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Crónicas

Fito & Fitipaldis: Antes de que cuente veinte

«Cabrales presenta, entonces, a todos los componentes de su gran banda. Humilde y campechano como siempre ha sido, es sumamente consciente que son parte indispensable del estatus en el que ahora se encuentra»

8 junio 2018

Plaza de toros de la Condomina, Murcia

Texto: Andrés Brotons Fotos: Poveda Galeas

Que en estos confusos tiempos para el rock & roll, un grupo como Fito & Fitipaldis haga un sold out en cada ciudad que está visitando con motivo de esta gira de 20 aniversario, es, sin duda, toda una patada en la boca para todos esos medios que se empeñan en mirar de lado a este movimiento.

Porque sí, una vez más, la tierra de la huerta por antonomasia dio otra calurosa acogida a nuestro bilbaíno más internacional. No obstante, Fito Cabrales ha cosechado aquí una fidelísima legión de fans desde sus tiempos con Platero y Tú, como bien se demuestra tanto en la infinidad de bandas tributos a sus proyectos que pueblan la región, hasta estéticamente en este show, con muchos de sus miles de admiradores ataviados imitándole con su famosa e icónica boina.

Llegamos a tiempo para ver los últimos temas de Muchachito Bombo Infierno, que sin ser santo de mi devoción por su excesivo sonido rumbero y “perroflautero”, consigue empastar con la audiencia del “fitipaldi”, sedientos de fiesta y cachondeo, y canturreando con fuerzas el trilladísimo “Ojalá no te hubiera conocido nunca” con el que cerró. El concierto principal, que comenzaría puntual a las 22.30 tal y como venía impreso en las entradas, venía precedido en las dos amplias pantallas LED por publicidad tanto del merchandising del rockero vasco, como por su logradísimo hito de ser la primera banda de rock español que actuará en el Royal Albert Hall de Londres el próximo 16 de septiembre. Y es que, aunque su propuesta sea en la lengua de Cervantes, no hay que olvidar que las influencias foráneas siempre estuvieron presentes en la música de Fito & Fitipaldis, como bien demostraba el hecho de que sonara, antes del concierto, “Breaking Up The House” del canadiense rockero Colin James, que el público celebró bailando y canturreando.

Foto: Poveda Galeas

Así, tras el citado tema, se apagaron las luces y apareció una ingeniosa proyección de dibujos animados donde se ve a Fito Cabrales conduciendo su deportivo mientras suena el clásico de Morricone “The Ecstasy Of Gold”, sacado de la película “El bueno, el feo y el malo” (sí, el mismo que utiliza Metallica desde hace años). En el corto, vemos como Fito llega a un cementerio, donde brinda con su cubata mientras contempla lápidas donde aparecen Extrechinato y tú, su manager Polako y una tumba con los apellidos de todos los Fitipaldis (Raya, Climent, Griffin y Alzola). El suelo se abre, y al más puro estilo de “The Walking Dead” surge toda la banda en plan cadavérico, con sus integrantes preparados para tocar. A Fito le viene un flashback donde aparecen fotografías suyas de todas las etapas de su carrera, se arranca la cara para dejar al descubierto su calavera, quedándose así como sus compañeros, y lanza su boina al más puro estilo del oeste, apagando la vela de una tarta que conmemora los veinte años de la banda. El público enloquece, a la par que Fito se come el escenario y arranca con “Siempre estoy soñando”, el clásico que cerraba su exitoso álbum ‘Lo más lejos a tu lado’ de 2003 y que ha recuperado en el reciente compilado ‘Fitografía’. La banda entra entonces en acción, sonando una vez más de lujo. La banda es una piña que clava cada nota, como así lo certifica otro tema de ese tercer álbum, “Un buen castigo”. “Muy buenas noches, vamos a pasarlo bien esta noche”, exclama Cabrales a la par que arranca con la radiadísima “Por la boca vive el pez” de su cuarta placa, mientras el recinto queda inundado por un sonido ensordecedor provocado por la pasión con la que la audiencia la canta.

“Muchísimas gracias, Murcia. Una canción que jamás podremos dejar de tocar y espero que vosotros tampoco dejéis de cantar”, nos dice el bilbaíno para el primer remanso de tranquilidad de la noche, “Me equivocaría otra vez”. Tras ésta, empieza la verdadera cuenta atrás en el tiempo, pues suena un tema de su primer álbum, lanzado en 1998: su particular y rockerizada versión de Los Secretos, “Quiero beber hasta perder el control”. La escenografía es sencilla pero a su vez vistosa, con el logo de la banda en la pantalla central cambiando de color al son de sus canciones.

Foto: Poveda Galeas

Suena entonces el que fue el segundo single de ‘Huyendo conmigo de mí’, su último disco de canciones originales hasta la fecha, “Lo que sobra de mí”, así como otra pieza que pese a no ser promocionada en su momento, es de las más queridas del público y se ha rescatado en su mentada antología, “Donde todo empieza”; melancólica, pero con esos duetos armoniosos de guitarra y saxo, y ese sprint final -tan rockero- que es pura adrenalina. Es momento de otro cover que, en mi modesta opinión, supera con creces la versión original de La Cabra Mecánica, pues aunque conserve los versos originales, “Todo a cien” se come por su originalidad, solidez y contundencia a la versión del bueno de Lichis.

Después de un corte de reciente factura, “Garabatos”, llega el primer invitado de la noche, que no podría ser otro que Jairo Perera, su telonero en toda esta gira con su mencionada banda Muchachito. Junto con Cabrales, aparecen sentados en sendas sillas en medio del escenario para hacerse un par de canciones únicamente con guitarras acústicas y percusión que, lejos de sonar intimistas, fueron divertidas y coreadas por el público con la pasión que imperó durante todo el espectáculo. La primera, la cachonda “No soy Bob Diddley”, que Fito dedicó en su día a uno de los padres del rock & roll apodado “The Originator”. La segunda, una composición de factura propia de Muchachito, “Me tienes frito”, a la que se unió el saxofonista de la banda Javier Alzola.

No acabarían ahí las sorpresas de la noche, pues estando en la capital del Segura, no podía faltar, tal y como se había anunciado con meses de antelación, la banda más exitosa de rock de la región, M-Clan: “que se caiga el cielo para recibir a Ricardo y Carlos”, nos gritaba Fito. Además, ésta era, posiblemente, la última oportunidad de ver al dúo junto en mucho tiempo, pues ambos están embarcados en la grabación de sus proyectos en solitario, mientras dejan en hiato a su banda madre. El guitarrista Carlos Raya, actual hacha de Fito pero que tiene mucho que ver en el éxito de la segunda etapa de los murcianos (pues estuvo mucho tiempo acompañándolos), se reencontró así con sus viejos amigos. Sonaba el single “Para toda la vida”, versión del acordeonista tejano Flaco Jiménez. Este fue el único guiño que Fito & Fitipaldis hizo a su segundo álbum, lanzado en 2001, ‘Los sueños locos’, y es que el catálogo inmenso de éxitos que tiene la banda hace ya imposible tocar todos sus hits en un solo concierto. Carlos Tarque, con su voz rasgada y “coverdaliana”, la interpretó con maestría casi en su totalidad, salvo el estribillo final donde Cabrales se unió a los coros. Tras la interpretación, Fito arrastra a Tarque y Ruipérez al escenario, y pide gestualmente otra fuerte ovación -que es ampliamente correspondida- para los queridos coterráneos de la mayoría del público congregado.

Foto: Poveda Galeas

Vamos llegando a la parte final del concierto, con otros éxitos como “Entre la espada y la pared” y “Tarde o temprano”, alargado con un colaborativo “uohh” de la audiencia y un espectacular solo de guitarra por parte de Fito. Suena el tema que, quizás, significó un antes y después en la carrera de los Fitipaldis, el megaconocido “La casa por el tejado”, siempre un valor seguro en sus conciertos. Cabrales presenta, entonces, a todos los componentes de su gran banda. Humilde y campechano como siempre ha sido, es sumamente consciente que son parte indispensable del estatus en el que ahora se encuentra. Se despiden, sólo temporalmente, con “Antes de que cuente diez”, otro de esos himnos de masas que se conocen desde los más tarrillas hasta los jóvenes, de los que, por cierto, estaba también plagado el público.

Para el primer bis, las pantallas se tiñeron de blanco y negro para presentarnos a un Fito sentado en un borde del escenario y, como en sus inicios, acompañado de su guitarra acústica. Nos regaló una apasionada y sentida interpretación de una de las joyas de su primer álbum -y que también incluyó en su proyecto con Robe Iniesta, Extrechinato y Tú- , la preciosísima “Rojitas las orejas”, que arrancó lágrimas y sonrisas a la audiencia murciana.  Fito hace gala de su destreza a las seis cuerdas, mientras que en el final, deja el sonido de su pedalera sonando con su guitarra y saluda agradecido a su público, mientras desaparece fugazmente. Da las gracias por enésima vez a Murcia para continuar una vez más, con la hímnica “Soldadito marinero”, quizás la canción más conocida del bilbaíno, con toda la pista y graderío iluminando el mágico momento a la vez que inmortalizaban en video el icónico estribillo, y especialmente la parte de “después de un invierno malo, una mala primavera”, versos que se corearon hasta la saciedad y que acabaron siendo cantados  a capela por el público.

Tras marcharse por segunda vez, Fito llama al escenario a su jefe de gira para cantarle el “Cumpleaños Feliz” acompañado de su saxo y la voz del público, y arrancarse con, ahora sí, la única concesión que harían a Platero y Tú con “Entre dos mares”, el single que ha recuperado y regrabado para ‘Fitografía’. “Ahora sí, Murcia, muchísimas gracias por venir a cantar y a bailar, y a hacernos felices: ustedes a nosotros”, nos dice un emocionado Fito, a la vez que se despiden con la “direstriana”, “Acabo de llegar” y ese buen rollismo final de saxos, guitarras y buen rock & roll. Finaliza el concierto, y Fito no sólo sale a saludar a su banda, sino que vuelve a llamar a M-Clan y Muchachito para que se despidan del público. Y es que estos detalles hacen un poco más grande a nuestro rockero de menor altura, que, aunque algo más mayor y sabio que cuando comenzó, seguro que nos deleitará con muchos más discos y giras: antes de que cuente veinte, treinta, cuarenta, y esperamos que cincuenta años de trayectoria con sus Fitipaldis.

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