Crónicas

Shikillo Festival 2019: rock en la sierra

«Nueva y difícil edición de un festival que había forjado su camino a base de exponer cultura musical»

Del 31 de julio al 3 de agosto de 2019

Candeleda, Ávila

Texto: Javier Pérez. Fotos: Sandro Santos

Nueva y difícil edición de un festival que había forjado su camino a base de exponer cultura musical, muchas veces alejada de los grandes compromisos, cariño y dedicación hacia un evento que pasito a pasito se abrió hueco en la batalla encarnizada por llenar de sonidos potentes varias noches estivales. Sin embargo, este 2019 se ha atragantado. Veamos que sucedió.

No soy de mal pensar, ni de ponerme en lo peor sin medir el contenido. Pero cuando el continente no entra por los ojos, te pones en alerta. Cambio de recinto, un único escenario que menguó la cantidad de grupos, y un cartel que tardó en cerrarse más de la cuenta, lo que conllevó que los horarios de actuaciones se publicaran extremadamente tarde; con estos mimbres se presentó el Shikillo Festival en 2019, lejos del Campo de Fútbol Municipal que acogió las últimas ediciones, cuyo paso de tierra a césped artificial quizá tuvo algo que ver.

Miércoles 31 de julio – Welcome Party

No pasaba por nuestros planes llegar a Candeleda hasta el jueves, pero como el día de Marea había peculiaridades en las acreditaciones de prensa, decidimos acercarnos para tomar el pulso y entender bien la situación.

Ambiente en el Shikillo Festival 2019

Cuando pusimos pie a tierra debía ya llevar en funcionamiento la música más de dos horas. Primer error: no estaban ni abiertas las puertas. Una vez dentro, un escenario, seamos sinceros, de andar por casa, nos recibe en una zona acordonada entre las barras y los puestos de comida.

Del Hip Hop Freestyle que abrió la velada poco podemos contaros. No porque no lo viéramos, ya que estuvimos allí desde que empezó, sino porque ni es algo que vaya con el estilo de este medio, ni porque fuera una cosa especialmente destacable. Varias batallas de gallos entre freestylers que no sé si eran de la zona o simplemente yo no conocía de nada, que entretuvieron a los pocos valientes que ya andaban por allí.

Lazurda eran unos completos desconocidos para el que firma, mas resulta que era su primer concierto como tal. Lógico pues que anduviera yo perdido. Rock potente desde Carabanchel, a dos voces rapeadas. Pusieron entrega, y se llevaron los aplausos agradecidos de los que gozaron haciendo pogos en los aledaños del entarimado.

Tarde y con un sonido horroroso, Miss Octubre tomó tablas con casi dos horas de retraso sobre el horario previsto. Entre unas cosas y otras la banda salió enrabietada, sobre todo una Agnés furiosa que encima se topó con un micro sin sonido. Se solucionó al instante, cierto es, mas no fueron capaces de hacer lo propio con la cantidad insalvable de acoples que se produjeron entre tema y tema.

Miss Octubre

Aun así descargaron un concierto muy digno, echando ganas y soltando nervios, cumpliendo con algo más de una hora que terminó por resultar entretenida, formada a base de cortes del orden de “Trago amargo”, con la que abrieron, la punkarra “Amor sucio”, la amargura de “Rojo oscuro”, o “Sombras en la noche”. Las covers, desiguales. Desapercibida la de Lilith (“El amor duele”), agradecida por ser la primera que cayó “Esta es una noche de rock and roll”, ruidosa “Deja que esto no acabe nunca”, y jugosa “Animal caliente”. Las tres de los Barri, claro. Y las tres con Alfredo a la voz. El broche fue para otra versión, de nuevo de los navarros, pero ahora cantada a medias entre público y Agnés: “No hay tregua”.

En este punto decidimos cenar algo y ver un rato a Balkan Bomba; nos hubiera dado tiempo a cenar dos veces. Tiempo de espera entre grupos exagerado, pero bueno, era el primer día y todo cuela.

La locura de variación entre la previsión y la realidad nos puso en el brete de perdernos a varios grupos interesantes. A Morphium me hubiera encantado verlos, pero ante lo que nos esperaba, preferimos guardar fuerzas y no acostarnos al amanecer así de primeras.

Jueves 1 de agosto

Aunque dentro del marco del festival, el segundo día era ni más ni menos que un concierto de Marea con sus grupos invitados. Con su venta de entradas aparte, un público bastante diferente al grueso de lo que se vería en las jornadas colindantes, y un equipo de sonido propio de la gira.

Vuelo 505

Cuatro Madres tuvieron la indecente tarea de tocarse varios temas con las puertas del recinto cerradas (algo que criticaría Kutxi Romero más tarde). Como suena. Su rock enraizado en los devenires de la noche que se nos venía encima sufrió ante tal contraria gesta.

Vuelo 505 y su abrazada tendencia hacia el rock de corte clásico y repleto de feeling tampoco despertaron el interés de los cuatro gatos que rondaban la zona. Una pena, porque lo hicieron francamente bien.

Ni aún con El Desván, que ya había caído la noche, se consigió dar color al asunto. Mal endémico de esta edición del Shikillo. Poco importó el insuficiente tumulto, pues tras la que me pareció BSO de ‘Saw’, que usaron de apertura, degustamos piezas como “Mi madriguera”, “El vagabundo”, “La taberna del infierno” o “Una noche más”. Eficaces en su cometido, dinámicos y empacados, dejaron con ganas de más.

El Desván

Cuando apenas pasaban unos minutos de las 23:45h, caen las luces del recinto y entre bambalinas surge una linterna que alumbra el camino desde camerinos hasta el escenario a los de Berriozar. El regreso al mundo de los vivos de Marea está haciendo mella en una escena que les necesita y venera sus andares allá por donde pisan. No se van a dejar un rincón de la península sin escudriñar, y hoy, con una entrada, ahora sí, más que aceptable, hicieron historia sin paliativos.

Las novicias “En las encías”, “El temblor” y “La noche de Viernes Santo” despejan un camino que se bifurcaba con la ruidosa introducción, y que durante casi dos horas y media iba a dejar Candeleda en ruinas. “Pobre de todo aquel que no se acuerde de los días de mierda y cuchara” ruge Romero para presentar la misma, antes de volver a ‘El azogue’ con la poderosa “Muchas lanzas”. Es en “Manuela canta saetas” con la que el cantar de los de abajo se hace más audible; sin embargo se enfría en una de mis predilectas: “Mil quilates”, donde Kutxi clava la voz que sirvió Evaristo en la original.

Eduardo Beaumont (Marea)

“Que se joda el viento” no da tregua, y menos si el voceras nos pone en danza con un “vamos a ver si sois rockeros, o sois de Hacendado”. “Un hierro sin domar” cierra este bloque, momento para dar paso al Piñas que toma las riendas de la voz para hacer “Pecadores” y “Trasegando”, dos jodidas cicatrices en la discografía de los navarros, y que pusieron el festival en ebullición.

“Jindama”, ya de nuevo con Kutxi por el altar, suena a gloria en una noche de verano sentida y vivida. Y al caso, que viene “Pájaros viejos”, dedicada con pasión al padre de Kolibrí, que nos dejó mientras se gestaba su última placa. Es la apoteósica “En tu agujero” con Gabriel de El Desván acompañando, y “La luna me sabe a poco” con Rubén de Vuelo 505, las que nos llevan a un pequeño descanso de apenas un par de minutos, tiempo para que Kolibrí tome sitio y, con un sonidazo salvaje en su Stratocaster, se marque un solo justo pero esclarecedor: amo de la guitarra.

Kutxi Romero (Marea)

El rocanrol acelerado de “La rueca”, esta vez con Javier de Cuatro Madres sobre el entarimado, se deja acompañar por dos versiones que, siendo sinceros, levantaron poco furor en la concurrencia; sin embargo en lo que a mí respecta, me llenaron del todo. Primero porque Los Suaves, de quienes cogen prestados ambos cortes, son grupo bandera; y segundo, porque elegir “Dulce castigo” y “Preparados para el rock and roll” son muestras de saber estar y elegante gusto.

Para los bises se guardan la presentación de la banda, “Bienvenido al secadero”, “El perro verde”, ahora con El Nava de Cableados arrimando el hombro, y “Marea”.

Tras el último guitarrazo enfilas hacia la salida con el alma en vilo y el poder de la música en las entrañas. Bravo Marea; bravo.

Viernes 2 de Agosto

Mal, malísimo presagio el llegar allí con un cuarto de hora de antelación, y ver que no es que no hayan abierto puertas, sino que ni siquiera está preparado el escenario.

Hamlet

Con más de una hora de retraso sobre el horario oficial, Hamlet salta al Shikillo con un público muy escaso, algo que chocó al grupo pero no lo amedrentó. Tras la BSO de ‘Pulp Fiction’ caen como losas “Persiste, insiste, repite”, “Denuncio a Dios”, “Libertad”, “Imperfección”…. Y poco más, porque de repente en “Limítate” se vino todo abajo, y tras ella comunicaron que en esas condiciones no podían seguir tocando. Después Molly me comentaría que el sonido se iba hundiendo y que no se escuchaban por monitores. Se mascaba la tragedia.

Una interminable espera para poner a punto la historia de Kitai, que se trajeron toda su parafernalia de escenario para nada; aburrió al personal que ya andaba disgustado.

Kitai

No puede haber nada más triste que ver a un cantante dejarse la piel, y que no se escuche absolutamente nada. Cuando digo nada, es NADA. A la tercera canción quisieron parar desde la mesa, pero con una actitud desgarradora la banda tiró con todo para adelante, girando incluso los monitores hacia el público, y enrabietados al extremo. De poco sirvió, la verdad. No pararon de alentar a sus seguidores, se dejaron la sangre arriba, descargaron temas incombustibles como “Fuego en la radio”, “Animal”, “H2O” e incluso un cover del “Killing in the Name” de Rage Against The Machine;  y hasta llegó la voz, pero fue casi peor el remedio que la enfermedad, porque desbarajustó todo lo demás y aquello se convirtió en una bola de ruidos que iban y venían. Francamente desesperante. Un sobresaliente para la banda que no escatimó.

Gatillazo ya no sé ni el retraso que acumuló, y un grupo que en condiciones medio lógicas incendia lo que encuentren a su paso, en esta ocasión apenas pudo paliar el calentón del personal. Sonar, sonaba, pero sólo eso. Acoples, petardazos, barullo… Ojo, que el recital de punk que estaban dando sobre las tablas era tan digno como de costumbre, y “Sr. Juez”, “El caos perfecto”, “Un minuto en libertad”, “Nada que ver” o “Mucha muerte” no faltaron a la cita; es más, tampoco se saltó el follón La Polla representada en “Lucky Man for You”, “Txus”, “Johnny” o el adiós definitivo con “Odio a los partidos”. Y ni aun así. Poco rato después nos cruzamos con Evaristo y, entre otras cosas, nos contó que ellos se escuchaban como un cañón; pues abajo, ni de fogueo.

Gatillazo

En este punto de no retorno el público estaba hundido, enfadado, cansado… Aburrido. Nosotros, y sintiéndolo enormemente por no ver a Boikot, tomamos camino de la cama.

No fue una pataleta, ni un acuchillamiento desmedido a la organización, que bastante tenía ya. Simplemente llega un momento en el que llevas allí más de nueve horas, y apenas has escuchado un rato de música. Has pasado más tiempo esperando, oyendo ruidos estridentes, y sufriendo penurias que disfrutando de actuaciones. Me consta que los madrileños echaron las ganas que faltaban al sonido, y paliaron en parte el cabreo de los congregados. Pero para que entendáis la situación: cuatro grupos se quedaron sin tocar porque estaba todo fuera de tiempo. Un verdadero desastre.

Sábado 3 de agosto

Al tener que desplazarnos desde bastante lejos, cuando se publicaron las modificaciones del sábado nosotros ya estábamos allí. Mal otra vez. Dichas variaciones iban desde cambios de hora, hasta idas y venidas de bandas que desaparecían y entraban en el cartel. No se cumplió nada, a excepción de los 45 minutos extras que nos comimos en el inicio de los conciertos. Consiguieron que el equipo de sonido funcionase, al menos para poder terminar el evento, pero nada más.

Capitán Cobarde

Capitán Cobarde y los Niños Perdidos contaron con, sorprendentemente, una afluencia de público floja, pero no ridícula. El sábado hacía bastante calor, y el grueso del respetable pasó del tema, pero los que allí estuvieron gozaron con una actuación cargada de buen rollo. El otrora Albertucho se ha sacado de la manga un formato y un repertorio bien empacado que destaca en la inicial “Lunas de mala lengua”, “A ver si me da por pensar”, “La primavera” o “El pisito”. No pierden la ocasión de mostrarnos una nueva, “Camino de vuelta”, que irá en su próximo LP, para el que nos animaron a seguir el crowdfunding, “que hace falta”.

Me apunto como momentos álgidos “Vergüenza”, contra los fascistas, y la bajada de telón de “Alegría”, el rock ácido de “Mi estrella”, y la que giró hacia esta andadura: “Capitán Cobarde”.

Gritando en Silencio

Gritando en Silencio sacó a relucir los fantasmas recientes del festival, con un cambio de equipo de cerca de una hora, y la constatación de que aunque se iban a poder realizar los conciertos, el sonido iba a dar, de nuevo, más de un quebradero de cabeza. Y así fue. Los sevillanos acostumbran a dar bolos que gustan, que desprenden honestidad, buenas vibraciones; en definitiva, que funcionan bien en festivales. Les habré visto unas doce o catorce veces fácil en estos últimos periplos, y si en salas cautivan, en los festis tiran de sangre caliente para no fallar. Hoy había nervios y malestar. Lo intentaron, volvieron a deleitarme con joyas como “A las armas”, “Estaré en el bar” o la siempre flamante “Vértigo”; sin embargo, a las nuevas como “Sácame de aquí”, cuyo esfuerzo en estudio es notorio de cara a revestir su sonido de un grosor y un cuerpo vibrantes, les falta fuerza en un PA que no está con ellos, ni con nadie. Molan, claro; siempre lo hacen porque su cancionero es brutal. Pero contra viento y marea es difícil pelear.

Sons of Aguirre & Scila fueron uno de los pocos grupos que a nivel sonoro salvó los muebles. Cuando únicamente tiraban de mesa, cuajaba bien. En el momento que entraban los instrumentos, el batiburrillo era el habitual. Reivindicativos, pusieron a sus seguidores en pie de guerra a base de rap irascible y bilis escupida. Fuera de nuestro hábitat, gustaron.

Desakato

Con Desakato ya la cosa se había vuelto a salir de madre, y desde el minuto uno se notó. Un sonido que, para intentar paliar sus miserias, fue a todas luces insuficiente. Estar prácticamente pegado a la valla de las torres y poder charlar con el de al lado… Mal síntoma.

Ellos lo sabían, y nos alentaron a que, aun así, disfrutáramos el espectáculo de manera habitual. Complicado. Y eso que Pepo salió directo con una balsa hinchable que soltó sobre las primeras filas para navegar sobre nuestras cabezas al ritmo de “Humo negro”. En general, todos los grupos entendieron la causa y efecto, mas fueron los asturianos los que más apoyaron la difícil situación por la que pasaba la organización.

Trallazos certeros como “Columnas de humo”, “Animales hambrientos”, “La cura” o “Tiempo de cobardes” sostuvieron una actuación impepinable, sabiéndose cabezas de cartel de la jornada, y siendo los más esperados en la ya fresca noche del sur de Gredos. Pero os puedo asegurar que me recorrí el recinto entero buscando una posición donde encontrar una ecualización que me entrara por los oídos, y no hubo forma humana. Lo que salía de las torres iba y venía, por la izquierda, ahora por la derecha, ahora sin graves… Muy difícil la jugada.

De nuevo brillante la banda, como todas las que les acompañaron a lo largo de estas dos fatídicas jornadas. Espero estar en La Riviera en noviembre; Desakato van para arriba de manera imparable.

Y hasta aquí. Nos dejó mal sabor de boca dejar pasar la oportunidad de ver a Sínkope una vez más, pero es que ya estábamos en las mismas del sábado: retraso tras retraso, una nube de polvo insufrible (no dudo que trabajaran al 200 por 100 para arreglar el sonido, pero lo que tampoco dudo es que el último día ni se regó la explanada, ni se limpió…), y una sensación extremadamente rugosa que preferimos paliar dejando las cosas en ese punto. Cuando estás más pendiente de volver a Madrid que de vivir los últimos coletazos de lo que debería haber sido una gran fiesta, es mejor plegar alas y esperar tiempos mejores.

No vamos a hacer leña del árbol caído, sobre todo porque pensamos de verdad que el Shikillo es un festival que merece nuestros respetos por todos los años que lo hemos disfrutado sin límites. Este 2019 desconozco las causas que lo han empujado a cambiar el recinto, dejar un único escenario (quizá el fallo más gordo; es inviable tener a miles de personas de fiesta mirando a las montañas entre grupo y grupo), y entregar un cartel tan tardío. No voy a entrar a valorar los controles desproporcionados vividos durante los cuatro días; primero porque supongo que es algo totalmente ajeno al Shikillo, y segundo porque es un trámite extramusical que no tiene cabida aquí; simplemente lo reseño, porque calentó aún más los ánimos ya de por sí incandescentes de buena parte de los asistentes.

Entiendo que la catástrofe del sonido es un enorme fallo organizativo, pero también entiendo que no es únicamente fallo de la organización como tal. Tristemente, este despropósito ha arruinado el acontecimiento. Me despido esperando que en 2020 todo vuelva a ser como antes. Lo merecen los de arriba pero, sobre todo, los de abajo.

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Esta entrada fue escrita por Javier Pérez

5 comentarios

  • Juandie dice:

    A pesar de los fallos de sonido en algunas actuaciones la verdad que la mayoría de los grupos rockeros estuvieron a la altura a través de esos temazos y en este festival que con el paso de los años se ha consagrado como una referencia de los grandes de nuestro país.

  • Genesis dice:

    Te dejas cosas sin contar
    Viernes
    Gente esperando concierto de NARCO, tras hora y media, informan que no podrán tocar. Debía ser como las 5:30, lo cual es casi 5 horas de retraso

    Ni Narco, no Talco....

    Sábado
    No toca anier, no toca ninguno de los últimos...

    FRACASO
    TOMADURA DE PELO

    Me llama la atención como empieza la crónica cuando esto fue una estafa.

  • Kami dice:

    A Fyahwboy ni lo mentas, se suponía que tenia que tocar a las 4 de la mañana y cancelo poco antes de tocar. Que curioso que 4 grupos del sábado en vistas del desastre del viernes por motivos personales no pudieran ir.
    Ni tampoco se menta que se ofreció un 2x1 en cerveza y kalimotxo para la primera hora del sábado en compensación del viernes (con un calororazo de miedo donde no hay ni Krusty) y a todos aquellos que solo habían comprado la entrada de ese dia (viernes) podían entrar de manera gratuita el sábado. Ni que cuando se preguntaban por las hojas de reclamaciones te decían que las hiciesen grupales (cuando es ilegal). Para haber estado a pie de concierto te perdistes muchas cosas...

  • Martin dice:

    El festival fue un puto desastre. Un tangazo de libro. Grupos que no tocan, retrasos eternos, sonido de verguenza, ningún tipo de espliclacion por parte de la organización, una cantidad de policía desproporcionada... Lo único grande del festival fueron los precios.
    Una pena, la gracia del shikillo era precisamente que pese a ser un festival pequeño, tenías las mejores bandas del país en dos días.

  • Anónimo dice:

    UNA ESTAFA.
    SINVERGÜENZAS, DEVOLVERNOS LA PASTA YA.

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