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Crónicas

Rock of Ages 2018: "Rock n' roll para todas las edades"

«Las grandes leyendas del rock de estilo melódico fueron los máximos protagonistas de este festival, y el ambiente familiar su hilo conductor »

Del 27 al 29 de julio de 2018

Seebronn, Alemania

Texto: Josep Fleitas y Xavier Bertrán. Fotos: Josep Fleitas

El Rock Of Ages es un festival que nació con la intencionada fórmula de poder llegar a todos los públicos, con una propuesta en la que las grandes leyendas del rock de estilo melódico fueran los máximos protagonistas de éste, y el ambiente familiar un hilo conductor en el que transmitir las grandes sensaciones que décadas atrás sirvieron como base para que hoy en día sigamos disfrutando del rock ‘n’ roll en un espacio muy especial.

Pero no todo en el Rock Of Ages son bandas clásicas,  en muchas ocasiones, y por desgracia, muy difíciles de ver en nuestro país u otros festivales, si no que en su cartel siempre han tenido cabida nuevos valores del estilo, e incluso partes muy originales y sorprendentes de él.

Esta premisa se ha cumplido a la perfección en la 12ª edición del R.O.A. Una edición que ha contado con un gran cartel, una excelente calidad de sonido, una muy cuidada producción, buenos servicios, y un ambiente cómodo, limpio, tranquilo, amable y divertido, en el que se ha vivido la perfecta sinergia entre todo ello para disfrutar de muy buenas propuestas. Propuestas que Josep Fleitas y Xavier Bertrán nos cuentan tras su tercera experiencia en éste festival tan especial.

Black Star Riders

Viernes 27

Hace dos años, tras la edición del décimo aniversario del festival, su promotor, Horst Franz¸ anunció que con el fin de evitar las altas temperaturas y que las bandas que iniciaban el festival actuasen con poco público, en las siguientes ediciones el Rock Of Ages iba a contar con un día más de cartel. Este cambio se realizó con buen éxito el pasado año y en éste se ha consolidado. Por ello es que, en el único escenario del festival el primer día, los conciertos se inician a las 17:00 horas y acaban a las 24:00.

Black Star Riders: Bien está lo que bien acaba…

El festival lo iniciamos con algo más de una hora de retraso por cuestiones logísticas, por lo que nos perdimos casi toda la actuación de unos Black Star Riders que estuvimos disfrutando desde fuera hasta que a la carrera llegamos para entregarnos a tope ante las buenas formas que Scott Gorham, Ricky Warwick, Damon Johnson, Robbie Crane y Jimmy DeGrasso dieron en unos intensos, motivadores y efectivos “Before The War”, “When The Nights Comes In”, “Kingdom Of The Lost” y “Bound For Glory”, temas en los que la banda ya tenía al público germano a sus pies, y a nosotros con ellos.

Nazareth: ¿Sentencia? ¡Aprobados!

Me quito el sombrero delante del Sr. Sentence, ahora mismo frontman y líder de Nazareth, con un estado vocal envidiable. Pero es que además tiene un registro que no quiere imitar para nada al bueno de Dan McCafferty, sustituido por una enfermedad que no le permite hacer giras, y le da su propia personalidad a la banda. Recuerda mucho más a Marc Storace, cantante de Krokus, su antigua banda, y otras veces a Bon Scott. Buen descubrimiento que hizo el miembro original que queda de Nazareth, Pete Angnew.

Nazareth

¿Qué decir de los escoceses? Que hicieron un buen concierto, pero con un setlist un poco erróneo a mi entender. Me explico: En un concierto de una hora tal vez el alargar demasiado los temas no te permite ampliar el set de canciones con más clásicos. Que en un concierto de Nazareth no suene “Telegram”, ya no te sorprende. Pero que tampoco suene “Expect No Mercy”, incluida en su setlist de gira, ya me dejó un poco atónito. Y más cuando terminan el concierto de manera abrupta con la versión de “Morning Dew” de Dobson, alargando esta canción demasiado y sin sentido. Sí que cayeron clásicos como “Hair Of The Dog”, “This Flight Tonigh”, “Razamanazz”, “Miss Misery”, y las coreadas baladas “Dream On” y “Love Hurts”, en las que Sentence demostró su saber estar encima de las tablas.

Una pena, porque con otro set y alargando menos los temas, un buen concierto, hubiera sido excelente. Pero a su favor juega que son una banda veterana que, cambiando de cantante y líder, aún están dando buenos conciertos y no empequeñecen su nombre. Más bien al contrario. Que ¿Sentence no llega al carisma de McCafferty? Llevo dos conciertos de ellos y la verdad es que está mejorando y mucho en este sentido. A ver si  con el nuevo disco, a punto de publicar, podemos tener la oportunidad de verlos por nuestras tierras. Yo repito seguro.

Sweet: Agridulce recuerdo

Era la cuarta vez que Sweet se presentaban en el festival, y en esta ocasión parece que la última, dado el anuncio, no oficial, de despedida de la banda tras lo que les queda de gira. Si es así, ésta será una despedida algo triste para mí, ya que Sweet no estuvieron a la altura vocal que sus himnos merecen. Y ni mucho menos lo estuvieron a la de las seis anteriores ocasiones que he tenido la fortuna de verlos en directo.

Sinceramente, fue una verdadera lástima que ni la intensidad de la acogida por parte del público, ni el buen sonido del que disfrutaron, fueran partes suficientes para que el recuerdo de este concierto sea algo más que el añorar los recitales pasados.

Lo más extraño de todo es que la garganta del cantante, teclista y guitarra, Tony O’Hora (Praying Mantis, ex Onslaught) y la del mítico galés Andy Scott, estuvieron a la misma altura de infortunio, por lo que no pudieron apoyarse el uno al otro para remediar el entuerto vocal.

Por fortuna, musicalmente todo se mostró muy diferente. Ahí sí, musicalmente la banda demostró por qué sus himnos fueron una referencia en el glam, el hard rock y el  bubblegum. Ahí fue dónde Sweet volvieron a ganarme como fan y a dejarme con la sensación que, tras cincuenta años de trayectoria y hits del tamaño de “Action”, la versión de Hello, “New York Groove”, los intensos “Hell Raiser”, “Turn it Down”, “Six Teens”, “AC/DC” y “Set Me Free”, las más bailables “Teenage Rampage” y “Wig Wam Bang”, las sinfonías de “Love is Like Oxygen” y la animosidad de “Fox on the Run”, “Blockbuster” y “BallRoom Blitz” (en la que sinceramente esperaba que colaborase el gran Carl Sentance de Nazareth a las voces) hicieron bueno un set que se celebró en cuanto a contenido pero que se desequilibró vocalmente.

Espero poder resarcirme pronto de este concierto para nuevamente grabar en mi memoria las grandes sensaciones que me han dejado los recuerdos de la banda con el nombre más dulce del rock.

Echoes: Tributando a Pink Floyd

Siempre existe la duda de si una banda tributo puede liderar o no un festival y si esta debe de ser un reflejo clavado a lo que es la banda que homenajea. Echoes, en lo que respecta a lo musical, es una banda tributo, pero no copia, de Pink Floyd. No veréis un calco, si es lo que buscáis. Hay algo de personalidad, sin cambiar la esencia, que está bien que el grupo lo quiera mostrar. Muchos músicos sobre el escenario, con sección de cuerdas clásicas incluidas que le daban un gran sonido a los temas más sinfónicos de Pink Floyd. Una pantalla redonda, con imágenes un tanto raras, en el centro del escenario con un juego de láseres espectaculares, y nada más. La banda tributo liderada por Hartmann (Avantasia) nos deleitó con dos horas de concierto y un setlist que ni yo me esperaba.

Sonaron temas como “Learning to Fly”, “High Hopes”, “Have A Cigar” o “Sheep”, que se combinaban con canciones más usuales como la primera “Shine You Crazy Diamond I-V”, una tempranera “Wish You Were Here”, que el público cantó con mucho sentimiento, “Time”, “Welcome to Machine” con la colaboración de Geoff Tate, ex-cantante de Queensrÿche, “Hey You” con Midge Ure de Ultra-vox tocando la guitarra y haciendo voz principal sobradamente, y la última colaboración, Sadler, cantante de Saga, en una gran “Comfortably Numb”.

Tal vez me faltó un poco más de originalidad en los temas de ‘The Wall’, ya que, al ser un disco conceptual, se podía hacer un poco más personal. En “Another Brick In The Wall Part 2”, no sonaron los coros de los niños, por poner un ejemplo. O los bises, en los que pasamos de una rockera “Money” a un “Run Like a Hell”, última canción, con todos los artistas encima del escenario, que no se sabían el tema bien del todo, lo que empañó un poco el final de fiesta.

Estuvo bien el directo, sobre todo para poder escuchar canciones que con Roger Waters o David Gilmour no se suelen ver en vivo. Pero me faltó algo, y no fue a nivel musical, exceptuando algunas voces. Después de ver en directo a Waters te esperas que todo show sea igual, y la verdad es que no. Hartmann, de voz, va algo justo, lo hacía mucho mejor el guitarrista rítmico Michael Unger, o las imágenes, que parecían gifs cortados y pegados, tanto es así, que a veces no tenían nada que ver con el tema que tocaban. Escuchar “Sheep” con una oveja de fondo en la pantalla comiendo hierba durante cuatro minutos se hace algo pesado… Aun así, como punto final de la jornada inaugural nada que objetar, aunque sea una banda tributo. Echoes cumplió de sobras con su papel. Mañana más conciertos…

Sábado  28

El segundo día de festival se conformó de la manera usual antes del cambio a tres jornadas, es decir: inicio temprano (11:00) y final a media noche (00:00).Un día en el que la temperatura bajó unos grados gracias a unas nubes que descargaron una suave lluvia a mitad de jornada, lo que ayudó a disfrutar mucho más de la intensidad que muchas de las bandas mostraron, y permitió sobrellevar las propuestas más relegadas.

Supernova Plasmajets: Mucho camino por delante

Los encargados de abrir la calurosa jornada del sábado. Tenía ganas de ver a este grupo germano, que nos fueron presentados como unos H.E.A.T nativos. A ver, son un grupo de hard ‘n’ heavy, que poco tiene que ver con los suecos ya nombrados. Una banda entregada que hizo cantar al poco público presente, hay que pensar que también juegan en casa, a base de temas como la animada “Will I Ever Know” una canción que define el sonido de este grupo o la más heavy “Leave Forever”. La banda funcionó a la perfección con coreografías muy bien estudiadas encima del escenario y tocando muy bien. Actitud de diez. Pero lástima de la cantante Jennifer Crush. Pensareís algunos que canta mal, ni mucho menos; ¿que es poco comunicativa? Tampoco. Pues entonces ¿qué falla? Que, sencillamente, ella se encuentra más cómoda cantando baladas. Perfecta en “Hold you Close”. Y luego otro hecho que hay que entender y que no se malinterprete: Si estás más pendiente de no caerte del escenario por llevar tacones y que el pelo te quede bien, no das la imagen para ser una frontwoman de un grupo de hard. Haría bien en fijarse como se mueven y expresan encima del escenario artistas como Doro o Elin Larsson. Hay camino por mejorar, temas tienen y actitud también. ¡Seguro que lo pueden hacer!.

Lazuli: La calidad se viste de galos

Una de las cosas que más me atraen de los festivales, además del disfrute general de ellos, es la oportunidad de conocer, descubrir y sorprenderme con propuestas que desconozco o por las que he pasado de puntillas.

Éste es el caso de Lazuli, un quinteto nacido en el sur de Francia hace 20 años, y forjado a través del gusto y la pasión por el rock progresivo y experimental de tildes étnicos y muy atmosféricos, casi oníricos, de los hermanos Dominique y Claude Leonetti, quienes han conseguido ,como partes más destacadas de su historia, haber grabado ocho exitosos trabajos discográficos, haber inventado un instrumento totalmente original y con una sonoridad excelente: el Léode (una variante artesanal del popular Stick Chapman que usaron y popularizaron gente como King Crimson, Peter Gabriel o Pink Floyd, y más actualmente: Liquid Tension y Dream Theater. La diferencia del Leóde con el Stick Chapman estriba en que el primero permite una técnica más abocada en el uso del Slide sobre la del Tapping del segundo, por lo que el Leóde consigue sonidos más ambientales, melódicos y solistas).

Otro de los principales logros de Lazuli es que son considerados como los embajadores del rock progresivo francés, no sólo por su éxito más allá de sus fronteras, sino también porque la totalidad de sus letras están cantadas en el idioma galo. Con esas premisas refrendaron una música ambientada por la entrega incondicional de una banda que se dejó el alma en la actuación y blandió de manera magistral, ambiental y orgánica cada uno de sus instrumentos, incluido un omnipresente xilófono eléctrico.

Sinceramente, Lazuli me enganchó hasta el delirio, cuales druidas fascinaban a sus huestes con sus pócima mágicas, en este caso elaboradas a base de eclécticos y progresivos ritmos que se mecían entre la experimentación y la étnica, la conexión y la magia, la entrega y la técnica, el divertimento y la pasión… Partes que transmitieron a través de temas como: “J’attends un pintemps”, “Un linceul de brume”, “Mes amis, mes frères”, “L’Arbre”, “Les quatre mortes saisons”, “Mes semblables” y ese impresionante tema final que fue el instrumental y xilofónico “9 Hands Around the Marimba”, al que se unió una gran versión del “99 Red Balloon“ de Nena.

Los bardos del progresivo fueron toda una sorpresa en directo y se ganaron ser tratados como de lo mejor de todo el festival. En mi opinión, Lazuli son perfectos para presidir carteles como los del Be Prog! My Fiend o el Azkena… ¡Apuntadlo!

Fozzy: American party

Que Chris Jericho es todo un showman queda fuera de toda duda, sólo hay que verle en cualquiera de los innumerables shows de wrestling en los que ha aparecido para darse cuenta de que su habilidad como luchador, orador y bailarín están por encima de la media. Todo ello hace que ver un concierto de Fozzy sea una experiencia en la que todo se une para que la fiesta sea de lo más intensa, incluso más allá del estilo musical que Chris practica, ya que su verdadero valor está en la conjugación de entrega y comunicación que ejerce ante el público con una propuesta que engancha y se contagia de tal modo que es casi imposible quedarse inerte ante el despilfarro de energía que, a pesar del intenso calor, Jericho distribuyó de manera incansable y voluptuosa. Fozzy organizó su setlist a través de un compendio de temas propios, esa parte que entrelaza el hardcore melódico con las partes más comerciales del nu, e incluso del alternativo, dejándose las divertidas versiones que brillan en sus discos para otra ocasión.

Con una banda expeditiva y un Chris con el buen saber hacer de lo que debe ser un líder sobre un escenario, que se quedó tan corto que hasta utilizó una de las columnas del escenario para interpretar el hit homónimo a su último álbum, “Judas”, la banda utilizó un arsenal que inició con la intro de “War Pigs” y siguió proponiendo como destacadas andanadas de alta condensación detonaciones como: “Do You Wanna Start A War”, “Burn Me Out”, “Painless”, “Elevator”, “Lights Go Out”, “Drinking With Jesus” o “Sandpaper” en un concierto divertido y sobre todo muy motivador, que, sin duda, erigió a Jericho como el mejor frontman que pisó las tablas de esta edición del festival.

Shakra: Sin esencia

Cundo acabas de ver un show como el ofrecido por Fozzy y, de repente, te encuentras con una propuesta llena de buena música, de grandes hits, de buen sonido, pero falto de espíritu puede invadirte la sensación de haber conducido un Mercedes de alta gama y potencia y al parar para echar gasolina en una de las autopistas sin límites de velocidad alemanas el cochazo se haya convertido en un Volkswagen “escarabajo”, que si bien te va a llevar al lugar de destino lo hará a una velocidad y con unas sensaciones totalmente opuestas a las generadas y disfrutadas sólo unos momentos antes.

Esa fue la sensación que me produjo la actuación de unos Shakra que se contagiaron de la parsimonia de su cantante, Mark Fox, que aunque dispuso de buena voz en unos temas que cubrieron las expectativas en el set, su relajación hizo que hits como “Hello”, “Snakes & Laders”, “Medicine Man”, “Life is Now”, “High Noon”, “Raise Your Hands”, “Ashes to Ashes” o “Rising High” tuvieran una celebración mucho más moderada de lo que merecen. Tan solo la entrega de los guitarras Thomas Munster y Thom Blumer a los coros indujo a la participación y elevación del show más allá de las primeras filas.

¡Una lástima, porque su hard rock me ha hecho vivir grandes y especiales momentos!

The New Roses: Old time rock n’ roll

Si algo definiría a The New Roses es que son un cuarteto de hard rock alemán con gran recorrido por delante. Jóvenes, con ganas de comerse el mundo y con canciones que van del palo Quireboys. Timmy Rough, el cantante y guitarrista rítmico, tiene un registro de voz similar a Spike, Bryan Adams, Thunder y algún toque de sureño. Tal vez, y a mi modo de ver, saldrían ganando incorporando un teclista en directo y en sus composiciones. En Alemanía los empiezan a venerar, salieron en la BSO de allí de Sons of Anarchy y han abierto para artistas de la talla de ZZ Top, Blackfoot o Joe Bonamassa, entre otros, con sólo tres álbumes editados. Canciones con enganche como “Every Wildheart”, escuchad el estribillo que vale la pena, “Forever Never Comes” con una intro de la guitarra triangular de Norman Bites, es un tema que me recuerda a Monster Truck por el estribillo, o “Life Ain’t Easy (For a Boy With a Long Hair)” dan cuenta del saber hacer de la banda. Decir que Norman Bites estuvo genial durante el concierto haciendo unos solos bastante más contundentes para el estilo de música que The New Roses practica, pero quedan, la mar de efectivos. También tienen otros registros, como el medio-tiempo de carretera “One More from the Road”, donde se mostraron con teclados pre-grabados, es una pena, saldrían ganando utilizando unos en directo, le da más empaque para el estilo de música que quieren hacer. Terminaron el concierto haciendo saltar a la gente con la versión de Bob Seger “Old Time Rock ‘n’ Roll”, todo un clásico que salía en la película Ricky Business, o para los más televisivos, la cantaba el bueno de ALF.

Operation Mindcrime

Operation Mindcrime: Sublime voz de mando

1988, tras el aclamado éxito que Queensrÿche obtuvo con sus tres primeros álbumes de estudio (‘Queensrÿche’-EP ’83-, ‘The Warning’ –’84- y  ‘Rage of Order’ –’86-), llegó el Big Bang para los de Seattle, con un álbum magistral, esa obra conceptual que se forjó desde la abstracta idea de drogar a Nikki, un drogadicto enamorado de Mary, una prostituta reconvertida a monja, para que asesinase en nombre de una organización de índole anarquista. Una historia que recorrería el mundo y que definitivamente consolidaría a la formación como una de las bases que el progresivo necesitaba para desplegar unas alas que les ha hecho planear entre las corrientes del rock cual cóndor andino.

Pero los años pasan, los roces ocurren y las desavenencias acaban en rotura, una rotura que, con Queensrÿche, nos ha ofrecido la oportunidad de poder disfrutar de dos bandas que proponen una gran y distinguida cantidad de sensaciones en las voces de dos grandes, Tod La Torre y Geoff Tate.

En esta oportunidad fue Geoff Tate quién nos mostró la magistralidad de una voz muy cuidada, una puesta en escena sobria, teatral e intrínsecamente cautivadora, voz  que se apoyó en la mágica sinergia que se dio entre la entrega de una banda sólida y un setlist que nos hizo flotar, despuntado magníficamente en los inolvidables momentos que dejaron himnos como: “Anarchy X”, “Revolution Calling”, “Operation Mindcrime”, “The Mission”, “Suite Sister Mary”, “I Don’t Believe in Love”, “My Empty Room” y el inconmesurable “Eyes of a Stranger”. ¡Simplemente impresionantes!

The Quireboys

The Quireboys: This is only rock ‘n’ roll?

¿Qué decir de la formación liderada por el bueno de Spike? Que ni una lesión en su pierna derecha (llevaba como una especie de protección) le puede frenar. Han pasado muchos años, se formaron en Londres en 1984, y de sus miembros originales sólo quedan el ya nombrado Spike y el guitarrista Griffin. Aunque nadie lo diría viendo la banda encima del escenario; y es que músicos de la talla de Paul Guerin y Keith Weir, increíble su trabajo en los teclados, le dan una consistencia que es muy difícil verles fallar en un concierto. Y no fallaron. Las nuevas canciones como “Too Much of a God Time”, “Mona Lisa Smiled”, “Grace B” no desentonan para nada con sus clásicos. Y, señoras y señores, esto con sus dos discazos de debut es muy difícil de hacer. Pero claro, te tocan temas como “Misled”, “7 O’Clock”, “Tramps and Thieves”, “Hey You” y te olvidas de todo lo demás. Faltó “Sex Party” como gran final. Una pena que no la tocasen. Cómo anécdota, comentar que Spike le dedico la balada “I Don’t Love You Anymore” a su colega de copas Fish, como si fueran amigos de toda la vida. Le dejo a Josep que termine explicando la anécdota por la parte afectada del bueno de Fish. Un buen directo con un sonido impecable. Como siempre, Quireboys no defraudan.

Fish: Fuera del agua

A la hora de hablar de rock progresivo y art rock, Fish ha sido, y es, una de las partes más importantes e imprescindibles en la historia de estas disciplinas del rock n roll, y no tan solo por su indeleble impronta con Marillion, sino también por lo mostrado y demostrado en solitario, tan solo hay que escuchar aquel imprescindible ‘A Vigil in A Wilderness of Mirrors’ (1990), el popular ‘Suits’ (1994) o ese ejemplar y personal ‘13th Star’ (2008), para darse cuenta de su gran valor, aunque innegablemente entre ellos haya tenido sus altos y bajos como aquel tributo ‘Songs From the Mirror’ (1993), el folky ‘Internal Exile’ (1991) o ese extraño y denso ‘Fellini Days’ (2001).

Sea como sea, Fish continua manteniendo viva el aura cuyo fuego se balancea entre la atracción y la melancolía, entre su voluble personalidad y la majestuosidad más compactada. En dos palabras: “Sello Fish”. Un sello que dejó imprentado en este concierto de una forma tan intrínsecamente personal que hasta el buen compendio de temas de Marillion que desgranó quedaron a poco del bostezo: “Hotel Hobbies”, “Warm Wet Circles”, “That Time of the Night (The Short Straw), “Just for the Record”, “Torch Song”, “Slàinte Mhath”, “Sugar Mice” e “Incomunicado”. O sea, ese ‘Clutching At Straws’ (1997) que definió su salida de la banda, del que para ser completo se saltó de su atril los temas “White Russian” y “The Last Straw”, incorporando eso sí, esa cara B “Tux On”, del single ‘Sugar Mice’.

Pero Fish, en esta ocasión, tampoco quiso obviar su propia impronta en el set con los temas: “The Voyeur (I Like to Watch)”, “Emperor’s Song” y “State of Mind”, odas que tampoco lograron sobresalir del resto.

Éste fue un concierto que quedó tan mordido como los discursos que profería entre historias contadas a caballo del inglés y el alemán, por no decir las anécdotas que bailaban entre mandar, más o menos cariñosamente, a la mierda a Spike de Quireboys y su correlación entre ser escocés, el Brexit y la situación política de España… Nada que ver con lo que Fish ofreció en el mismo escenario en 2015, cuando representó esa genialidad que fue ‘Misplaced Childhood’. Musicalmente fue una hora y media para tomársela muy en calma, y nosotros lo hicimos viendo el concierto sentados desde el palco que ofrecía la zona V.I.P. del festival, cervezas en mano.

Dirkschneider

Dirkschneider: ¡A todo trapo!

El bulldozer alemán sigue dando guerra, y lo hace mostrando el brillo metálico que desprenden los perfilados himnos de esa época dorada en la que su rabiosa voz daba forma a unos Accept que hace años rehusaron de él y que, por su cuenta, siguen dando vueltas, “de tornillo”, a los mismos términos de una vieja escuela que sigue haciendo valer su indeleble marchamo.

Con el mejor escenario en el que he podido ver a U.D.O./Dirkschneider, una muy buena producción, gran sonido, un setlist que no dio lugar a sorpresas y un invitado de lujo a las guitarras con el ex batería de Accept y guitarra de U.D.O., Stefan Kaufmann, supliendo en las funciones de las seis cuerdas al ya disgregado norteamericano Bill Hudson. Escudándose en Kaufmann y Andrey Smirnov a las guitarras y en su hijo Sven y su inseparable amigo Fitty Wienhold a la batería y bajo, respectivamente, Udo consiguió cuajar un más que buen concierto de heavy metal que disfrutamos entonado veinte de los más destacados clásicos de su etapa en la banda que sigue liderando Wolf Hoffmann. De esos himnos, destacaron los iniciales e intensos “The Beast Inside”, “Aiming High”, “Bulletproof”, “Midnight Mover” y “Living for Tonite”, tras el que se dio el que para mi entender fue el único sobrante del set, el anodino “Another Second To Be”, que en esta ocasión relevó al añorado “Neon Nights”. Tras un pequeño receso en el que Kaufmann punteó un corto solo, llegó con ritmo lento y pesado, casi pétreo, el coreado “Princess of the Dark” en el que sobró el juego vocal que prácticamente sin conexión Udo se empeñó en entablar con un público más por la labor de disfrutar de intensidad que de los duelos y solos, quedando ello demostrado en la conexión que hubo entre el público y la banda en los siguientes mazazos infligidos por los rompegargantas “Restless & Wild”, “Son of A Bitch”, “London Leatherwolf”, “Up to the Limit” y “Breaker”.

Con una voz que no se arrugaba, Udo volvió a bajar la intensidad pero no la entrega y la conexión conseguida, y lo hizo con los medios tiempos de riffs matadores “Screaming for the Love Bites”, “Love Child” y “Russian Roulette” antes de que un breve solo de Sven Dirkschneider a la batería abriera el siempre supremo “Metal Heart”, que fue rebozado por un gran solo de Smirnov antes de que un alargado juego vocal inicial (Aidi-Aido…) que tanto gustó repetir a los teutones rompiera con el mítico “Fast As A Shark”, que finalizó con la desaparición de la banda entre bastidores.

Tras unos breves momentos de cánticos (“Aidi-Aido…” y “Zu-ga-be…”), que a esa hora se antojaban más cerveceros que de reclamo, la banda salió en tromba preguntando qué tema querían escuchar como bis: la respuesta fue alterna entre “I’m a Rebel” y, cómo no, “Balls to the Wall”, por lo que estos significaron el final de un concierto en el que Dirkschneider lo dio todo y recogió su merecida recompensa en el apoyo recibido por un público que depuramos las ultimas cervezas del día con una sensación de satisfacción general, la que sin duda se refrendará en la escucha del nuevo e incendiario trabajo de estudio de Dirkschneider, ‘Steelfactory’, que volverá a poner a la banda de gira, en esta ocasión con la combinación de temas propios y la inexcusable memoria del paso del bulldozer teutón por Accept.

Con buen ánimo por todo lo vivido y unas buenas risas recordando esos momentos de frikismo que siempre se suceden en los festivales, nos dirigimos hacia Stuttgart para reponer fuerzas y descansar para retomar el último día de festival con el mejor de los ánimos.

Domingo 29

Si el día de ayer el calor remitió en unos 10 grados respecto a los 34 que se registraron el sábado y nubes y unas gotas de lluvia refrescaron el ambiente en el festival, el termómetro volvía a lucir por encima de los 30º. Por fortuna los conciertos empezaban a las 15:00, lo que nos permitió acudir a la barbacoa a la que la familia Weber nos invitó previa al festival. ¡Gracias Peter, Julia y Dani por la hospitalidad, comida y cervezas con las que tan amistosamente nos deleitasteis! ¡Se os quiere!.

Heavysaurus

Heavysaurus: No perdamos la infancia

Llegábamos tarde, otra vez problemas de tránsito, y con un calor infernal para estar en Seebronn. A las 15.40h estábamos a la nada despreciable cifra de 33 grados. Mucho calor y llegamos sólo a ver 25 minutos de show. Púes imaginaros con este calor a 5 músicos finlandeses disfrazados de dinosaurios dando uno de los mayores espectáculos que he visto encima de un escenario. Los niños lo pasaban bien con canciones que recuerdan a veces a Sabaton y otras a Kiss, pero con temática de cuentos infantiles, por poner un ejemplo. Era un concierto organizado exclusivamente para ellos. Pensad que el Rock Of Ages siempre da mucha importancia a las familias y a que disfrute todo el mundo sin importar la edad que se tenga. Una apuesta valiente. Desde aquí felicito a la organización del festival. Pero es que se dio algo que supongo que no se esperaban y era ver a los adultos, escaso público todo hay que decirlo, con cara de niños disfrutando de un espectáculo infantil. ¡Ay amigos, qué bonito volver a ser niño y cantar temas como “Räyh” o “Hirmuliskojen yö” mientras te tiran globos y juguetes! Y es que, encima, son muy buenos músicos y con canciones que te enganchan a la primera.

Desde aquí hago un llamamiento a que estaría bien cuidar la cantera metalera y poder traerles a tierras españolas (me consta que existe la versión en nuestro idioma) a los Heavysaurus. ¡Los padres de los niños os lo agradecerán eternamente!

Crystall Ball: Ojo por ojo…

Tras las buenas risas y originales sensaciones que Heavysaurus nos dejó (me sofoco sólo de pensar el calor que los músicos debían pasar enfundados en sus disfraces), era el turno de los suizos Crystal Ball.

Si ayer sus compatriotas Shakra me dejaron con ganas de mucho más, Crystal Ball dieron la talla en un concierto en el que la celebración de sus veinte años de historia quedó bien refrendada en un set que repasó lo bueno y mejor de esos cuatro lustros de vida en los que los helvéticos han dispensado diez buenos discos, el último editado en abril de este año bajo el título de ‘Crystallizer’.

Con entrega y denostando el calor sofocante, Crystal Ball cumplió sobradamente en ésta su primera visita al festival, dándolo todo y permitiendo que destacasen las grandes melodías y la fuerza de himnos que se cristalizaron en un show tan meticuloso y cuidado que sólo la falta de teclados y coros no pregrabados puso un punto de condena a la esencia desprendida por temas de la talla de las impactantes “Crystallizer”, “Curtain Call”, “Hold Your Flag”, “S.O.S.” y “Gods of Rock”, la oscura “Déjà Voodoo”, la pétrea y arábiga “Death on Holy Ground”, el hit “Hellvetia”, esos “Eye to Eye” y “Mayday!” que en el álbum acompaña la cantante de Battle Beast, Noora Louhimo, y la inconmensurable “Paradise” fraguaron a fuego una actuación que el quinteto helvético tornó en toda una fiesta que me hizo sudar de lo lindo.

Tras la gran actuación y entrega de la banda ante ese hard & heavy con cierto carácter power melódico, los zugabe (otra más) se sucedieron hasta que la banda retornó a escena para interpretar de nuevo y de manera muy explícita un explosivo “Crystallizer”.

Tercera vez que disfruto de la esencia y poder de una banda que espero no tardar mucho en volver a reencontrar en los escenarios. ¡Altamente recomendables!

Midge Ure: ¿Lo importante es cómo se acaba?

James Ure, más conocido por su pseudónimo ‘Midge’ Ure en su trayectoria en Ultravox, ha sido toda una referencia en las pistas de baile de los ochenta y ese legado le ha seguido cual sombra durante el resto de una carrera, que también ha tenido su parte roquera y punk al haber colaborado, a nivel vocal y guitarrístico, con bandas del nivel de Slik, PVc2, Rich Kids, The Misfits, Thin Lizzy (como guitarra suplente de Gary Moore y más tarde como teclista), Phil Lynott, Band Aid (junto a Bob Geldof) y su carrera en solitario.

Pero, en el mundo del rock, a este escocés, cantante, guitarrista, teclista, productor, doctorado en artes y música, oficial de la orden del imperio británico y altruista colaborador en causas benéficas, no se le ha prestado la pertinente atención debido a sus éxitos en el synth pop de Visage y Ultravox.

El concierto de Midge empezó, de forma sorpresiva, con la fuerza del hard rock y una entrega que para nada me esperaba. Las armas que blandió para ello fueron los iniciales “Call of the wild”, el hit de Ultravox “Love’s Great adventure” reconvertido al rock más entusiasta y guitarrero, y a un irreconocible y también endurecido “Fade to Grey” de Visage. Pero todo fue salir del photo pit y tras el hit de Ultravox “I Remember (Death in the afternoon)”, que Midge inició un periplo de recuerdos a la banda que colideró con Chris Cross, pero lo hizo a la manera usual, con esos rasgos de la new wave escorada hacia el new romantic y al synth pop, que hizo que, al igual que con el concierto de Fish, Xavi y yo nos tomásemos con calma el resto de la actuación de Ure, viéndola, que no disfrutándola, desde el palco natural que ofrecía la zona V.I.P. Allí, sentados, cervezas en mano, observamos como buena parte del público disfrutaba de lo lindo con temas etapa Ultravox como: “If I Was”, “New Europeans”, “Vienna”, “All Stood Still”, “Hymn” o “Dancing With Tears in My Eyes”. Lo cierto es que esta parte, a excepción de un roquero “Hymn”, me aburrió bastante. Lástima, ya que Midge empezó muy bien.

Mr. Big

Mr. Big: ¿Fallar en las baladas?

¿Qué podemos decir de una banda liderada por 4 músicos de nivel exquisito y que encima tienen siempre entrega y pasión por su trabajo? Lo que vimos en las tablas del escenario de Seebronn fue un buen concierto, planificado a la perfección y ejecutado con una maestría sublime. Eso sí, con un par de sorpresas, y una con error grave, que contaré más adelante. La baja del difunto Pat Torpey, que en paz descanse, en la batería fue substituida por Matt Starr, (Ace Frehley), de una manera brillante, tanto en la ejecución del instrumento como de los coros, una de las características indispensables del grupo americano. Otra de sus características, como podéis adivinar, es la originalidad con que el maestro Gilbert toca la guitarra, la agudeza en el bajo de Billy Sheehan, y la voz de Eric Martin, que cada día que pasa me recuerda más a su inspiración, que es, ni más ni menos, Paul Rodgers.

El concierto arrancó con la rápida “Daddy, Brother, Lover, Little Boy”, en medio de esta canción es tradición que los solos de bajo y de guitarra se haga con un taladro eléctrico que toque sus cuerdas. Luego vino un tema de los nuevos como “Undertown”, “Alive and Kickin’”, la más experimental “Take Cover” de un álbum un tanto olvidado como es el ‘Hey Man’, la intro espectacular de “Green-Tinted Sixties Mind”, con un ejercicio en los coros sublime. Y entonces llegó la sorpresa: Gilbert cogió la harmónica para tocar el tema “Price You Gota Prey” y entonces llega el momento de su solo. Un solo que duró 3 minutos y que se marcó en plan más blusero de lo que me esperaba. No sé si era para no cansar al público o dejar el protagonismo al bueno de Sheehan. Es algo curioso. Como también fue un Eric Martin fallando la versión de la balada de Cat Stevens “Wild World”. Hasta ese momento de voz iba bien pero con la balada, que es donde un cantante menos puede disimular si está mal de voz, falló estrepitosamente, suerte de los coros que lo salvaron. La blusera “Open Your Eyes” la volvió a cantar correctamente. Vino rápidamente el sólo magistral de bajo de Billy, aquí sí que fue algo espectacular y experimental. Para mí ahora mismo es el líder de la banda. Del primer disco rescataron “Rock’n’Roll Over”, “Around de World” con el duelo entre bajo y guitarra. “Addicted to Rush”, y como no, la balada y su tema icono “To Be With You”, donde Eric volvió a fallar, no pudiendo cantar la mitad de la canción, otra vez la labor de los coros lo salvaron. Curioso caso porqué en “Bulldog”, que cerró el concierto, volvió a cantar bien.

Un muy buen show donde siempre es un placer ver a virtuosos tocando encima de unas tablas. Esas dos sorpresas, que no me esperaba, no me permiten decir que fue concierto excelente. Una pequeña lástima.

The Hooters: Brillante final

Por desgracia, hay muy pocas oportunidades de poder disfrutar de los directos de The Hooters, y muchas menos de hacerlo en un concierto completo de ellos, así que esta oportunidad de poder disfrutar del directo de la banda de Filadelfia como cabezas de cartel en un festival fue una gran oportunidad que disfruté al máximo durante las más de dos horas y cuarto que duró una apasionada y divertida fiesta en la que el rock, el folk, el reggae, el pop y la new wave se fusionaron de una manera espectacular y sumamente efectiva.

Para The Hooters, Alemania es un país muy especial, sobre todo porque en 1990 fueron una de las bandas más destacadas en el mítico concierto que se dio en Berlín con motivo de la caída del muro, y eso se notó en esta actuación.

Más allá de la efectiva entrega que The Hooters suele desplegar en directo, una de las bases de su atractivo deriva en las grandes dosis de comunicación que la banda despliega en todos y cada uno de los grandes hits que conforman su set. Un set que inició con el ámbito del folk rock con el entusiasta “You Never Know Who Your Friends Are”, que puso manos arriba a todos, brazos que sólo descansaban en los pocos interludios que entre pieza y pieza The Hooters disponía. El folk rock continuó de manera efectiva con un apasionante y entregado “I’m Alive” que abrió las puertas al reggae de “Hanging on a Heartbeat” antes de que los primeros grandes clásicos hicieran que la pasión aflorara en tromba como lo haría un gran corcho sumergido en el agua. Estos clásicos fueron los ampulosos y míticos “Day by Day” y “All You Zombies”, que se cantaron hasta el nivel de la afonía. Con todo por lo alto, la mandolina del cantante, Eric Bazilian, nos introdujo a la primera de las versiones que íbamos a poder disfrutar en la ya encarrilada noche, ésta fue el clásico de Don Henley “The Boys of Summer”. A partir de aquí, un toma y daca aserrado por el vaivén propuesto por tema propio y cover fue la dinámica de los siguientes veinte intensos minutos siguientes. Veinte minutos en los que la emotividad de “Graveyard Waltz”, el reggae dinámico del mítico hit de Heydi West “500 Miles”, la harmoniosa “Silver Lining” y los acortados homenajes a Sebastian Bach con una de sus sonatas y a The Beatles con “Lucy in the Sky With Diamonds” reflejaron en los ámbitos aún intimistas de “Where Do the Children Go” y el divertido southern folk de “Karla with K” en el que mandolina, flauta y acordeón propusieron el vaivén abanicado de unos brazos que no bajaron gracias a la parte más festiva del set, que se propuso gracias a las magníficas  interpretaciones de “24 Hours a Day”, “Satellite”, un breve solo del profesor de guitarra John Lilley que apuntó el de flauta a lo “El condor vuela” de Bazilian abriendo para la siempre emotiva “Johnny B” y la máxima enervación que supone la voz y los teclados de un siempre apasionado Rob Hyman, en este caso interpretando un fantástico “And We Danzed”… ¡Un auténtico subidón!

Con una gran sonrisa y las gargantas reclamando cervezas, la banda se despidió por unos breves momentos, los justos para refrescar nuestras gargantas, devolver la sangre a nuestros brazos y comprobar que la luna seguía teñida de un rojo anaranjado, ambiente perfecto para disfrutar de un set acústico, propuesto por la versión folk de los Fairport Convention “Come All Ye”, los propios “Nervous Night” y “Until I Find You Again”, un nuevo cover, esta vez del incombustible hit de la Steve Miller Band “Fly Like an Eagle” y ese “Pissing in the Rhine” que Bazilian cantó  a caballo entre el inglés y el alemán, lo que propuso una elevación en la conexión entre el público y una banda que aún seguía con ganas de más… ¡Y es que esto no podía acabar con la parte acústica!

Otro pequeño receso en el que los zugabe! (¡otra más!) no pararon de repetirse y el sexteto volvió para acabar de vaciarnos ¡Y vaya si lo consiguieron! …”Give the Music Back”, “Time Stand Still”, el cover de Joan Osborne “One of Us”, el de Cyndy Lauper “Time after Time”, el de Peter Schilling “Völig Loselöst” (cantado en alemán) y un remake de “And We Dance” dieron punto y final al mejor, más divertido y disfrutado concierto del festival, proponiendo un punto y final de órdago a un evento que os recomendamos visitar.

Con la lógica melancolía del final de unos días apasionantes y disfrutados con toda la fuerza y pasión, recorrimos nuevamente el camino hacia Stuttgart, recordando momentos especiales y despidiéndonos figuradamente de personajes como Don Pin Pon, el cóndor volador o Popeye.

¡Hasta el año que viene!

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Esta entrada fue escrita por Josep Fleitas

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