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Crónicas

Santana: Luz azteca

«Fue un concierto para todos los públicos, muy “mainstream”, donde no sólo hubo rock sino multitud de estilos y fusiones para intentar agradar a varias generaciones»

7 agosto 2018

Plaza de toros de Alicante

Texto: Andrés Brotons Fotos: Poveda Galeas Wildlifeterrafilms

Llenazo en la Plaza de Toros de Alicante en lo que fue el inicio de la gira ibérica de este mítico hacha de la guitarra. Sobre su concierto hay multitud de opiniones, sé que al “jefe” Mariskal no le gustó demasiado pues navegó demasiado entre ritmos latinos y faltó bastante rock & roll (con ese discazo que editó en 2010 reivindicando clásicos del rock, ‘Guitar Heaven’, bien podría haber rescatado unos cuantos temas del mismo).


No obstante, tras la mítica intro de Woodstock, empieza una gran batucada a cargo de sus dos percusionistas y batería, al tiempo que irrumpen en escena los dos vocalistas del guitarrista, animando al público con maracas y panderetas. Aparece entonces el maestro mexicano Carlos Santana, arrancándose con la mítica pieza instrumental que cerraba su debut homónimo de 1969, “Soul Sacrifice”. Suena a gloria.

Continúa con la étnica “Jin-go-lo-ba”, el conocidísimo hit que tributaba al batería nigeriano Babatunde Olatunji, ilustrado con video proyecciones de tribus raciales, y con toda la plaza animada al son de la exótica pieza en la que los silbatos de samba brasileños cobran un especial protagonismo.

Llega el turno del clásico “Evilways”, también de su debut, donde el saxo cobra magia enlazando con “Love Supreme”, otra de sus míticas covers, original del saxofonista de jazz John Coltrane. En la misma, presencio un breve atisbo de pelea en las gradas donde me encuentro, algo inconcebible en un contexto de un concierto que, supuestamente, está impregnado de paz y amor, aunque finalmente la sangre no llega al río. Seguimos hechizados, pues una larga introducción sucede a su conocidísima versión de los británicos Fleetwood Mac, “Black Magic Woman”, muy bien recibida por el público e interpretada magistralmente por sus dos vocalistas.

Es la hora del que quizás sea su tema más emblemático, su fiel rendición a Tito Puente con su salsera “Oye cómo va”. El sonido es espectacular y compacto, te pueden gustar más o menos las canciones elegidas, pero el estilo de su guitarra es único y desprende magia. Nos hace un largo discurso, en el que habla de “Todos y todas, las gitanas y gitanos que hacen lo que hacen, con pura sangre, pasión, devoción, dulzura y luz”, llegando uno de sus instrumentales más bellos, “Samba pa ti”, original de su mítico segundo disco ‘Abraxas’ de 1970, que es recibida con verdadero fervor.  “Right On” enlazada con “Umi Says”, con una larga improvisación, es uno de mis momentos favoritos de todo el show. Los dos vocalistas con los que cuenta el guitarrista azteca se salieron en la interpretación: magníficas voces las de Andy Vargas y Ray Greene, que hicieron un verdadero alarde vocal a lo largo de todo el concierto.

A continuación, Carlos nos presenta “a un musicazo de aquí de España que tiene esa luz que es universal. Él se llama Javier Vargas”. El también mítico guitarrista madrileño, que siempre ha tributado a Carlos en sus giras, aparece en el escenario y comienza un histórico dueto guitarrístico. Arrancan con un riff emulando un famoso pasodoble español para interpretar “Total Destruction To Your Mind” del álbum que lanzó Santana el pasado año junto a los Isley Brothers. Siguen con “Love Power” e incluyen enmedio un cameo del riff “Satisfaction” de los Rolling Stones. El público enloquece, a su vez que acometen la coreadísima y algo trillada “Mona Lisa” donde un collage de obras de arte con la musa de Leonardo Davinci y otras pinturas célebres femeninas van apareciendo en las proyecciones. “Tú quieres ver, con tus ojos a tu hombre, que se ponga de rodillas, y te vea, y tu mujer te diga, “sí, papi”. No está poniendo atención, está viendo el fútbol, hazlo que apague la televisión”, bromea en medio del corte Carlos ante las risas alicantinas. Javier se despide, entonces, tras estos tres temas entre miles de aplausos, con el cariño de toda la plaza de Alicante.

 

“Maria Maria”, el single número 1 de su laureado álbum ‘Supernatural’, hace acto de presencia en lo que seguramente sea uno de las canciones más conocidas por todas las generaciones. Con la optimista y salsera “Foo Foo”, detiene unos minutos la canción para realizar una larga disertación en medio de la misma: “Este es el instante, este es el momento, en el que reconocemos que rezar y meditar, es buenísimo. Tienes que volverte loco pa’ tener paz en tu mente; si no te vuelves loco vas a tener muchos problemas. Esta canción es para que te vuelvas completamente bananas; “Santana bananas”, pues el que no se vuelve loco se hace agrio. Cínicos, arrogantes, eso no es energía buena, queremos algo positivo. Los invitamos a que gocen de una deliciosa locura”.

Llega otro de sus himnos del nuevo milenio, el comercial exitazo que popularizó junto a Maná, “Corazón espinado”, donde la audiencia grita a pleno pulmón el pegajoso estribillo. En el mismo, se incluye un pequeño fragmento del clásico bolero “Perfidia” que popularizaron Los Panchos. Con la progresiva “Toussaint L’Ouverture” de su tercer disco de 1971, se despide momentáneamente ante la locura alicantina.

Santana & cia regresan con la versión de The Chambers Brothers que abre el mentado disco que editó el pasado año, terminándolo con un grandilocuente solo de batería de Cindy Blackman. En el final, Santana se dirige al público vacilándoles y les dice “yo sé que tu esposa no puede hacer eso; la mía sí puede”, ante el descojone general.  

El segundo bis es para la conocidísima “Smooth”, tema ganador de un Grammy, precedido por “Apache” y que también incluyó un pequeño cameo del versionadísimo “Fever” de  Little Willie John. “La fiebre, la fiebre…” nos dice Carlos, al tiempo que presenta a todos los músicos de su banda: a la batería, su mujer Cindy Blackman, conocida en su día también por ser la baterista de Lenny Kravitz. El guitarrista rítmico Tommy Anthony le comenta a Carlos “yo tengo ganas de cantar, déjame cantar un cachito”, al tiempo que él y la banda se arrancan con un espectacular fragmento del clásico “Roxanne” de The Police. ¡Vocalmente la clavó! Su interpretación asombraba a propios y extraños, a la vez que todo el público acompañaba el mítico estribillo. Después de eso, Anthony presenta a Carlos Santana ante una gran ovación. Con otro mítico cover de The Chambers Brothers, de su reciente álbum ‘Power Of Peace’, el hacha mexicano se despide entre miles de vítores y aplausos, a la vez que comenta “Que haya más amor, más luz y no miedo ni oscuridad”.

Fue un concierto para todos los públicos, muy “mainstream”, donde no sólo hubo rock sino multitud de estilos y fusiones para intentar agradar a varias generaciones. Muchísima calidad por un tubo representada en él y su espectacular banda. Sólo esperamos que la vibrante luz azteca que desprende la magia de su guitarra siga brillando durante muchísimos años más.

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