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Crónicas

Mad Cool Festival 2019: El Rey León de Suecia

«Una tralla rockera incontestable que choca en el panorama indie imperante»

11 julio 2019

Espacio Mad Cool, Valdebebas IFEMA, Madrid

Texto: Afredo Villaescusa. Fotos: Alfonso Dávila y Alejandro Rico

Hay momentos en los que se debería seguir aquella gran recomendación que hacía el gurú Kiko Amat de pellizcarse para asegurarse de que lo que estamos viviendo es verdad. Tan real como ese calorazo que te despierta en verano a las 7 de la mañana o la resaca segura que te espera tras el inmisericorde garrafón de la noche anterior. Pequeños peajes que compensan con creces la emoción de ver de cerca a los ídolos, esos instantes que uno recordará el resto de su vida.

Ayer, en el arranque oficial del Mad Cool tras la fiesta de bienvenida, pudieron experimentarse vivencias que probablemente quedarán marcadas a fuego en las casi 50.000 personas que poblaron el recinto. Al igual que en la jornada anterior, tampoco hubo excesiva sensación de agobio, aunque el tema de los accesos de entrada y salida siguieron siendo un tanto caóticos y, a veces, hay que encomendarse al Altísimo y rezar para que el encargado de seguridad de turno te deje pasar. Una suerte de ruleta rusa de inciertos resultados.

La presencia de Bring Me The Horizon el miércoles bajó bastante la media de edad, mientras que ayer la mayoría del paisanaje rondaba los treinta o cuarenta, esos que eran adolescentes durante los noventa y que años después todavía sienten el influjo que marcó esa época en sus corazones. La época del grunge y luego del nu metal, una idílica era desprovista de esa gilipollez y puritanismo inherente al auge de las redes sociales. El que en la actualidad no se sienta ofendido, que levante la mano.

Con una solana más que considerable, iniciamos el periplo musical con los marsupiales Pierce Brothers, un dúo que le daba a un folk rock no demasiado alejado de La M.O.D.A. y con impagables armonías vocales que recordaban a los gloriosos Simon & Garfunkel. Pese a que nos asustamos cuando vimos preparadas las guitarras acústicas sobre el escenario, lo cierto es que se trató de un bolo muy divertido en el que soplaron el didyeridú, ese característico cuerno australiano, y entre el público unos tipos con moños y camisas floreadas se marcaron una fiesta particular que animó al resto de los congregados. Si no fue el concierto de sus vidas, poco faltaría.

El sonido contundente de Sheafs descolocaría a más de uno, pues no era habitual escuchar en el Mad Cool hard rock enérgico de ese que te levanta del sitio. Nos engatusaron enseguida sus guitarrazos con garra, los coros muy rodados y un vocalista con el descaro suficiente para despertar a la peña. Se cachondearon de la comercialidad en “Popular Music” y rememoraron los cortes cañeros de GUN en “Get Used To It” antes de que su inquieto cantante se metiera entre la peña, mandara acercarse al extremo al personal hasta casi aplastarle y luego le levantaran para que el tipo se sintiera como DiCaprio en ‘Titanic’. Para seguirles la pista.

Tash Sultana. Foto: Alejandro Rico

Pensábamos pasar de la propuesta de la australiana Tash Sultana, pues no nos apetecía aguantar masturbaciones de mástil, pero tuvimos que parar maravillados ante la descomunal pericia de esta perroflauta virtuosa con un oscuro pasado de drogas que encontró en la música su tabla de salvación. Bajo un escenario con motivos arabescos, la chica se marcó unos punteos de impresión, tocó la batería, metió ruiditos con el teclado y hasta se atrevió con esa flauta típica peruana que enseguida favorece la relajación. Y por si fuera poco, también cantaba muy decentemente en piezas reposadas que se acercaban al reggae.

Esta muchacha sufrió una mala experiencia con los hongos alucinógenos por echar demasiada cantidad en una pizza de la que tardó nueve meses en recuperarse, por lo que no resulta complicado imaginar el cuelgue inherente a sus composiciones. Muchos saldrían desde luego colocados ante tamaña demostración de talento.

Tiramos para los escenarios de las carpas y nos topamos de casualidad con Molina Molina, autocalificado “la gran esperanza blanca”, que se marcó una digna versión del clásico del tecno pop patrio “Fotonovela” de Iván. Y justo enfrente, los navarros Kokoshca dieron un recital muy decente en el que fundieron los ritmos surferos, ecos castizos de Gabinete Caligari o el rollo onírico ruidista de sus paisanos El Columpio Asesino. Centraron su repertorio en su reciente álbum ‘El mal’, como “Calle lloviendo” o ese “Me arranqué la piel” que definieron como “para arrimar la cebolleta”.

Su guitarrista y vocalista Amaia fue tomando más protagonismo y pidió a las féminas del lugar que se acercaran hasta primera fila para “Las chicas” porque “lo mejor que tenemos son las amigas”. Y finiquitaron su brevísimo bolo a toda leche con coros ramonianos y evocando el descaro de Kaka de Luxe en “No volveré”. No suelen defraudar.

Intacto corazón de napalm

Iggy Pop. Foto: Alfonso Dávila

Y por fin llegó Iggy Pop, uno de los momentos que más esperábamos de todo el festival, que en esta ocasión se centró más en los grandes éxitos de su etapa en solitario en detrimento de la rabia punk de The Stooges. Pero lo que en otros sería una falta irremediable, a la Iguana se le permite, como quitarse la camiseta, mandar mover los brazos de un lado a otro o arrancarse con lo más comercial de su legado. Bastaba escuchar los ladridos previos a “I Wanna Be Your Dog” para dejarse de chorradas y permitir que el inventor del punk dirigiera a los fieles a su antojo mientras de vez en cuando alzaba un cáliz para beber a la salud de los presentes. Esperamos que fuese vino.

El nihilismo a borbotones de “Gimme Danger” puso los pelos de punta y la celebérrima “The Passenger” terminó de contagiar el ambiente festivo a una parroquia que no se vio tan entregada a un artista en el resto de la jornada, a excepción de la bomba de The Hives. La hedonista “Lust For Life” era otra apuesta segura para los profanos y los ritmos macarras contoneantes de “Skull Ring” valieron de excusa a Iggy para que se llevara la mano a la entrepierna, no en vano se trataba de un tema muy sexual.

“I’m Sick Of You” reincidió en la senda autodestructiva con un final épico con el de Míchigan arrodillado y reptando, haciendo honor a su apodo. Y despreció a “la gente normal”, esos que La Banda Trapera del Río consideraba “repelentes” antes de la inmensa “Some Weird Sin”. “Search & Destroy” sonó un tanto ralentizada, aunque mantuvo intacto el espíritu del corazón de napalm que inauguraría todo un género musical. Impagable la estampa con Iggy apoyado en la valla de contención y dejándose acariciar por los fans que hasta le tocaban el pelo. Puro amor.

De eso precisamente también va en realidad la abrasiva “T.V. Eye”, cuyo título hace referencia al hecho de mostrar interés visual en una chica. Y el aire Bowie de “Mass Production” preparó el terreno antes del homenaje al Duque Blanco de “The Jean Genie”. Otra exquisitez antes del impepinable “No Fun” y ese “Sixteen” que es un provocador canto a la pederastia con Iggy levantando el dedo contra lo políticamente correcto. Como dicen en dicha canción, “en cuerpo y alma”. Así fue la entrega de sus seguidores.

Sin monjes de Silos

Perry Farrell. Foto: Alejandro Rico

El folk relajado de Bon Iver no nos sedujo demasiado, pese a sus distorsiones de voz en “Heavenly Father” y a sus jugueteos con el saxofón en “_45_”, pero ya se sabe en cuestión de gustos. Todo lo contario al numerito que montó Perry Farrell’s Kind Heaven Orchestra, con un montaje selvático y un despliegue impresionante de bailarines, músicos y coristas.

A pesar de que quizás se recrearan demasiado en el rollo sexual, fue una actuación enorme, con un Perry Farrell sembrado, el cual, en un estado físico envidiable para sus 60 palos, no renunció a homenajear a su antigua banda con “Jane Says” o un “Stop!” que volvió a certificar lo mucho que marcaron los noventa a toda una generación. Esta última fue recitada incluso por el respetable, con aquella mítica intro en español macarrónico de su disco ‘Ritual de lo Habitual’.

Nunca nos sedujo, por otra parte, ni el britpop ni Oasis, pero nos acercamos un rato para ver al deslenguado Noel Gallagher, que ya la lió horas antes al llamar “maldito Chewbacca” a Lewis Capaldi, que inauguraba en esa misma jornada el escenario Comunidad de Madrid. Cualquiera que siga a este hombre se puede imaginar que tiró de clásicos de los que ponen a todo quisqui a cantar como “Wonderwall”, “Don’t Look Back In Anger” o el inmortal “All You Need Is Love” de The Beatles. Los adolescentes de los noventa de nuevo se la gozarían.

Los putos mejores

The Hives. Foto de Alejandro Rico

Que The Hives son una garantía absoluta en directo lo sabe de sobra cualquiera que haya estado en un bolo suyo. Aparte de detalles pintorescos como el hecho de que utilizan ninjas para montar o desmontar elementos en el escenario o de que suelen disfrazarse en cada ocasión (les hemos visto hasta de mariachis), cuentan con temazos más que suficientes para levantar a cualquiera del sitio.

Y eso hicieron desde el inicio con “Come On” y la adrenalina del personal tan disparada que alguno hasta exclamaba: “¡Son los putos mejores!”. Creo que no se observó tanta emoción con ninguna otra banda del festival hasta ahora, salvo Iggy Pop, claro. “Walk Idiot Walk” fue otra bomba de relojería recibida con lanzamiento de cerveza y otros líquidos. Todo ello mientras el voceras rubiales, Pelle, conseguía que la peña comiera de su mano a base de un espectacular dominio del castellano y enérgicos saltos que hacían parecer casi gatos de escayola al resto de cantantes del festival.

El rock n’ roll punkarra a lo Turbonegro de “Main Offender” provocó de nuevo la lluvia de objetos, y desde luego se habría liado más parda si los de seguridad no hubieran impedido a la gente surfear entre la multitud. Hubo mucha coña cuando el cantante preguntaba “¿Por qué silencio?” cuando se producían los típicos parones entre canción y canción. La mayoría se debió quedar con el culo torcido al anunciar “la canción más rápida del festival”, que era la reciente “Good Samaritan”, una pieza punkarra fiel a la ortodoxia del 77. De saltar lágrimas.

The Hives. Foto: Alfonso Dávila

Pelle mantuvo el cachondeo a lo largo de la actuación atusándose el cabello como Loquillo, afirmando ser “muy famoso” y hasta proclamándose “El Rey León de Suecia”, en referencia al cartel de la película que se podía observar enfrente del escenario. No faltó su truco habitual de quedarse quietos durante un rato prolongado ni su éxito celebrado con gritos de emoción “Hate I Told You So”, un preludio antes del despiporre final de “Tick Tick Boom”, que alargaron a tope y aprovecharon para presentar a la banda. Mandaron sentar a la peña en dos lados diferentes y luego todos se levantaron mientras Pelle caminaba por en medio de los mares de muchedumbre. Ni Moisés sobre las aguas. Dioses totales.

Mucho nivel, en definitiva, en esta primera jornada del Mad Cool, con bolos impagables que permanecerán largo tiempo en la memoria y tralla rockera incontestable que chocaba en el panorama indie imperante. Sacrificios que valieron más que la pena antes de una nueva entrega del laberinto del Minotauro en el que se convirtió la salida. Pero en nuestras cabezas resonará una consigna: ¡Larga vida al Rey León de Suecia!

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