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Collective Delusion

Autoeditado (2020)

Por: Alfredo Villaescusa

10

Que los tiempos cambian en el mundillo musical se nota en infinidad de detalles, no solo en el formato físico o en esas tiendas de discos que ya no interesan a nadie porque parecen de antigüedades. Los antaño elitistas proyectos de virtuosos, por ejemplo, ya no son lo que eran, y por suerte no es necesario a estas alturas de la película soportar brasas inmisericordes de guitarra o cualquier otro instrumento, a pesar de que todavía aguanten por ahí algunos irreductibles pesados. Esa máxima franquista de que la letra con sangre entra jamás se podrá aplicar con seriedad a ningún ámbito.

Este artista de origen multicultural asentado en Los Ángeles pertenece a ese selecto club de los graduados en el prestigioso Berklee College Of Music, pero posee tal talento compositivo que ni le hace falta hacerse el chulito demostrando lo mucho que toca. Así lo deja patente el vocalista y pianista italobrasileño en este versátil debut en el que podemos escuchar desde rock setentero o heavy rock hasta retazos de jazz o música clásica. Una garantía de calidad que se ve reforzada por el hecho de que el álbum ha sido masterizado en los míticos estudios Abbey Road de Londres, al tiempo que de la producción se ha encargado John Netti, conocido por su trabajo junto a Rival Sons o Europe, entre otros.

El enérgico arranque con slide de “The Arsonist” nos pone en alerta de que se avecina algo gordo de verdad, una tormenta eléctrica con ecos del “Cochise” de Audioslave o Wolfmother, si no has empezado a mover la cabeza, mejor míratelo. “Welcome Back To Freedom” adquiere un matiz más grungero y no sería extraño que las atmósferas densas de Alice In Chains se pasaran también por algún rincón de nuestro cerebro, mientras que “El Capitán” sigue destilando potencia añeja a raudales y nos incita a imaginar cómo debería sonar este portento en directo.

Cambio de rollo de manera radical en el inicio jazzístico de “Cain” antes de subir la temperatura con riffs taladrantes de inspiración setentera, un viaje al tugurio más infecto de la noche pero sin perder clase por el camino, alucinantes son en este sentido los fragmentos de piano. La bucólica intro con deje neoclásico “Over The Rhone” precede a “The Love That Dares Not Speak Its Name”, todo un blues de copa y puro, como no podría ser menos con un título tan dramático. Una interpretación de lujo a nivel vocal y guitarrístico, un auténtico cremas este señor.

“Bastet” vuelve a dejar a los oyentes con el pie cambiado al tirar de sitar y de una ambientación mística para levitar, un movimiento arriesgado que solo le podría funcionar a un crack de este calibre. Y “23” reincide en el terreno del blues que tan buenos resultados le ha otorgado en este redondo, otra composición digna de un genio con unos solos que se te clavan en el tuétano. Piensa en Joe Bonamassa, el Gary Moore de ‘Still Got The Blues’ y así te harás buena idea de qué palo va este músico de sobrenaturales habilidades.

Mira que intentamos siempre buscar el lado crítico al asunto, pero es que en este caso que nos ocupa es imposible poner ninguna pega a este soberbio disco de principio a fin. Ya nos lo decía Jason Cenador al presentarnos a este astro que merecería brillar lo máximo posible en su campo: “Si este no te flipa, estás muerto por dentro”. No se me ocurre mejor descripción. Música con mayúsculas.

Alfredo Villaescusa
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