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Crónicas

Crónica de Black Stone Cherry + Monster Truck: Sureños que enganchan

« Sin duda una gran noche, con dos bandas de primera fila, que seguro que incrementarán su base de seguidores en las próximas giras»

30 noviembre 2018

Sala But, Madrid

Texto: José Luis Martín. Fotos: Alejandro Rico

Grupos como Monster Truck son los que descalifican y dejan si sentido el vocablo telonero para referirse al grupo invitado que abre el concierto de la estrella principal.

Apenas tres discos y unas cuantas actuaciones han servido para posicionar en el mapa internacional a estos jóvenes canadienses, que llevan el hard rock, el stoner y el souther rock por montera, y que con el boca a boca habían conseguido que la sala mostrara una magnífica presencia desde el inicio del concierto.

Su actuación fue para enmarcar, desde la nueve en punto que pisaron el escenario y durante los cuarenta y cinco minutos que duró su show, sin apenas dar tregua. Desde la inicial “Why Are You Not Rocking?”, vitalista y enérgica, pasando por la intensa “True Rocker”, o la poderosa “Don’t Tell Me How to Live”, tenían a la sala entregada y siguiéndoles con los coros o las palmas.

Los de Hamilton (Ontario) venían con su tercer trabajo “True Rocker” bajo el brazo, y con su cantante y bajista Jon Harvey llevando la voz cantante, aunque tanto el guitarrista Jeremy Widerman, como el teclista Brandon Bliss le daban buena cobertura.

Una delicia escuchar temas muy bien interpretados por la gran voz de Jon, con un sonido magnífico y con la participación muy activa del público sobre todo en “Old Train” y los oh, oh, oh que llenaban la sala o en “Denim Danger”.

Con el pausado “For the Sun” pusieron de relieve su vena más bluesera, para volver a tomar las riendas y cabalgar de nuevo por senderos más trepidantes con “Devil Don’t Care”, la inmensa “Sweet Mountain River” y culminar de forma muy sobresaliente con la vibrante “The Lion”. Sin duda volverán, y ya como cabezas de cartel. Se lo han ganado a pulso.

Con exquisita puntualidad también, los americanos Black Stone Cherry, tras la intro con el “Sweet Emotion” de Aerosmith, hacían acto de presencia a las nueve en punto. Se encontraron con unos seguidores que les tenían ganas y que casi llenaron la sala But.

Viendo cómo se las habían gastado los invitados que les precedieron, salieron también con las pilas bien puestas. Desde el inicial “Burnin” de su nuevo trabajo ‘Family Tree’, pasando por “Me and Mary Jane”, “Maybe Someday”, o “Bad Habit” nos dejaron constancia de la fama ganada a pulso, con esa mezcla tan bien conseguida del hard rock de raíces setenteras y el mejor rock sureño tocado desde dentro.

Su líder, guitarrista y cantante Chris Robertson, en un magnífico estado vocal, ponía un poco de mesura entre el guitarrista Ben Wells y el bajista Jon Lawhon, que no paraban de moverse de un lado al otro del escenario intercambiándose las posiciones. Y comentario aparte merecía John Fred Young, una bestia parda de las baquetas, que machacó si piedad los parches de la batería, llegando a romper más de uno, incluso dejando inservible alguno de los platos, que tuvieron que cambiárselos.

“Like I Roll”, “My Last Breath”, “Chepear to Jam” o “Hell and High Water” no bajaron la intensidad del show, consiguiendo que el público participara con ellos con los coros y las palmas. En “Ain’t Nobody” se permitieron homenajear a Hendrix, introduciendo un fragmento del mítico “Purple Haze”, para continuar con “In My Blood”, y “Blind Man”.

La parte central del concierto se hizo un poco difícil de digerir, con una fase más blusera y psicodélica que bajó un poco los ánimos del respetable.

Para que John Fred Young terminara de desfogarse, le dejaron un momento de lucimiento en solitario, y así pudo descargar toda la adrenalina, en un demoledor solo de batería. Después vendría otro recuerdo a uno de los clásicos como Willie Dixon, con una de sus canciones más populares como “I’m Your Hoochie Coochie Man” que fue muy bien recibida.

En un momento del concierto, Chris Robertson emulando a Moisés abriendo las aguas, consiguió que el público se apartara y dejara un pasillo en medio de la pista, para que los más animados se metieran a bailar sin pudor, ante las palmas y los ánimos de la concurrencia.

En la recta final, volvieron a la intensidad de su primera parte, con auténticos temazos como “Lonely Train”, “Blame It on the Boom Boom”, o las guindas finales con “White Trash Millionaire” y “Family Tree”, que tras casi dos horas de concierto dejaron muy buen sabor de boca entre los asistentes. Sin duda una gran noche, con dos bandas de primera fila, que seguro que incrementarán su base de seguidores en las próximas giras.

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