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Crónicas

Sweden Rock Festival 2018 (sábado 9 de junio)

«Tanto Richie Faulkner como Andy Sneap han sabido tomar el testigo perfectamente y  han imbuido al grupo de una fuerza tremenda y hasta una frescura nueva, que empuja a todo el grupo con más energía si cabe»

9 junio 2018

Norje, Suecia

Texto: Mariano Muniesa y Josep Fleitas Fotos: Josep Fleitas

Con pocas horas de descanso en el cuerpo, pero con ganas renovadas, nos dirigimos en el último paseo de ida hacia el festival de este año.  Día en el que, a pesar del calor, seguiremos dándolo todo frente a los escenarios y recopilando los datos necesarios para daros a conocer lo que en él hemos podido disfrutar.

69 Eyes. Foto: Josep Fleitas

Tratando de enviar frente a todos los contratiempos posibles crónicas para la web, salí algo tarde de la zona de prensa y no puede ver el comienzo de la actuación de The 69 Eyes, pero lo que pude ver me gustó. Teniendo en cuenta que siempre que se sale a escena sobre las 12,30 de la mañana hay que hacer un esfuerzo extra para “despertar” al público, el grupo lo consiguió. “Sister of Charity” y “Dance d’Amour” fueron, quizá, de las que agradaron mas al público, que poco a poco se fue metiendo en la actuación y dándole mas color al asunto. Con “Gothic Girls” y “Lost Boys” cerraron una actuación buena en líneas generales, pero a la que posiblemente le faltó algo más de garra por parte de la banda para acabar de redondearla.

Mariano Muniesa  


Slade. Foto: Josep Fleitas

Slade es una de esas bandas que me alegra saber está en el cartel de un festival, ya que sus directos proponen una de las fiestas más divertidas y entusiastas que una formación con más de cincuenta años en escena sigue dando aún. Y, a pesar de la edad, Slade sigue siendo  una referencia en el arte de la performance por su siempre comprometido nivel de entrega y un sentido del humor del que es imposible no contagiarse, máxime ante las sarcásticas letras de himnos como las contenidas en esos hits del glam rock: “Gud buy T’Jane”, “Coz I Luv You”, “Far Far Away”, “Mama We All Crazee Now”, “My Oh My” -hit que el primer día de festival sirvió como banda sonora a una boda que tuvo lugar en las inmediaciones del festival. Evento del que casualmente fuimos testigos, y breves, pero intensos  participes-. El cuarteto de Birmingham (Dave Hill, Don Powell, John Berry y Mat McNulty) tampoco se olvidó de hacernos disfrutar, cantar y saltar con el corte que catapultó a Quiet Riot a la fama, “Cum On Feel the Noize”, tema con el que cerraron un festivo y entusiasta concierto. ¡Hasta que la muerte os separe!

Josep Fleitas


Girlschool. Foto: Josep Fleitas

Toda una gozada volver a disfrutar de una banda que, como el buen vino, mejora con los años y que en los últimos tiempos cada vez que se sube a un escenario es para hacer auténticos conciertazos. Mis siempre queridas Girlschool salieron a matar desde el minuto 1 con “Demolition”, “C’mon, Let’sGo” y “Hit And Run” en plan ráfaga de metralleta, una detrás de otra sin un segundo de tregua. Momento muy emocionante el que protagonizaron cuando recordaron a Ronnie James Dio y tocaron “I Spy” en homenaje al cantante neoyorquino. El tema forma parte de su álbum ‘Legacy’ en el que cantó el propio Dio y en el que grabó un solo Tony Iommi de Black Sabbath. En el año en el que Girlschool cumple su 40 aniversario, se autodedicaron “Never Say Never” para seguir con un tema de su último disco, “Come The Revolution”, “Take It Like A Band” con dedicatoria, esta vez, a Lemmy de Motorhead y para acabar a lo grande como triunfadoras, su mítica versión de “Race With The Devil” de Adrian Gurvitz de los Gun de 1968. Fabuloso concierto, para mí de los mejores de Sweden Rock 2018.

Mariano Muniesa 


Steelheart. Foto: Josep Fleitas

Por segunda vez en el festival, se presentó el cantante Michael Matijevic con su banda Steelheart. En el 2011 actuó en el segundo escenario, el Rockstage, y su concierto fue una buena condensación de técnica instrumental por parte de la formación y buen poder vocal por parte de Matijevic en un set centrado en los hits de la banda, añadidos de la B.S.O. ‘Rockstar’ y alguna versión de Led Zeppelin. En esta ocasión Michael se creció y fue en exceso. Quizá actuar en el escenario mayor del festival fue demasiado para él y su ego. Un escenario que, por cierto, le quedó muy muy grande, de hecho con su postulación sumamente chulesca, su setlist y sus constantes y excesivas desapariciones del escenario, hasta el Rokklasikker stage se le hubiera quedado grande. Eso sí, hay que reconocer que la banda lo hizo muy bien y que la voz del “chulito de playa” estuvo a la altura. El nivel que mostró aumentó su valor por el excelente sonido que el Festival Stage dispuso y que elevó la efectividad de temas como “Cabernet”, “You Got Me Twisted”, “I’ll Never Let You Go”, “Everybody’ Loves Eileen”, “My Dirty Girl”, “We All Die Young” y la power balad “She’s Gone”. Si Matijevic hubiera tenido los pies en el suelo, sin mascar chicle, y se le hubiera visto más sobre el escenario, el de Steelheart hubiera sido un buen concierto. Sin embargo, con su planteamiento y prepotencia estoy convencido que Michael perdió a más de un fan.

Josep Fleitas


Los italianos Lacuna Coil, liderados por la carismática Cristina Scabbia, hicieron una actuación que destacó especialmente por su agresividad y su dureza. Es la ocasión en la que he visto a la banda mas heavymetalera, con mayor volumen sonoro y una actitud más desafiante en el escenario. “Our Truth” y “Kill The Light” abrieron un set en el que Lacuna Coil demostró estar en un gran momento de forma. Los de Scabbia se mostraron muy motivados, entregados y a un alto nivel durante todo su show. A destacar entre las mejores piezas “Blood, Tears, Dust”, “My Demons”, “Die And Rise” y en el final, ante un público igualmente muy entregado, un muy endurecido “Heaven’s A Lie” y tras un emotivo speech de Cristina al público hablando de la necesidad de vencer al miedo, de no temer nunca a pensar por uno mismo, una electrizante versión de “Nothing Stands In Our Way”.

Mariano Muniesa 


Yes. Foto: Josep Fleitas

El Sweden Rock siempre se ha caracterizado por incluir en su cartel a bandas de culto difíciles de ver en otros lugares, y menos en festivales. Caso de bandas como Budgie, Sammy Hagar, Heart, Rush, Triumph… En esta ocasión, una de esas gloriosas exclusividades era la presencia en el cartel de los Yes del meticuloso Jon Anderson, el entusiasta Trevor Ravin y el mago de los teclados, capa psicodélico-dorada en ristre, Rick Wakeman (ARW).

Yes celebran su cincuenta aniversario de creación con una enorme gira, que de momento no tiene fecha de paso por nuestro país.  Por ello, era un lujo que no podía dejar de disfrutar. ¡Y vaya si lo hice!

A veces no es necesario contar con una ampulosa y millonaria producción, saltar al máximo, desbarrar y volverse loco frente a un escenario para disfrutar a tope de un concierto y pasártelo de muerte en él. A veces, sólo la música, una buena interpretación, un buen sonido, un ambiente relajado y una cerveza fría son más que suficientes para disfrutar a tope de un concierto. Máxime si éste está ejecutado por unos maestros del género como los que estaban subidos  sobre el Sweden Stage.

Por desgracia, el concierto comenzó con quince minutos de retraso sobre el horario previsto (19:00 PM), y, si bien se dieron explicaciones al respecto, éstas fueron en sueco. Sinceramente, no quise saber qué había sucedido, pero los gestos de Anderson sobre Wakeman no dejaban lugar a dudas. Desgraciadamente ese tiempo ya no se recuperó, pero la calma recondujo las aguas a su cauce y el buen entendimiento entre el combo fue la dinámica que nos llevó al disfrute cautivador de la harmonía, la energía positiva y el equilibrio musical de piezas como “Cinema”, “Hold On”, “South Side of the Sky”, “I’ve Seen All Good People”, “Changes”, “And You And I”, “Rythm of Love”, tras el que algo me empujó a ir corriendo hacia el Rockklasiker Stage, escenario en el que actuaban Bucket’s Rebel Heart, o lo que es lo mismo, la banda de Dave ‘Bucket’, el otrora guitarrista de Bad Company, la banda de Adrian Smith (ASAP) y Humble Pie, una de esas ocasiones casi únicas de disfrutar de otra joya en la historia del rock n roll.

Sólo estuve en la carpa durante cuatro temas, pero lo que vi me convenció y dejó satisfecho. La banda del veterano guitarrista estaba formada por un joven quinteto en el que además de la entrega y eficacia de la guitarra de Colwells, destacó la buena y eficiente voz del joven cantante Adam Barron, quién dio solvencia y profundidad a los temas que me permití disfrutar de ellos, destacando uno de los que contendrá su nuevo disco de estudio ’20 Good Summers’, ”Whiskey Land”. Este álbum está co-producido por el tristemente desaparecido Chris Tsangarides, a quién recordaré personalmente en el concierto de Judas Priest –Painkiller- por haberle conocido en persona y haberme demostrado que fue una excelente persona. Tras el genial clásico de Bad Company, “Can Get Enough”, regresé a la carrera frente al Sweden Stage para acabar de disfrutar del concierto de YES (ARW), ya en su tramo final, que se dio con “Owner of A Lonely Heart” y los bises “Perpetual Change” y “Roundabout”. De nuevo, dividir es ganar.

Josep Felitas


Tarja. Foto: Josep Fleitas

En el Rock Stage era el turno de la actuación de una Tarja que ya estuvo presente en la pasada edición del festival. Aquella fue en la actuación con orquesta sinfónica (Sweden Rock Symphony Orchestra), idea del ex teclista de Magnum Mark Stanway, y que, además de la voz de Tarja, también contó con la participación del ausente Joe Lynn Turner, el anteriormente mencionado en la crónica de Nazareth Dan McCafferty, el Ex Uriah Heep y actual líder de Lucifer’s Friend John Lawton, el cantante de Hammerfall Joacim Cans y el vocalista de Pain e Hypocrisy, Peter Tätgren.

En esta ocasión Tarja contó con una banda enérgica y sólida en la que destacó la intensidad y energía del guitarrista germano Alex Scholpp, en un setlist dispuesto para hacer brillar la voz de la soprano finlandesa, y una producción en las luces que destacaba su esbelta figura.

De su portentosa laringe y transmitidos a través de su gigante micro blanco, despuntaron temas como los hits “No Bitter End”, “Demon in You”, “Innocence”,  “Until My Last Breath”, el novedoso “Love to Hate” y las versiones de Muse (“Supremacy”), Nightwish  (“Ever Dream”, “The Riddler” y “Slaying the Dreamer), que junto con un inicial y poco acertado “Tutankhamen” se configuraron en un collage de recuerdos. El concierto lo finalicé escuchando el clásico de Gary Moore “Over the Hills and Far Away” desde las primeras filas del Sweden Stage, en el que Judas Priest iba a proponer otro gran concierto, repleto de sorpresas que Mariano se encargará de contaros.

Josep Fleitas


¡Thrash Metal a muerte! Únicamente de tal manera puede definirse lo que los alemanes Destruction saben hacer sobre un escenario, y en esta ocasión lo volvieron a demostrar. El trío germano salió con ganas de aplastar a la audiencia y lo consiguió, haciendo un concierto trepidante, lleno de tralla y sin un minuto para descansar. Tras un arranque brutal con “Curse The Gods” y “Armageddonizer”, atacaron con una fuerza descomunal “Nailed To The Cross”, unos ovacionadísimos “Mad Butcher”, “Anti-Christ” y “The Butcher Strikes Back” antes de llegar a un final de apoteosis con una demoledora “Bestial Invasion”. Acortaron su set conscientes de que tras ellos tocaba Judas Priest y se despidieron entre calurosas muestras de afecto y reconocimiento por parte de unos casi agotados fans.

Mariano Muniesa 


Judas Priest. Foto: Josep Fleitas

La reflexión que hice cuando terminó el concierto de Judas Priest, viendo las caras felicidad de los miles y miles de fans del grupo emprendiendo la marcha hacia sus tiendas de campaña fue la siguiente: A base de poner sus discos en la radio, escribir sobre ellos, leer sobre sus actividades, etc. la cotidianeidad del día a día a veces te hacer perder un poco la perspectiva a cerca de los grandes. Judas Priest es un grupo inmenso y el legado que ha dejado al rock es apabullante. En este concierto, en el que estuvieron sensacionales, pletóricos de fuerza, energía y brillantez, volvieron a demostrarlo, y con ello, se volvieron a reivindicar como lo que nunca dejarán de ser: Dioses del metal.

Aunque sigue resultando difícil imaginarse a Judas Priest sin Glenn Tipton y K.K. Downing, lo cierto es que tanto Richie Faulkner como Andy Sneap han sabido tomar el testigo perfectamente y  han imbuido al grupo de una fuerza tremenda y hasta una frescura nueva, que empuja a todo el grupo con más energía si cabe. Esto se demostró desde el primer momento. “Firepower”, “Grinder” y “The Sinner” ya nos dejaron meridianamente claro que íbamos a presenciar un concierto apoteósico, como así fue. “Lightning Strike”, las agradecidas novedades de “Bloodstone” y “Saints In Hell” -esta última presentada por Rob Halford como homenaje al 40 aniversario de ‘Stained Class’ – mantendrían el nivel impecable del show, que continuaría con “Turbo Lover”, “Tyrant”, “Nights Comes Down” y un “Free Wheel Burning” de poner el pelo de punta y en el que escuché al mejor Rob Halford de los últimos diez anos. Ha recuperado fuerza en su voz, no se le nota tan esforzado como en las últimas giras y vuelve a tirar hacia arriba con una potencia descomunal.

“You’ve Got Another Thing Comin'”, “Hell Bent For Leather”, como siempre con Halford sobre la moto, y “Painkiller” fueron las ultimas antes de llegar al bis, en el que volvió a aparecer con ellos Glenn Tipton para hacer “Metal Gods”, “Breaking The Law” y “Living After Midnight”, con la que Judas Priest dijo definitivamente adiós a su apasionada audiencia. Aunque eso sí, con la tristeza de comprobar que, en efecto, el aspecto y el estado de salud de Glenn Tipton evidencia que no está en condiciones de estar en el grupo.

Sensacional concierto de un grupo que pese a todo, vive una segunda juventud que me hace pensar que todavía les tendremos bastantes años encima de los escenarios. Como se decía en las pantallas… “And the Priest will be back!”                         

Mariano Muniesa     


Tras una nueva edición del SRF, podemos decir que salimos contentos y satisfechos por todo lo que en él hemos podido disfrutar: los nuevos amigos que hemos hecho, el buen rollo de lo que ya es una familia que año tras año se encuentra en este festival que, por unos días, se convierte en nuestra casa. Sin embargo, hay un temor generalizado a los cambios que en futuras ediciones puedan darse en el festival. Todo cambio produce dudas, pero esperamos que estas no alteren la esencia de un evento que, gracias a su estructura y oferta, es una referencia en el mundo del rock.

Parece ser que para la próxima edición, la actuación de Metallica está ya confirmada. La reflexión está clara: Para poder ubicar a 2000 personas más, que iban a sumarse  gracias a la presencia de Iron Maiden en el cartel, en el espacio del festival se ha disminuido el tamaño del escenario, prescindiendo de su típica y espectacular pasarela, quitado baños, incrementado las puertas de acceso y acercado escenarios. Además, ha habido un notable incremento de precios en bebida y comida. La pregunta es: ¿Qué cambios se propondrán ante la inclusión de una formación que tiene mucha más audiencia que Iron Maiden?

Sabemos que se trata de un negocio, pero los que acudimos cada año al Sweden lo hacemos, además de por disfrutar de su propuesta musical, por la calidad de sus servicios.

No le tengo miedo a los cambios, pero sí a las personas que los proponen. Confío en que el equipo del Sweden Rock siga siendo consecuente y no reste para sumar, ya que en ese tipo de ecuaciones en el resultado final suele terminar en una división, no en una multiplicación.

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