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Irist

Order of The Mind

Nuclear Blast (2020)

Por: Jorge Bobadilla

8.5

Pasa muy de vez en cuando y a veces tarda, pero siempre vuelve a llegar una banda que, entre el gran saco de propuestas con el que afortunadamente contamos hoy en día, consigue volver a volarte la cabeza. Es el caso de estos chicos de Atlanta, un grupo fundado por el guitarrista chileno Pablo Dávila y el bajista argentino Bruno Segovia. El vocalista brasileño Rodrigo Carvalho completa el trío latino al que se unieron Adam Mitchell a las seis cuerdas y el batería Jason Sokolic para cerrar lo que ya conocemos como Irist.

Para hablar de los cuarenta intensos minutos de música a los que han dado forma podemos nombrar a bandas como Mastodon o Gojira cuando nos referimos a una idea de metal potente y elaborada que no entiende de barreras. Pero también hay que contar con la crudeza de Converge o la agresividad de los primeros Machine Head, todo dentro de una atmósfera que lo inunda todo y atrapa a la primera escucha.

Cuando arranca "Eons" empezamos a entender el jardín en el que nos hemos metido. Aunque la media de estas canciones no pasa de los cuatro minutos ese es tiempo suficiente para que los alaridos desesperados de Rodrigo y una deliciosa anarquía instrumental capten tu atención por completo. Bajo esa primera capa encontramos verdaderas orgías musicales como las que han servido de arietes para el lanzamiento, "Creation", una demoledora locura ajena a cualquier complejo de estilo, y "Burning Sage", un tema incendiario en el que parecen darse cita los Duplantier y los Cavalera.

No tarda Jason en hacerse con el protagonismo de cada escucha, haciendo de su batería mucho más que un elemento rítmico en temas como "Dead Prayers", que da paso a una segunda parte del álbum realmente hipnótica, sin perder un ápice de agresividad. Todo lo contrario. De hecho, aquí encontramos el corte que da nombre al disco, posiblemente el más crudo y directo, pero a su alrededor, como si de una mente enferma se tratara, empiezan a alternarse momentos de calma (muy) tensa y violentas sacudidas que dejan temas como "Harvester" o el final "Nerve" como pequeñas joyas del disco que alivian una descarga capaz de partirte el cuello y hacerte perder la cordura.

Si esto es lo que tenían entre manos para su primer disco, no quiero pensar de lo que serán capaces en el futuro. Un gran aplauso para el sello alemán que no ha dejado que se escape este diamante de la cantera.

Redacción
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