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Romuvos

The Baltic Crusade

Autoeditado (2020)

Por: David Esteban

8

Una de las razones por las que decidí enrolarme en este fantástico barco, en cuya popa luce desde 1982 el nombre de La Heavy (o La Heavy Rock como más nos gusta a los nostálgicos), es porque, de seguro, iba a conocer bandas que de ningún otro modo me hubiese podido acercar a ellas. Después de tantos años como fiel y leal grumete, la lista de bandas que he llegado a conocer gracias a dicha colaboración es incontable. ¡Enormemente agradecido!

La misión que tenemos hoy encomendada es ni más ni menos que navegar rumbo al Mar Báltico y adentrarnos en tierras eslavas hasta llegar a las exóticas praderas y bosques lituanos. La banda en cuestión, Romuvos, que, aunque afincada en Berlín, suspira por y para su amada tierra, Lituania, y sus más que ancestrales tradiciones precristianas.

Lo que más llama la atención con tales premisas, y que desde luego, otorga a la banda un gran atractivo desmarcándose del resto de grupos del estilo, es que hacen uso de la voz clara y no gutural como en esta tendencia musical suele ser habitual. Os podéis imaginar por dónde van los tiros, perdón, los hachazos; folk metal, bien épico, pagano, e idóneo para la llamada a las armas. Desde las iniciales, “Saule” y “Memel” queda clara la epicidad sonora y la atmósfera bélica de la que hablábamos. Cabe indicar que el canto en la lengua eslava natural de los protagonistas no desentona para nada en el resultado global de cada pieza; al contrario, le otorga un exotismo y una mística que casa a la perfección con el concepto de la obra.

“Skuodas”, un himno tan bravo y belicoso como perfecto para el directo resulta ser el momento perfecto para entonar hombro con hombro y brazo en alto previa eliminación del invasor cristiano. Cabe indicar la constante presencia de instrumentos tradicionales lituanos que le ofrecen a cada pista el carácter folk y ancestral que la banda pretenden transmitirle al oyente. Pesada se muestra, “Durbe”, con un sólido y cortante riff de guitarra hasta que es acompañada por instrumentos de cuerda. Percusión tradición e instrumentos de viento al más puro estilo medieval conforman una base perfecta para la tranquila y más relajada “Purkawis”. La sangrienta batalla retorna imparable con “The Baltic Crusade”, con menos incursiones folk y quizás, siendo la más heavy de todas las canciones. “Lubawa”, con inicio acústico transcurre hasta hacerse eléctrica en un lento viaje pero repleto de momento a degustar.

En la parte final, “Karuse” y “Aizkraule”, ponen el punto y final a una obra sorprendente, llena de detalles, cuidada y bien elaborada que gustará a todo y cada uno de los amantes del género. Es más, me atrevería a incluir a todo aquel que disfrute de la buena música. Recomendado.

Redacción
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