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Vaka

Tótem

Autoeditado (2019)

Por: Javier Pérez

8

“Rock ‘n’ flute”; con este curioso sobrenombre los vallecanos Vaka nos presentan su primera puesta de largo en el mercado discográfico. Y lo hacen de una forma gustosa, alejados del mainstream, sin seguir modas, dejándose llevar por sus sentimientos musicales, por sus devaneos sonoros; por sus influencias, se dice.

Y estas, alejadas de casi cualquier historia que se mueva en estos anocheceres de década, hunde sus manos en el fango del rock setentero, del hard, mucho folk, e incluso algún brochazo de psicodelia. “Purple song” ya te tiene que decir algo… Y sí, con la flauta apareciendo de primeras te avisa de que va a ser el hilo conductor de esta historia, redondeando una base henchida de Blackmore, Gillan y compañía. “Duende metal” viaja al sur, pero no al de las islas británicas, no; al sur de la península para, continuando con esa estela que ha dejado la apertura, grabar a fuego un corte con dejes andaluces nuevamente instrumental.

“Fogo” me ha encantado. De entrada porque no te ves venir que aparezca la voz, y lo hace para sumergirte en poco más de cuatro minutos oscuros y fangosos, en el que si la travesera no aportase la luz propia del instrumento, hablaríamos de stoner puro. “Hypnos” y “Ars infernalis” se complementan; sí, mira: resulta que el primero es alegre, con ritmo, clásica. El segundo completa el sentir de cualquier amante de Zeppelin, de Jethro Tull, de Rainbow.

“Vento” vuelve a traernos ecos de voz, más melodía, menos barro, y se lo lleva puesto. Tema clave, sin duda. “Por tutatis” se aleja de la tiniebla para hacer un rocanrol muy clásico, vistoso; ideal para que respire la obra. Cuando crees que ya han puesto todas las cartas sobre la mesa, suena “Hoglorfen”, lustroso folk puro salido del medievo sin melodías festivas, pero sí bien asentadas. No son Saurom ni es “Fiesta pagana”, pero alegra el redondo.

Cercando ya los últimos surcos del invento, llega “Terra”, de nuevo apareciendo la voz cantante (que, por cierto, alternan entre femenina y masculina), y “Gato gordo”; ambas bien ejecutadas, ambas en esencia ya escuchadas. “Chuva” nos trae por última vez el ruido de cuerdas vocales antes de bajar el telón con “Vallekas bridge”, pista que engloba mucho más color que todo lo anteriormente escuchado, y que si no fuese por la omnipresente flauta y la marcada producción, podría haber estado en este disco, o no.

Se les cae la calidad, sin duda; mas estos doce temas hay que saber llevarlos. Dentro del rock instrumental, no hay pegas: lo bordan. Pero no deberían hacer ascos a que la voz salte a escena con más vigor. Y aunque habría que matizar ciertas apariciones de la misma, da aire cuando entra. Han demostrado que dentro de las limitaciones en las que han basado su estilo, pueden ir de punta a punta sin desmerecer en ningún extremo. Para degustar sin prisas.

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Esta entrada fue escrita por Javier Pérez

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