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Korpiklaani

Jylhä

Nuclear Blast (2021)

Por: Alfredo Villaescusa

7

Es una máxima indiscutible eso de que cuando una formula funciona no tiene ningún sentido cambiarla. Una vez que uno ha encontrado su nicho adecuado, con su respectiva porción de seguidores, y también de detractores, ¿para qué andar mareando al personal con inexplicables giros de timón o ansias de experimentación que solo interesan a los propios artistas? Mejor tirar a piñón fijo, sin demasiados aspavientos, pero dejando claro que los géneros no son ni mucho menos categorías inmutables y no pasa nada por flexibilizar ciertos conceptos sin traicionar la esencia original.

Esto último es lo que intentan hacer Korpiklaani, estos ya históricos del folk metal que la mayoría recordará por su himno borrachuzo “Vodka”. O lo que diríamos en tono coloquial, nadar y guardar la ropa, algo que la sabiduría tradicional nos dice de antemano que no suele ser posible. Pero hay excepciones, y ‘Jylhä’ es un ejemplo palmario. 

Por ejemplo, en su voluntad de acercarse a otros estilos como el ska o el reggae sin perder ese característico rollo folk que les acompaña desde sus inicios. Y las letras reflejan del mismo modo esa variedad cromática al abordar asuntos tan dispares como la naturaleza o historias de asesinatos, entre las cuales se incluyen los enigmáticos sucesos del lago Bodom, toda una leyenda del folklore local. No es la primera vez que Korpiklaani nos demuestra su disposición a lo desconocido, ya que en 2018 pudimos verles uniendo fuerzas con Doro Pesch y Gene Simmons para interpretar dos temas de Kiss, “War Machine” y “Rock And Roll All Nite”.

La inicial “Verikoira” nos pone de sobre aviso, con su base contundente y un ritmo veloz que engancha de primeras, a la par que sorprenden esos riffs hard rockeros que aportan aroma clásico. “Niemi” se mueve, por su parte, en esquemas más esperables para un grupo de folk metal, aunque eso no significa que pierda atractivo, los fans de siempre lo disfrutarán, no cabe duda. “Levähluta” comienza sin apartarse de los esquemas habituales en Korpiklaani, pero luego torna en una suerte de ska con un estribillo festivo de los de levantar jarra de cerveza en alto.

El aire vertiginoso de muchas de sus composiciones se aminora un poco con la épica “Mylly”, que cuenta con una atmósfera más reposada y oscura. Y “Tuuleton” parece que sigue a priori la misma senda, aunque posteriormente va añadiendo fuerza hasta convertirse en una pieza bastante enérgica. Respecto a ese título que suena tan gracioso en nuestro idioma, puedo imaginarme desde ya a peninsulares gritando “chuletón” en sus conciertos. Y una de bravas, chiqui.

Su faceta más melódica y bucólica sobresale en “Sanaton Maa”, con otro estribillo de los que se te quedan a la primera, mientras que en “Kiuru” vuelven a apostar por una tónica grandilocuente perfecta para perderse en inmensidades forestales. El riff netamente rockero de “Miero” nos da una calurosa bienvenida con un muy logrado equilibrio entre lo tradicional y la vanguardia, no sería descabellado acordarse de Jethro Tull en este sentido.  

Pisan el acelerador de nuevo con “Pohja”, probablemente el corte más veloz del conjunto y con cierta actitud punk, atentos a esos coros incisivos y directos. Tranquilos, no nos regodearemos en el chiste fácil del título. A estos les va el cachondeo. “Huolettomat” posee un comienzo vibrante, con un violín desatado que incita a pegarse unos bailes y una base lo suficientemente contundente para impulsarte cual resorte, de los puntos álgidos del disco. “Anolan Aukeat” se sucede sin pena ni gloria antes de volver a levantar el pabellón con “Pidot”, otro corte soberbio donde funciona genial la mezcla entre guitarras blueseras, reggae, bluegrass y algún que otro acordeón desbocado por ahí. ¿Quién da más? Aquí desde luego han tirado la casa por la ventana en cuestión de contrastes.

Y “Juuret” cierra el álbum de una manera similar a como empezó, esto es, apelando a la épica y a los cambios de ritmo que te mantienen a la escucha como si fuera una peli de suspense. Todo un in crescendo con luz a borbotones para terminar colgando un póster de Greta Thunberg en el cuarto. Muy conseguida la combinación de violín y guitarreo de la parte final.

El folk metal no entraría en los estilos que en la actualidad un servidor se llevaría a una isla desierta, aunque lo cierto es que este esfuerzo de los finlandeses más etílicos no está nada mal, pues resulta entretenido, mantienen su esencia de cara a los fans y a la vez se animan a explorar nuevos territorios sin importar lo que se diga. Una obra valiente capaz de llamar la atención de cualquier desprejuiciado. Y que no se acabe nunca la birra en los bosques.

A continuación, te dejamos el enlace a Spotify del disco:

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Esta entrada fue escrita por Redacción

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