban a fluir de la nada, así que cuando llegué a mi trabajo, aparqué mi coche y grabé con mi móvil mi voz cantando una forma primigenia del tema tarareando la melodía para que no se me olvidara. Cuando volví a casa por la tarde, vine aquí a mi estudio y empecé a elaborarlo. Lo curioso es que acabé el tema exactamente en la misma tonalidad con la que se me había venido en la cabeza mientras conducía (Fa sostenido menor), ya que, casi siempre en mi caso, la idea primigenia y el tema acabado suelen ser de tonalidades distintas".

"Creo firmemente, que la música ya está creada en algún lugar del Universo y los músicos lo único que hacen es captar con su mente esta música y canalizarla aquí en la Tierra. Cuando escuchas las dos primeras notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven, te da la sensación de estar en contacto con un principio que rige el Universo, algo tan básico como que 1+1=2. Los músicos no somos creadores, sino buscadores: la música está ahí afuera esperando ser descubierta, por lo menos así lo veo yo. Una vez, el director de cine Ingmar Bergman citó al dramaturgo alemán Friedrich Schiller (1759-1805), diciendo que de la única cosa de la que un artista debe presumir es de su diligencia. Es decir, de su voluntad y disciplina a la hora de intentar crear algo hasta que se tope con la inspiración. Sin embargo, la inspiración para mí no es nada más que el momento cuando la mente del creador entra en sintonía con el Universo y capta algo ya existente. Creo que en el momento que un artista asume el merito de haber creado algo muy bueno de la nada, por sí mismo, es cuando su ego empieza a inflarse y a la vez empieza a perder su integridad artística. Cuanto mejor es una creación artística, más humilde debería sentirse su creador. El ego es el enemigo primordial del arte”.

Foto: Per Knutsson

Las primeras notas del tema “Dust” me recuerdan a las primeras notas del tema “Raining Blood” de unos tal Slayer.

“Sí, me lo ha dicho más gente, pero la inspiración de este riff proviene del tema “Throwing Mountains” de Kansas (´The Absence of Presence’, 2020). Verás, cuando grabo en el estudio de Simon, suelo dormir ahí mismo en el sofá y una noche estaba cotilleando videos en YouTube y me topé con este tema, y me pareció muy majestuoso y épico, así que posteriormente, capté de “allí arriba” ese riff. Después me di cuenta que, aparte del riff de Slayer y de Kansas, también tiene reminiscencias de la pieza de Edvard Krieg (1843-1907), “In the Hall of the Mountain King”, la cual fue versionada por Ritchie Blackmore con Rainbow (‘Stranger In Us All’, 1995)".

¿Se comercializa aun vuestra cerveza?

“Sí, claro. Se llama Pale Moon, y la etiqueta tiene el lobo que es la mascota de la banda como lo es Eddie para Iron Maiden. Suecia no es famosa por sus cervezas, ya que los gobiernos suecos siempre han sido muy intervencionistas, esa especie rara entre socialistas y capitalistas, y en el caso de la industria cervecera, no solamente la han frito a impuestos, sino que imponen impuestos más altos cuanta más graduación tiene una cerveza o una bebida alcohólica. Ya sé que lo hacen para que, supuestamente, los suecos no acabemos todos siendo unos alcohólicos, pero ignoran o no quieren ver el hecho que debido al clima y también a las sempiternas ganas del ser humano de pasárselo bien, los suecos no dejamos de beber. La diferencia es que nos emborrachamos con alcohol barato, el que nos podemos permitir, haciendo que las resacas sean peores aún (risas). Ir a beber a un bar es algo que no todos pueden permitirse y, por lo menos cuando yo era un adolescente, nos comprábamos alcohol barato y quedábamos en casa de amigos para beber y sólo nos íbamos a bares cuando ya estábamos “bien cargaditos”, porque una birra ahí cuesta como mínimo unos siete euros. Nuestra birra no es barata, y eso es porque además es una birra artesanal, es una pilsener checa. Curiosamente, debido a la legislación sueca tan intervencionista, ni siquiera podemos usar el nombre de la banda en la etiqueta de la cerveza por razones absurdas que nunca entendimos. Es lo que tiene tener gobiernos que se meten en todos los asuntos de los ciudadanos: nos tratan como niños pequeños. Por lo menos, tenemos una absenta con nuestro nombre que aún se comercializa: Wolf Absinthe. Ahora, eso sí, una botella de esas cuesta unos 50 euros, pero es absenta de alta calidad y su creador ha ganado varios premios internacionales. Cómo no, el gobierno decidió intervenir aquí también, pero esta vez fue por la etiqueta, que era bastante gore, y nos obligaron a cambiarla”.

"No solamente íbamos a contracorriente debido a la moda imperante del grunge, de la música alternativa y del nu metal sino también nos repateaba ver el cutrerío imperante en referencia a los diseños de los discos"

¿Fue el diseñador de la etiqueta el mismo que os hace las portadas de los discos?

“No. El diseñador de nuestras portadas se llama Thomas Holm, y es el que diseñó los discos de Mercyful Fate y King Diamond en los años ´80. Es un artista de la vieja escuela, que prefiere pintar con oleo sobre lienzo. La portada de este disco, por ejemplo, es un cuadro que ya había pintado, pero que cuando lo vimos nos encantó y se lo compramos y a un buen precio: unos 1,500 euros. Cuando formamos la banda en los años ´90, no solamente íbamos a contracorriente debido a la moda imperante del grunge, de la música alternativa y del nu metal sino también nos repateaba ver el cutrerío imperante en referencia a los diseños de los discos, que parecía que todos se veían como artistas gráficos después de haber descubierto Photoshop. Nosotros queremos que, en el futuro, cuando miremos atrás a nuestras portadas, no nos den vergüenza ajena (risas). Thomas es una artista, no es un ilustrador y sus pinturas son su manera de batallar los demonios que lleva dentro, de la misma manera que nosotros hacemos música. Creo que es por eso porque tenemos esta conexión desde hace dos décadas ya. Sabes, el tema que da el título al disco es algo difícil de cantar, ya que hay que hacerlo en una tonalidad alta, y esto con casi 50 años no es fácil. Sin embargo, a la hora de grabarlo cerré los ojos y pensé en el cuadro de Holms y eso me ayudó a sacar fuerzas y cantarlo con toda mi fuerza".

Me acuerdo hace unos años cuando subías fotos de tus entrenamientos y la verdad es que dabas hasta miedo. ¿Sigues siendo un vigoréxico?

“La verdad es que no le meto tanta caña al cuerpo como entonces, pero sigo haciendo ejercicio, porque es mi manera de hacer meditación y evitar que el estrés se apodere de mí, cuando uno tiene un trabajo normal, una familia y una banda a la vez. Además, estar en forma me permite subir a un escenario y poder darlo todo, porque la manera con la que canto y la manera con la que toco la guitarra pueden complicar las cosas para una persona de mi edad. Ya sabes que con 38 años tuve una crisis nerviosa y había acabado quemado de mi trabajo anterior (NdR: trabajaba en una institución para gente con problemas mentales), y lo único que podía hacer durante un año era sentarme en el sillón y mirar a la pared; estaba hecho un zombi. Cuando me recuperé un poco, me sugirieron que hiciera ejercicio para poder sanar así mi mente. Como desde siempre había soñado con tener un cuerpo de diez, hice una apuesta conmigo mismo: para los 40 años, iba a tener un cuerpo de órdago. Dicho y hecho, pero hecho después de hablar con gente que sabía cómo hacerlo, sin sustancias raras de por medio, y con mucha disciplina".

"Más allá de los beneficios físicos, la experiencia me abrió los ojos en el sentido que pensé que si pudiera alcanzar esta meta, que a priori parecía imposible, ¿por qué no iba a poder alcanzar otras metas, igualmente difíciles de conseguir? Fue todo un chute de positividad, y me ayudó ver la vida de otra manera. La razón porque compartía aquellas fotos en las redes sociales, no era para alardear de mi cuerpo sino para inspirar a otras personas y decirles: "Si yo he podido hacerlo, tú también puedes". Sin embargo, poco a poco me di cuenta que hay gente que lo único que les importa en esta vida es marcar abdominales y ver cuánto de alto les saltan las venas, y no quería que alguien se volviera a un friki del fitness sólo por mirar mis fotos. No quería contribuir a eso, así que dejé de subir fotos y, desde hace un par de años, me lo he tomado con más calma. Sin embargo, me gustaría volver a retarme, esta vez para mi 50º cumpleaños, ya que mi trabajo es muy físico (cavo zanjas para que pasen por ahí las fibras ópticas de las empresas de telecomunicación) y mi constitución física normal es la de una gamba (risas) y es un trabajo agotador, pero no me quejo. Obviamente, me hubiese gustado haber podido alcanzar un cierto estatus con la banda que me permitiera prescindir de mi trabajo, pero prefiero partirme en dos y seguir dando caña sobre los escenarios porque sé que, si lo dejara, algún día acabaría lamentándolo por haber dejado de hacer lo que más me gusta y por haberme rendido en pos de una vida más cómoda”.

Antes dijiste que eres fan de la música progresiva y psicodélica añeja. Si alguien buscara en tu colección de discos: ¿Con qué disco se quedaría con la boca abierta?

“Pues, probablemente sería ‘Forever and Ever’ (1973) de Demmis Russos. Lo creas o no, es uno de mis vocalistas favoritos, y aquel disco que era de la colección de mi padre creo haberlo escuchado más que cualquier otro cuando era pequeño. Hablando de música progresiva, posteriormente descubrí que antes de su carrera en solitario, militaba en la banda Aphrodite’s Child, una de las mejores bandas de rock de los ´60, así que acabó gustándome más aún”.

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