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Crónicas

Helloween: Epicidad Absoluta

« Si se llevasen a matar no habrían confirmado festivales el año que viene, y de hecho, Kai Hansen acabó lanzándose a los brazos de Michael Weikath en lo que era ya la celebración de un hito»

9 diciembre 2017

Wizink Center, Madrid

Texto: Jason Cenador. Fotos: Alfonso Dávila

Curiosos tiempos estos en los que, cada vez más cerca de que el relevo generacional a gran escala que será inevitable cuando los grandes titanes que han conducido la historia del hard rock y el heavy metal desde su génesis y auge cesen irremediablemente su actividad – por aquello de la biología –, asistimos a oportunidades lujosas de revivir y vivir al mismo tiempo acontecimientos históricos de primera magnitud en nuestro movimiento.

A reuniones sonadas como la de Black Sabbath con Ozzy al frente, ya finiquitada quien sabe si para siempre; la de Guns N’ Roses  con Slash y Duff McKagan de nuevo junto a Axl Rose sobre el mismo escenario; o la del propio Axl con Angus Young supliendo la baja de Brian Johnson a la voz de AC/DC, se unía meses atrás el anuncio de que Helloween se reencontraría con Michael Kiske y Kai Hansen para una gira especial.

Ríos de tinta corrieron con la marcha de ambos componentes de la banda que fue punta de lanza del power metal alemán y de la vertiente más alegre y vivaz del heavy metal, hasta el punto de adquirir el nombre de happy metal. Kai Hansen volvió a los fueros del éxito comandando su también imprescindible banda Gamma Ray, ahora lógicamente en standby, y Michael Kiske llegó a renegar y soltar pestes durante un tiempo de todo cuanto tenía relación con el heavy metal, puesto que su abandono – o expulsión – de Helloween fue de todo menos plácido. No sería hasta que Tobias Sammet lo llamó para formar parte de su venerado proyecto Avantasia que Kiske volvería a sentir ese entusiasmo olvidado por el rock más potente, el cual plasmó también junto al propio Kai Hansen en Unisonic. Aunque muchos ni lo soñaban y la mayoría lo descartaba por una supuesta imposibilidad próxima a lo material, aquello fue la silenciosa semilla de este Pumpkins United Tour que recaló en el Wizink Center de Madrid este sábado para hacer las delicias de miles de personas en un lleno histórico que quedó inmortalizado con un amplio despliegue de medios de cara a un futuro DVD. .

Ni por asomo imaginaban los Helloween de la última etapa, artífices de álbumes tan gloriosos como ‘7 Sinners’ o ‘Straight Out of Hell’, convocar ante sí a semejante masa de público, pero juntar esa época con las reminiscencias más representativas de la imprescindible etapa de los ‘Keeper of the Seven Keys’ es otro cantar, nunca mejor dicho cuando la privilegiada voz de Michael Kiske está por medio. Hacer coexistir al propio Kiske y a Andi Deris sobre el mismo tablado es todo un órdago a lo factible, una aventura tan maravillosa como inesperada hace algunos meses. Si esa convivencia sobre un tablado hubiera aparecido en alguna casa de apuestas, los ganadores se habrían llevado más pasta que aquellos que apostaron por el 4-0 del Alcorcón al Real Madrid. El fútbol nos importa bien poco, pero esta conjunción artística bien valía el envite. Además, el nivel de compadreo entre ambos cantantes es absoluto, parecen llevarse como amigos de toda la vida y así lo demuestran cada vez que coinciden.

El “Let Me Entertain You” de Robbie Williams fue un preludio más adecuado de lo previsible para la salida a escena de todos los protagonistas de la velada, que desenfundaron la definitoria, larga y compleja “Halloween” con la diligencia del vaquero que solo tiene una bala para golpear a su contrincante. Había que intercalar los grandes himnos entre otras piezas que aunque no son de cátedra sí rebasan con holgura el sobresaliente, y por eso “Dr. Stein” fue la primera oportunidad de volverse completamente loco mientras sufren las cuerdas vocales al son de Michael Kiske y Andi Deris un dueto muy bien engrasado a estas alturas.

Hicieron acto de presencia en las pantallas gigantes, previa presentación de los joviales Andi Deris y Michael Kiske, Seth y Dock, dos calabácicos personajes cuyas simpáticas aventuras y desventuras servían de interludios, muchas veces bien emplazados para separar en bloques los temas y las apariciones de uno u otro vocalista. La trepidante y épica “I’m Alive” nos dejó sin aliento, no así a Michael Kiske, que pasado el controvertido episodio de un playback justificado en razones médicas, rindió a la altura de lo esperado, como también lo hicieron los hachas de la velada en un solo que difícilmente podría ser más emocionante. Como si de una carrera de relevos se tratase, tomó el testigo el dicharachero Andi Deris en “If I Could Fly”, sucedida por “Are You Metal”, una de las piezas que más abolengo han adquirido últimamente. El cantante afincado en Canarias, muy dicharachero con su cada vez mejor español y encantado de que la capital de su país de adopción sea la elegida para la grabación del DVD, estuvo de matrícula de honor toda la noche y dejó patidifuso a más de uno. Hacía mucho que no se escuchaba a Deris cantar a un nivel tan elevado.

Seth y Doc volvieron a arrancarnos una sonrisa antes y después de que Michael Kiske emergiera para bordar “Rise and Fall”, asistido por Kai Hansen a los coros. El partido de ida y vuelta proseguiría después con la penetrante “Waiting for the Thunder” y la heavy “Perfect Genterlman”, que no hubiera desentonado en los ochenta norteamericanos y en la que Deris apareció con un smoking brillante, sombrero y bastón. Su final, ya con Kiske también sobre el escenario, fue una oda a la química absoluta entre un público particularmente entregado esa noche y la banda, muy unida más allá de lo musical. Fue, quizá, uno de los temas que menos ADN de Helloween poseen en su composición, pero fue defendida con garra, la misma que persigue Kai Hansen, que había estado toda la gala empuñando su guitarra – si, había tres guitarristas en escena y se repartían el protagonismo con magnífico criterio – y a quien ahora le tocaba rememorar la más pretérita época, en la que era él quien ponía la voz a Helloween.

La memorable visita al primer disco, publicado en 1985 bajo el título de “Walls of Jerichó”, arrancó con “Starlight”, fusionada con la imprescindible “Ride the Sky”, buque insignia de aquella era, y “Judas”, en un midley que tuvo en “Heavy Metal (Is the Law)”, ya interpretada íntegramente con solo de bajo de Makus Grosskopf incluido mientras Hansen hacía cantar al respetable, su colofón final. Aunque últimamente le costaba al bueno de Hansen llegar a los tonos que una vez ostentó – de hecho, en Gamma Ray ya ha dejado buena parte de las voces en directo en manos del nuevo vocalista Frank Beck –, saldó su momento de más protagonismo a un nivel vocal tremendo, llegando prácticamente a todo, y culminado por esa presencia imponente que tiene cuando ocupa la parte central del escenario. Toda la vida en esto con suma dignidad, sin altibajos, sin salidas de tono y con la cercanía y la autenticidad de quien lo vive de verdad, bien vale redundar en garantías en directo. Las sigue teniendo.

“Forever and One (Neverland)”, tema cuyo título podría, muy rebuscadamente, profetizar el futuro de Helloween tras esta gira, fue la excusa para que Andi Deris y Michael Kiske volviesen, hermanados, a la palestra. La balada, introducida por Deris como una canción “para el corazón”, sonó cálida y cristalina, con ambos vocalistas en la pasarela central sentados en sendos taburetes. Se quedó Kiske al frente para explicar que la siguiente canción la grabó cuando tenía 18 años y el pelo largo, sacando a relucir su sentido del humor cuando dijo, en alusión a su calvicie, que él pretendía parecerse a Elvis Presley y ha terminado pareciéndose a Rob Halford. Todavía se escuchaban risas cuando dio paso a la laberíntica y acompasada “A Tale that Wasn’t Right”.

Los adorables Deth y Doc volvieron después a hacer de las suyas y no tardaron en reaparecer después de “I Can”, con Andi Deris al frente exhibiendo, por cierto, suma complicidad con Kai Hansen (¿alguien podría llevarse mal con este par?). Fue entonces turno para un portentoso solo de batería de Dani Löeble, el percusionista austriaco que siempre ha estado a la altura de lo que demanda una banda de primerísima línea como Helloween. El solo sirvió a homenaje a Ingo Schwichtenberg, fallecido en 1995, cuyo solo reproducido en las pantallas se intercaló con el del propio Löeble hasta el punto de que tocaron conjuntamente, coordinándose con el vídeo milimétricamente. Precioso tributo al amigo caído.

Otro clasicazo de monumental factura, aunque nunca tuvo la fama de otros compañeros de disco, “Live Ain’t No Time”, supuso la vuelta de Michael Kiske a la primera línea de fuego, relevado nuevamente por Andi Deris para el acometimiento de “A Little Time”, sucedida por la emocionante “Why?”, una canción que funciona inusitadamente bien en directo. Bastante mejor de hecho que su sucesora, “Sole Survivor”, con Deris aún solo ante el peligro y demostrando que tiene todo lo que necesita el frontman de una banda de heavy metal capaz de llenar pabellones. Los más recelosos de su labor en Helloween aún están pellizcándose.

Sin duda, uno de los mayores himnos de la época de Andi Deris es “Power”, celebradísimo por el respetable, que escuchó con atención al cantante explicando que el siguiente corte es el primero que escuchó del grupo. Se trataba de “How Many Tears”, culminada con todos los protagonistas en la tarima moviéndose al son de Michael Kiske, que marcaba el ritmo frente a ellos cual director de orquesta.

Todos y todas éramos conscientes de que había aún mucha munición en la recámara, que faltaban piedras angulares de la discografía de Helloween, temas que marcaron una época, piezas fundamentales que convirtieron a la banda en la leyenda que es hoy en día. Para el primer bis dejaron la majestuosa “Eagle Fly Free”, tan mágica como cabía esperar, flor y nata del power metal en su estadio más juvenil. Obviamente era momento para que Kiske se luciera y demostrase que quien tuvo, retuvo y apenas ha perdido fuelle en tres décadas. Su gesto, eso sí, era a veces de esfuerzo sobrehumano, de corredor de maratón. La sideral canción dio paso a “Keeper of the Seven Keys”, con ambos voceras sobre el tablado y con el público sumido en un delirio generalizado. El final del tema fue alargado hasta la extenuación para dar cabida también a la presentación de los músicos. Deris había llevado la voz cantante en buena parte de la velada, pero fue Kai Hansen el simpático maestro de ceremonias, aprovechando también para recordar a músicos desaparecidos como Ronnie James Dio, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Lemmy Kilmister o Malcolm Young. Se retiraron entonces durante un buen rato en el que los decibelios, lejos de decrecer por la larga espera, se iban incrementando, puesto que la entregada audiencia sabía que volverían con una traca final a la altura.

Los muñecos calabaza harían su última aparición en la pantalla antes del último bis, en el que ya sí que sí toda la carne había de ponerse en el asador. Era el momento de morir de placer metalero, de respirar cada segundo de ese acontecimiento tan señalado que teníamos la ventura de estar viviendo. Kai Hansen demandaba una última fase de protagonismo y la tuvo con un muy buen solo de guitarra con el que dio paso a “Future World”, reliquia de la que huelga comentar que resultó sublime. Fue el último tema de Kiske al frente en solitario de la banda, puesto que el colofón final, como cabía esperar, llegó con todos los protagonistas bajo los focos y el imperecedero “I Want Out” como banda sonora bajo una lluvia de confeti y con decenas de balones gigantes con dibujos de calabaza botando sobre el público.

Se quedó fuera, equivocadamente bajo el punto de vista mayoritario de los asistentes, el “March of Time”, tal vez porque no quieren que pase el tiempo, porque desean detenerlo en esta gira que, a juzgar por la complicidad de los músicos en el escenario, está suponiendo para ellos una experiencia tan feliz como denota su música. Por lo pronto, el año que viene continuará la gira, y como el roce hace el cariño, no es nada descartable que la cosa vaya más allá, quien sabe si con un nuevo disco de estudio y un nuevo tour por parte de un grupo tornado definitivamente en un afable camarote de los hermanos Marx. Si se llevasen a matar no habrían confirmado festivales el año que viene, y de hecho, Kai Hansen acabó lanzándose a los brazos de Michael Weikath en lo que era ya la celebración de un hito. A estas alturas, todos y cada uno parecen inseparables, más después de haber rubricado una noche para la historia a la que el DVD, seguro, le hará justicia. Epicidad absoluta.

Jason Cenador
Algún día en
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Esta entrada fue escrita por Jason Cenador

6 comentarios

  • Mon dice:

    He leído un poco de texto entre tanto banner

  • Ignacio San Miguel dice:

    Yo sólo puedo decir " YO ESTUVE ALLÍ, CON MI HIJA DE 16 AÑOS ". Fue un concierto increíble. Consiguieron poner en pie a todo el pabellón, y muchos ya estamos metidos en años. NO creo que nadie saliera descontento de la actuación de toda la banda. Tuve ocasión de verlos hace 30 años teloneando a DIO, tenía muchas ganas de volver a ver a la formación de entonces, salvo INGO, y la verdad es que cumplieron a muy alto nivel. Por cierto, para mi Andi Deris estuvo a un nivel insuperable, y el solo de batería realmente espectacular. Ojala tengamos HELLOWEEN para rato. Long Live Rock and Roll

  • francisco del barco dice:

    Estuve con mi mujer y con mi hijo de 14 años, para ellos era su primer concierto de un grupo no nacional, y quiero decir que todavía están alucinados de lo que el sábado vieron y escucharon. Lo de ellos es normal porque era su primera vez lo que ya no es tan normal es que yo a mis 54 años y decenas y decenas de conciertos a mis espaldas esté tan alucinado como ellos. Lo del sábado aparte de un magnifico sonido fue alucinante, luces videos, puesta en escena brutal, todo en general, las 3 horas se me hicieron cortas. Para mi es sin duda posiblemente uno de los mejores conciertos que he visto en mi vida. Espectáculo muy trabajado da gusto gastarse el dinero en algo asi cuando te ofrecen tanto a cambio. Esto contigo Ignacio en que ojala sigan unos años mas.

  • Ignacio San Miguel dice:

    Ayer estuve escuchando por la tarde a Mariano Muniesa, el cual comentaba que había comentarios en la red de gente diciendo que el concierto fue una estafa. La verdad es que, respeto la opinión de todo el mundo, sobre gustos no hay nada escrito, pero si hubo alguien que fue al concierto pensando que Michael Kiske tendría la voz de hace 30 años, estaba claramente en un error. Pero esto no le pasa sólo a Kiske, yo he visto recientemente a Bruce Dickinson, Haltford, Klaus Meine, Guillan, etc, y los años pasan para todos, y eso se nota en sus voces. El espectáculo que dan sigue en todo lo alto pero sus voces ya no son lo mismo. Yo antes me tomaba 5 copas y al día siguiente estaba como nuevo, y ahora me tomo dos y necesito 4 días para recuperarme. En fin , para mí artículo de Jason Cenador resume perfectamente lo vivido ¡¡¡¡¡¡¡ UN CONCIERTAZO !!!!!!

  • Alf Cal Alv dice:

    Polémicas aparte respecto a la voz de Kiske, creo que el concierto fue ALUCINANTE.

    He visto a Helloween 7 veces, he visto a casi todas las grandes bandas de metal que hay que ver, y puedo decir que este concierto ha sido de los más impresionantes que recuerdo. Y eso que esta banda siempre se lo curra de lo lindo.

    Se lo curraron todo: puesta en escena flipante, iluminación, sonido, todas las escenas animadas de las calabazas y los vídeos de cada canción, un set list extenso (casi 3 horas).

    Y lo más importante: haber conseguido lo imposible. Lo que nadie nunca habríamos esperado, los 30 años de historia de la banda subidos al escenario. UN AUTÉNTICO LUJO.

    No estoy muy seguro de si Kiske no volvió otra vez a apoyarse en pistas pregrabadas. Me da igual, no se les puede pedir más a dos cantantes que ya pasaron la cincuentena de largo...

    Son los 50 euros que he pagado con mayor gusto por una entrada.

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