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Mägo de Oz

Bandera negra

Warner Music (2021)

Por: Javier Pérez

8.5

Hace algo más de dos años, cuando expuse mis sensaciones sobre ‘Ira Dei’, objetivamente reconocía que era un LP bien compuesto, con una gran producción, un sonido excelente y, en general, un producto de alto nivel. Sin embargo, adolecía de ese espíritu con el que Mägo de Oz enriquecía sus grandes hitos, esa salsa picante que magnificaba el sabor base. Pues maldita sea mi estampa si ‘Bandera Negra’ no viene con todo.

Siempre he pensado que los madrileños, desde ‘Jesús de Chamberí’, han dado un puntito más a la hora de poner en marcha un nuevo disco. Por norma, bien tirando de obras conceptuales o bien soltándose la melena, han ofrecido opciones suficientes para que el oyente se metiera de lleno en el onírico mundo que tocara presentar. Desde la grandeza de sus altas cumbres, llámense ‘Finisterra’ o ‘Gaia II: La voz dormida’, hasta sus disparos más directos girando sobre un entorno, pero recortando minutaje. Exacto: ‘Gaia’, ‘La leyenda de La Mancha’ o ‘Ilussia’. En ese amplio abanico han metido con calzador otras batallas que no han rodado tan cómodas.

Ahora, con un virus arrasador mediante y apenas una pareja de miembros originales, han encontrado la inspiración necesaria para entregar un trabajo que no huye de la pomposidad ni de la complejidad, pero sí acoge con gusto el buen hacer que les trajo hasta donde están hoy, duela o no.

Independientemente de mi gusto personal, porque sí, me gusta Mägo de Oz desde que escuchaba el DiscoCross y Mariano García nos sacudía cada noche con “El hijo del blues”, “El fin del camino” o “T´Esnucaré contra el bidé”, no hay que ponerse demasiado fino para entender que esto va a gustar. A ti, sí, a ti, que hace siglos dejaste de pincharlos en tu casa porque ahora escuchas a Behemoth; y a ti, sí, tú, el fan que defendió a capa y espada cada patinazo. Va por ustedes.

No es la primera vez que Txus reboza su música en la imaginería marítima. Por ahí andan “La costa del silencio” o el barco que usaron de parafernalia para la gira de ‘Gaia’. Hasta llegar aquí, a “La isla de las 7 calaveras”, intro grandilocuente que restalla con el grito de “Al abordaje”, donde a lo puro Maiden desatrancan la batalla. Primer corte clásico Mägo: raudo, metalero y con los violines identificándolo. Aparece pronto “Resacosix en pandemia”, nada que ver con la que sufrieron en Hispania, donde, aún con la capa de humor que la moldea, nos retrotraen a tiempos que es mejor olvidar. Ácida y verídica; prepara el puño para corearla.

Con original melodía, siguiendo la línea potentona, suena “No te fallaré”. Más asequible es “La dama del mar”, para todos los públicos que se dejen embaucar. No es mi hábitat favorito, pero suena correcta. La enésima reivindicación roquera del grupo toma forma en “El aplauso herido”. Sin ambages, exponen su punto de vista sobre un asunto que dejo que otros apostillen.

Una de las viejas, de las que ya conocíamos todos desde hace meses, es “Tu madre es una cabra”. Ska festivo, letra histriónica y que, si no fuera por las ráfagas deathmetaleras que se cuelan, podría encajar en cualquier placa de La Pegatina, que como sabrás, colaboran en la misma… y ni pintado. Será criticable o no, pero mola.

Para mediar la trama llega Carlos Escobedo con “Guerra y paz”, que cursa un estribillo plagado de ingenio en melodía. “El cervezo (El árbol de la birra)” lleva entre nosotros tanto que dudo que si estás leyéndome no lo hayas escuchado mil veces, pero por si acaso, te cuento que es pura fiesta, loable y conseguida. Una vez más, Mägo vieja escuela en su secuencia más golfa.

“Abrazos que curan” va a recordarte a “Hoy toca ser feliz”. Esas acústicas que recorren el surco iluminan el día. Esa alegría que te has llevado para el cuerpo se va a tornar melancolía cuando suene la sublime “Quiero que apagues mi luz”. Patri toma la voz principal para narrarnos en primera persona una triste historia de amor, con Zeta afrontando el papel de la media naranja; y ahí lo dejo. Buenísima y triste como ella sola.

Poco más de un minuto se lleva el popular “La vida pirata”, que con el alto ritmo que gasta abre el paso a la traca final. “Bandera negra”, de nuevo, entronca el lado oscuro de los de Oz: metal de toda la vida con sonido actual. “Después de la tormenta” hace las veces de epílogo, aunque tras ella cae una acertada revisión, junto a Saurom, del “Que el viento sople a tu favor”.

Muchos intentos han perecido en las arcas de Mägo de Oz intentando pulsar la tecla de la magnificencia. Y en ellos navegaban grandes conceptos, perfectas ejecuciones y medios rebosantes. ‘Bandera negra’ es otra historia, una de piratas, que te va a llevar por delante.

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Esta entrada fue escrita por Javier Pérez

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