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Evanora

I

Autoeditado (2021)

Por: Alfredo Villaescusa

7

La experiencia que aportan los años en el negocio no se esfuma si un grupo decide cambiar de nombre o incluso de enfoque. De sobra es conocido que a veces la clave está en adoptar un punto de vista diferente, definir algunos parámetros y probar suerte sin repetir errores del pasado. Esto último parece el caso de estos valencianos que surgen en plena pandemia de las cenizas de Al-Andalus Rock con el bagaje acumulado a sus espaldas.

Debido a los bolos que ya tenían comprometidos, deciden buscar un nuevo guitarrista tras la marcha del hacha principal que optó por llevarse el antiguo nombre consigo. Y aquí entra en acción Paolo Olivieri, procedente de Módena (Italia), que se hace con el antiguo repertorio en tiempo récord y no tarda en dejar su propia impronta. Al no poder actuar en directo en 2020, se centran en dar una vuelta de tuerca al proyecto que ya no posee demasiados nexos de unión con el combo original.

Así llegamos a este debut de Evanora en el que apuestan por un heavy clásico, directo y sin apenas espacio para florituras. Una actitud que sobresale desde el inicio con el épico tema “Valhalla”, aguerrido como mandan los cánones y con la voluntad de no buscarle tres pies al gato. Si eres fan de Odín y compañía, no necesitas ningún motivo adicional para pillar tu cuerno de hidromiel y ponerte a escuchar dicho corte de inmediato.

“Fin del camino” reincide en los ritmos contundentes y en una de esas voces peculiares que evocan la época gloriosa del género. “Sin equipaje” baja las revoluciones y hasta se acerca un poco al rock urbano a lo Sínkope, pese a que los riffs hard rockeros del estribillo terminen por disipar esa impresión, al igual que la acelerada en plan Iron Maiden que se marcan. Con “Templario” deberían sobrar las presentaciones, pues el mismo título ya nos predispone para la dosis reglamentaria de sentimientos grandilocuentes. Toda una lección de historia no exenta de autenticidad.

“Indigente” posa algo más los pies en la tierra y cuenta con punteos reseñables que no abandonan la épica. Y “Conquistador de almas” posee un leve deje sureño a lo Medina Azahara, pese a que el poso heavy siga presente en diversos elementos, caso de la potente base rítmica o esas seis cuerdas que van cobrando protagonismo a medida que avanza la pieza.

“Tierra de pecado” homenajea a las Fallas de su Valencia natal y no pierde ni un ápice de ímpetu con la labor de Paolo a las seis cuerdas. Debería sonar en sus futuros conciertos desde ya. Y “El silencio de la guerra” no se anda con zarandajas al apostar por el metal sin paliativos desde cualquier prisma posible, la voz, la guitarra o lo que sea. “Genghis Khan” cierra el redondo sin hacer la más mínima concesión y obligando a agitar la cabellera hasta que duelan las cervicales. Ahí queda eso.

Si buscas un grupo que invente la rueda, este no es tu lugar para nada, pero si, por el contrario, te apetece disfrutar de heavy a secas, sin más definiciones estériles, he aquí una interesante opción a cargo de unos tipos que desde luego saben lo que hacen en dicho estilo. Ponte en sus manos.

Alfredo Villaescusa
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