La palabra “indie” quizás sea de las más maltratadas de la historia de la música. Porque hay que ver la evolución que ha tenido el término de marras desde que allá por finales de los setenta Gang of Four sentara las bases del género con la piedra angular ‘Entertainment!’ y consiguiera que décadas después todavía les sigan copiando infinidad de grupos. Y no hablemos de esa degeneración patria que se apropia del vocablo “independiente” para denominar lo que en realidad es pop ramplón. Pero ya se sabe cómo funcionan las cosas hoy en día, a todo el mundo le encanta sentirse especial.
De esa lucha encarnizada por la supervivencia cuando no se tienen apoyos trata precisamente el último trabajo de estos guipuzcoanos, que podrían añadirse a esa ristra de combos prometedores en su territorio como Rural Zombies o Kometa, que han conformado en los últimos años una prometedora escena indie estatal. Si de verdad existiera justicia, estos son los que deberían enarbolar esa bandera con orgullo y no los farsantes que van de independientes fichando por multinacionales, algo tan poco creíble como las chaquetas de pana en los Consejos de Administración.
Con un sonido tan potente como moderno, “Mundu Honetan” comienza relajada con un ligero toque a lo Foals, o incluso a los Editors poperos, antes de que estalle en un luminoso estribillo muy conseguido y uno pueda imaginarse hasta confeti y serpentinas volando por los aires. Cambian al castellano en “El fuego y las brasas” y, si no fuera por la producción cristalina, podríamos estar hablando de un grupo shoegaze en plan Odio París por su pura desesperación en vena. Han bordado la letra, así que de escucha obligada para los freaks como un servidor que se fijan en esas cosas. Y el solo de guitarra del final también es de órdago.
Suben la apuesta con “Orwell”, quizás lo mejor del conjunto, basada por supuesto en el universo distópico que imaginó el autor de ‘Rebelión en la granja’ y ‘1983’. Aquí vuelven a demostrar una insólita fortaleza compositiva, y encima con un tema tan actual como el del control social contemporáneo. “Nunca es tarde” engatusa desde el principio por su rock alternativo no exento de contundencia que recuerda al de los madrileños Dinero, mientras que “La nave despega” debería gustar de cabeza a los fans de Mando Diao, si es que todavía queda alguno después de tanto cambio de timón. Y “Nadie te escucha” reincide en riffs enérgicos deudores de Biffy Clyro suficientes para agitar la cabellera, antes de que regresen al euskera con más tralla en “Ezker-Eskuin”, que no está demasiado alejada de Berri Txarrak. Variedad por un tubo, sí. Lo único malo que nos atrevemos a reseñar es que el disco termina demasiado pronto y entran ganas de volver de inmediato al primer corte para disfrutar otra vez todo del tirón.
Ya hemos aludido en otras ocasiones a ese repugnante aldeanismo patrio que tiende a valorar lo de fuera mejor simplemente por el hecho de proceder del extranjero, pero a cualquiera con criterio se le debería abrir el culo al escuchar un artefacto de estas características. Grupazo.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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4 respuestas
Interesante banda como su nueva placa de estudio de portada muy currada.
Grupo gipuzkoano joven y lleno de vida,con canciones espectaculares.Seguir asi chicos.