Phil Campbell And The Bastard Sons

We’re The Bastards

Nuclear Blast (2020)

Por: Josep Fleitas

7.5

Tras la desgraciada perdida de Lemmy el 28 de diciembre de 2015 y la inevitable disolución de Motörhead, Phil tomó la decisión de continuar de forma activa en un mundo que le apasionaba desde la edad de 12 años, cuando con su guitarra Les Paul daba rienda suelta a sus inquietudes musicales, influenciadas por ases de las seis cuerdas como: Jimmy Hendrix, Jimmy Page, Tony Iommi y Michael Schenker. Ello le llevó a fundar Persian Risk, una formación que contó a las voces con Carl Sentance (Krokus, Nazareth), banda en la que estuvo hasta 1983, y lo hizo con cierto éxito gracias a sencillos como “Sky’s Falling Down”, “The Different”, “Hurt You” o “Riding High”. Tras esa etapa, y gracias a la salida del ex-Thin Lizzy Brian Robertson de la banda simbolizada por Snaggletooth, Phil formó parte de la banda de Lemmy hasta su postimería.

Tras el triste final de Motörhead, Phil buscó una salida que siguiera dando buena cuenta de su pasión y creatividad. Para aquel entonces sus tres hijos estaban activos en dos bandas: Tyla y Todd aplicaban su arte como guitarras en la banda de rock alternativo The People The Poet, mientras que Dane ejercía de batería en Straight Lines, una formación en la que se alterna el punk, el rock y el alternativo. Tras madurar las posibilidades en familia, los cuatro tomaron la decisión de unir fuerzas familiares y musicales para crear una banda en la que el rock más punzante se fundiese con las partes alternativas de este. Para ello Tyla tuvo que dejar las seis cuerdas para encargarse de las líneas de bajo. Todo estaba a punto, pero faltaba una pieza en el organigrama, y para ello contaron con el cantante con el que Tyla y Todd habían compartido vivencias. Así, en 2016 la banda tomó forma definitiva contando en su line up con Neil Starr en los micros. Ese mismo año el quinteto galés editó lo que fue su primer estreno discográfico, un EP que se bautizó bajo el expeditivo nombre de la banda: Phil Campbell And The Bastard Sons.

El musical pistoletazo de salida se había dado, la curiosidad de los fans de Motörhead e incluso los de Persian Risk estaba garantizada, pero, a pesar de que la esencia de Motör estaba garantizada, la línea alternativa del rock que presentaban los cinco primeros hachazos dejaban dudas en los fans más acérrimos de las huestes de Lemmy proponiendo una criba de estos como fans incondicionales. Pero demostrando su valía y personalidad, Phil no quitó el dedo del renglón y dos años más tarde editó su primer larga duración: ‘The Age Of Absurdity’, un álbum que consolidaba su apuesta y que le hacía girar por Europa muy intensamente.

Con las bases ya consolidadas, el pasado año Phil hizo realidad una de sus inquietudes, realizar un disco invitando en él a un buen puñado de esos amigos que había ido consiguiendo a través de los años. Así, el 25 de octubre de 2019 se editó ‘Old Lions Still Roar’, diez temas de intenso y directo rock n roll que contaron con la colaboración de gente como Alice Cooper, Rob Halford, Dee Snider, Ben Ward, Danko jones, Nev MacDonald, Mick Mars o Whitfield Crane para revelarse como uno de los grandes momentos del pasado año.

Ya entrados en confinamiento, Phil y sus hijos bastardos no han perdido el tiempo y lo han aprovechado para seguir en la brecha con lo que este 13 de noviembre es ‘We’re The Bastards’, un álbum que reafirma en parte los momentos más alternativos mostrados con anterioridad y se adentra en el paraíso de un rock n roll a veces, en momentos más crudos y directos, y en otros más variados, inyectados estos en trece composiciones que saben condensar la creatividad, fuerza y pasión que Phil lleva condensada en sus genes.

El título del álbum ya es una referencia de lo que podremos encontrarnos en su contenido. Imitando la lapidaria frase con la que Lemmy iniciaba cada uno de los akelarres de Motörhead, ya sabéis aquel apoteósico: “We are Motörhead and we play rock n' roll!!!”, reinvirtiendo la épica frase en un directo y también contundente: “We’re The Bastards”.

El inicio del álbum se hace de una manera eficaz y fulgurante, “We Are The Bastards” presenta un rock n' roll claro, directo y enervante en el que la contundencia de las bases empuñan unos riffs tan afilados como mordientes y perforadores, un rock n' roll que, de no ser por los matices vocales de Neil Starr podría haberse integrado en cualquier momento discográfico de los Motör más punzantes y directos, en esos que te hacían vibrar y arder, con los que no costaba nada perder el control y dejarse ir de la forma más intensa y explicita que cada uno sentía en el momento.

Con la sensación de haber disfrutado pero con ese pequeño vacío que te deja con ganas de más, un bajo distorsionado y a toda velocidad aparece para ponerme la piel de gallina, cuando de repente un riff sucio, pesado, rápido y perforador como un rayo se une a una batería que le va a la zaga y golpea en el pecho a cada envite haciendo que la adrenalina casi me haga saltar recordando los grandes momentos que he tenido la fortuna de vivir en las más de dos docenas de veces que he podido disfrutar de los directos en los que el trío capitaneado por Lemmy me hizo gozar hasta la extenuación… ¡Joder, a pesar de la voz, “Son Of A Gun” suena a himno de Motörhead de cojones!

Con el corazón y mis oídos satisfechos, estos bastardos y su padre siguen en la línea coherente, práctica y convincente, aunque esta vez con un estilo más pausado y, ¿puedo decir comercial? En esta ocasión las líneas de bajo y los ritmos de batería se tornan en repetitivos manjares en los que se asienta una guitarra amplia y directa por la que trepa la personalidad de una voz que me hace repetir un estribillo tan capaz como motivador. Así es “Promises Are Poison”, melódica y directa, hábil y adictiva…

Esperando seguir con la adrenalina por las nubes, una escalera llamada “Born To Roam” me propone bajar unos escalones. Me encuentro en un interludio de esencia roquera, pero con una ambientación que me lleva a una ribera bañada de alternativas y sureñas aguas. Buenas guitarras para un medio tiempo que deja lugar a más, pero que para nada me deja insatisfecho gracias a la buena producción y disposición de cada uno de los elementos que fluyen de manera eficiente.

Tras ese pequeño receso, vuelve la pasión, la energía, la esencia de los Motör pinceladas por el ánimo alternativo de la voz de Neil que se refuerza en unos coros que hacen de “Animals” otro momento de subidón. Bases dinámicas y una guitarra pesada y absorbente hacen que “Animals” sea sin duda un firme candidato para que cuando de una vez la pandemia de su brazo a torcer podamos acudir a alguno de los conciertos con los que seguro Phil & Cia nos hará disfrutar.

Lo cierto es que no entiendo el cambio, pasamos de la efectividad de un tema que puede ser un himno en los directos de la banda a una experimentación como la que muestra “Bite My Tongue”, pieza muy rítmica y con esencia de intenso hard rock, sí, pero que su fórmula alternativa me afloja el ánimo y me deja cierta sensación de relleno. A pesar de ello, Phil se emplea de manera eficaz y salva los muebles gracias a riffs en los que eclosionan buenas dosis de distorsiones centradas en el para mí siempre motivador y particular sonido del Wah.

Ya digerida esa parte de variedad en la que se encuentra el álbum, me dejo llevar por la esencia y cálida fórmula sureña en la que gracias a una guitarra repetitiva y una armónica sugestiva calientan el ambiente de un “Desert Song” que sostiene unas guitarras que ondean entre las acústicas y las aportaciones melódicas. “Desert Song” es una balada sin pretensiones, ideal para escuchar de manera relajada.

Pasado el Ecuador del álbum y tras una balada situada en el corazón de éste, ese puesto Nº 7 tan clásico y casi inamovible antaño, llegan los riffs de esencia de hard & boogie rock n roll de “Keep Your Jacket On”, sensaciones rebozadas en un medio tiempo que de nuevo nos transporta a las fases alternativas en las que inevitablemente me sumergen las partes vocales, unas líneas que nuevamente son rescatadas por unas guitarras que vuelven a recordarme sus orígenes.

Pista número 9 y me encuentro con un riff denso, pesado, cavernoso y pétreo, esos con los que Black Sabbath crearon una escuela en la que se aposentaron bandas de desert rock. Ese es el espíritu de “Lie To Me”, un tema que me transporta a un infierno apasionado y eficaz, dinámico y caliente, tan oscuro como válido gracias a su estructura semi alternativa, esa que me recuerda a los Kyuss menos ampulosos. “Lie To Me” se ha convertido en un momento que he disfrutado en cuatro repetidas escuchas.

Rock n roll de carácter semicomercial, ritmos repetitivos y resueltos se sueldan en el dinámico hard rock de “Riding Straight To Hell”, un buen momento de un estilo que será apreciado por los fans de la etapa en la que Phil lideraba los iniciales momentos discográficos de Persian Risk. Ritmos convincentes y vacilones que acuñan uno de los mejores solos del álbum.

¡Por fin! Nuevamente el doble bombo martillea para acomodar unas guitarras que vuelven a mostrar el brillante recuerdo de los Motör. “Hate Machine” es una pieza diversa y dinámica, con unos cambios que lo hacen intenso e interesante a la vez, ritmos que progresan y que gracias a su dinámica y a unos coros muy aptos para los directos consiguen que la adrenalina vuelva a hacer acto de presencia, aunque no de manera tan desbordada como lo será en el siguiente momento del álbum con el siguiente en turno.

La esencia del punk rock queda muy bien dispuesta en “Destoyed”, un himno que sabe entrar y enervar, un himno rápido, intenso y aunque corto, como determinan los cánones del estilo, sabe encontrar un lugar de preferencia en mi personal valoración del álbum, Ya me imagino en un circle pit practicando slam ante la intensidad de este enervante y destacable momento de ‘We’re The Bastards’.

Llegamos al final del recorrido, y en él una nueva muestra de la dinámica de variedad en la que navega el álbum, una balada que se balancea entre la ambientación y la esencia de la progresividad, una balada cuyo nombre ya es toda una declaración de intenciones definitoria de su contenido: “Waves”. Buenos matices que llevan a una parte muy intimista y casi experimental, una oda que no se me antoja de lo mejor para cerrar el álbum, pero que deja clara la dinámica de una formación que sigue unos pasos que les aportan personalidad, distinguiéndoles por no querer anclarse y vivir de un pasado que haría mucho más fácil su encuentro con las legiones de fans que Phil ha conseguido en su larga y exitosa etapa en Motörhead.

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